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domingo, 22 de abril de 2012

LOS NEGOCIOS DE LOS SINDICATOS MAYORITARIOS

Las organizaciones de CC.OO, y de la UGT, más que Centrales Sindicales al servicio prioritario e incondicional de los trabajadores, son empresas dedicadas ante todo a rentabilizar convenientemente todos sus activos, que no son precisamente pocos. Pues no es tan fácil combinar adecuadamente objetivos financieros con estrictos valores sociales. Son varios los sectores económicos, donde los máximos responsables de ambos sindicatos se convierten en auténticos patronos, decantándose preferentemente  por el ladrillo. Aunque para rentabilizar mejor su labor empresarial, exploran todas las posibilidades que están a su alcance. De ahí que se asocien con grandes multinacionales, buscando intencionadamente los suculentos réditos que suelen dar estas alianzas.

Ambas centrales sindicales resultan, eso sí, mucho más beneficiadas que las demás empresas con las que compiten y, por supuesto, más que el resto de sindicatos. Al figurar como agrupaciones sindicales, los fondos que reciben  de los impuestos de los ciudadanos se ven libres de cualquier tipo de control  y de la fiscalización  exhaustiva que sufren las demás empresas. Cuentan además con un buen número de fundaciones que les reportan alrededor de 500 millones de euros en dinero público. Al figurar como fundaciones sin ánimo de lucro, no están obligados a presentar cuentas pormenorizadas, aunque se trata de dinero público. Les basta con recoger someramente las partidas, sin entrar en detalles, resultando así difícil su fiscalización.

Las centrales sindicales capitaneadas por Ignacio Fernández Toxo y Cándido Méndez controlan un buen número de sociedades entre limitadas y anónimas, cuyos activos superan con creces los 240 millones de euros. La Confederación Sindical de CC.OO., por ejemplo, es dueña de la promotora Grupo de Proyectos Sociales de Gestión, líder en número de viviendas gestionadas en régimen  de cooperativa. Es sin duda alguna la primera empresa en número de viviendas protegidas entregadas. Solamente en  2010, generó un beneficio de unos 4,8 millones de euros. También es propietaria de las empresas Deinco Inmobiliaria y Habitatge Entorn, ambas relacionadas claramente con el ladrillo. La organización de CC.OO, es asimismo  la propietaria de un grupo importante de promotoras en Aragón.

Las inversiones inmobiliarias  de la UGT, aunque notablemente más modestas que las de CC.OO., alcanzan también cuotas dignas de mención. El sindicato de Cándido Méndez controla el 70% del capital de la empresa Gestión Social Inversiones S.L., propietaria a su vez del 82% de Plazaola Gestión Integral S. L. Este grupo de empresas, participadas un tanto disimuladamente por la UGT, produce unos beneficios muy cercanos al millón de euros. La  empresa inmobiliaria Qualitat Habitatge Social S.A. es quizás la más importante del sindicato socialista. Controlada al 100% por la UGT de Cataluña, cuenta  con más de 15 millones de euros en la casilla de activos y se dedica plenamente  a la ejecución del programa de viviendas sociales.
También se han embarcado estas dos centrales sindicales en el campo empresarial de las consultorías. La empresa Grupo de Proyectos Sociales de Madrid S.A. es quizás la mayor empresa dedicada a la consultoría y está en manos de CC.OO. Ambos sindicatos participan al 50% en la empresa Protección Social Complementaria de los Trabajadores S.L., dedicada principalmente a la prestación de todo tipo de servicios  de dirección, administración y gestión de empresas.

Otro capítulo importante al servicio de la actividad empresarial de los sindicatos de clase es el de las fundaciones. Gracias a las fundaciones,  las centrales sindicales de la UGT y CC.OO. venían gestionando hasta ahora alrededor de los mil millones de euros al año. La organización controlada por Fernández Toxo trabaja al menos con cuatro fundaciones que, entre todas ellas, aportan al sindicato más de 250 millones de euros. La mayor parte de este dinero provenía del presupuesto que el Ministerio de Trabajo destinaba a la formación para el empleo. Las cuentas con las fundaciones en la UGT son prácticamente idénticas a las de Comisiones Obreras.

