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miércoles, 12 de enero de 2011

LOS SINDICATOS SÍ CREEN EN LOS REYES MAGOS

En la antigua Grecia utilizaban el vocablo Συνδηκου para referirse a aquellas personas que se dedicaban a la defensa de los que eran llevados a juicios y a los defensores de las leyes antiguas contra todo intento de innovarlas o modificarlas. Con el paso del tiempo, esta palabra se adjetivó y se universalizó, transformándose en Συνδηκι, con lo que adquiere un significado sensiblemente diferente. El síndico, según esta nueva acepción, hace referencia a la persona que elige una corporación concreta o la comunidad para que cuide de sus intereses. Las actuales sindicaturas públicas tienen su origen en la activad de aquellos antiguos síndicos. Y por analogía, se dio el nombre de sindicatos a todas aquellas asociaciones que, aunque ilegales y perseguidas inicialmente, fueron apareciendo a partir del año 1776, sin otro objetivo que la defensa de los intereses del mundo laboral.
Con la sustitución del feudalismo por el capitalismo, aparece lo que llamamos la revolución industrial. Esta revolución industrial incipiente impone unas condiciones laborales muy duras. Para luchar contra esa explotación descarada y mejorar las compensaciones salariales, aparecen las primeras organizaciones obreras. Una vez que fue reconocida la legalidad de la acción colectiva de los trabajadores, esas organizaciones obreras se fueron agrupando de acuerdo con los distintos oficios de cada uno. Fue en Inglaterra donde comenzaron a funcionar estas organizaciones obreras emergentes con el nombre de ‘tradeunions’, uniones de oficios y poco a poco se fue extendiendo a toda Europa.
Las asociaciones actuales, herederas de aquellas ‘tradeunions’ y que seguimos llamando ‘sindicatos’, debieran encargarse, al menos en teoría, de la defensa del mundo del trabajo. Y como es normal, estarían formadas por aquellos trabajadores que, sin romper su relación contractual con la empresa, asuman responsablemente la defensa de los intereses sociales, económicos y profesionales de todo el colectivo obrero. Pero la prosaica realidad es muy distinta. Los sindicatos actuales se han alejado de tal manera de los trabajadores, que no se parecen en nada a aquellas antiguas organizaciones que, sin medios para hacerlo, ponían todo su interés en defender a sus compañeros. No representan a nadie y se han prostituido miserablemente a cambio de beneficios particulares y los trabajadores se ven obligados a soportar de manera estoica las decisiones de las cúpulas sindicales. Además, al menos sus dirigentes, hasta han empezado a creer en los Reyes Magos.
No hay más que repasar los Boletines Oficiales del Estado de los días 4, 6 y 7 del actual mes de enero. Las centrales sindicales, por medio de José Luis Rodríguez Zapatero, han recibido de los Reyes Magos, en vez de carbón, tres extraordinarios y suculentos aguinaldos por un importe total de más de 27 millones de euros. En el BOE del día 4 de enero, se les asigna un primer aperitivo de 358.110,10 euros por representar al “personal docente en los Centros Públicos de Enseñanza no Universitarios” y haber “participado en las reuniones de negociación colectiva de las condiciones de trabajo de los funcionarios docentes”.
Para premiar su conversión y su fe en los Reyes Magos, Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo, según el BOE del día 6 de enero, reciben en exclusiva para sus respectivas centrales sindicales otro aperitivo de 147.000 euros, concedidos por el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, del que es titular Leire Pajín. De esta cantidad, UGT recibe 75.000 euros para prevenir drogodependencias en el ámbito de trabajadores de atención primaria, para sensibilizar sobre esta materia a los trabajadores de instituciones penitenciarias y para un programa sobre Centros libres de alcohol. Los otros 72.000 euros restantes se los lleva CC OO para editar un DVD de “estrategias de acercamiento” y para prevenir el consumo de alcohol y otras drogas en las escuelas taller.
El verdadero regalito de los Reyes Magos lo reciben de manos del Ministerio de Política Territorial y Administración Pública, del que es titular Manuel Chaves, mediante una resolución en el BOE del día 7 de enero. Mediante la citada resolución, además de conceder subvenciones a la Administración Central, a las Comunidades Autónomas y a los Ayuntamientos, el vicepresidente tercero, Manuel Chaves, otorga a las Organizaciones Sindicales una dadiva de nada menos que 26.690.100 de euros. Todo un extraordinario aguinaldo de Reyes que posiblemente venga cargado de segundas intenciones, pues de todos es sabido que hay una amenaza de huelga de por medio si el Gobierno decide ampliar la edad de jubilación a los 67 años.
Es normal que el Ejecutivo quiera evitar a toda costa otra huelga general, motivada esta vez por la reforma de las pensiones, pero que no lo haga a costa del dinero de los contribuyentes, que es lo que en realidad se deduce si leemos entrelineas las clausulas de la resolución ministerial. Quieren dar a entender que estos fondos van destinados a fomentar las políticas activas de empleo. Pero el hecho de que a las organizaciones sindicales que den cursos de formación a lo largo de 2011 se las exima de presentar “justificación documental” de los gastos corrientes, nos hacen suponer que buscan la desactivación de la huelga que se otea en el horizonte.
Y no solamente es que a los organizadores de los cursillos no se les obligue a justificar lo que gastan en agua, en gas, en electricidad, en teléfono, en material de oficina y en limpieza, por ejemplo. Además, se les permite opacidad en un 6% de todos los gastos directos, lo que entra en contradicción con los planes de austeridad anunciados por el Gobierno, siguiendo directrices emanadas directamente de Bruselas. También llama la atención, cómo no, que los principales beneficiarios de este millonario aguinaldo sean CC OO y UGT, por tratarse de organizaciones con “capacidad organizativa y técnica”.
De todos modos resulta meridianamente claro que los sindicatos siguen viviendo del cuento, merced al dinero público que les regala el Gobierno de Zapatero. Y esto a pesar de los más de cinco millones de parados reales, muchos de ellos sin medio alguno para mantener su familia. Es tremendamente inmoral que el Gobierno dilapide así el dinero de todos los españoles para comprar la voluntad de unos dirigentes sindicales que se despreocupan de manera obscena de los trabajadores que carecen de un puesto de trabajo y tienen que depender de Cáritas para seguir viviendo. Normal que estos sindicatos crean firmemente en los Reyes Magos.

