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martes, 21 de diciembre de 2021

LA NUEVA LEY DE MEMORIA DEMOCRÁTICA


 

Entre las obras satíricas del escritor británico, George Orwell, destaca una novela de ficción, Rebelión en la granja, en la que crítica dura y severamente los totalitarismos nazi y soviético. Es una especie de fábula ingeniosa y mordaz, en la que se narra el amotinamiento de los animales de la Granja Solariega, porque consideran que su dueño, el granjero Howard Jones es un tirano. Cuando logran expulsar al granjero, crean un sistema de gobierno propio y consensuan una serie de siete mandamientos, que escriben en una pared para que todos los animales los tengan presentes y los cumplan a rajatabla.

Al aventajar en inteligencia a los demás animales, los cerdos asumen el liderazgo de la nueva Granja Animal. Pero los dos máximos dirigentes, los cerdos Snowball y Napoleón, empezaron muy pronto a tener discrepancias, que terminan cuando Napoleón obliga a  Snowball a huir de la granja y se hace con todo el poder. Y Napoleón, con la complicidad de los demás cerdos, aprovecha esa oportunidad para erigirse como único líder de la granja.

A partir de ese momento, los cerdos empezaron a adoptar poco a poco los defectos de los hombres, que provocaron la pasada revolución. Y como querían acrecentar su poder, procedieron a borrar todos los mandamientos que, de alguna manera, condicionaban su voluntad. Al final, respetaron el séptimo precepto, porque vieron que, añadiéndole una simple coletilla, quedaba completamente desactivado. Por eso, al enunciado original, que decía “todos los animales son iguales”, agregaron simplemente esta expresión: “pero algunos animales son más iguales que otros”.

Y acabaron, claro está, desechando sus ideales iniciales para convertirse en auténticos tiranos. Los demás animales de la granja comenzaron a sentirse oprimidos y avasallados. No podían protestar y tenían que acatar dócilmente los caprichos  y las veleidades del cerdo Napoleón y de sus engreídos compañeros. Y no acaba aquí su calvario, ya que, además de haber caído en desgracia, los elitistas cerdos les obligaba a trabajar de sol a sol y, a cambio, no recibían nada más que una ración de comida muy exigua.

Hay que reconocer que, con la historieta satírica y mordaz de Rebelión en la granja, George Orwell nos advierte que debemos estar siempre en guardia contra cualquier tipo de totalitarismo, porque es sabido que el poder omnímodo lleva siempre a la corrupción más absoluta. Comienzan manipulando descaradamente la verdad histórica a su conveniencia y terminan, cómo no, concediendo  cargos públicos y otras ventajas a sus familiares y amigos, aunque carezcan de la necesaria cualificación profesional para desempeñarlos correctamente.

Y se da la circunstancia que el Gobierno socialcomunista, impuesto por Pedro Sánchez, se parece bastante al régimen dictatorial que impusieron los desvergonzados cerdos a los demás animales de  la granja. Desde el primer momento, se dedicó principalmente a manipular la información y a ejercer una vigilancia extrema sobre una buena parte de la sociedad española. Y como no podía ser menos, con esa vigilancia excesiva, se disparó también la represión política y social.

Para controlar y fiscalizar adecuadamente las noticias que aparecían en los distintos medios de comunicación y en las redes sociales, habilitó un Ministerio muy similar a los descritos en la novela distópica de George Orwell, titulada 1984. Es una especie de Ministerio de la Verdad, que concede al Ejecutivo la extraordinaria potestad de determinar si una información es correcta o no.

Y una de dos, o el presidente Sánchez no conoce la Historia de España, o ha perdido totalmente la dignidad y la vergüenza. Porque solo así se explica que intente completar la faena, impulsando una ley tan absurda como la Ley de Memoria Democrática que, además de falsificar la realidad histórica, devuelve al PSOE nada menos que 80 años atrás.

Es muy posible, que no lleguemos a saber si estamos ante un ignorante, o ante un auténtico desvergonzado que busca expresamente la manera de engañarnos. No obstante, si sabemos que Pedro Sánchez defiende, contra viento y marea, que la Segunda República fue un ambicioso proyecto de modernización del Estado y la sociedad”, donde prevalecía, sobre todo, el “valor de la democracia”.  

Y trata de hacernos ver que, gracias a las avanzadas  reformas políticas y sociales que introdujo la Constitución de 1931, comenzó a funcionar ejemplarmente la justicia social en España, inaugurando así una etapa solidaria, tolerante y verdaderamente democrática. Pero resulta que no duró mucho ese estado de paz y de igualdad porque, como era de esperar, fue interrumpido de manera abrupta por la derecha, que son los sempiternos enemigos de la libertad. Y esa intervención extemporánea de esa derecha cerril encendió los ánimos y abrió paso a toda esa inacabable serie de violencia extrema que padecimos los españoles.

Es evidente que Pedro Sánchez oculta intencionadamente los delitos execrables que se produjeron en la República, antes de estallar la Guerra Civil. Quiere borrar de la historia la Revolución de Octubre de 1934, en la que se produjeron posiblemente más de 2.000 muertos, entre los que  contabilizamos 320, entre guardias civiles, soldados, guardias de asalto y carabineros y unos 35 sacerdotes. Lo que quiere decir que, antes del 18 de julio de 1936, tampoco habría persecución religiosa, ni asesinatos, ni quemas de iglesias y conventos y, por supuesto, tampoco habría destrucción sistemática de  bibliotecas y centros de enseñanzas.

miércoles, 24 de febrero de 2021

EL DESASTRE ECONÓMICO ESTÁ SERVIDO

 


 

En las Sátiras del antiguo poeta romano, Aulo Persio Flaco, aparece la máxima latina, Qui resistit, vincit que, traducida al español, sería utilizada profusamente por nuestro Premio Nobel  Camilo José Cela. Tanto en sus diálogos frecuentes, como en muchas de sus conferencias, sacaba a relucir esa sentencia, con estas u otras frases similares: “vence quien dura” o “en España quien resiste gana”. Y como no podía ser menos, la frase EL QUE RESISTE GANA terminó figurando como divisa de su escudo.

