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viernes, 24 de septiembre de 2010

ZAPATERO A LO SUYO

Está visto que Rodríguez Zapatero, a coro con sus esbirros, se burla de los que en realidad somos los auténticos paganos de la crisis económica y, con la mayor impunidad del mundo, comete desvergonzadamente impensables tropelías y toda clase de irregularidades. La constatación de semejante hecho nos lleva a sentirnos sicológicamente como Antoine Roquentin, aquel personaje central de la primera novela filosófica de Jean Paul Sartre, que sentía un profundo asco a todo lo que le rodeaba, cayendo en la conocida “Nausea” existencialista. Roquentin llegó a este estado emocional tan peculiar, al comprobar que el existir que se esconde detrás del “es”, en realidad es “nada”.
El comportamiento irresponsable y hasta cierto punto mafioso de la progresía que nos gobierna, despierta en nosotros, si no la Nausea tal como la entiende Sartre, sí una profunda nausea y cierta sensación de angustia, al sentirnos impotentes para frenar el enorme descalabro a donde nos lleva irremediablemente la ineptitud de un presidente a todas luces incompetente. Nuestra capacidad de asombro ya no da más de sí. Tenemos la escalofriante sensación de vivir en un mundo irreal y sin sentido donde, si algo destaca, es la banalidad hipócrita y la osadía interesada de quien nos gobierna. Está en juego hasta la propia dignidad personal de las clases medias. Se nos toma por tontos, o como mucho como inmaduros, por lo que necesitamos inevitablemente estar, de manera constante, vigilados y tutelados por el Gobierno.
La manera que tiene José Luis Rodríguez Zapatero de enfrentarse a la crisis económica recuerda al emperador romano Cayo Julio César Augusto Germánico, más conocido por el sobrenombre de Calígula (Botitas) porque, cuando era niño, disfrutaba calzándose las ‘caligas’ que utilizaban los legionarios. Cuando asumió Calígula la corona imperial, Roma disfrutaba de una prosperidad envidiable. Pero poco a poco, y como consecuencia de los errores del joven emperador, esta situación de privilegio derivó en una terrible crisis económica, llevando el hambre a grandes capas de la sociedad romana. Para remediar esta preocupante situación, Calígula ideó una amplia serie de reformas que, lejos de solucionar el problema, lo agrava aún más al vaciar por completo el tesoro público. Es cuando el emperador, acuciado por las deudas, se ve obligado a pedir dinero a la clase más humilde de la sociedad romana, los plebeyos, para tratar de restablecer las finanzas imperiales.
Zapatero está ahora precisamente en la fase de pedir dinero a quien menos tiene y menos puede. Como si fuera un personaje ejemplar, nos habla de austeridad, nos aconseja paternalmente que moderemos nuestros gastos y que nos apretemos, aún más, el cinturón, para así colaborar en la reducción del déficit público. En realidad, más que un consejo, se trata de una imposición descarada, ya que, además de subirnos los impuestos, mete directamente la mano en los sueldos de los empleados públicos y en las pensiones. Trata de disimular, eso sí, acudiendo al tópico recurso ya muy viejo de subidas inminentes de impuestos a unos ricos que nunca aparecen y que, al final, resultan siempre ser los mismos, los de las sufridas clases medias.
No necesitan, sin embargo, apretarse el cinturón ni los dirigentes de los sindicatos de clase (yo diría verticales), ni los propios liberados, ni los del sindicato de la ceja, ni los titiriteros y afines, y ni prácticamente ninguno de los palmeros del Gobierno. Estaremos en crisis, habrá millones de parados, nos marearán incluso hablándonos de austeridad, pero las subvenciones seguirán ahí, para que a toda esa tropa de habituales del pesebre institucional no les falte de nada. No hay más que echar una ojeada al Boletín Oficial del Estado para descubrir nuevas remesas de subvenciones a costa del erario público. Parece ser que éste es el pan nuestro de cada día.
En el BOE del pasado día 8 de septiembre vemos que se aprueba una nueva remesa de ayudas para los amigos del cine. Son once millones de euros, ahí es nada, que la ministra de Cultura, Ángeles González Sinde, destina al mundo del cine, repartido en cuatro remesas. La primera de las partidas importa 4.973.600 euros y va destinada a la "distribución de películas de largometraje y conjuntos de cortometrajes españoles, comunitarios e iberoamericanos durante el año 2010". La segunda de las remesas consta de 3.500.000 euros, destinados a la "producción de películas y documentales para televisión sobre proyecto, correspondiente a la primera convocatoria del año 2010".