Pero el afán de los sindicatos mayoritarios por hacer caja les lleva a asociarse activamente con multinacionales del porte del BBVA y de la Telefónica. Entre CC.OO. y la UGT suman el 40% de las acciones de Gestión de Previsión y Pensiones S.A., la gestora del BBVA. Cada sindicato se llevó 853.000 euros a cuenta de los beneficios generados por esta gestora durante el ejercicio de 2010. Esta sociedad gestiona varios planes de pensiones, pero el más importante por su volumen es el de la Administración del Estado con un montante de 537 millones de euros. Por la administración de este plan, la gestora del BBVA, participada por CC.OO. y la UGT, se embolsó en 2011 un  millón y medio de euros en comisiones.

Los sindicatos liderados por Fernández Toxo y Cándido Méndez también son socios de Telefónica, participando cada uno de ellos con el 15% en Fonditel Pensiones. Se trata de la cuarta mayor gestora de España con una proyección enorme, pues además de llevar los planes de pensiones privados de Telefónica, gestiona también los de otras empresas. La participación de cada central sindical en Fonditel Pensiones sobrepasa los once millones de euros en activos, y sindicato se ha embolsado medio millón de  euros de beneficios durante el ejercicio fiscal del año 2010.

Como lo que priva a los sindicatos de clase es el dinero, no podían dejar desatendido  el sector de las aseguradoras. El negocio de los seguros siempre ha dado buenos resultados, por lo que CC.OO. y la UGT, que se apuntan a todas,  entran a formar parte de la multinacional de seguros Atlantis. Atlantis  es filial de tres grandes grupos aseguradores que se dedican a ofrecer otras alternativas al seguro tradicional, subordinando siempre la propia economía al servicio de las personas.

El accionista mayoritario del grupo Atlantis es la aseguradora francesa MAIF, que tiene asegurado al 90% del profesorado francés. Le sigue en importancia la mutua MACIF, también francesa, que engloba a una buena parte de los asalariados de la industria y el comercio. Viene después el grupo UNIPOL nacido inicialmente para asegurar el movimiento cooperativo italiano, pero que hoy ofrece una amplia gama  de seguros y productos financieros. Estas tres aseguradoras protegen a más de 15 millones  de personas en toda Europa.

Los sindicatos de la UGT y CC.OO. participan  en el capital de la aseguradora Atlantis con un 5% cada uno. Y los activos proporcionales que maneja cada uno de ellos alcanzan los cinco millones. La relación de CC.OO y la UGT con Atlantis es tan alta, que la aseguradora  se anuncia en las páginas Web de dichos sindicatos dentro del apartado de servicios, en las que los sindicatos aparecen claramente como entidades vinculadas al grupo. Se da además la circunstancia de que entre los miembros del consejo de la aseguradora Atlantis nos encontramos con cargos de una y otra central sindical.

Habría que agregar a todo este entramado empresarial los departamentos jurídicos de ambas centrales sindicales que atienden gratuitamente a sus afiliados, pero que admiten clientes ajenos a dichos sindicatos, cosechando notables beneficios. Así que, tanto la UGT como CC.OO., funcionan como dos gigantescas empresas, disfrutando pródigamente de ciertas prebendas que no tienen las demás empresas. Para empezar, a estas entidades sindicales no se las  obliga a detallar sus cuentas públicas y nunca han sido auditadas por el Tribunal de Cuentas. Disfrutan gratuitamente de los inmuebles donde tienen sus sedes, edificios que proceden, en su inmensa mayoría, de la sospechosa restitución del patrimonio histórico sindical. Otros muchos edificios fueron cedidos gratuitamente por los poderes públicos y son muy pocos los adquiridos directamente. Pero no pagan renta por ninguno de ellos y ni siquiera abonan el correspondiente IBI, a pesar de que se trata un  patrimonio sumamente  abultado e importante.

Han puesto, eso sí, el grito en el cielo por la reforma laboral elaborada por el Gobierno de Mariano Rajoy. Achacan a semejante reforma un aberrante e inadmisible abaratamiento del despido. Más aún, para los líderes de la UGT y CC.OO, el nuevo contrato indefinido descrito en la nueva reforma laboral para empresas de menos de 25 trabajadores, permite sin más “el despido libre y gratuito” durante un año. De ahí que pidan insistentemente  la retirada inmediata de semejante reforma y el comienzo de una negociación abierta con las fuerzas sindicales. Por eso los sindicatos, con el apoyo incondicional del PSOE e IU, se han lanzado a la calle organizando ruidosas manifestaciones y montando la huelga general del 29 de marzo pasado.