Y eso es precisamente lo que intenta hacer el presidente del Gobierno que nos han impuesto los enemigos declarados de España, resistir contra viento y marea, para terminar saliendo con la suya. No olvidemos, que Pedro Sánchez llegó de manera totalmente irregular a La Moncloa, porque su moción de censura contra Mariano Rajoy, no cumplía ninguno de los requisitos exigidos por nuestra Constitución.

Para empezar, el aspirante a regir los destinos de España, basó toda su argumentación en una valoración improcedente, que el juez José Ricardo de Prada introdujo de manera francamente arbitraria en la sentencia de Gürtel. Sin guardar la más mínima apariencia de imparcialidad, y con toda su mala intención de perjudicar al Partido Popular, dio por hecho que existía la famosa ‘caja B’ de este partido político.

Este entuerto del juez José Ricardo de Prada, que posibilitó esa moción de censura, fue oportunamente subsanado por el Pleno de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, de la siguiente manera: borrando ese inciso de la sentencia y apartando a ese juez del juicio pendiente sobre la financiación del Partido Popular, por su evidente falta de imparcialidad.

Y por si fuera esto poco, tampoco puede presumir el secretario general del PSOE de haber contado con una mayoría suficiente para llegar al poder, a través de la moción de censura. Si nos atenemos a los hechos, vemos que aquella mayoría era claramente ficticia. En aquella votación, más que un sí a Pedro Sánchez, encontramos un no rotundo a Mariano Rajoy, para que abandonara la presidencia del Gobierno. Querían hacerle pagar la postura inflexible que adoptó contra los organizadores del referéndum del 1 de octubre de 2017.

Según explica el propio Pedro Sánchez, presentó esa moción de censura para  “recuperar la normalidad institucional” y “regenerar la política española”. Por sus casos de corrupción, era intolerable que el Partido Popular siguiera al frente del Gobierno. Y hace esta afirmación, quién lo diría, el líder de un partido, que aún no ha sido capaz de explicar satisfactoriamente el paradero  de los 680 millones de euros, que desaparecieron  en Andalucía, cuando gobernaba allí el PSOE. Se trata, por lo visto, del mismo partido que creó la trama de las empresas de Filesa, Malesa y Time-Export, para financiar ilegalmente sus propios gastos.

Tenemos que reconocer, que Pedro Sánchez llegó a La Moncloa como un caballo desbocado, con unas ansias locas de disfrutar del poder. Pero de momento tenía que ser muy cauto, ya que no contaba con más apoyos que sus 84 diputados. La primera prueba de su extremada debilidad, se la dieron los independentistas catalanes, cuando se negó rotundamente  a traspasar la línea roja de la autodeterminación de Cataluña. En esa ocasión, tanto las mesnadas de JxCat, como las de ERC rechazaron de plano los Presupuestos Generales del Estado y el presidente Sánchez se vio obligado a convocar elecciones generales.

Y acudió a esas elecciones, que se celebraron el 28 de abril de 2019, estando convencido de sacar un resultado plenamente satisfactorio para afrontar un Gobierno en solitario. Pero se equivocó de medio a medio, ya que ganó estos comicios, pero tuvo que conformarse con 123 diputados, y necesitaba 53 escaños más para poder gobernar sin ayudas foráneas.

 Como no se alcanzó ningún acuerdo para formar Gobierno, fue preciso volver a las urnas para salir de ese impasse. Y en el nuevo proceso electoral, que se celebró el 10 de noviembre de ese mismo año, se recuperó en parte la derecha, pero volvió a ganar Pedro Sánchez, aunque perdiendo, eso sí, 3 escaños. También perdió fuelle, qué le vamos a hacer,  Unidas Podemos, que  consiguió 7 diputados menos.

Pero hay que tener en cuenta que, ni el presidente Sánchez estaba dispuesto a abandonar el barco, ni el mefistofélico Pablo Iglesias quería perder tontamente la ocasión de sentarse en el Consejo de Ministros. Y puesto que, a cambio de la mesa de negociación bilateral con la Generalitat, podían contar con la abstención de ERC y de EHB, terminaron formando un Gobierno de coalición, que está guardando un cierto parecido con el lamentable ‘Frente Popular’ de 1936.

Sabemos que los Gobiernos que padecimos durante los últimos cuatro años eran extremadamente débiles. Todos vimos las dificultades que encontró Mariano Rajoy, para conseguir su investidura en noviembre de 2016. Y ya vimos que Pedro Sánchez, cuando aterrizó en La Moncloa, en junio de 2018, no contaba nada más que con 84 diputados. Y por si todo esto fuera poco, pasamos prácticamente todo el año 2019 con un Ejecutivo en funciones. Vivimos, por lo tanto, un periodo de inestabilidad política demasiado prolongado y negativo, que  debería haber terminado con el Gobierno de coalición, que se formó en enero de 2020.

Pero desgraciadamente no fue así. Al conseguir su investidura con tantos apoyos, y ver que podía hacer y deshacer  en el Gobierno a su antojo, el ególatra Pedro Sánchez se olvidó de los españoles. Y como todos los narcisistas, comenzó a pensar en sí mismo y a recabar alabanzas y distinciones, que creía propias del cargo que ostentaba.