La tercera de las partidas de dinero público, con un montante de 2,3 millones de euros, se utilizan para la "producción de series de animación". La última de las partidas que se llevan los amigos de González Sinde asciende a 800.000 euros, para se empleados en la "la realización de obras audiovisuales con empleo de nuevas tecnologías". Llama la atención que estos 11 millones de euros, no solamente se reparten entre los medios cinematográficos españoles. También llevan su tajada varios filmes extranjeros, provenientes de Sudamérica, Alemania e Israel, entre otros, sin que queden muy claros los criterios de selección de los agraciados.
Hacía muy pocos días que el Gobierno de Zapatero, a través del ministro de Exteriores, el inefable Miguel Ángel Moratinos, regala a la Asamblea de Cooperación por la Paz, la nada despreciable cifra de 24 millones de euros para unos proyectos que, según dice la citada ONG, está desarrollando en Mauritania, Haití, El Salvador, África Occidental y Palestina. Con este dinero, esta Asamblea de Cooperación por la Paz, que se define a sí misma como “progresista”, tratará de romper la “brecha de la desigualdad” y de mejorar la “salud sexual y reproductiva” de un buen número de personas.
Esta importante partida de dinero se distribuiría de la siguiente manera: 7,2 millones de euros para “mejorar la salud de las poblaciones, en especial aquellas en mayor situación de pobreza, y reducción de la discriminación y la brecha de la desigualdad de las mujeres en África Occidental”. Para El Salvador se irían 4,3 millones, presuntamente destinados a mejorar “las condiciones de prevención, atención, diagnóstico y tratamiento en materia de salud sexual y reproductiva, y habitabilidad básica, con especial énfasis en jóvenes y mujeres”. Para luchar contra el hambre en Haití, se utilizarían 4 millones de euros, y otros 5 millones para mejorar la educación y el “tejido social” de Mauritania. Y como no podía ser menos, otros 3,5 millones se destinan para conseguir una “mejora de las condiciones socioeconómicas, medioambientales y de acceso a agua de la población rural palestina".
El pueblo palestino, por lo que parece, ha sido siempre la debilidad de Rodríguez Zapatero, tanto si prevalece el grupo de Hamas como si la voz cantante la lleva Al Fatah. En los cuatro últimos años, el dinero destinado a Palestina llega casi a los 200 millones de euros con los más variados tipos de disculpas. Últimamente los palestinos han recibido de Zapatero, a través de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo otros 284.620 euros para realizar actos de desobediencia civil en Palestina e impulsar iniciativas como la ya famosa flotilla de Hamás en Gaza.
Estos datos, copiados de dos Boletines Oficiales del Estado de los días 3 y 8 del actual mes de septiembre, son un ejemplo claro de lo que está ocurriendo continuamente desde que Zapatero llegó a La Moncloa. Y el ejemplo se repite un mes y otro también. Y es que en realidad Zapatero no sabe hacer otra cosa. Se divierte tirando de chequera para repartir alegremente, entre unos y otros, el dinero de los sufridos españoles. Y como en la caja pública ya no quedan ni telarañas, se nos exigen auténticos sacrificios económicos para reducir ese déficit agobiante, que no nos deja levantar cabeza. Y ni Zapatero, ni ninguno de los miembros del Gobierno, tienen autoridad moral para exigirnos nuevos sacrificios, ya que no hacen más que malgastar obscenamente el dinero de los españoles, y lo despilfarran hasta en las cosas más peregrinas, entre otras cosas construyendo pajareras con el dichoso Plan E..
Y como el dinero que entra por un lado no da para los dispendios faraónicos que realiza habitualmente, después de haber subido primero el IRPF y después el IVA, tiene la desvergüenza de saquear a los que vivimos estrechamente de una nómina o de una pensión. Por si fuera esto poco, además de la desorbitada subida del recibo de luz en un 4,8% de media, según nos avisan de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS), es muy posible que para 2011 nos sorprendan con una nueva subida de un punto en todos los tramos del IRPF. Y Zapatero a gastar, que es lo suyo.

