Mostrando entradas con la etiqueta Toni Alba. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Toni Alba. Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de septiembre de 2013

¿VISIONARIOS O CARADURAS?

En la mitología romana nos encontramos con Jano, el rey más antiguo del Lacio. Era natural de Tesalia, y cuando llegó a las orillas del Tiber, advirtió que las gentes de aquellas tierras llevaban una vida prácticamente salvaje. No tenían religión ni disponían de leyes que moderaran el trato social entre unos y otros, y terminaba imponiéndose siempre el más fuerte y más desvergonzado. Con la llegada de Jano, comienzan a cambiar las cosas.

Desde el primer momento, Jano procuró moderar la barbarie y la agresividad de aquellas gentes y suavizar visiblemente sus costumbres, consiguiendo formar con ellos auténticas sociedades pacíficas, a la vez que los integraba en las ciudades que iba fundando. Se ocupó de darles un conjunto de leyes para garantizar convenientemente la convivencia y la cooperación continuada entre unos y otros. Supo inculcarles, además, un amor acendrado a la justicia y a disfrutar comportándose honestamente y siendo solidarios con sus vecinos. Fue ayudado en tan noble tarea por Saturno, que escogió el Lacio para vivir cuando fue arrojado del cielo.

Por lo que parece, la actuación benéfica de Jano,  rey del Lacio, con la apreciable ayuda de Saturno, alcanzó también a una buena parte del noreste de la península Ibérica y que hoy conocemos como Cataluña. Muchos de esos pueblos catalanes, los más importantes al menos, tuvieron que ser fundados directamente por Jano. De no ser así, no habría modo de explicar la sucesión continuada de hechos tan memorables y fastuosos, como el descubrimiento de América por ejemplo, y que otros pueblos serían incapaces de protagonizar.

El mismo emperador Carlomagno no hubiera podido crear la llamada “Marca Hispánica” al sur de los Pirineos si, en su lucha contra los musulmanes en el valle del Ebro, no hubiera contado con el apoyo eficaz de un buen número de aguerridos y valientes guerreros, procedentes todos ellos de la población nativa de las montañas de lo que hoy es Cataluña. Los reyes carolingios, cómo no, elegían siempre condes autóctonos, catalanes por lo tanto, para Gobernar los territorios de la “Marca Hispánica”, por su eficacia en la defensa de las fronteras con los berberiscos y por su acendrada y contrastada lealtad a la corona.

No es de extrañar, pues, que los nacionalistas se pavoneen y estén extremadamente orgullosos de su pueblo por sus extraordinarias e innumerables proezas, tanto intelectuales como políticas y económicas. Para todos ellos, y sobre todo para sus líderes, es francamente intolerable que España quiera arrebatarles sus mejores y más excelsas gestas, para atribuírselas después a personas que, además de no ser catalanes, se manifiestan siempre contra  Cataluña.

Entre los nacionalistas aparecen con relativa frecuencia animosos trovadores y juglares, que cantan incasablemente las sorprendentes y asombrosas hazañas realizadas por catalanes ilustres. El actor Toni Alba es uno de esos vates que, desde twitter, fustiga  a los catalanes tibios que contemporizan  peligrosamente con actitudes típicamente españolas. También vapulea, de manera inmisericorde,  a los que no han tenido la suerte de nacer catalanes. Los que han nacido en Cataluña, dada su superioridad intelectual, son invariablemente envidiados y odiados por los españoles.  “Nos odian –dice Toni Alba- porque somos catalanes”. Y es que España, según suele expresarse este incorregible actor, lleva más de 300 años sembrando “odio contra Cataluña”.

Además de estos rapsodas populares como Toni Alba, en Cataluña hay también personas, de corte más intelectual, que se desviven por recuperar aquellas partes de la historia catalana que, según ellos, fueron intencionadamente tergiversadas o usurpadas para alterar el curso de la historia. Este grupo de supuestos historiadores o especialistas está capitaneado por Jordi Bilbeny, que es el jefe del Instituto Nueva Historia desde 2008. Especializado en filología catalana y en heurística histórica, Bilbeny comenzó a estudiar a fondo el verdadero papel de Cataluña en la historia española y universal.

Intuía Jordi Bilbeny que, muchos de los documentos históricos aparecidos desde el siglo XVI en adelante, habían sido convenientemente censurados y manipulados, con la intención perversa de restar protagonismo a Cataluña y a la Corona de Aragón en beneficio de la Corona de Castilla. Y comienza a examinar detalladamente el hecho histórico más relevante de aquella época: el descubrimiento de América por Cristóbal Colón. Se encuentra con numerosas contradicciones e incoherencias en los textos oficiales referidos al Almirante y a sus proezas.