Y como le urgía verse aclamado y vitoreado por el hecho de ser presidente, no quería  malgastar su tiempo ni en gobernar, porque  eso podía retrasar los vítores y los halagos que  esperaba. Comenzó dando rienda suelta a sus gustos faraónicos, desdoblando absurdamente algunos Ministerios, para rodearse nada menos que de 22 ministros y con 4 vicepresidencias. Sin lugar a dudas, tenemos el Gobierno más numeroso de los países de nuestro entorno.

Al aumentar el número de ministros, se multiplicaron desorbitadamente, como por arte de magia, los secretarios de Estado, los secretarios regionales, los subsecretarios y esa nube enorme  de asesores que, en muchos casos, son amiguetes o afines del que los elige y, muchos de ellos, sin preparación alguna. Pero tener el Gobierno más numeroso, no quiere decir en modo alguno, que sea el más eficiente. Es más bien, todo lo contrario. Es, eso sí, el más caro y el menos recomendable de todos, sobre todo, en tiempo de crisis económica.

Y para complicar aún más las cosas, Pedro Sánchez está gobernando a golpe de capricho y está gestionando terriblemente mal la pandemia que padecemos. En este caso, actúa como el perro del hortelano: como teme que pueda salir malparado, rehúye coordinar personalmente  la lucha contra la expansión descontrolada del coronavirus. Pero tampoco da libertad a las Comunidades Autónomas, para que se ocupen de ese cometido.

Y el resultado está ahí y es inapelable, ya que somos el país que ostenta  la mayor tasa de mortalidad de todo el planeta. Si nos hacemos caso de las estadísticas elaboradas por el propio Instituto Nacional de Estadística, aunque le moleste al Gobierno, encabezábamos notoriamente el número de fallecidos a causa de la pandemia. A mediados de enero de 2021, ya sobrepasábamos con creces la espeluznante cifra de 90.000 muertos por culpa del Covid-19.

Y esto, claro está, comporta otra serie de problemas igualmente graves. Por culpa de tan peligrosa plaga, la economía española ha sufrido un batacazo sumamente espectacular. Para encontrar una caída del PIB de un 11%, que registramos al finalizar el año 2020, quizás tendríamos que remontarnos a los años de nuestra Guerra Civil. Y no acaba aquí el desastre, ya que la Comisión Europea anuncia, que este año, tendremos una recesión del 12,4%.

Es verdad que la pandemia, ha golpeado por igual, sin excepción alguna,  a todos los países europeos. Pero todos ellos procuraron proteger apropiadamente sus economías. Y España no supo o no quiso hacerlo a tiempo, y sus medidas de confinamiento han hundido nuestra actividad económica, hasta límites insospechados hasta ahora. No es de extrañar, por lo tanto, que  tengamos más parados que nadie y que proliferen, cada vez más, las antiguas colas del hambre, que habían desaparecido casi por completo.

Estamos viviendo una situación enormemente crítica y complicada, y va a costar sudor y lágrimas mejorar nuestras expectativas. No podemos olvidar, que los dos máximos responsables del Gobierno carecen de principios, y que son muchos los españoles que han perdido la memoria y se dejan manejar tranquilamente y, así, no vamos a ninguna parte. Y los líderes del PSOE y de Unidas Podemos aprovechan esa circunstancia para tratar de imponernos un igualitarismo trasnochado y absurdo, copiando, por qué no, los postulados expresados por Praxágora, la protagonista de una comedia, escrita por Aristófanes en el siglo IV a. C.

En aquella ocasión, es verdad, los atenienses vivían una situación verdaderamente crítica por culpa  de la guerra del Peloponeso. En el año 415 a. C., los líderes políticos de Atenas reunieron una gran fuerza expedicionaria y, saltándose el tratado de la Paz de Nicias, desataron un ataque contra varios aliados de Esparta.

Pero se encontraron con una respuesta del ejército espartano, mucho más dura y contundente de lo que esperaban. Con la ayuda de Persia y de los sátrapas de Asia Menor, Esparta golpeó sin piedad a los atenienses, destruyó su flota, devastó  los campos del Ática, cerró sus minas y redujo a la esclavitud a miles de soldados atenienses.

A pesar de la aplastante derrota, los responsables políticos de Atenas seguían anteponiendo sus intereses personales sobre los de la polis, y soñaban con organizar una nueva revancha. Y el comediógrafo griego Aristófanes, que estaba en contra  de las intenciones de los gobernantes atenienses, procuró ridiculizarlos explícitamente,  en una de sus obras más famosas, La asamblea de las mujeres.

La protagonista de la comedia de Aristófanes es Praxágora que, al frente de las mujeres  de Atenas, disfrazadas de hombres, imponen su plan de igualdad económica: “todos deben tener  todo en común, hay que hacer de la ciudad una sola casa…, la tierra, el dinero y todo lo que tiene cada uno”.  Al colectivizar todos los bienes, para que todos disfruten de ellos por igual, nos encontramos naturalmente un régimen comunista integral.

Lo malo es que, la doctrina igualitaria, como la que predica Praxágora, y la que quieren imponernos los adalides del socialcomunismo actual, no puede ser universal, ni ecuánime y ni debidamente equilibrada. Para que haya personas completamente libres, que puedan vivir sin preocupación alguna, como reconoce la protagonista de la comedia de  Aristófanes, hay que contar necesariamente con la dichosa esclavitud, que creíamos desterrada.

De todos modos, mientras sigamos en manos  de un ególatra de la talla de Pedro Sánchez y de un filibustero como Pablo Iglesias, no habrá manera alguna de poner fin al desastre que estamos padeciendo. Y como sigan mucho tiempo al frente del Gobierno, terminaremos indefectiblemente, en la ruina más absoluta.