Gijón, 10 de enero de 2011

José Luis Valladares Fernández

jueves, 20 de mayo de 2010

SIGUE EL DESPILFARRO DEL GOBIERNO

El Boletín Oficial del Estado de fecha 17 de mayo de 2010 certifica que nuestro Gobierno, con José Luis Rodríguez Zapatero al frente, se ha instalado definitivamente en la denominada ‘chapuza nacional’. Zapatero apareció el pasado día 12 de este mes en el Parlamento español y, con cara de compungido, desgranó toda una serie de medidas económicas, para conseguir un increíble recorte histórico del gasto social. A pesar de su inusitado aspecto de abatimiento, todo fue una desvergonzada farsa, cuyos platos rotos saldrán muy caros a los de siempre, a las clases medias españolas.
De todo el programa que expuso en la comparecencia parlamentaria, solamente una cosa se va a cumplir, la reducción y posterior congelación del sueldo de los funcionarios, la congelación de las pensiones, la eliminación del cheque-bebé y la limitación de las prestaciones por dependencia. La reducción prometida del gasto público quedará, con seguridad, en agua de borrajas. El Boletín Oficial de Estado citado así lo atestigua, al dar cuenta de la nueva subvención concedida a las organizaciones sindicales, casi 16 millones de euros. Exactamente 15.798.500,00 euros. Esta subvención del Ministerio de Trabajo tiene por objeto, según se dice, "fomentar, mediante la financiación, la realización de cualquier tipo de actividad dirigida a la defensa y promoción de los intereses económicos y sociales de los trabajadores". Algo que han dejado de hacer desde que Zapatero llegó a La Moncloa.
El plan de ajuste presentado por Zapatero el pasado miércoles en el Congreso, fue una incomprensible mascarada. Lo que pretendían ser medidas concretas contra el déficit, se convirtieron en medidas contra ciertos colectivos de las clases medias. A la vista del Boletín Oficial del lunes pasado, fue más bien un acto cínico en el que, emulando a Luis Candelas, el bandido más castizo de la historia de España, anuncia el robo a los funcionarios, a los pensionistas y a las futuras madres, para resarcirse del dinero que tenía previsto entregar ahora, fundamentalmente, a las centrales sindicales mayoritarias.
Es muy posible que ese día, con la comparecencia de Zapatero ante el Parlamento, se hayan calmado provisionalmente los ánimos en los restantes países de la Eurozona, al venderles ese ahorro de 15.000 millones con el supuesto recorte de la inversión pública, la congelación de las pensiones y la rebaja media del 5% en los sueldos de los funcionarios. De ahí que el presidente del Eurogrupo y primer ministro de Luxemburgo, Jean Claude Juncker, dijera que "las medidas tomadas por el Gobierno español han sido valientes” y que “España ha actuado de manera ejemplar”. Aún así, y sin conocer los nuevos dispendios a los sindicatos, anunciados posteriormente en el Boletín Oficial del Estado, ya dijo que habría que esperar a la evaluación de la Comisión Europea del próximo mes de junio, para saber si estas medidas “pueden ser consideradas suficientes”.
La incompetencia del jefe del Ejecutivo español le lleva a pensar que cualquier gesto es suficiente para confundir a las delegaciones comunitarias que miran con lupa todos nuestros movimientos económicos. Con ese tijeretazo a los haberes de los funcionarios y a las pensiones de los jubilados cree que ya cubre holgadamente el expediente y que puede seguir sin problemas subvencionando a los colectivos de siempre. Seguro que ahora, a la vista de los nuevos dispendios millonarios, ya no se creen que Zapatero sea capaz de recortar el déficit en 2010, como prometió, desde el 11,7% del PIB hasta el 9,3% y llevarlo al 6% en 2011 para poder situarlo en 2013 por debajo de ese 3% que exige el pacto de estabilidad. Seguro que la Comisión Europea ya ha decidido exigirnos nuevos sacrificios, para cuando llegue la hora del examen en el próximo mes de junio. Nos exigirán, en primer lugar, acometer reformas estructurales que posibiliten el inicio del deseado crecimiento económico.
La nueva subvención a los sindicatos, cercana a los 16 millones de euros, tiene por objeto cortar de raíz cualquier posibilidad de huelga por el plan de recortes anunciados el pasado día 12 de mayo. Así es como Zapatero acostumbra a comprar la paz social de la que presume y los demás favores políticos. Es esta la única explicación posible de que, con un paro superior al 20%, las centrales sindicales mayoritarias hayan permanecido calladas. Propiciar este silencio durante todo el año 2009, nos ha costado a los españoles la friolera de 193 millones de euros.
Las razones dadas en el propio Boletín Oficial del Estado, para conceder estos 15.798.500,00 de subvención, son claramente peregrinas. Se dice en las propias páginas del BOE de que estos fondos públicos pretenden que se lleven a cabo “actividades de carácter sindical”, como es “la defensa y promoción de los intereses económicos y sociales de los trabajadores”. Y yo creía que esa era su obligación primordial, la defensa del mundo laboral sin necesidad de que entren de por medio razones crematísticas.
A pesar del plan de recortes de la semana pasada, Zapatero es fiel a sí mismo y sigue con la chequera abierta y da 500.000 euros a los responsables del Instituto de Cinematografía y de las Artes Audiovisuales, para “la gestión de viajes y estancias” de los responsables de este organismo. Una tajada aún más importante, 270 millones de euros, acaba de concederse también a los promotores teatrales y circenses, a las comunidades y municipios y a las empresas de las comarcas mineras. La magnanimidad de Zapatero con los de siempre, no tiene límites.
Se da la circunstancia de que el mayor recorte de derechos sociales de la democracia, no va a afectar en absoluto ni a los sindicalistas, ni a los titiriteros, ni a ninguna persona de las beneficiarias del maná de las subvenciones. Esos recortes afectarán exclusivamente a los colectivos más débiles, los pensionistas, las futuras madres, los que sufren algún grado de dependencia y los funcionarios. Estos son los que de verdad correrán con las consecuencias de la ineptitud de un presidente del Gobierno despilfarrador que, para más inri, no ha sabido gestionar correctamente nuestra crisis económica.
Es lamentable que haya personas, como el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, que se lamente del coste que tiene este plan de ajustes para el propio Rodríguez Zapatero. Campa no dudó en afirmar en el Senado, al siguiente día de anunciar los recortes del gasto social que “ningún pensionista cobrará menos y los funcionarios estarán como a principios de 2008”. Este “ajuste duro”, dijo, aunque afecte a los ciudadanos, tiene mucho más coste para el Gobierno y sobre todo para Zapatero. Lo normal sería que fuera solamente él, el que cargara con todo el coste de semejantes medidas, por su manifiesta incompetencia para pilotar una gestión adecuada de la crisis. No tiene por qué pagar nadie las imperdonables torpezas, las improvisaciones y los errores de bulto de un Gobierno desnortado e impredecible, que no genera más que incertidumbre y desconcierto.