Analizando detenidamente esas contradicciones, queda patente, según Bilbeny, que el descubrimiento de América fue obra de un noble catalán, llamado Cristòfor Colom. Pero se le dio el nombre de Cristóbal Colón y se dijo que era genovés, con la torcida intención de atribuir a Castilla una de las más memorables hazañas realizada por Cataluña. Según la historia oficial, las carabelas que participaron en tan extraordinaria gesta partieron del puerto de Palos de la Frontera (Huelva), cuando en realidad lo hicieron, según Jordi Bilbeny,  del puerto de Pals d'Empòrda, que es un municipio de Gerona. Y las tres naves llevaban, faltaría más, la senyera catalana como estandarte. Y aquí, en Pals d'Empòrda, fueron reclutados precisamente los hermanos Pinzón.

Aclaradas debidamente las manipulaciones para ocultar la verdadera identidad  y origen  de Cristóbal Colón, Bilbeny consideró la posibilidad de indagar en la vida de otros personajes históricos, sobre cuya identidad oficial hay dudas razonables, como Santa Teresa de Jesús, Velázquez,  San Ignacio de Loyola y Cervantes. Se decidió finalmente por Miguel de Cervantes. Nada más comenzar el estudio, comenzaron a aparecer las consabidas contradicciones, urdidas interesadamente por la propaganda oficial.

Y Jordi Bilbeny, después de analizar detenidamente  la documentación reunida, concluye que el origen catalán  de Miguel Cervantes es incuestionable. Aunque en realidad se llamaba Joan Miquel Servent,  utilizaba el nombre de Cervantes para ocultar que era hijo de Miquel Servent, que había sido condenado a morir en la hoguera por la Iglesia Reformada de Calvino por sus ideas heréticas sobre la Trinidad.

Afirma Bilbeny que Cervantes, en su obra,  es muy crítico con la política castellana y, sin embargo, muestra cierta “tendencia catalanofilia”. Esto y los “errores lingüísticos” que aparecen profusa y repetidamente en su obra, nos demuestra que fue escrita en catalán. Y Castilla, como ha hecho siempre, procuró hacerse con el prestigio de la creación de una obra maestra y universal como el Quijote, perjudicando, claro está, a Cataluña. Por eso se censuró la obra y se tradujo después al castellano, aunque de una manera un tanto deficiente.

Los descubrimientos de Jordi Bilbeny continuaron imparables y además de certificar el origen catalán del descubrimiento de América y de la obra más importante de Miguel de Cervantes, fijó también la autoría catalana de La Celestina. Sus conclusiones sobre el Lazarillo de Tormes son al menos sorprendentes, y  apenas si coincide nada con lo que nos enseñaron durante nuestra época de estudiantes. Hasta ahora, desconocíamos quien era realmente su autor. A lo largo de los tiempos, se ha atribuido a distintos personajes, entre los que tenemos al entonces superior de los jerónimos, fray Juan de Ortega, a Diego Hurtado de Mendoza, o a uno de los hermanos Valdés, Juan o Alfonso.

Según Jordi Bilbeny, el Lazarillo de Tormes fue escrito en valenciano y no en castellano, posiblemente por el dramaturgo Joan Timoneda. Dice que en el texto se encuentran muchos giros propios de esa lengua y en que, detrás de los lugares donde se desarrolla la acción, se adivinan topónimos propios de  Valencia. El lugar de nacimiento del protagonista, por ejemplo, sería Tormos y no Tormes. Esta obra fue censurada y prohibida en un principio por la Inquisición, y tuvo que ser adecuadamente expurgada para que se permitiera su publicación.

Que Jordi Bilbeny atribuya a un autor valenciano la autoría del Lazarillo de Tormes puede parecer una concesión graciosa del catalanismo a culturas ajenas a la suya. Pero no es así. Para los nacionalistas contaminados manifiestamente con una ideología hostil y reaccionaria como Bilbeny, Valencia forma parte de lo que ellos llaman Paisos Catalans; y tanto el idioma valenciano como el mallorquín no son más que una variante del catalán. Su sectarismo trasnochado les lleva a propugnar la existencia de la nación política, en este caso la catalana, formada por la comunidad lingüística del catalán en sus diversas formas.

Es normal que nos preguntemos si estos supuestos historiadores están plenamente convencidos de sus propias afirmaciones. Si es así y se creen sus propios embustes, más que historiadores, son unos auténticos visionarios románticos que sueñan la historia a su medida, en vez de contarla. Y si son conscientes de que nada de lo que cuentan es verdad, y siguen mintiendo y engañando indiscriminadamente a los incautos que se crucen en su camino, entonces son unos fantoches y unos sinvergüenzas.

Barrillos de Las Arrimadas, 20 de agosto de 2013


José Luis Valladares Fernández