Gijón, 22 de septiembre de 2010

José Luis Valladares Fernández

viernes, 17 de septiembre de 2010

LAS SUBVENCIONES A DEBATE

Nadie como José Luis Rodríguez Zapatero ha abusado reiteradamente de las subvenciones. Tal es así que en las arcas públicas, antes de terminar la primera legislatura, ya no quedaban ni telarañas. Y para seguir repartiendo ayudas, abusó de manera irresponsable de la confianza de todos los españoles, endeudándonos bastante más allá de lo razonable, hipotecando peligrosamente nuestro futuro y el de las generaciones venideras. Más aún: la necesidad de obtener dinero fresco para continuar con sus prebendas, le llevó a decretar una inoportuna subida lineal de impuestos que perjudica indudablemente a los sectores más débiles de la sociedad y que, sin lugar a dudas, agravará de manera considerable nuestra crisis económica.
En circunstancias normales, este tipo de subvenciones, se utiliza para proteger y promover ciertas actividades que, desarrolladas por personas particulares o por determinadas organizaciones, van orientadas claramente a satisfacer necesidades públicas ineludibles. Persiguen con carácter prioritario fines siempre de interés general. Desde la llegada de Rodríguez Zapatero a La Moncloa, el acto administrativo de concesión de ayudas se vuelve mucho más prosaico y, en vez de la solución de un problema general, se ocupa de satisfacer las apetencias desmedidas de los perceptores a cambio de futuras contrapartidas.
La mayor parte de las subvenciones que otorga el Gobierno que preside Rodríguez Zapatero, van a parar a manos de los amigotes de siempre o de aquellas personas de las que espera recibir algún que otro favor, sea éste político o personal. Es una manera muy peculiar de comprar votos, apoyos inconfesables y, como no, condicionar, torcer y pervertir muchas voluntades. Una prueba palpable la tenemos en los titiriteros y en los sindicatos de clase. Estos sindicalistas han pasado decididamente del puño cerrado a la mano extendida. Otro grueso importante de estas subvenciones se las llevan las diversas organizaciones afines, alguna de las cuales fue creada expresamente para beneficiarse, sin escrúpulo alguno, de la prodigalidad del jefe del Ejecutivo.
Está claro que estas organizaciones, beneficiadas continuamente con dineros públicos, más que ONGs, debieran llamarse OMGs, ya que, más que organizaciones no gubernamentales, se trata evidentemente de organizaciones muy gubernamentalizadas. La picaresca en muchos de estos casos llega hasta el increíble extremo de conceder subvenciones para realizar actividades puramente ficticias. Se trata simplemente de premiar adhesiones, comprar silencios y futuras fidelidades. Zapatero pasa olímpicamente de las realizaciones y hasta del talento y de la excelencia. Busca de manera incansable la sumisión a las consignas y la genuflexión a su persona. Y la concesión poco ortodoxa de subvenciones es, sin lugar a dudas, un buen método para lograr esa sumisión.
Casi todas las subvenciones son improcedentes, hasta las que se conceden para el desarrollo de diversas actividades industriales o agrícolas. Además, porque se prestan de manera indudable a la picaresca y al chanchullo. Todos hemos visto plantaciones enteras de girasoles, que apenas han nacido porque se sembraron de manera inadecuada, sin preparar la tierra y sin abono, ya que nunca hubo intención de cosecharlos. Con la siembra de estas semillas o de cualquier otro producto agrícola se perseguía exclusivamente el cobro de las subvenciones. De ahí que sobrara todo tipo de dedicación extra, necesaria por otra parte para obtener una buena cosecha.
Tampoco gozan de buena prensa las subvenciones que se dedican a cualquier tipo de actividad industrial, como puede se la producción eléctrica a través de las energías renovables. Es dinero que se destina prioritariamente a actividades que en absoluto son rentables y cuyo único aliciente es la obtención de semejante ayuda. De este modo se promociona la dedicación a cosas muy poco productivas, en detrimento de aquellas otras que generan riqueza. Esto naturalmente acentúa la crisis económica que padecemos, ya que menoscaba nuestra ya baja competitividad. Estas ayudas o subvenciones tienen además otra dimensión nefasta. Quienes las reciben ejercen una competencia desleal, y hasta obscena, con aquellos que se dedican a los mismos menesteres, utilizando exclusivamente sus propios medios. Estos, al no estar en la órbita del Gobierno, se ven obligados a luchar en inferioridad de condiciones para mantener su propio medio de vida.
Y no digamos nada de las subvenciones destinadas a los trabajadores del campo en Andalucía y en Extremadura. Me refiero al Plan de Empleo Rural (PER). Se trata de una concesión de ayudas tremendamente inmorales, discriminatorias con otras regiones de España, y que desincentivan de modo notorio a los perceptores. Fomenta el caciquismo y los pasteleos entre los terratenientes de turno y los jornaleros agrícolas. A nadie se le escapa que aquellos pueden optar por contratar a estos, o simplemente firmarles jornales que, como no hay mucho control, pueden haberse efectuado o no. Y esto ya les da derecho a cobrar el PER.
Si Andalucía y Extremadura, a pesar de las ingentes cantidades de dinero allí empleado por este concepto, siguen siendo las regiones más pobres de España, es por algo. Con este subsidio, lejos de impulsar el empleo rural, se consigue todo lo contrario. Es la manera de fomentar entre estos trabajadores la holganza, la indolencia y el adormilamiento y se les acostumbra a vivir rutinariamente de este subsidio, sin que se molesten por buscar un empleo que les proporcione mejores opciones en la vida. Y encima agradecen a los poderes públicos autonómicos su situación precaria de dependencia y lo manifiestan votándoles una y otra vez.