Para empezar, al gestionar tan rematadamente mal la pandemia del coronavirus, han vuelto las interminables colas del hambre, que vemos a diario, ante los bancos de alimentos o comedores sociales. Y en esas dramáticas colas no hay solo desarrapados y emigrantes, que vienen en busca de un futuro mejor. Aunque a nadie le gusta mostrar sus miserias, entre los más vulnerables, hay hoy también mucha gente acomodada y de clase media, que se ha quedado sin trabajo, que era su medio habitual de vida.

Y por desgracia, todo indica  que lo peor de la crisis laboral aún no ha llegado. En octubre del año 2020, con un 17,1% de desempleo, ya encabezábamos holgadamente todas las listas de paro en la Comunidad Económica Europea. Y a finales de enero de 2021, los parados en España alcanzaban la aterradora cifra de 3.964.353, 710.500 más que un año antes.

Y según todos los indicios, el desempleo seguirá creciendo desdichadamente, y sin control alguno, a lo largo del año que acabamos de empezar. Si nos hacemos caso de las previsiones que maneja  el Instituto de Estudios Económicos, finalizaremos el año 2021, con una tasa de paro del 18,8%. Y todavía es más pesimista el  Banco de España, que dice que, para esa fecha, la tasa del desempleo podía llegar hasta el 22%.

Y para terminar de aguarnos la fiesta, y hacernos cada vez más pobres, sigue creciendo imparablemente nuestra deuda. De momento, ya estamos superando el 120% del PIB. Y de seguir así, es muy posible que en el año 2022, superemos sobradamente el 123% del PIB.

 

Gijón, 18 de febrero de 2021

 

José Luis Valladares Fernández 

sábado, 31 de octubre de 2020

LA PERVERSIÓN DEL PROCESO DEMOCRÁTICO

 



Es enormemente lamentable, pero el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, además de hacer bueno a José Luis Rodríguez Zapatero, que ya es decir, está pervirtiendo nuestra democracia y llevando a España a la ruina más absoluta. Es tan presumido y petulante, está tan endiosado, que piensa que no hay nadie que le haga sombra y, sin embargo, estropea todo lo que toca.

Y por si fuera poco todo esto, no te puedes fiar de semejante tarambana, porque es como una veleta, ya que puede decir una cosa por la mañana y, sin inmutarse, decir exactamente lo contrario por la tarde. Y como carece hasta de los principios morales más básicos, te vende a las primeras de cambio porque, para colmo de males, siempre actúa movido por su ego y por sus caprichos particulares. Y esto, claro está, le lleva a anteponer  sus intereses personales a los generales, que son los que, en realidad, interesan siempre al común de los españoles.

Dos semanas antes de las elecciones generales del 28 de abril de 2019, Pedro Sánchez es entrevistado por eldiario.es en La Moncloa. Y quien no ha dicho una verdad en su vida, refiriéndose a las duras descalificaciones que recibía de la derecha, contestó desvergonzadamente: "Quien no tiene argumentos recurre a la mentira y, cuando la mentira se acaba, recurre al insulto". El viejo refrán que reza ‘donde dije digo, digo Diego’ le viene como anillo al dedo a este ‘trolas’ compulsivo.

Ha repetido infinidad de veces, que no pactará jamás con Podemos, porque “sería un presidente del Gobierno que no dormiría por la noche, como el 95% de los ciudadanos de este país”. Y fingiendo serenidad, ha agregado que “el PSOE nunca va a pactar con el populismo porque el final del populismo es la pobreza de Chávez, las cartillas de racionamiento y la falta de democracia”. Pasa exactamente lo mismo con Bildu y con los separatistas catalanes: “Yo no voy a permitir que la gobernabilidad de España descanse en partidos independentistas.

Y a pesar de todas estas píldoras, lanzadas aparentemente con toda sinceridad, ahí le tenemos, gobernando en coalición con Podemos y con la bendición de Bildu y de los independentistas vascos y catalanes. Y es más, ha llegado a confesar que está lleno de ‘orgullo’ de su vicepresidente Pablo Iglesias.

De todos modos, es evidente que Pedro Sánchez no vivió aquella Guerra Civil y, por supuesto, no llegó a conocer a Franco. Lo que sabe de aquella época, sea poco o sea mucho, se lo debe a la Historia. Pero no es de recibo que tanto Sánchez, como Zapatero utilicen lo que sucedió entonces de manera sesgada, falseando datos para engañar a los incautos y hacerles comulgar con ruedas de molino.

Está visto, que estos dos representantes destacados de la izquierda española actual adulteran conscientemente la historia, al mantener que los sublevados se levantaron contra la Republica española que, según ellos, seguía siendo una democracia consolidada. Ocultan cuidadosamente el fraude cometido por los prebostes del Frente Popular en las elecciones generales de febrero de 1936. Como no lograron la mayoría, para actuar a sus anchas, falsificaron unas cuantas actas de escrutinio, para hacerse con el poder.

Y como era de esperar, nada más hacerse con las riendas del Gobierno de la República, el Frente Popular puso en marcha un proceso acelerado de sovietización de España, que acabó rápidamente con cualquier atisbo de democracia. A pesar de las evidencias, la petulancia de Pedro Sánchez le llevará a negar esos hechos y seguirá defendiendo que la Republica continuaba siendo democrática, y que el general Franco, por lo tanto, se sublevó contra el Gobierno democrático de ese Frente Popular.

