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lunes, 14 de marzo de 2011

ZAPATERO, UNO MÁS EN LA CADENA


La crisis económica tan brutal que nos azota ha llevado a muchas familias a experimentar el trago amargo de la pobreza. Son ya más de nueve millones de personas las que, de una manera u otra, se han visto arrastradas a la más  estricta miseria y se encuentran con verdaderos  problemas para llevar a casa el sustento necesario para su familia. Buena prueba de ello son las colas que se forman diariamente a las puertas de los comedores de Cáritas y las personas que, a escondidas, buscan alimentos caducados en los contenedores de basura que están situados en las inmediaciones de los grandes supermercados. Y las personas que frecuentan hoy día los comedores de Cáritas y las que se aventuran a hurgar en los contenedores de basura no tienen precisamente el aspecto de los clásicos indigentes que se veían por esos sitios antes de la crisis.

La propia crisis económica y la mala gestión que ha hecho de ella el Gobierno, han propiciado que en España, a partir del año 2008, el cambio de signo del ciclo económico se haya producido de una manera muy brusca. Tras un largo periodo de crecimiento, donde producción y empleo aportaban riqueza continuamente, nos encontramos ahora ante un panorama tan crudo como real. Es como si hubieran vuelto de nuevo las siete “vacas flacas” del sueño del faraón de Egipto, que nos cuenta el Génesis,  para devorar a las “vacas gordas”. Hemos llegado ya a una situación verdaderamente dramática y no hay perspectivas a la vista de que esto pueda  mejorar.

Somos los campeones del paro en Europa. Contamos con más de 5 millones de ciudadanos  que se han quedado sin un puesto de trabajo. Hay ya más de 1,8 millones los hogares con todos sus miembros activos en paro. El porvenir de la Juventud no es nada halagüeño, ya que hay más de un 43% de jóvenes sin posibilidades reales de encontrar un puesto de trabajo. No les queda más remedio que abandonar su tierra y emigrar al extranjero, si es que quieren labrarse un futuro,. No es menos grave que más de un 20,8% de la población se vea obligada  a vivir por debajo del umbral de la pobreza y que nos encontremos con que uno de cada cuatro niños esté en riesgo cierto de pasar hambre. Ante estos hechos, es perfectamente normal que mucha gente vea en José Luis Rodríguez Zapatero al peor de los cuatro jinetes  del Apocalipsis.

Además del enorme desastre que el presidente del Gobierno ha provocado en nuestra economía, las personas sensatas le acusan también de querer destruir todas y cada una de las instituciones básicas por las que se ha regido tradicionalmente la sociedad española. Su obsesión principal es la de transformar hasta la misma idea de España, imponiendo por la brava, al conjunto de los ciudadanos, su infame proyecto cultural. Se trata de sustituir nuestra cultura milenaria, tan enraizada en el cristianismo, por una especie de humanismo ateo donde evidentemente no hay cabida para nuestros valores tradicionales, donde sobran las ideas de bien o de virtud. Hasta  lo que siempre se ha tenido por malo, e incluso por irracional, puede  convertirse sin más en algo bueno,  si así lo determina la mayoría con sus votos.

Como consecuencia del descontento de algunos barones del PSOE con Rodríguez Zapatero, se comenzó a especular con la posibilidad de que éste decida no presentarse de nuevo a la reelección para presidente. La locuacidad de Ramón Jáuregui en Radio Nacional de España, aunque sin micrófonos de por medio, da a entender que anunciará su renuncia en el Comité Federal del próximo día 26 de marzo. Esto ha desatado la euforia de mucha gente, pensando que el malo de la película es el actual presidente del Gobierno. Una euforia quizás muy prematura, ya que aún es muy problemático que Zapatero resuelva excluirse voluntariamente de la contienda electoral del próximo año. Y si opta dejar el camino libre para que sea otro el que luche por la presidencia del Gobierno, estaremos en el mismo caso, ya que Rodríguez Zapatero, es simplemente uno más en la cadena. El enemigo es el socialismo español que aún sigue defendiendo  los mismos principios que Pablo Iglesias y Francisco Largo Caballero. 

El socialismo en España sigue aún anclado  doctrinalmente en los tiempos de la República. Cualquier otro socialista que acceda a la presidencia del Gobierno en lugar de Zapatero, trataría de imponer igualmente esa visión laicista de la vida y de desterrar de nuestra cultura cualquier referencia a la religión cristiana. Los valores morales serían relativizados igualmente, a nada que se descuide la sociedad. Todos ellos defienden los mismos postulados. Unos irían de frente como Zapatero, mientras que otros lo harían de manera mucho más sibilina. Pero todos, eso sí, buscando el mismo resultado cultural e ideológico. Y desde el punto de vista de la economía, tampoco íbamos a mejorar nada.

Los socialistas españoles, en efecto,  no han sido capaces de prescindir inteligentemente de los axiomas formulados por Carlos Marx y por Federico Engels, que conducen inevitablemente a la pobreza. De ahí que rechacen, entre otras cosas, la propiedad privada de los medios de producción y dediquen todo su esfuerzo en crear una organización social fundada en una economía eminentemente colectiva. Piensan que hay suficientes bienes en la tierra para colmar las aspiraciones de todos los hombres, pero que están mal repartidos porque hay instituciones sociales que funcionan mal y dan mucho más a los ricos que a los pobres. Y son precisamente los socialistas los que deben corregir esto desde las estructuras del Estado, buscando una fórmula más equitativa en la redistribución de la riqueza. 

La experiencia nuestra del paso de los socialistas por la presidencia del Gobierno desde el establecimiento de la democracia ha sido de manera clara muy deprimente. Se estrenó Felipe González en 1982,  con el apoyo fervoroso de millones de votantes, y la experiencia fue altamente catastrófica.  Unos años después, el paro había alcanzado cotas escandalosas, y en 1996, España estaba prácticamente en la quiebra. No había  dinero ni para pagar las pensiones. El siniestro atentado del 11 de marzo de 2004, preparado quizás para provocar un cambio de signo en el Gobierno, dio inesperadamente el triunfo a José Luis Rodríguez Zapatero. Y después de siete años en el Gobierno,  nos ha devuelto al  desastre en que nos dejó Felipe González.

Zapatero, eso sí, como es un visionario convencido, ha huido de las exquisiteces y se ha lanzado a la piscina sin flotador. Felipe González era más diplomático y disimulaba mejor  sus aviesas intenciones. A ambos les molestaba  enormemente el cariz cristiano de nuestra cultura. Y el posible sucesor que salga de las filas socialistas, hará lo mismo porque es algo que está en el  guión. Utilizará más el disimulo, como Felipe González, o irá más a pecho descubierto, como Zapatero; pero si llega al Gobierno, tratará de poner todo tipo de trabas   a los sentimientos religiosos de los ciudadanos. Y por supuesto se despreocupará de nuestro futuro, ya que el mañana jamás contó para ellos. Como los jacobinos de la Revolución Francesa, los socialistas sacrificarán  siempre el porvenir al presente, gastando a lo loco mientras haya algo que gastar. Pertenecen a una saga que es así.

Gijón, 8 de marzo de 2011

José Luis Valladares Fernández