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sábado, 24 de septiembre de 2011

DEL SOCIALISMO A LA POBREZA

Es sobradamente conocida la preocupante frase que, según nos cuenta Dante en su Divina Comedia,  está grabada en el dintel de entrada al vestíbulo del infierno: "Lasciate ogni speranza voi ch'entrate", abandone toda esperanza, el que aquí entre. Actualmente son muchos los que, como  aquellos que jamás hicieron algo bueno en su vida, deciden imitar a Dante y su guía para que Caronte los transporte en su barca al duro infierno de la pobreza y de la miseria, a donde lleva  siempre el socialismo. Se dejan llevar inocentemente por los acicalados cantos de sirena que, sin complejos y sin miramiento alguno, elaboran cuidadosamente los falsos redentores de los pobres.

La historia se repite y no nos hace falta salir de España para comprobar fehacientemente que, cuando los socialistas manejan a su antojo los resortes del Poder, se multiplica el paro y, en consecuencia, aparecen de inmediato amplias bolsas de pobreza. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, lo ha descrito perfectamente: “Cuando el socialismo entra por la puerta, el empleo sale por la ventana”. La obsesión enfermiza de los socialistas por limitar la iniciativa privada, planificando absurdamente cualquier tipo de actuación individual, tiene estos enormes costes sociales. De ahí el fenómeno evidente de que la mendicidad, que parecía ya erradicada, aparezca de nuevo, y se extienda cada vez con más fuerza, en aquellos pueblos fieles  a la opción izquierdista.

Se da la circunstancia de que los socialistas, además de sus exagerados tintes  intervencionistas, son proclives a establecer elevados impuestos pretendidamente progresistas y, cómo no, tremendamente totalitarios. Con estos ingredientes, no es de extrañar que la pobreza se enseñoree de aquellos pueblos donde gobiernan. Para colmo de males y para perjudicar aún más a los sectores más débiles de la sociedad, se empecinan absurdamente en establecer un igualitarismo imposible a golpe de decreto, sin tener en cuenta la necesaria libertad. Y ya se sabe, la igualdad sin libertad se convierte  necesariamente en una tiranía manifiesta.

Si no hubiera pobreza, los socialistas tendrían que inventársela para subsistir, pues el socialismo sin pobreza real sería prácticamente impensable. Y como los mandarines de turno del PSOE lo saben, procuran mantener anestesiada a toda esa turba de menesterosos que sigue esperando inútilmente la llegada del santo advenimiento laico. Y para conseguir esto, los socialistas utilizan magistralmente los resortes que ofrece el populismo más extremo y siniestro. Se da, además, la circunstancia de que cuanto más pobre es un pueblo, más de izquierda son los gobiernos que salen de las urnas. Y si ese pueblo es radicalmente pobre, sus gobiernos serán, con toda seguridad,  de una izquierda tremendamente radical.

El comportamiento de los socialistas, cuando llegan al poder, es siempre el mismo. Reparten subsidios, sin control alguno, entre aquellas personas que carecen de medios económicos. Se olvidan intencionadamente del sabio proverbio chino que dice así: “no des peces al que tiene hambre; enséñale a pescar”. Y hacen esto porque saben que así tienen comprada su voluntad para futuras contiendas electorales. Por el mismo motivo, despilfarran alegremente enormes cantidades de dinero en subvencionar multitud de proyectos, a sabiendas de que la inmensa mayoría de ellos son  claramente inútiles y sin aplicación  práctica alguna.

Con toda esta serie de gastos, la mayor parte de ellos evidentemente superfluos, lejos de solucionar el problema, lo agravan de manera notable. Dirán una y otra vez que son ellos los que, de este modo, mantienen en exclusiva el bienestar social y que es esta la mejor manera para que, con el tiempo, los pobres dejen de ser pobres. Pero lamentablemente la realidad es muy distinta. Toda esta parafernalia de subsidios y subvenciones a lo loco no hacen otra cosa que generar más pobreza, hipotecando aún más el futuro de nuestra economía. Y como las estadísticas adversas les molestan, tratan siempre de paliar esta situación, por lo que crean cantidad de puestos de trabajo, pero eso sí, todos ellos improductivos. Ahí está, por ejemplo, la multiplicación abusiva de plazas de funcionarios o cargos similares en las administraciones controladas por los socialistas, lo que a la larga se traducirá en una mayor pobreza y, por consiguiente, en más paro y necesidades más acuciantes.

Con el tiempo y como consecuencia de la pésima actuación de los gobernantes socialistas, la situación de muchos parados se agrava de tal manera, que se ven abocados a la mendicidad. Los sindicatos no harán nada por ellos, ya que están centrados casi exclusivamente en asuntos políticos y en acaparar subvenciones. El Gobierno tampoco ya que carece de medios porque los dilapidó tontamente y sin miramientos. Los indignados del 15-M pasan olímpicamente de ellos, pues tienen bastante con sus asambleas laicas en Puerta de Sol o en otras plazas de las grandes ciudades. Así que estos nuevos pobres de solemnidad no les quedan más recursos que las puertas de las iglesias, Cáritas o hurgar en los contenedores de basura situados en las proximidades de los grandes centros comerciales. Quizás esto le de una pista al ex alcalde de Getafe,  Pedro Castro, y comprenda de una vez por qué hay tanta gente que vota a la derecha.