Esto le lleva a decir sin titubear que, con la exhumación de Franco del Valle de los Caídos, se completaba por fin el proceso democrático español. Ni que decir tiene que el presidente Sánchez sabe, cómo no, que todo eso es mentira. No obstante, está plenamente decidido a mantener semejante falacia, para completar el proceso, iniciado por Zapatero, de santificar a todos sus antepasados ideológicos, aunque sean de una calaña tan opresora y déspota como Francisco Largo Caballero o cualquiera de sus pistoleros.

Para conseguir semejante objetivo hay que olvidarse de lo que realmente sucedió y reorientar la historia, dándole el giro que nos interese. Y esto, por supuesto, que resulta excesivamente complicado para cualquier persona normal, no tiene complicación alguna para un personaje como Pedro Sánchez, que ha hecho de la mentira y el embuste, su medio natural de vida. Si hace falta adormilar a los que protestan, recurrirá tranquilamente a la hechicera griega Medea para que le proporcione las pócimas y los ungüentos mágicos que dio a Jasón, para que se burlara del rey Eetes y marchara con el vellocino de oro.

De momento, creo yo, la historia real no tiene nada que ver con la que se desprende de la desdichada Ley de Memoria Histórica y, menos aún con la que nos impondrán, si sale adelante la proyectada Ley de Memoria Democrática. Para empezar, hay que tener en cuenta que, ni la República era democrática cuando el general Franco dio el golpe de Estado, ni el engreído Sánchez completó el cacareado proceso de democratización, con el traslado de los restos mortales de Franco al cementerio de Mingorrubio. Aún no se ha dado cuenta que, desde hace ya mucho tiempo, el general Franco es ya pasado. Lo de menos es que esté en Mingorrubio, o en el Valle de Los Caídos.

Aunque pretendiera algo muy distinto, con la exhumación de Franco, el presidente del Gobierno restauró sin más su figura y su recuerdo, y nos devolvió a los duros enfrentamientos entre vencedores y vencidos. Y al recuperar así ese lenguaje de guerra, que ya habíamos olvidado, volvieron a reabrirse las viejas heridas, que creíamos definitivamente cerradas, y con ellas apareció de nuevo el odio, la intolerancia y la incomprensión entre los españoles.

Mal que le pese al impresentable Sánchez, la recuperación íntegra del proceso democrático es algo, que consiguieron los españoles cuando renunciaron a la idiotez de seguir saldando cuentas con el pasado y, mirando decididamente al futuro, pasaron página, olvidando que se habían estado matando unos a otros. Y con ese olvido voluntario, como era de esperar, llegó la reconciliación sincera entre ambos bandos, que se tradujo en el celebrado acuerdo nacional de la Transición Española.

Y hay que subrayar, que debemos esa Transición a unos políticos que vivieron desde muy cerca la terrible tragedia de nuestra Guerra Civil. Ambos bandos solventaron sus diferencias, enterrando en silencio sus muertos y sus rencores y, por supuesto, olvidando generosamente el pasado siniestro que les tocó vivir. Y gracias a ese acuerdo de la Transición, pudimos disfrutar, durante casi treinta años, de una convivencia nacional aceptable, a pesar de los altibajos del Partido Socialista.

No olvidemos,  que el PSOE es muy dado a navegar entre dos aguas. Y esto le ha llevado a mantener siempre una actitud un tanto equívoca con relación al pacto de Transición, mientras ha estado enteramente vigente. A partir de 1980, los Ayuntamientos regidos por los socialistas ya comenzaron a borrar de sus respectivos callejeros a personalidades destacadas, por estar directamente relacionadas con el franquismo. Y en muchos casos, esos nombres eran sustituidos por otros de personajes del otro bando.

En 1995, sin embargo, el Partido Popular todavía creía en la concordia y en la fiabilidad de una reconciliación sincera y amistosa. Precisamente por eso, la Corporación Municipal de Madrid, que presidía José María Álvarez del Manzano, se olvidó de las veleidades de los socialistas y aceptó, sin más, dar el nombre de Indalecio Prieto a uno de los bulevares del distrito de Vicálvaro.

Y como no podía ser menos, todo se fue al traste con la llegada a La Moncloa, primero de José Luis Rodríguez Zapatero y, después, de Pedro Sánchez. Zapatero dinamitó el pacto de la Transición Democrática con su Ley de Memoria Histórica. Y Sánchez, para no ser menos, trata de enterrarlo para siempre, con la nueva Ley de Memoria Democrática, que quiere imponernos

Por lo que parece, estos dos prohombres del socialismo actual no han sido capaces de digerir la dichosa Transición. Y como son tan sectarios y revanchistas, pretenden pervertir ese proceso democrático, tergiversando mendazmente nuestro pasado. Saben que corrompiendo adecuadamente la memoria, volvemos a las andadas y, entonces, los que perdieron aquella guerra pueden reaparecer ahora como auténticos vencedores.

Para conseguir semejante propósito, comenzaron a denigrar despiadadamente a quienes se levantaron contra el desorden y los atropellos de una República revolucionaria y golpista, que intentaba sovietizarnos por la fuerza. Y con el mismo interés que ponen en zarandear a Franco y a sus seguidores y partidarios, procuran dignificar, faltaría más, a  toda la izquierda tabernaria, que se adueñó de España en 1936 y, muy especialmente, a políticos siniestros y criminales, como Francisco Largo Caballero o Indalecio Prieto.

Con semejante política, es normal que el panorama actual de la convivencia entre los españoles sea tan extremadamente preocupante y desolador. Pero no es para menos, ya que, si hay que retirar las estatuas y quitar los nombres a las calles de los personajes históricos de un bando, hay que hacer lo mismo, con los del otro bando. Porque en ningún caso puede haber privilegios políticos para nadie. Así que, una de dos, o estamos todos al sol, o todos a la sombra.