Hasta aquí todo normal. Normales son las protestas, los alborotos callejeros y hasta la misma huelga general para intentar cambiar el rumbo de la reforma laboral propuesta por Fátima Bañez, actual ministra de Empleo y Seguridad Social. Pero lo que ya no es normal es la incoherencia de los responsables sindicales de CC.OO. y de la UGT, ya que predican una cosa y hacen exactamente la contraria. Protestan airadamente de que las demás empresas puedan despedir trabajadores, pero ellos, en vez de dar ejemplo adoptando medidas menos drásticas, utilizan el despido sin contemplaciones. No se a quien quieren engañar, pero la mayoría de los despidos de los sindicatos son simplemente por  “causas organizativas, técnicas y de producción”.

El pasado año, los sindicatos dirigidos por Ignacio Fernández Toxo y Cándido Méndez despidieron a más de 500 trabajadores. Y lo han hecho incluso hasta con veinte días de indemnización  por año trabajado, tal y como recoge la nueva reforma laboral que tanto atacan. Sus despidos son a veces tremendamente injustos, teniendo que intervenir la autoridad judicial competente para corregir tamaños desafueros.  Es llamativo el caso de una trabajadora de CC.OO. de Gijón, que con casi diez años de servicio,  fue despedida por dos veces por dicha central sindical y otras tantas veces los tribunales obligaron al sindicato a readmitirla. Y son los mismos, o similares, los pecados laborales de la UGT. Está visto que no es lo mismo predicar que dar trigo.

Gijón, 19 de abril de 2012

José Luis Valladares Fernández

lunes, 1 de noviembre de 2010

LOS PROGRES SON ASI

El fenómeno antropológico que dio pie a Miguel de Unamuno para llamar “tiorras” a muchas de las mujeres que se dedicaron a hacer política durante la Segunda República, se repite también en la España de hoy. Aquellas mujeres destacaban precisamente por una ordinariez repulsiva y un mal gusto manifiesto en su manera de obrar y de expresarse. Exponentes claros, en aquella época, de ese tipo de mujer repulsivo para cualquier persona medianamente sensible, lo tenemos, entre otras personas, en Margarita Nelken y en la propia Dolores Ibarruri, la Pasionaria
Hoy también abunda ese espécimen de mujeres que prescinden voluntariamente de las buenas maneras y de la más mínima educación. También hay hombres, es cierto, entre esa izquierda progre que, anclados en las formas arcaicas de otros tiempos, no saben abrir la boca si no es para ofender. Para Unamuno hubieran sido también auténticos “tiorros”. En mujeres, el caso más llamativo es el de Carmen García Ruiz, concejala de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Vélez-Málaga, donde gobiernan en coalición PSOE y IU. Los servicios sociales y la familia, así como todo lo que se refiere a empleo y desarrollo económico forman parte de las responsabilidades asumidas por esta delicada mujer.