Barrillos de las Arrimadas, 7 de septiembre de 2011

José Luis Valladares Fernández

lunes, 1 de noviembre de 2010

LOS PROGRES SON ASI

El fenómeno antropológico que dio pie a Miguel de Unamuno para llamar “tiorras” a muchas de las mujeres que se dedicaron a hacer política durante la Segunda República, se repite también en la España de hoy. Aquellas mujeres destacaban precisamente por una ordinariez repulsiva y un mal gusto manifiesto en su manera de obrar y de expresarse. Exponentes claros, en aquella época, de ese tipo de mujer repulsivo para cualquier persona medianamente sensible, lo tenemos, entre otras personas, en Margarita Nelken y en la propia Dolores Ibarruri, la Pasionaria
Hoy también abunda ese espécimen de mujeres que prescinden voluntariamente de las buenas maneras y de la más mínima educación. También hay hombres, es cierto, entre esa izquierda progre que, anclados en las formas arcaicas de otros tiempos, no saben abrir la boca si no es para ofender. Para Unamuno hubieran sido también auténticos “tiorros”. En mujeres, el caso más llamativo es el de Carmen García Ruiz, concejala de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Vélez-Málaga, donde gobiernan en coalición PSOE y IU. Los servicios sociales y la familia, así como todo lo que se refiere a empleo y desarrollo económico forman parte de las responsabilidades asumidas por esta delicada mujer.
La colocación, con enchufe o sin él, de la hija y yerno de la concejala Carmen García en la Diputación, dio pie a que el portavoz del Partido Popular, Francisco Delgado Bonilla se quejara ante el pleno del Ayuntamiento de la falta de transparencia del equipo de Gobierno ya que le había denegado unos documentos referidos a tan sospechoso asunto. Sin importarle lo más mínimo la presencia de cámaras y micrófonos, una vez finalizado el pleno y ante preguntas de los periodistas, dio rienda suelta a su lengua viperina diciendo: “No hay peor desgraciado, no solamente no tener dinero, sino votar a la derecha, porque yo os digo una cosa, ellos defienden ahora lo que les parece y lo que les da la gana, pero desde luego les importa una puñetera mierda absolutamente todo”. Y agregó con el mismo tono airado: “cada vez que dicen algo de enchufes, de verdad que me entran ganas de darles dos galletas en la cara y ponerles la cara morada (…). Me parece mentira que tengan todavía algo y no le escupan en la calle”.
Queriendo dejar constancia de su progresía de pata negra, aprovechó la ocasión, cómo no, para culpar de la crisis económica a los empresarios, a la banca y, como no podía ser de otra manera, al mismísimo Aznar por la incomprensible desfachatez de firmar unos contratos que, sin saber por qué, finalizaron en la égida de Zapatero. Reconvenida por la oposición, que tuvo la osadía de pedirla que se disculpara, la reacción de la concejala fue completamente inequívoca: “No me disculpo porque no me sale del coño”. De este modo, Carmen García da muestras fehacientes de que pertenece a la típica izquierda española que, además de prepotente e ignorante, es incapaz de asumir sus propias responsabilidades. Jamás reconocerán que las grandes tasas de desempleo aparecen siempre que gobierna la izquierda y la creación de empleo con Gobiernos de derechas que emplean recetas liberales. ¡Algo tendrá el agua cuando la bendicen! La reacción de Carmen García se parece mucho a la del alcalde de Getafe y presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), Pedro Castro, cuando insultó gravemente a todos los votantes del Partido Popular cuando preguntó indignado: “¿Por qué hay tanto tonto de los cojones que todavía vota a la derecha?”. Bueno, insultar no, porque los progres de vía estrecha no insultan, califican. Los que insultan son los de la derecha. Esto es al menos lo que piensan los prohombres de la izquierda española. Pedro Castro es otro típico ejemplar de esa izquierda progre que padecemos, que puede insultar cuanto quiera. Pero, eso sí, ellos son los intocables y por eso que nadie se atreva a insultarles. El propio Pedro Castro ya se cuidó de preparar una ordenanza municipal, en la que están previstas multas de hasta 750 euros para quien insulte a las autoridades municipales.
Entre los miembros del Gobierno, entre los que acaban de irse y los que permanecen, había y hay alguno y varias que tiran al monte, aunque sin exagerar los términos tanto como Carmen García y Pedro Castro. Entre ellos, destaca José Blanco, al que, por su estilo típicamente tabernario, podríamos darle el título de Insultador Mayor del Reino. No digamos nada de la cesada Bibiana Aido y tampoco de Leire Pajín. La pobre Bibiana ya dejó el puesto que nunca debió ocupar. Está mejor jugando con su primer muñeco, ese, que al tocarle, cantaba la internacional, por lo menos hasta que sepa discernir cuando un ser vivo comienza a ser humano. Leire Pajín también suelta su lengua de vez en cuando, algunas veces para hacer slogans y otras muchas para insultar. Creo que ha llegado al ministerio de Sanidad, sin la debida preparación para cargo tan relevante. Debiera haber desentrañado antes cual es el verdadero sexo del PIB.

Gijón, 23 de octubre de 2010

José Luis Valladares Fernández