 

Gijón, 29 de octubre de 2020

 

José Luis Valladares Fernández


lunes, 16 de diciembre de 2019

HABLEMOS CLARO



         IV.- Sánchez metido a calzador en la Presidencia del Gobierno


           No podemos olvidar, que José Luis Rodríguez Zapatero llegó a La Moncloa a  bordo de un tren despanzurrado y que, una vez instalado en la Presidencia del Gobierno, intentó formar una alianza multipartidista contra la derecha, una especie de Frente popular, muy parecido al de 1936. Pero se encontró con un inconveniente prácticamente insalvable ya que, en el espectro político español de 2004, no había partidos revolucionarios. Y un Frente Popular, formado exclusivamente  con CIU y con el PNV, sería demasiado inestable.

Y ante la imposibilidad de realizar semejante propósito, buscó la manera de dar una nueva orientación a la mentalidad y a la cultura de los españoles, para provocar una ‘ruptura’ completa con el sistema político derivado de la Constitución de 1978. Pretendía enlazar directamente la legitimidad de su Gobierno con la II República, prescindiendo por completo, claro está, de la famosa ‘Transición’ que, según Zapatero, silenció a los que perdieron la Guerra Civil y fueron cruelmente represaliados por los que la ganaron.

Para dar voz a los que lograron superar una situación tan extrema, sobreviviendo a la represión de los victoriosos, Rodríguez Zapatero nos sorprendió con la polémica Ley de Memoria Histórica, que es un ataque manifiesto a la ‘Transición’. Hasta entonces, según el promotor de esa Ley, solamente existía la historia oficial, la que contaban los vencedores. Las víctimas reales de aquel conflicto bélico, sin embargo, estaban sometidas a un silencio verdaderamente vergonzoso y traumático, ya que no podían hablar del pasado.

Y gracias a esa promulgación de la Ley de Memoria Histórica, los perdedores se encontraron con la posibilidad aparente de recuperar su memoria y de transmitir detalladamente aquellos desafortunados sucesos, tal como los vieron con sus propios ojos. Y al poder expresar abiertamente lo que vivieron durante aquellos años, volvieron a recobrar la dignidad pérdida, logrando por fin cerrar unas heridas, que llevaban demasiado tiempo abiertas.

Cuando Zapatero, contra todo pronóstico, ganó las elecciones de marzo de 2004, se encontró con una economía en pleno auge. Pero como los socialistas son siempre unos manirrotos, que no saben nada más que repartir pobreza, comenzó muy pronto a incrementar desmesuradamente el gasto público y a intervenir directamente en la economía del país. El resultado catastrófico no tardó en llegar. No tardó mucho en hundir a España en el mayor de los desastres económicos que conocemos desde la pasada Guerra Civil.

Como la situación económica era totalmente caótica, Rodríguez Zapatero se vio obligado a adelantar las elecciones unos meses. Se celebraron el 20 de noviembre de 2011, y las ganó, cómo no, Mariano Rajoy con una mayoría absoluta más que considerable. Los ciudadanos optaron mayoritariamente por Rajoy, creyendo que enderezaría los desaguisados e insensateces de Zapatero. Dieron por hecho que, en primer lugar, arreglaría la hecatombe económica que asolaba a España, y que después, haciendo honor a su palabra, derogaría  las distintas  leyes ideológicas, promovidas por Zapatero.

sábado, 16 de noviembre de 2019

HABLEMOS CLARO


II.- El peligro de bolivarianización de España a la vista  


El mitológico Narciso era un mozalbete extremadamente guapo, alegre y tan apuesto, que volvía realmente locas a todas las jovencitas griegas que lo conocían. Y como solo se quería a sí mismo, las rechazaba destempladamente cuando se dirigían a él. Y ese comportamiento tan despectivo, fue motivo más que suficiente para que Némesis, la diosa de la justicia y la venganza, le infligiera un castigo ejemplar. Así que, cuando Narciso fue a refrescarse a una fuente, Némesis hizo que se enamorara perdidamente de su propia imagen, que se reflejaba en el agua, sin poder apartar sus ojos de ella.

Al vanidoso Pedro Sánchez, convertido circunstancialmente en mandatario de La Moncloa, le está pasando lo que al Narciso mitológico. No se preocupa nada más que de sus intereses coyunturales. Y ese desmedido endiosamiento le ha llevado a pensar, que está muy por encima de los demás mortales y que, por lo tanto, puede hacer libremente  lo que se le antoje sin tener que rendir cuentas a nadie.

Pero no contaba con Fortuna, la diosa de la suerte, que no tolera en modo alguno ese aire injustificado de superioridad, decide actuar directamente para acabar de una vez con la petulancia y la chulería del secretario general del PSOE. Y consiguió su propósito, haciéndole perder su ya escaso prestigio, y privándole hasta de la más mínima cualidad positiva, tanto moral como humana. Y redondeó la faena, incrementando en él considerablemente la ambición, el resentimiento y, por supuesto, la ignorancia.

Y Fortuna, la hija omnipotente de Júpiter, fue aún más lejos y convirtió al decepcionante Sánchez en una nulidad, en un inepto integral, que estropea inevitablemente todo lo que toca, y que, muy a su pesar, ha pasado a ser poco menos que el hazmerreír de toda Europa. Y gracias a la oportuna intervención de la diosa de la suerte, todo lo que atañe a este aprendiz de brujo se ha transformado obviamente en una farsa o en un fraude manifiesto.