La colocación, con enchufe o sin él, de la hija y yerno de la concejala Carmen García en la Diputación, dio pie a que el portavoz del Partido Popular, Francisco Delgado Bonilla se quejara ante el pleno del Ayuntamiento de la falta de transparencia del equipo de Gobierno ya que le había denegado unos documentos referidos a tan sospechoso asunto. Sin importarle lo más mínimo la presencia de cámaras y micrófonos, una vez finalizado el pleno y ante preguntas de los periodistas, dio rienda suelta a su lengua viperina diciendo: “No hay peor desgraciado, no solamente no tener dinero, sino votar a la derecha, porque yo os digo una cosa, ellos defienden ahora lo que les parece y lo que les da la gana, pero desde luego les importa una puñetera mierda absolutamente todo”. Y agregó con el mismo tono airado: “cada vez que dicen algo de enchufes, de verdad que me entran ganas de darles dos galletas en la cara y ponerles la cara morada (…). Me parece mentira que tengan todavía algo y no le escupan en la calle”.
Queriendo dejar constancia de su progresía de pata negra, aprovechó la ocasión, cómo no, para culpar de la crisis económica a los empresarios, a la banca y, como no podía ser de otra manera, al mismísimo Aznar por la incomprensible desfachatez de firmar unos contratos que, sin saber por qué, finalizaron en la égida de Zapatero. Reconvenida por la oposición, que tuvo la osadía de pedirla que se disculpara, la reacción de la concejala fue completamente inequívoca: “No me disculpo porque no me sale del coño”. De este modo, Carmen García da muestras fehacientes de que pertenece a la típica izquierda española que, además de prepotente e ignorante, es incapaz de asumir sus propias responsabilidades. Jamás reconocerán que las grandes tasas de desempleo aparecen siempre que gobierna la izquierda y la creación de empleo con Gobiernos de derechas que emplean recetas liberales. ¡Algo tendrá el agua cuando la bendicen! La reacción de Carmen García se parece mucho a la del alcalde de Getafe y presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), Pedro Castro, cuando insultó gravemente a todos los votantes del Partido Popular cuando preguntó indignado: “¿Por qué hay tanto tonto de los cojones que todavía vota a la derecha?”. Bueno, insultar no, porque los progres de vía estrecha no insultan, califican. Los que insultan son los de la derecha. Esto es al menos lo que piensan los prohombres de la izquierda española. Pedro Castro es otro típico ejemplar de esa izquierda progre que padecemos, que puede insultar cuanto quiera. Pero, eso sí, ellos son los intocables y por eso que nadie se atreva a insultarles. El propio Pedro Castro ya se cuidó de preparar una ordenanza municipal, en la que están previstas multas de hasta 750 euros para quien insulte a las autoridades municipales.
Entre los miembros del Gobierno, entre los que acaban de irse y los que permanecen, había y hay alguno y varias que tiran al monte, aunque sin exagerar los términos tanto como Carmen García y Pedro Castro. Entre ellos, destaca José Blanco, al que, por su estilo típicamente tabernario, podríamos darle el título de Insultador Mayor del Reino. No digamos nada de la cesada Bibiana Aido y tampoco de Leire Pajín. La pobre Bibiana ya dejó el puesto que nunca debió ocupar. Está mejor jugando con su primer muñeco, ese, que al tocarle, cantaba la internacional, por lo menos hasta que sepa discernir cuando un ser vivo comienza a ser humano. Leire Pajín también suelta su lengua de vez en cuando, algunas veces para hacer slogans y otras muchas para insultar. Creo que ha llegado al ministerio de Sanidad, sin la debida preparación para cargo tan relevante. Debiera haber desentrañado antes cual es el verdadero sexo del PIB.