Gijón, 19 de mayo de 2009

José Luis Valladares Fernández.

lunes, 17 de mayo de 2010

LA PENSIÓN NO ES UN REGALO

Los jubilados que escuchan con cierta asiduidad cualquiera de las emisoras públicas, terminan por convencerse que, la pensión que reciben, es algo gracioso que les proporciona el Gobierno para subsistir. Y son muchos los pensionistas que tragan semejante patraña. No piensan que el dinero de la jubilación es algo que fueron ganando, a base de enormes sacrificios, durante toda su larga vida laboral haciendo frente a unas cotizaciones establecidas. Es algo que se les debe, de manera inapelable, por estricta justicia social.
Del mismo modo que han sido convencidos de la generosidad del Gobierno socialista, a la que creen deben su pensión y los escasos porcentajes de subidas ocasionales a comienzos de cada año, toman con filosofía la congelación anunciada para el próximo año de 2011, ya que están convencidos de las monsergas con que abren los informativos de dichos medios de comunicación, en los que repiten, por activa y por pasiva, que se trata de un esfuerzo imprescindible para salvar el país. Y ahora ya no les bastan los informativos. Es tal la hecatombe económica que ha montado Zapatero, que todos sus cortesanos se ven obligados a intervenir en los programas de telebasura, donde, para mantener el embeleco, repiten una y otra vez las mismas consignas y donde, indefectiblemente, aparecen los famosos trajes de Milano de la Comunidad de Valencia. Muy mal tienen que verlo para que Pepiño Blanco suba con decisión a La Noria para vender las bondades del último tijeretazo incomprensible de Zapatero.
Parece ser que el incompetente Rodríguez Zapatero no tiene más fuentes de ingreso, que le permitan seguir con su desaforado despilfarro, que las sufridas clases medias españolas, entre las que se encuentran los jubilados. Con los pensionistas la injusticia que se comete es manifiesta. Pues en 2010, por culpa de la variación del IRPF, pasaron a cobrar menos que en 2009, a pesar de la desvergonzada carta del ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, que les aseguraba el mantenimiento del poder adquisitivo. Y esto sin tener en cuenta que, desde que acceden a la jubilación, año tras año, se les ha revalorizado la pensión siempre por debajo del coste de la vida. Hecho que se acentúa en épocas de recesión económica como la que padecemos actualmente. Se produce este desaguisado, por el sistema que se emplea para fijar la inflación que se produce a lo largo del año.
Para fijar el porcentaje de revalorización de las pensiones. El Gobierno hace una previsión, más o menos lógica, del comportamiento que experimentarán los precios a lo largo del nuevo año. El porcentaje estimado de inflación futura determina el incremento que se aplica a las jubilaciones durante los próximos doce meses. Si al finalizar el año, la inflación sufre alguna desviación, superando la previsión realizada a principios de año, el diferencial se abona con la pensión de enero. Hay que tener en cuenta que, la inflación acumulada, refleja siempre las variaciones de precios de un amplio abanico de artículos que forman la cesta de la compra.
Es evidente que no todos esos artículos sufren las mismas subidas o bajadas de precios. Y sin embargo, todos se tienen en cuenta a la hora de fijar el porcentaje de subida de las pensiones. En circunstancias normales, los pensionistas consumen casi exclusivamente artículos de primera necesidad, como la alimentación, la luz o el gas. Estas personas apenas consumen ya ropas y no adquieren electrodomésticos, ni aparatos electrónicos ni coches que, en realidad, son los artículos que suelen frenar y moderar la inflación acumulada y que entran a formar parte de la cesta de la compra, junto con los artículos de primera necesidad. Y de todos estos productos de su particular cesta de la compra, la alimentación suele tener un peso real bastante mayor. Sin más, esto ya es determinante para sufrir una pérdida evidente del poder adquisitivo.
En épocas de graves crisis económicas, como la que vive ahora España, el problema se agrava considerablemente por la contracción lógica del consumo. Tanto los coches como los muebles y demás enseres, que hacen más fácil la vida, pasan a ser objetos de lujo y dejaran de tener salida en los mercados. Si ya, en circunstancias normales, todos estos artículos apenas si varían sus precios, en tiempos de recesión son objeto de ofertas especiales para facilitar su salida. El encarecimiento normal de los productos alimenticios, la luz y los demás artículos básicos, es neutralizado con las rebajas especiales de aquellos otros artículos de lujo a los que no tiene acceso la inmensa mayoría de los jubilados. De este modo, el porcentaje utilizado para actualizar sus pensiones queda muy por debajo del encarecimiento real que han tenido que soportar.
Y ahora, a esa pérdida real de poder adquisitivo que soportan los jubilados cada año, hay que añadir la congelación de sus emolumentos. Pero ya sabemos que, para nuestros progres socialistas, el Estado del Bienestar es posible con poco dinero y teniendo que hacer verdaderos milagros contables para llegar a fin de mes. Es la consecuencia lógica del paso de los socialistas, aún sin reciclar, por el Gobierno español. Esta congelación de las pensiones obligará a más de un jubilado a engrosar lamentablemente esa abultada cifra de pobres que, en estos momentos alcanza ya a más de un 20% de la población.
Históricamente el socialismo español pierde la baba hablando del Estado del Bienestar y de las ayudas sociales que, según dicen, solamente ellos garantizan, pero no hacen otra cosa que generar pobreza y miseria. Eso si, cuando llegan al Gobierno, dilapidan hasta el último céntimo y ponen en peligro hasta la viabilidad misma de las pensiones. Y Zapatero no tiene rival, en eso de derrochar el dinero de los españoles en subvenciones absurdas y en verdaderos caprichos electorales. Y ahora, con las arcas públicas vacías, no duda en aligerar los bolsillos, ya exangües, de los pensionistas.
Después del atraco a los jubilados, perpetrado con premeditación y alevosía, Zapatero sigue a lo suyo, utilizando el erario público para comprar la paz social a los sindicatos mayoritarios y para pagar favores a los de la ceja y a los titiriteros. A pesar del mandato del Parlamento, Zapatero no se ha dado por enterado y ahí siguen esos ministerios inútiles, con personas al frente de los mismos más inútiles todavía. Lo suyo es jugar al despiste –no vale para otra cosa- y tratar de engañar a los incautos. Cuenta para ello con los medios de comunicación públicos y los amigos. Dirá que lo que hace, lo hace por responsabilidad y, por responsabilidad, lo que tenía que hacer era convocar elecciones de inmediato y largarse. El ejercicio de Gobierno no es para simples aficionados.