Gijón, 16 de septiembre de 2010

José Luis Valladares Fernández

martes, 31 de agosto de 2010

A ZAPATERO SE LE VOLVIÓ A IR LA MANO

Ateniéndonos a los hechos, tenemos que reconocer que José Luis Rodríguez Zapatero es un dilapidador compulsivo. Por lo que parece, le quema el dinero en las manos, sobre todo si se trata del dinero que pertenece a todos los españoles. Tal es así que, en los siete primeros meses del año actual ha fundido, nada más y nada menos, la importante cantidad de 360 millones de euros en las habituales subvenciones a sindicatos y a fundaciones amigas. Para Rodríguez Zapatero, el ahorro es algo que no va con él y que exclusivamente deben practicar los que no han disfrutado de la sonrisa de la fortuna.
Contrasta este reparto de subvenciones, que podemos tildar de ideológicas, con el mayor recorte de derechos sociales realizado en España desde la reinstauración de la democracia y con sus continuas apelaciones a que el ciudadano corriente debe apretarse el cinturón. Hay que macizar previsoramente entre colectivos más o menos afines para garantizarse futuros apoyos electorales. Entre estos colectivos se encuentran los sindicatos, un buen número de fundaciones amigas y, cómo no, varios movimientos de homosexuales y feministas. Y claro está, no podían faltar los titiriteros, los de la ceja y todo ese mundo de vividores, amigotes y paniaguados, acostumbrados a vivir de la mamandurria oficial.
Había cierta expectación, a la vista de las dolorosas medidas del tijeretazo social que le obligaron a tomar, para saber si Zapatero cerraba definitivamente el grifo por donde se le iban tantos millones de euros de manera poco razonable. La obligación de reducir gastos, impuesta por la Unión Europea, llevó a Zapatero a improvisar una vez más y optó por lo más fácil, dejar intacta su capacidad de distribuir prebendas a su antojo y ahorrarse unos cuantos millones de euros a costa de los más débiles, los pensionistas y los trabajadores públicos.
A pesar de que los jubilados, con pensiones generalmente exiguas, pierden poder adquisitivo cada vez que se las actualizan, el decretazo social de Zapatero les obliga a contribuir con su óbolo a la reducción del déficit público. La congelación de las pensiones, les privará, a finales de año, de la actualización correspondiente. Formando parte del mismo recetario socialista, tenemos a los trabajadores públicos, funcionarios o no, a los que se les recorta el sueldo una media del 5%, para dar respuesta a la llamada de atención de la Unión Europea. A estas peculiares medidas se unen otras no menos chocantes, que tienen que soportar también los más débiles económicamente, como la supresión del cheque bebé y la desaparición de los famosos 400 euros.
La austeridad proclamada por el Gobierno, en realidad, se reduce a eso, a recortes drásticos en los sueldos de los funcionarios y los empleados públicos y la congelación de las pensiones y, además, pedirles encarecidamente que aprieten su cinturón. Pero, por lo que vemos, ni la congelación de las pensiones, ni la reducción de los salarios de los funcionarios, han servido para que Rodríguez Zapatero cerrara definitivamente su particular tómbola. El Boletín Oficial del estado del pasado día 4 lo demuestra perfectamente. Pese a la situación económica que atraviesa España, el jefe del Ejecutivo repartió con total impunidad, durante la primera semana de este mes de agosto, la bonita cifra de 91 millones.
Entre los agraciados con ese generoso reparto de dinero, como es habitual, tenemos a los sindicatos que, de esos 91 millones repartidos, se quedan con 29.036.380 euros, 128.096 euros más que en el ejercicio anterior. Las centrales sindicales más beneficiadas han sido, como siempre, UGT y CC.OO, que recibirán, cada una de ellas, más de 11,2 millones de euros. La central sindical CSI-CSIF se lleva un interesante pellizco de 4.572.261,93 euros. Los demás sindicatos minoritarios reciben cantidades testimoniales hasta completar los 29 millones de euros. Con Zapatero, los responsables de las centrales mayoritarias se han convertido en verdaderos parásitos que no piensan más que en cobrar del Estado. Desde la llegada de Zapatero a La Moncloa, las prebendas de estas centrales sindicales se cuadriplicaron, recibiendo un 400% más de ayudas estatales que anteriormente.
Esta es la relación completa del dinero que el Gobierno proporciona graciosamente a los sindicatos a costa de los contribuyentes, copiada directamente del BOE del día 4 de este mes de agosto:


Hay otras subvenciones, alguna de ellas muy llamativa, como la destinada a la consabida memoria histórica. El Gobierno ha destinado casi 5,7 millones de euros para la localización y exhumación de víctimas del franquismo, y para realizar documentales relacionados con la Guerra Civil. Tratarán de realizar alguno más como los protagonizados por Almodóvar y Javier Barden, entre otros. Y como aquellos documentales, estos serán también claramente tendenciosos y sectarios, de modo que fomenten el odio y reabran nuevamente heridas pasadas, para así curar las que en la actualidad tiene abiertas Zapatero.
Por el mismo precio, y amparándose en la promoción de la cultura, el Gobierno aprueba otras subvenciones, todas ellas de corte ideológico. Zapatero se ha mostrado una vez más extremadamente generoso con fundaciones afines y allegados políticos. La Fundación Ideas para el Progreso, que controla Jesús Caldera, fue agraciada con 30.000 euros para gastar en "Cine español e inmigración". Esta misma Fundación recibe otros 15.000 euros, con la intención un tanto peregrina, de que organice un curso sobre "La influencia cultural de España en Estados Unidos". También se lleva otros 30.000 euros la Fundación Socialismo sin Fronteras, ésta con lazos en Izquierda Unida.
A través del Ministerio de Cultura, Zapatero regala otros 3 millones de euros al sindicato de la ceja y similares, con la consabida disculpa de “promoción de la cultura”. Llaman la atención los 6.000 euros que se destinan para los “jóvenes poetas andaluces” y, más aún, que sea precisamente la entidad de Cándido Méndez la encargada de gestionar ese dinero. La Academia de Cine y la vertiente catalana de la misma, faltaría más, reciben 33.000 euros por reparto. Tampoco va de vacío la asociación que se dedica al Estudio de la deportación y el Exilio Español, ya que se ve favorecida con 5.000 euros, exactamente el doble de lo que se lleva el Foro de la Memoria de Bélgica, embarcado en el proyecto titulado "Españoles en la Segunda Guerra Mundial: historia y memoria".
No habrá dinero para infraestructuras ni para inversiones industriales, y ni siquiera para mejorar el Estado de Bienestar social. Pero no puede faltar para los sindicatos, ni para las asociaciones de memoria histórica, ni para los actores y ni para las fundaciones amigas. Ya se encarga solícitamente nuestro Gobierno de obsequiar a estos colectivos para que no noten, en absoluto, los molestos efectos del tijeretazo social. Con este fin, desde el Gobierno, se pide un mayor sacrificio a los ciudadanos corrientes. A los privilegiados no les puede faltar nada y, claro, el Gobierno está para eso, para favorecer a los afines y amigos y para pagar algún que otro favor electoral.