Gijón, 23 de octubre de 2010

José Luis Valladares Fernández

viernes, 15 de mayo de 2009

ASALTO SINDICAL EN MADRID

Hace ya mucho tiempo que las centrales sindicales de UGT y CCOO, a base de subvenciones y untes de todo tipo, se pasaron al Gobierno con armas y bagajes, olvidándose del pobre trabajador. Presumían de ser sindicatos claramente de clase y, por obra de una abultada pasta monetaria y unos puestos de liberados, han pasado a ser sindicatos claramente clasistas y hasta elitistas. Zapatero ha sabido hacer de ellos unos obedientes peones que moviliza a su antojo cuando le conviene.
Estos sindicatos mayoritarios no están, como sería su obligación, al servicio de los intereses de los trabajadores. Se han convertido en una simple casta de vividores, tremendamente servil y dispuesta a cualquier cosa, y no están nada más que para servir a los intereses del PSOE. Ahí está la manifestación del 1º de mayo donde compadrean sindicatos, Gobierno y partido socialista.
Es sintomático que estas dos centrales sindicales, CCOO Y UGT, no tengan nada que reclamar al Gobierno, sobre todo, en esta situación de crisis que estamos viviendo. Sus reclamaciones y exigencias van todas ellas dirigidas contra la oposición y los empresarios. El sindicato vertical de Franco, a su lado, era todo un modelo de responsabilidad sindical. Pues, a pesar de haber sido diseñado intencionadamente para servir al régimen, no adoptó jamás un sesgo tan totalitario y rastrero como el de estas dos centrales sindicales.
No deja de ser llamativo que seamos todos los ciudadanos los que, con nuestros impuestos, nos veamos obligados a sostener a estas entidades sindicales, tan tremendamente sectarias. La UGT y CCOO ponen todo su empeño en servir fielmente al Gobierno, y contribuyen con decisión a mantener ese ambiente torvo de dependencia y de falta de libertades sociales.
Estos sindicatos, únicamente se preocupan de su bienestar personal y de sus intereses, frecuentemente inconfesables. Y, como cae el momio de una manera abundante, no les importa ejercer de mamporreros de un ejecutivo sin escrúpulos, a sabiendas de que van a ser utilizados para hacer de oposición a la propia oposición del Partido Popular. Tienen que ser consecuentes y, por lo tanto, agradecen ese estupendo aguinaldo que les otorga Zapatero. No pueden exponerse a que les obliguen a trabajar, cosa que o no han hecho nunca, o se les ha olvidado ya. Como el mandato bíblico de ganarás el pan con el sudor de tu frente les resulta sumamente arcaico, lo han reescrito de nuevo, tratando de mejorarlo considerablemente. Ahora reza así: ganarás el pan con el sudor del de enfrente.
Tanto UGT como CCOO se muestran muy activos. Tan pronto les vemos apoyando iniciativas del actual ejecutivo, entre las que se encuentra la nueva ley del aborto, como les vemos protestando contra el gobierno de Esperanza Aguirre. Primero pusieron en solfa la sanidad autonómica madrileña. Después intentaron paralizar el metro de Madrid y Telemadrid, organizando auténticas huelgas salvajes. Y como colofón de todos estos desórdenes, el pasado di 7 de mayo, realizan un llamativo asalto sindical a la Asamblea de Madrid, con la venia y el aplauso hipócrita del PSOE e IU.
Ni que fuera Esperanza Aguirre la responsable de esos más de 4 millones de parados y la que dicta leyes y decretos y realiza en exclusiva la política económica de toda España. Tratan de hacer ver que la culpa de la crisis, los ERE, los despidos, la falta de créditos, no es de Zapatero, aunque sea él quien elabora los presupuestos generales y quien dicte la política económica y social del momento.
Los responsables políticos de la izquierda española son incapaces de asumir las continuas y abultadas derrotas que les inflige el pueblo de Madrid en las urnas. Y para resarcirse de esas derrotas, optan por amedrentar y atacar a los representantes legítimos de los madrileños, lanzando irresponsablemente por delante a sus mesnadas sindicales.
La intolerable bronca comienza en el interior de la Asamblea de Madrid. Son las huestes sindicales invitadas por PSOE e IU las que, imitando a Tejero, inician la incomprensible algarada. Algarada que aplauden con insensatez los parlamentarios autonómicos de estas dos fuerzas políticas de izquierda. Lo importante era no dejar hablar al portavoz del PP. Todo un ejemplo de tolerancia y de espíritu democrático, que les iguala a sus irresponsables comparsas sindicales. Cuando la presidenta de la Asamblea les pide respeto, se levantan de sus escaños y se van a la calle donde continúan aplaudiendo y jaleando a los cafres que dan la cara.
Los miembros de la UGT y CCOO, desalojados de la tribuna de invitados de la Asamblea, se unen en la calle a otro grupo de energúmenos movilizados previamente por dichos sindicatos, en connivencia con PSOE e IU. Es allí donde hacen frente a las Fuerzas del Orden, derriban las vallas, llegando amenazantes hasta la misma puerta de la Asamblea. Lanzan piedras y tuercas contra el parlamento autonómico, y explosionan petardos al grito desaforado de con nuestro curro no se juega y la próxima visita será con dinamita.
Sería interesante saber los currantes auténticos que participaban en aquella violenta protesta. Posiblemente fueran todos, o casi todos, liberados que viven del cuento y del trabajo ajeno. Están muy acostumbrados a disfrazarse, en este caso de trabajadores, como, no hace mucho, se disfrazaban de médicos y de enfermeros en apoyo del Dr. Montes. Evidentemente. CCOO y UGT forman prácticamente una sola realidad social con el PSOE y con IU. De ahí que estos sindicatos estén perfectamente alineados con este Gobierno que padecemos, que es la mayor fábrica de parados del mundo y, a la vez, especialista en dar la espalda a los problemas que aquejan a los auténticos y sufridos trabajadores.
Lo malo es que, tal desfachatez sindical, la pagan, y muy caro, los más inocentes, los que viven honradamente de su trabajo. Veremos a ver cuanto dura tan bochornosa e irresponsable actitud.

José Luis Valladares Fernández