Gijón, 17 de mayo de 2010

José Luis Valladares Fernández

martes, 15 de diciembre de 2009

EL GORRONEO DE LOS SINDICATOS DE CLASE

El Gobierno español, querámoslo o no, cuenta con dos ministros más de los que figuran en la lista ministerial. Se trata de Cándido Méndez Rodríguez e Ignacio Fernández Toxo que, en la práctica, ejercen en comandita la cuarta vicepresidencia del Gobierno. Lo malo es que, para lo que hacen, nos salen demasiado caros. Mucho más caros que todas esas otras ministras de cuota que carecen de funciones concretas, como es el caso de la ministra de la Vivienda, la ministra de Igualdad e, incluso, la ministra de cultura.
Estos ministerios, sin contenido alguno determinado, cuestan evidentemente una pasta al erario público. Ya es enorme el coste derivado de la creación de un ministerio y el mantenimiento posterior de su estructura. A esto hay que agregar el sueldo de las propias ministras, sus gabinetes, despachos y anexos diversos. Pero como carecen de competencias reales, al no hacer nada más que servir de floreros y cobrar a final de mes, todo queda ahí, en ese elevado gasto inútil perfectamente previsible. Pero Ignacio Fernández Toxo y Cándido Méndez, verdaderos ministros en la sombra, nos salen bastante más caros, ya que estos cobran por todo, por lo que hacen, por lo que dejan de hacer y por darle cariño al Gobierno. Y además de cobrar grandes emolumentos, generan otros gastos difíciles de evaluar. Pues no olvidemos que, como consecuencia de su innoble comportamiento con el mundo del trabajo, sirven de freno a nuestra economía entorpeciendo su desarrollo y dificultando la creación de empleo.
Es evidente que, tanto Cándido Méndez como Ignacio Fernández Toxo, secretarios generales de la UGT y de CC.OO, han respondido positivamente a la petición de Zapatero de que le arroparan y le dieran cariño. Con ese cariño y esa interesada comprensión, se aseguran jugosas cantidades de dinero, además de otras muchas canonjías y valiosas prebendas.
Como las cuotas de los afiliados dan para muy poco, con esa ayuda que prestan al Gobierno, se aseguran unas fabulosas subvenciones que les permiten vivir del cuento y a todo trapo. Además, claro está, de una desproporcionada y exagerada cantidad de puestos de liberados, en los centros oficiales y en la industria pública. Estos puestos de liberados se distribuyen entre los que ejercen algún tipo de responsabilidad dentro de los sindicatos y entre sus familiares y amigos.
Estos sindicalistas saben de sobra que han vendido su independencia al postor menos indicado, al propio Gobierno, que es el máximo responsable del deterioro creciente del mundo empresarial. Saben sobradamente que las organizaciones sindicales fueron creadas para defender y mejorar los intereses económicos y profesionales de los trabajadores, y para impulsar y desarrollar la igualdad de oportunidades dentro del mundo del trabajo. Pero es igual. La falta de conciencia y la ausencia evidente de escrúpulos sociales, les lleva a prostituirse y a olvidar voluntariamente sus fines históricos y aquello para lo que fueron creados.
Para desgracia del mundo del trabajo, tanto CC.OO como la UGT, se han convertido en un apéndice interesado del Gobierno. Lo que de verdad les interesa, por encima de todo, es hacer caja. De ahí que defienden al Gobierno con uñas y dientes, para asegurar en el tiempo la continuidad de tan oportuno trinque. Como han perdido la compostura y hasta la vergüenza, con tal de estar en el reparto, se aprestan voluntariamente a ejercer de mamporreros de este Gobierno desnortado y se olvidan de manera consciente de la defensa del mundo del trabajo. Únicamente ponen en su punto de mira a los empresarios que son los que, en realidad, crean los puestos de trabajo.
Tanto la UGT como CC.OO siguen anclados doctrinalmente en el más rancio y castrante marxismo de las Internacionales sindicales que controlaba el comunismo soviético de la primera mitad del siglo XX. Y el sometimiento ideológico y operativo a las tesis del Ejecutivo es tan amplio que no se molestan ni en disimularlo, a pesar de la crisis económica que ha llevado a uno de cada cinco españoles al paro y a centenares de miles de familias a no percibir ingreso alguno. Siguen, eso sí, rescatando viejas consignas como la de la temporalidad del trabajo y la excesiva flexibilidad de nuestro sistema laboral que achacan en exclusiva al excesivo egoísmo empresarial.
El nivel de degradación racional es tan alto que Zapatero, en la clausura del XXV Congreso Federal del Metal de la UGT celebrado el mes pasado en Pamplona, felicita pública y efusivamente a los sindicatos por su decidido apoyo y por la paz social que han sabido mantener. Y en línea con las quejas de estos sindicalistas, promete fijar límites a la contratación temporal en las empresas para garantizar una reducción definitiva de la temporalidad del mercado laboral. Por lo que se ve, ni a los sindicatos, ni al propio presidente del Gobierno, les dice nada la práctica unanimidad de los analistas que denuncian constantemente la excesiva rigidez del sistema laboral, a la que atribuyen la sangría constante de empleo que sufre nuestro país.
A una conclusión muy parecida a la de estos analistas han llegado varios ex ministros de Economía, alguno de ellos, por cierto, militante socialista. Y todos ellos coinciden en que es necesario un mercado laboral más flexible que drene el volumen enorme de parados que se producen en España. También el Gobernador del Banco de España, los responsables del Fondo Monetario Internacional y la propia Comisión Europea se pronuncian en ese mismo sentido.
No importa que doblemos la tasa de paro de la Unión Europea y que estemos ya prácticamente en el 20% de desempleo. Tampoco importa que el PIB de la UE crezca mientras nosotros continuamos en recesión. A pesar de todo esto, el apoyo de los sindicatos mayoritarios al Gobierno se mantiene contra viento y marea y, a la vez, exigen contumazmente que se incremente la rigidez de nuestro sistema laboral. A lo mejor se arrepienten de tan inadmisible postura, cuando hayan acabado con nuestro debilitado tejido industrial. Pero entonces será ya demasiado tarde.
La UGT nos facilita un dato que esta central utiliza como escusa para su postura intransigente. Nos dice que en el tercer trimestre de 2009, según la EPA, tenemos 15.650.100 de ocupados. De estos, 11.604100 tenían contrato indefinido. Los otros 4.046.000 están contratados temporalmente. Pero la UGT silencia maliciosamente que el número de parados, entre los que figuran en las listas del INEM y los camuflados por el Ministerio de Trabajo, rondan ya los 5 millones y que hay más de 1,5 millones de familias que no reciben ningún tipo de prestación. Y este es el verdadero quid del problema que, por lo que parece, les preocupa muy poco a los responsables de UGT y CC.OO.
El asegurar la mamandurria y las sinecuras que les proporciona el Gobierno, es lo único que importa a estas centrales sindicales. Y, para disculparse, culpan falazmente a las empresas de eludir el cumplimiento de las normas, utilizando prácticas de ingeniería jurídica para mantener esos contratos basura. Habrá que recordar a estos aprovechados sindicalistas, que las empresas, para mantener los puestos de trabajo, necesitan ganar dinero. La empresa que se asemeje a una ONG, y se dedique a ir por la vida haciendo obras de caridad, es totalmente inviable. ¡Bastante tienen ya, soportando la enorme carga que suponen los numerosos liberados que están viviendo del cuento!
Para rizar el rizo de la incongruencia y de la irresponsabilidad, el sábado día 12 de diciembre, organizaron en Madrid una manifestación claramente contra las organizaciones empresariales. A la misma, además de los liberados, asisten trabajadores tan destacados como El Gran Wyoming, Pilar Bardem, Pedro Zerolo y otros por el estilo. El lema utilizado es muy claro y no deja lugar a dudas: “Que no se aprovechen de la crisis”. Utilizan la crisis como escusa, pero ponen en el punto de mira a los empresarios, a los que acusan indecentemente de parásitos. Pues dicen que hay sectores empresariales que quieren pescar en rio revuelto y buscan la manera de evitar que estos se aprovechen de la crisis para consolidar una posición de ventaja. La realidad es muy distinta. De haber algún parásito serían los sindicalistas de clase, a los que habría que añadir los de la ceja y tanto titiritero como hay apuntado a la subvención graciosa del Gobierno.
Son muchas las empresas que se han visto abocadas al cierre, como consecuencia de la crisis y de la mala gestión que ha hecho de ella el Gobierno, apoyado, eso sí, por los sindicatos. De ahí el número tan elevado de parados que tenemos. Pero con estos planteamientos sindicales y la postura inexplicable del Gobierno, serán otras muchas más empresas las que se verán obligadas al cierre, disparándose así las listas de parados.
Llama la atención que, para acudir a esa manifestación, la RENFE haya puesto a disposición de los sindicatos diversos trenes para que los trabajadores asistieran cómoda y gratuitamente a la manifestación. Más aún. CC.OO además abonará media dieta a sus afiliados. Al menos eso es lo que ha anunciado la Federación de Servicios de la Ciudadanía de Albacete. Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo, dejan en simples aprendices de brujos a los que convocaban las antiguas manifestaciones de la Plaza de Oriente.