Hay que tener en cuenta, que Pedro Sánchez llegó a la Presidencia del Gobierno sin pasar por las urnas, lo que ya es un enorme fraude. Entró en La Moncloa de manera claramente fraudulenta, con el apoyo expreso de los comunistas, los independentistas y los terroristas, ya que todos ellos son enemigos patrios y buscan intencionadamente la ruptura de la unidad de España. Todo en Sánchez es fraude, su doctorado es un fraude y, como no podía ser menos, también es un fraude la moción de censura, su Gobierno y, cómo no, su manera de relacionarse con los ciudadanos y, sobre todo, con los medios de comunicación.

Y no podemos esperar nada bueno de un personaje tan falso como Pedro Sánchez, que asumió circunstancial y traicioneramente la Presidencia del Gobierno sin ser elegido por nadie. La conocida e incontrovertible Ley de Murphy dice muy claramente que, “Si algo puede salir mal, saldrá mal”. Y los hechos son inapelables y confirman que, desde entonces, todo está saliendo bastante mal.

martes, 21 de mayo de 2019

LA EVOLUCIÓN DEL NACIONALISMO EN ESPAÑA

II.- Los nacionalismos periféricos con Franco




Es verdad que Franco, al igual que los demás generales africanistas de la generación de 1915, siempre había sido partidario de la unidad entre los hombres y las tierras de España. Pero con la Guerra Civil Española, que estalló evidentemente por la división y la falta de una convivencia pacífica entre españoles, afianzó aún más su deseo de mantener intacta esa ansiada unidad entre las personas y los territorios de España.
Con una sociedad tan polarizada en bandos, que mantenían entre si disensiones profundas y hasta enfrentamientos frecuentes, era muy difícil evitar esa guerra. Y mucho más, si tenemos en cuenta que la economía española estaba tan atrasada de aquella que no lograba satisfacer las necesidades del pueblo. Y por si todo esto fuera poco, había también una diferencia abismal entre pobres y ricos y prácticamente no existía la clase media que podía, hasta cierto punto, equilibrar la balanza.
Y con la intención de evitar otro colosal fracaso colectivo, similar al que provocó aquella guerra cainita, Franco se ocupó personalmente de mejorar la situación de los más desfavorecidos, dando vida así a una clase media y poniendo en marcha un estado de bienestar desconocido hasta entonces. Y no contento con esto, el 17 de mayo de 1958 promulga la llamada Ley de Principios del Movimiento Nacional, que fue aprobada mediante aclamación por las Cortes y que es una de las siete Leyes Fundamentales de aquel régimen.
El capítulo IV de la Ley de Principios del Movimiento Nacional es sumamente claro: “La unidad entre los hombres y las tierras de España es intangible. La integridad de la Patria y su independencia son exigencias supremas de la comunidad nacional”. Pero defender con tesón y firmeza el concepto de lo nacional, que no es nada más que salvaguardar nuestra personalidad histórica forjada a través de los tiempos, no implica que tengamos que obviar la rica diversidad de nuestra nación.
Y si es importante preservar nuestro glorioso pasado, no lo es menos mantener la diversidad cultural de cada una de nuestras regiones, que al ser perfectamente armónica, termina integrándose nacionalmente y enriqueciendo nuestro bagaje histórico. Eso es lo que intenta el que fuera caudillo de España, dejándonos ese mensaje póstumo, al final de su vida, en su testamento o ‘despedida’: “Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la Patria”
Siguiendo el consejo de Franco, cómo no, debemos ser extremadamente cuidadosos para prevenir los movimientos subversivos que se producen inevitablemente, como es el caso actual de Cataluña, con la desviación de los sentimientos nacionalistas y regionalistas. Más que nada, porque o se aborta o corrige desde el principio, o termina enquistándose y poniendo en peligro la necesaria unidad de España.

jueves, 11 de abril de 2019

LAS PATRAÑAS DE PEDRO SÁNCHEZ






Cada vez que veo al presidente Pedro Sánchez en los medios de comunicación, me acuerdo inevitablemente de unos personajes interesantes, que aparecen en El Rey Lear de William Shakespeare. Se trata del ciego conde Gloucester y de su  pechero, el Anciano. El conde Gloucester piensa dejarse guiar por el mendigo Tomasín y manda marchar al Anciano. Y como este le advierte que Tomasín está loco, el conde Gloucester le contesta: “Es calamidad de estos tiempos que los locos guíen a los ciegos”.

Y esto es, ni más ni menos, lo que está ocurriendo con el presidente ‘ocupa’, que entró  en La Moncloa por la puerta de atrás. Y si es ciertamente tragicómico que un loco como Tomasín conduzca al ciego conde Gloucester, no es menos chusco y melodramático, que un personaje tan sectario y tan irresponsable como Pedro Sánchez dirija los destinos del Gobierno de España. No podemos esperar nada bueno de quien, para medrar personalmente y satisfacer su desmedida ambición, se echa en brazos  de filo-etarras ocasionales y de los separatistas más contumaces, que intentan acabar con la Unidad de España.

Es evidente, que no hay nada gratis. Y en consecuencia, tampoco fue gratis el apoyo que los secesionistas prestaron a Pedro Sánchez en la moción de censura que le hizo presidente del Gobierno de España. Y como sigue necesitando de los independentistas para continuar en La Moncloa, llegó el momento de devolverles el favor, cumpliendo satisfactoriamente alguna de sus exigencias, procurando, eso sí, que no afecte mucho a las instituciones del Estado.

Para tener contentos a los golpistas catalanes, nada más llegar al poder, eliminó la supervisión de las cuentas  de la Generalitat de Cataluña, para que los responsables de la Autonomía catalana puedan gastar el dinero público a su antojo. Su complacencia con el separatismo, le llevó a disponer que los presos independentistas, que estaban acusados de delitos de rebelión, sedición y malversación de dinero público, fueran trasladados seguidamente a cárceles de Cataluña. Y terminará, cómo no, indultándoles, si finalmente son condenados, para mantener intacto el apoyo incondicional de los que quieren romper España.