Gijón, 6 de diciembre de 2009

José Luis Valladares Fernández

viernes, 16 de octubre de 2009

EN LOS SINDICATOS NO HAY CRISIS


Los sindicatos encuentran su razón de ser, únicamente, en la sola defensa de los intereses puramente laborales de los trabajadores. Su única misión está en negociar con los empresarios unas condiciones de trabajo aceptables para todo el colectivo obrero y los emolumentos que deben percibir estos a cambio del trabajo. Para defender otras cosas, ya están los partidos políticos.
Actualmente en España, los sindicatos mayoritarios tienen una dedicación más prosaica, pero mucho más lucrativa para los cuadros que viven del cargo sindical. Cuando se necesita a los sindicatos, no están ni se les espera, pero a vivir bien, no hay quien les iguale. Desde la llegada de Zapatero a la Moncloa, abandonaron su objetivo universal, como es la defensa del mundo del trabajo, y se dedican únicamente a medrar personalmente. Los cuadros directivos de estas centrales sindicales se han prostituido de tal manera que aceptan cualquier cosa a cambio de beneficios personales. Tanto la UGT como CC OO carecen de empacho a la hora de buscar descaradamente ese medre obsceno a la sombra del poder y a costa de aquellos a quienes, en teoría, debieran defender.
Estas centrales sindicales, por lo que parece, solamente están al plato y a las tajadas, sin que les importe un bledo que trasciendan sus trapicheos. Se comportan como auténticos mamporreros, a quienes no les bastan las millonarias subvenciones que les da Zapatero para pagar su bochornosa sumisión. Si hay otras ventajas o euros de por medio, traicionan sin miramiento alguno a las personas que dicen representar. Ahí está, por ejemplo, como se aprovechan de aquellos trabajadores que tienen la desgracia de verse sometidos a un expediente de Regulación de Empleo (ERE).
Algunos ERE al menos, según se ha podido constatar últimamente, han supuesto para la UGT y CC OO todo un pingüe beneficio: mil euros por trabajador. Por lo visto, es el precio que cobran estos teóricos defensores de los trabajadores a las empresas y a los propios compañeros por su intervención en las negociaciones que les van a llevar al paro. Según esto, la recesión, para estos sindicatos, ha sido una auténtica bendición que les ha reportado cuantiosas ganancias. Todo un formidable negocio, vergonzoso, eso sí, pero negocio rentable como pocos.
El primer caso que trascendió fue el de la empresa FIBRACOLOR, empresa participada por INDITEX en un 40% y por el Gobierno catalán en un26%. Los defensores de los obreros cobraron de esta empresa, en el proceso de Regulación de Empleo suscitado, la cantidad de 280.000 euros, mil euros por barba. En un principio, el ERE de esta empresa afectaba solamente a la mitad de la plantilla, pero el comité de empresa, dando ese “ejemplo de responsabilidad” que atribuye Zapatero a los sindicatos, logró extenderlo a la totalidad de la misma. De este modo se llegó al cierre definitivo de la empresa y con todos los trabajadores en la calle.
Es también llamativo el caso de la empresa MENAJE DEL HOGAR. El plan de viabilidad de esta empresa se concretó en el despido de 95 trabajadores. La empresa, como agradecimiento por la colaboración prestada en el ERE, abonó 6.500 euros a CC OO y otros 6.500 a la UGT. ¿Qué empresa obtiene estos beneficios sin exponer capital alguno?
A lo que perciben estos sindicatos de las propias empresas, hay que añadir muchas veces hasta un 10% que detraen de las indemnizaciones que se abonan a los trabajadores al ser despedidos. CC OO confirma este extremo. Dice este sindicato que, con carácter general, su participación en los ERE es gratuita, pero que cobra por expediente contencioso un 5% si hay conciliación y un 10% si el proceso termina en juicio y recurso.
No sabemos lo que la empresa URECHE de San Sebastián abonó a los sindicatos por el ERE de extinción de plantilla, que terminó sin acuerdo. El expediente presentado por esta empresa, dedicada a la explotación del mármol, afectó a toda la plantilla del grupo, 163 trabajadores, de los que 43 son de la cantera de Espejón (Soria) y el resto de los negocios que URECHE tenía en el país vasco. Pero si sabemos que los trabajadores despedidos se quejaron amargamente del 9% que les cobraban los sindicatos sobre el importe de las indemnizaciones que les abonaba FOGASA, empresa encargada de indemnizarles.
No hay empresa más rentable que la de estas dos centrales sindicales. A pesar de la crisis y por decisión del Gobierno de Zapatero, inflan sus cuentas hasta límites insospechados con tanta ayuda y tanta subvención. En lo que va de año, cada uno de estos sindicatos, ha recibido ya casi 11,5 millones de euros por ese concepto. Y, a tenor de los datos que hemos visto, no son baladíes los beneficios que les reporta la destrucción de empleo. Beneficios también millonarios, si es que en todos los Expedientes de Regulación de Empleo se sigue el mismo proceso que en FIBRACOLOR, en MENAJE DEL HOGAR y en URECHE.
No olvidemos que, en los ERE presentados ante la Dirección General de Trabajo en el año 2008, había cerca de 50.000 trabajadores afectados. Y el año 2009 es aún peor. Solamente en el primer semestre de este año se registraron 10.382 ERE, con nada menos que 325.456 trabajadores involucrados. Y los sindicatos atentos, ¡pero para pasar factura!

Gijón 11 de octubre de 2009

José Luis Valladares Fernández

viernes, 5 de junio de 2009

EL SINDICALISMO Y SU EVOLUCIÓN HISTÓRICA

2.- Primeros pasos del sindicalismo

La clase feudal, institucionalizada por la Dinastía Carolingia, había arraigado fuertemente en Francia. Pero esta clase feudal era incapaz de adaptarse a los cambios sociales, como consecuencia de la rigidez del régimen monárquico. Esa inadaptación a los nuevos hábitos de la sociedad, por un lado, dio pie a la aparición de una nueva clase social, la burguesa que fue adquiriendo un poderío económico creciente. Y por otro lado, generó en las clases más bajas un enorme descontento que las llevó a odiar a todos esos valores que habían sido tradicionales hasta entonces.
Ese descontento y ese odio abrieron la puerta a la Revolución Francesa de 1789, poniendo fin al sistema feudal francés. Pasados los primeros momentos de desorden y desconcierto, provocados por la Revolución, la nueva clase burguesa fue ocupando poco a poco el vacío dejado por el feudalismo, erigiéndose en clase dominante. Esta sustitución de feudalismo por capitalismo, cautivó al resto de los países de Europa. Y, uno tras otro, fueron importando y estableciendo decididamente ese nuevo sistema económico, que con su consolidación, dio origen a lo que conocemos como revolución industrial.
Los responsables de esta revolución industrial, para garantizarse una fácil rentabilidad, impusieron a la mano de obra unas condiciones extremadamente duras, dando lugar a un gran malestar social. Los representantes de los obreros reaccionaron ante tamaña injusticia, poniendo en marcha un nuevo movimiento reivindicativo, que pasó a la historia con el nombre de socialismo utópico. Trataban de establecer una sociedad lo más perfecta posible, en la que destacara ante todo la igualdad y todos los hombres gozaran de idénticas oportunidades. Esto determina el marcado carácter ético y moral del socialismo utópico, que busca con ahínco un cambio social igualitario que no llegará nunca.
El socialismo utópico se convierte en la primera y principal corriente del pensamiento moderno, y, aunque nace en Francia, es en Inglaterra donde se desarrolla plenamente. Fueron Marx y Engels, en el Manifiesto Comunista, los que bautizaron a este movimiento con el nombre de socialismo utópico, al contraponerlo a su propia teoría a la que llamaron socialismo científico.
Es en Inglaterra donde el socialismo utópico recibe el principal desarrollo, quedando caracterizado y mediatizado definitivamente por la revolución industrial inglesa. No podemos olvidar que el proletariado de aquella época abundaba en miserias y que, a la vez, se puso en práctica la nueva rama de la ciencia, denominada Economía política, ya que ambas cosas dejaron su impronta en este quimérico socialismo.
El primer teórico que trató de desarrollar científicamente el socialismo utópico fue el galés Robert Owen. Owen fue un pionero del socialismo, que se dejó influir por los pensadores ilustrados del siglo XVIII y que creía en el progreso del género humano mediante la razón, el convencimiento y la adecuada educación. Fue el primero en considerar al proletariado como clase independiente, aunque de una manera un tanto rudimentaria.
Conmovido Owen por las consecuencias sociales nefastas ocasionadas por la introducción del capitalismo durante la primera revolución industrial, buscó la manera de introducir mejoras sociales importantes. Así, desde su posición como empresario, mejoró notablemente las condiciones laborales y económicas de los trabajadores. Proporcionó a estos unas condiciones más dignas en cuanto a vivienda, a sanidad y a educación se refiere. De ahí que propugnara el establecimiento de escuelas y bibliotecas para niños y adultos en una comunidad que llamó Nueva Armonía.
Trató Robert Owen de desarrollar un nuevo sistema económico, alternativo al británico, y que se basaba en el cooperativismo. Propugnaba la unión de los obreros en cooperativas, tanto de producción como de distribución, ya que pensaba que serían mucho más rentables que la misma industria. Copiando de esta comunidad, propugnada por Owen, y a lo largo de la historia, irían apareciendo otras comunidades utópicas, entre las que destacarían los famosos Kibutz israelitas.
El socialismo utópico, tal como se desarrolló en Gran Bretaña, no se parece, en nada, al resto de socialismos, que fueron apareciendo después. El único nexo de unión, entre estos y aquel, lo tenemos en la difícil lucha solidaria de los trabajadores, tanto de la industria como del campo, en busca de una sociedad más justa e igualitaria y de una economía al servicio de la mayoría. Y también la lucha, al menos aparente, por las libertades. Digo lucha aparente, ya que ha habido socialismos que, tan pronto se vieron en el poder, cercenaron de cuajo las libertades tal y como se puede demostrar históricamente. Pero en cuanto objetivo, esa lucha sería una de las características comunes a todos los modelos socialistas.
Hay otras características comunes a los diversos movimientos socialistas, también muy importantes. Entre ellas estaría la crítica radical al sistema capitalista, al que consideraban social y económicamente injusto. Todos ellos han exigido siempre que los medios de producción estén en manos de la colectividad y que, en todo cambio social sea incuestionable la primacía de la clase obrera.
Esa lucha, contra viento y marea, para mejorar las compensaciones salariales y evitar la explotación del trabajador, sirvió de marco a todo el movimiento social posterior. Una vez que fue reconocida la legalidad de de la acción colectiva de los trabajadores, aparecen las primeras organizaciones obreras, agrupadas de acuerdo con el oficio de cada uno. En Inglaterra se dio el nombre de tradeunions a estas organizaciones obreras emergentes. Lo que, literalmente, quiere decir uniones de oficios.
Fue Inglaterra donde más rápidamente prendió y se desarrollo más a fondo el proceso de industrialización. A mediados del siglo XVIII, en Gran Bretaña, el movimiento industrial había dado ya un paso de gigante, siendo ya muy notable el progreso de las industrias de bienes de producción y de consumo. La construcción del ferrocarril, además de poner en órbita la explotación del carbón y el crecimiento de la siderurgia, actuó como motor eficaz de toda la industria, al facilitar el traslado de las mercancías desde las fábricas hasta los distintos puntos de consumo. Todos estos factores contribuyeron decisivamente a que Inglaterra, desde esas fechas y hasta la Primera Guerra Mundial, ostentara sin ninguna duda la supremacía industrial, financiera y comercial del mundo.
El desarrollo notable de la tecnología y de la industria, con la acumulación de capitales que esto generaba, incitó a los trabajadores a acelerar, también ellos, la creación de nuevas asociaciones para hacer frente a la explotación, cada vez más intensa y sin miramientos. La conversión acelerada de los talleres modestos en fábricas productivas, además de despersonalizar las relaciones de trabajo, incentivaba la aparición de nuevas formas de explotación y de injusticias sociales.
Uno de los principales luchadores contra la creciente explotación fue Robert Doherty que, desde niño, había soportado un trabajado muy duro en las hilanderías de algodón. A los 20 años es nombrado secretario de la unión local de los hiladores de algodón, y aprovecha su experiencia para, en 1829, fundar en Gran Bretaña la Asociación Nacional para la Protección del Trabajo. En el lenguaje actual, se trataría de la primera central sindical de la historia del trabajo. Convencido Doherty de que esta Asociación no garantizaba una lucha eficaz contra la explotación, crea en 1834 la Great Trade Union. En realidad no es otra cosa que la unión de varios sindicatos de oficios con la intención de lograr una fuerza social mucho mayor. Lo que si hay que reconocer es que estas organizaciones, de aquella, carecían aún de ideales políticos revolucionarios. Únicamente les movían intereses económicos y la mejora de las condiciones laborales.
La industrialización, en la Europa Continental, tardó en despegar mucho más que en Inglaterra. Prácticamente, hasta 1850, permaneció estancada, sin apenas desarrollo alguno. En muchos países europeos, entre los que está Italia, Rusia y España, la industrialización, además de diferente, es mucho más tardía. Las fábricas modernas y rentables brillaban por su ausencia. Aunque sin llegar a igualar a Gran Bretaña, Francia, Bélgica y Alemania tenían un ritmo de industrialización más alto que el resto de los países europeos.
En Francia, fueron las mujeres las primeras en romper el hielo, formando organizaciones colectivas con el objeto de defenderse de la explotación, tanto en los aserraderos de Burdeos como en las fábricas textiles de Lyon. Es en 1830, y coincidiendo con una de las primeras crisis económicas, cuando crean una asociación estable, a la que llamaron ya syndicat.
El proceso inicial de estas asociaciones obreras, en Alemania, no es muy distinto. Estas asociaciones luchan denodadamente por conseguir unas condiciones laborables más humanas y, como no, un mayor salario. Con el fin de apaciguar las presiones de estos trabajadores, cada vez más intensas, el Canciller Bismarck fija las condiciones generales de trabajo e instituye unas coberturas sociales muy rudimentarias de enfermedad, accidente, de invalidez y jubilación. Todo un adelanto para aquella época.
En España, todo este proceso de asociación colectiva de los trabajadores, tarda más en iniciarse. Y cuando aparece, lo hace de una manera muy tímida. Esto fue debido a que, en España, el grueso de los trabajadores vivían de trabajar la tierra. La industria, por aquellas fechas, era muy escasa y muy localizada en Cataluña. Prácticamente el movimiento obrero en España, careció de identidad hasta la época que conocemos con el nombre de sexenio democrático, que va de 1868 a 1874. Como para estas fechas, en toda Europa, se habían comenzado a mezclar los intereses laborales con los políticos, en España, ese movimiento obrero, nació ya políticamente contaminado.