Para mantenerse en el poder, Pedro Sánchez procurará seguir el ejemplo de Creso, aquel antiguo rey de Lidia que, para ser bien aceptado, hacía magnánimas  ofrendas a los dioses de los templos de todas las ciudades griegas conquistadas. Pero no contó con Némesis, la diosa de la justicia retributiva y el equilibrio, que no permite, entre otras cosas, los excesos de fortuna y la complacencia desenfrenada. Y Némesis, claro está, que no podía tolerar la actitud y el comportamiento de Creso, le incita a ir contra Ciro, rey de Persia, para que éste lo derrote y lo despoje del imperio que había conquistado.

jueves, 6 de diciembre de 2018

LAS ANDANZAS DEL PSOE


IX.-El tesoro del Vita





Los responsables del ‘Frente Popular’ perdieron claramente las Elecciones Generales de Febrero de 1936. Pero supieron sobreponerse y, utilizando descaradamente el fraude y la violencia, amañaron el resultado de las urnas y se apoderaron del Gobierno. Y eso les envalentonó y llegaron a pensar que había llegado el momento propicio de olvidarse para siempre de la derecha. Y para lograr semejante propósito,  no tenían nada más que obligar a esa molesta y acomplejada derecha a rebelarse y a levantarse en armas para aplastarla definitivamente desde el Poder.
Y comenzaron, sin más, a atosigarla insistentemente con provocaciones constantes, organizando un proceso revolucionario muy especial, en el que predominaban  los incendios provocados, los desórdenes y todo tipo de algaradas callejeras. Y por si todo esto era poco, se realizaban ocupaciones de fincas, se confiscaban propiedades particulares y, además, se practicaba la violencia política de manera indiscriminada. La derecha, claro está, no aguantó el envite y, como se esperaba, reaccionó violentamente, lanzando a una parte muy importante del Ejército contra las instituciones republicanas.
El levantamiento militar, es verdad, fracasó prácticamente en casi todas las ciudades españolas y, como es lógico, derivó en una cruenta y prolongada Guerra Civil. Pero quedó muy claro, desde un principio, que aquella insurrección era algo mucho más serio que la Sanjurjada del 10 de agosto de 1932. El ‘Frente Popular’ había sobrevalorado excesivamente sus propias posibilidades y, en consecuencia, había lanzado retos sumamente envenenados a la derecha y, ahora, era ya demasiado tarde para volverse atrás.
Tras los primeros enfrentamientos bélicos con los sublevados, el pesimismo y la desesperanza se fueron apoderando de los distintos Gobiernos de la República. El alzamiento militar, que desembocaría en la Guerra Civil Española, se produjo el 17 de julio de 1936. Y el presidente del Consejo de Ministros, Santiago Casares Quiroga, dimite el 19 de julio, porque fue incapaz de contener la rebelión. Ese mismo día, le sustituyó el sevillano Diego Martínez Barrio, que intentará formar un Gobierno de conciliación para evitar el inicio de la guerra. Habló con varios militares rebeldes y, como no logró nada positivo, dimitió el día 20 de julio.

viernes, 13 de octubre de 2017

A CADA UNO LO SUYO

VII – La Guerra Civil Española 


Si nos atenemos a los hechos, tenemos que reconocer que el Ejército y una buena parte del pueblo llano, recibieron la llegada de la República con cierto recelo, porque fue instaurada de manera irregular. Pero esa prevención o desconfianza se trocó en irritación, cuando el llamado Frente Popular llega al Gobierno en febrero de 1936, valiéndose de unas elecciones claramente fraudulentas.
Y ese enfado subió aún más de tono cuando constataron que los responsables de ese Frente usaban intencionadamente el poder para transformar el Estado en un instrumento antidemocrático y sectario, para ponerlo, sin más, al servicio de la violencia y el crimen. Y si ya estaban los ánimos suficientemente caldeados,  lograron que, con el asesinato de José Calvo Sotelo, media España se levantara en armas contra esa manera pérfida de hacer política.
Con la llegada al poder del Frente Popular, cambió tanto la República, que no se parecía en nada  a la que se instauró el 14 de abril de 1931. Dejó de ser democrática y, en realidad, terminó siendo un régimen prácticamente ilegítimo. Y sus dirigentes estaban tan seguros de sí mismos, que ni se molestaban siquiera en guardar las apariencias. Retaban descaradamente a los militares que protestaban por la imprevista deriva de la República. Pensaban que, si lograban sublevarlos, acabarían fácilmente con ellos, y así podrían implantar libremente, y sin oposición alguna, la revolución soñada por la izquierda.
Como ya sabemos, el alzamiento militar que se inició el 17 de julio de 1936 en las ciudades españolas de Marruecos, llegó rápidamente a la Península. El mismo 18 de julio, el general Queipo de Llano aplastó fácilmente la resistencia obrera y sindical de Sevilla, y logró el control de tan importante plaza. Pasó lo mismo en la ciudad de Cádiz con los generales Varela y López Pinto.
Tuvo más problemas Ciriaco Cascajo Ruiz,  gobernador militar de la provincia y coronel del Regimiento de Artillería Pesada nº 1, para hacerse con el control de Córdoba. Aunque el gobernador civil, Antonio Rodríguez, estaba inicialmente dispuesto a entregar el Gobierno a los insurrectos, se vuelve atrás cuando constata la firme oposición de un grupo, entre los que estaba el alcalde de la ciudad  y el presidente de la Diputación. Tuvieron que ser los cañones del cuartel de Artillería los que acabaran finalmente con la negativa frontal de ese grupo. Granada caería dos días después.