José Luis Valladares Fernández

domingo, 24 de mayo de 2009

ORIGEN DEL MOVIMIENTO SINDICAL

La palabra síndico procede del vocablo griego Συνδηκου que, en la antigua Grecia, se utilizaba para referirse a los defensores de alguien en los juicios. También se daba ese mismo nombre a los defensores de las leyes antiguas contra todo intento de innovación. Con el paso del tiempo, la palabra síndico se adjetivó y pasó a referirse a todo lo comunitario o que afectaba a toda la comunidad. El vocablo síndico, una vez adjetivado, cambia sensiblemente su significado, Con esta nueva acepción, proviene del prefijo Συν, que significa "con", y de la palabra δηκι, que significa justicia.
El síndico, según este último significado, es siempre una persona elegida por la comunidad o corporación para que cuide de sus intereses. Las actuales sindicaturas públicas tienen su origen en la activad de aquellos antiguos síndicos. Y por analogía, se dio el nombre de sindicatos a todas aquellas asociaciones que, aunque ilegales y perseguidas, fueron apareciendo a partir del año 1776, sin otro objetivo que la defensa de los intereses del mundo laboral.
Entre 1776 y 1810 tiene lugar lo que conocemos como revolución industrial. Se inició en Inglaterra y se extendió después, poco a poco, a toda Europa. Esta industrialización, además de un gran impacto económico, dio también lugar a enormes transformaciones sociales. Hasta entonces, la economía se basaba exclusivamente en el trabajo manual. A partir de aquí, esa economía familiar y rudimentaria da paso a otra economía más pujante y que pilotan la industria y la manufactura.
El Reino Unido fue el primer país que puso en marcha una prometedora innovación de su industria, transformando radicalmente los modos de producción, lo que le lleva a colocarse a la cabeza de los países del mundo.
Son varios los factores decisivos que llevaron a Gran Bretaña a ser el primer país en industrializarse. En primer lugar, disfrutaban de un régimen político muy estable. La monarquía reinante, al ser de corte liberal, les libró de muchas de las revoluciones que tuvieron que soportar el resto de países europeos por culpa del absolutismo de sus monarcas. Inglaterra, además, contaba ya, desde 1694, con un sistema bancario muy bien organizado, lo que daba a la moneda inglesa una estabilidad que no tenían las restantes monedas europeas.
Hay otros factores de tipo social y económico que aceleraron esa industrialización. En Gran Bretaña había una cantidad notable de capitales, dispuestos a ser invertidos en ese naciente proceso industrial, y que procedían del intenso tráfico de la marina mercante, del comercio con sus colonias, y hasta del tráfico de esclavos.
A todo esto, hay que añadir que en Inglaterra prácticamente había ya desaparecido el régimen señorial. Los gremios heredados del Antiguo Régimen, que torpedeaban todo tipo de innovación industrial en los países europeos, apenas si existían en Gran Bretaña. Esto facilitaba la modernización industrial, al tener libertad para invertir los recursos económicos de la manera más eficiente posible. También influyó decisivamente en ese despegue de la industria, el hecho notable de que en Inglaterra no hubiera aduanas interiores y que el comercio, en el mercado interno, gozaba prácticamente de unos impuestos muy bajos.
La abundancia de carbón y de hierro en Gran Bretaña fue otro factor determinante en su desarrollo industrial. Esto propició el nacimiento de su fuerte industria siderúrgica, industria básica para la creación de riqueza y un desarrollo económico sostenido
Las mejoras tecnológicas aplicadas a la explotación agrícola fueron determinantes de una mayor producción de alimentos con mucha menos mano de obra. Esto dio lugar a un excedente notable de trabajadores agrícolas que emigraban hacia la ciudad buscando nuevos puestos de trabajo. Y es este masivo éxodo de campesinos, prestos a convertirse en obreros industriales, lo que da un empuje notable al desarrollo de las nuevas fábricas. La industria textil algodonera fue la primera en utilizar masivamente a estos obreros agrícolas, que procedían del campo. El ejemplo de la industria textil sería posteriormente imitado por la siderurgia, los transportes y la minería.
Desde un principio se intentó que estas fábricas fueran plenamente rentables. Y en busca de esa rentabilidad, además de la producción en serie, y puesto que no había norma jurídica alguna que regulara esa actividad, se explotaba descaradamente a los trabajadores. Para empezar, y por un simple salario de hambre, se les hacía trabajar de sol a sol sin garantía laboral alguna. Hasta se utilizaban niños en la cadena de producción de una manera totalmente inhumana, ya que estos eran más rentables al tener aún un salario mucho menor.
Los nuevos trabajadores se dieron pronto cuenta de que, luchando individualmente contra la avidez desmedida de los patronos, nunca lograrían mejorar su precaria situación laboral. Necesitaban que la lucha fuera colectiva. De ahí que comenzaran a unirse en una especie de asociaciones, inicialmente de corte muy rudimentario, dando así inicio a lo que más tarde se denominó movimiento obrero. Las complicaciones con que se encontraban para llevar a cabo ese asociacionismo eran enormes. Pues no podemos olvidar que ese movimiento asociativo, en aquella época, era totalmente ilegal y estaba claramente tipificado como delito penal. Al tratarse de asociaciones clasificadas como ilegales, estaban rigurosamente prohibidas y perseguidas con la mayor dureza. Pero a los trabajadores de la nueva industria no les quedaba otro camino si es que querían poner coto a la explotación creciente y, a la vez, mejorar sus propias condiciones de vida. Y este movimiento asociativo, aunque con desigual fortuna se fue extendiendo poco a poco al resto de países europeos.
A pesar de lo arriesgado de esas actuaciones colectivas de los trabajadores, esas asociaciones terminaron por imponerse y, aunque continuaban siendo ilegales, terminaros por convertirse en una auténtica y prometedora realidad. No tenían aún peso específico, es verdad, ni influían para nada en las leyes que promulgaban los distintos gobiernos. Pero, no es menos cierto, que adquirieron tal relevancia, tanto en prestigio como en número de asociados, que los países se vieron obligados a tolerarlas primero y reconocer posteriormente el deseado derecho sindical.
Inglaterra fue el primer país que les reconoció ese derecho. Fue en 1824, cuando el parlamento británico, como consecuencia de una considerable presión popular y obrera, derogó las famosas Combination Acts o leyes que prohibían el asociacionismo de los trabajadores. Esta derogación supuso de hecho la legalización de esas asociaciones. El ejemplo de Gran Bretaña fue imitado más tarde por los demás países.
Estas asociaciones que, con sudor y lágrimas, pusieron en marcha los iniciadores del movimiento obrero, se fueron perfeccionando y, con el tiempo, se convirtieron en lo que hoy conocemos por sindicatos.

José Luis Valladares Fernández

viernes, 15 de mayo de 2009

ASALTO SINDICAL EN MADRID

Hace ya mucho tiempo que las centrales sindicales de UGT y CCOO, a base de subvenciones y untes de todo tipo, se pasaron al Gobierno con armas y bagajes, olvidándose del pobre trabajador. Presumían de ser sindicatos claramente de clase y, por obra de una abultada pasta monetaria y unos puestos de liberados, han pasado a ser sindicatos claramente clasistas y hasta elitistas. Zapatero ha sabido hacer de ellos unos obedientes peones que moviliza a su antojo cuando le conviene.
Estos sindicatos mayoritarios no están, como sería su obligación, al servicio de los intereses de los trabajadores. Se han convertido en una simple casta de vividores, tremendamente servil y dispuesta a cualquier cosa, y no están nada más que para servir a los intereses del PSOE. Ahí está la manifestación del 1º de mayo donde compadrean sindicatos, Gobierno y partido socialista.
Es sintomático que estas dos centrales sindicales, CCOO Y UGT, no tengan nada que reclamar al Gobierno, sobre todo, en esta situación de crisis que estamos viviendo. Sus reclamaciones y exigencias van todas ellas dirigidas contra la oposición y los empresarios. El sindicato vertical de Franco, a su lado, era todo un modelo de responsabilidad sindical. Pues, a pesar de haber sido diseñado intencionadamente para servir al régimen, no adoptó jamás un sesgo tan totalitario y rastrero como el de estas dos centrales sindicales.
No deja de ser llamativo que seamos todos los ciudadanos los que, con nuestros impuestos, nos veamos obligados a sostener a estas entidades sindicales, tan tremendamente sectarias. La UGT y CCOO ponen todo su empeño en servir fielmente al Gobierno, y contribuyen con decisión a mantener ese ambiente torvo de dependencia y de falta de libertades sociales.
Estos sindicatos, únicamente se preocupan de su bienestar personal y de sus intereses, frecuentemente inconfesables. Y, como cae el momio de una manera abundante, no les importa ejercer de mamporreros de un ejecutivo sin escrúpulos, a sabiendas de que van a ser utilizados para hacer de oposición a la propia oposición del Partido Popular. Tienen que ser consecuentes y, por lo tanto, agradecen ese estupendo aguinaldo que les otorga Zapatero. No pueden exponerse a que les obliguen a trabajar, cosa que o no han hecho nunca, o se les ha olvidado ya. Como el mandato bíblico de ganarás el pan con el sudor de tu frente les resulta sumamente arcaico, lo han reescrito de nuevo, tratando de mejorarlo considerablemente. Ahora reza así: ganarás el pan con el sudor del de enfrente.
Tanto UGT como CCOO se muestran muy activos. Tan pronto les vemos apoyando iniciativas del actual ejecutivo, entre las que se encuentra la nueva ley del aborto, como les vemos protestando contra el gobierno de Esperanza Aguirre. Primero pusieron en solfa la sanidad autonómica madrileña. Después intentaron paralizar el metro de Madrid y Telemadrid, organizando auténticas huelgas salvajes. Y como colofón de todos estos desórdenes, el pasado di 7 de mayo, realizan un llamativo asalto sindical a la Asamblea de Madrid, con la venia y el aplauso hipócrita del PSOE e IU.
Ni que fuera Esperanza Aguirre la responsable de esos más de 4 millones de parados y la que dicta leyes y decretos y realiza en exclusiva la política económica de toda España. Tratan de hacer ver que la culpa de la crisis, los ERE, los despidos, la falta de créditos, no es de Zapatero, aunque sea él quien elabora los presupuestos generales y quien dicte la política económica y social del momento.
Los responsables políticos de la izquierda española son incapaces de asumir las continuas y abultadas derrotas que les inflige el pueblo de Madrid en las urnas. Y para resarcirse de esas derrotas, optan por amedrentar y atacar a los representantes legítimos de los madrileños, lanzando irresponsablemente por delante a sus mesnadas sindicales.
La intolerable bronca comienza en el interior de la Asamblea de Madrid. Son las huestes sindicales invitadas por PSOE e IU las que, imitando a Tejero, inician la incomprensible algarada. Algarada que aplauden con insensatez los parlamentarios autonómicos de estas dos fuerzas políticas de izquierda. Lo importante era no dejar hablar al portavoz del PP. Todo un ejemplo de tolerancia y de espíritu democrático, que les iguala a sus irresponsables comparsas sindicales. Cuando la presidenta de la Asamblea les pide respeto, se levantan de sus escaños y se van a la calle donde continúan aplaudiendo y jaleando a los cafres que dan la cara.
Los miembros de la UGT y CCOO, desalojados de la tribuna de invitados de la Asamblea, se unen en la calle a otro grupo de energúmenos movilizados previamente por dichos sindicatos, en connivencia con PSOE e IU. Es allí donde hacen frente a las Fuerzas del Orden, derriban las vallas, llegando amenazantes hasta la misma puerta de la Asamblea. Lanzan piedras y tuercas contra el parlamento autonómico, y explosionan petardos al grito desaforado de con nuestro curro no se juega y la próxima visita será con dinamita.
Sería interesante saber los currantes auténticos que participaban en aquella violenta protesta. Posiblemente fueran todos, o casi todos, liberados que viven del cuento y del trabajo ajeno. Están muy acostumbrados a disfrazarse, en este caso de trabajadores, como, no hace mucho, se disfrazaban de médicos y de enfermeros en apoyo del Dr. Montes. Evidentemente. CCOO y UGT forman prácticamente una sola realidad social con el PSOE y con IU. De ahí que estos sindicatos estén perfectamente alineados con este Gobierno que padecemos, que es la mayor fábrica de parados del mundo y, a la vez, especialista en dar la espalda a los problemas que aquejan a los auténticos y sufridos trabajadores.
Lo malo es que, tal desfachatez sindical, la pagan, y muy caro, los más inocentes, los que viven honradamente de su trabajo. Veremos a ver cuanto dura tan bochornosa e irresponsable actitud.

José Luis Valladares Fernández