Barrillos de Las Arrimadas, 16 de agosto de 2010

José Luis Valladares Fernández

martes, 3 de noviembre de 2009

LOS TITIRITEROS EN ACCIÓN

El mundo de la farándula y el cante aún se siente insatisfecho con las ayudas que recibe del Gobierno por el ímprobo esfuerzo que realizan para alegrar la vida de los españoles. Eso es, al menos, lo que han dado a entender en el acto de entrega de las Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes, celebrado hace unos días en el Palacio de Festivales de Cantabria y que presidieron los Reyes de España.
Como profesionales de lo que debiera ser el arte, no deben ser muy buenos, o, por lo menos, la sociedad así lo entiende, por lo que es muy reacia a pasar por taquilla. Es verdad que todos ellos presumen de ser muy buenos artistas y, además, confiesan que son prácticamente el aire que respira la sociedad. Se sienten “dignos embajadores” de la cultura y hasta están muy orgullosos de serlo. Sin embargo, para la sociedad que los padece y de la que viven, creo que no pasen de simples medianías. De ahí que, al contrario de lo que ocurre en las demás profesiones, necesiten acudir a las subvenciones que reparte el Gobierno, ya que su trabajo no les da para vivir holgadamente.
Los galardonados en ese acto, sin timidez y plenamente desinhibidos, pidieron abiertamente seguir viviendo del erario público, vendiendo a la sociedad algo que esta no quiere comprar. Por ello, reclamaron con insistencia a los que detentan el poder político que no les “desamparen” y que no les dejen “huérfanos”.
Miguel Bosé, asumiendo la representación de los galardonados en ese acto, hizo más bien de plañidera, quejándose amargamente de que los artistas estén “al borde” de la extinción “como el oso polar o los linces ibéricos”. Para huir de tan trágico fin, necesitan que las aportaciones de las arcas públicas, en forma de subvenciones, crezcan continuamente. Y además se lo merecen, según piensan ellos, dado el enorme esfuerzo que realizan para alegrar la existencia de los mortales.
Su osadía les lleva a presentarse como “potenciadores, divulgadores (y) mejoradores de nuestras artes”. La presunción de Bosé no tiene límites y trata de vendernos que todos ellos son “simples artistas” y que, como tales, están adornados de una honestidad y una coherencia, que según dan a entender, son virtudes exclusivamente suyas. Ellos son “tan necesarios como el aire, que es capaz de ser brisa, viento o huracán; que de paso se respira y que no sólo mantiene la vida: también la da".
Poco más y se pisan la cara, ya que hace falta tener mucho morro para vivir del sudor ajeno, esquilmar las arcas públicas y, en cima, atreverse a pedir “amparo, protección y leyes”, y “complicidad hacia el mecenazgo”. La cultura del arte, insistió Bosé, no pertenece al patrimonio de un pueblo. La cultura del arte es, más bien, "un gen que nos distingue y nos hace únicos e irrepetibles" a unos pocos, a los nacidos con ese extraordinario don. Cuando esta gente da rienda suelta al descaro, no hay quien ponga límites a su impudicia. La mayoría, está muy claro, son consumados artistas; pero artistas de la subvención y del contubernio.
Y Miguel Bosé termina su discurso señalando que "aún existen embajadores a los que un país pueda laurear; mímennos". "Hoy pedimos que no nos desamparen, que no nos dejen huérfanos, que cada vez que respiren recuerden que somos aire, sólo aire". Pero, por lo que se ve, un aire que necesita del dinero público para seguir siendo respirable. El lobby de la ceja, sin los abundantes mimos de las subvenciones estatales, dejarían de ser ese aire y esa brisa que respiramos los españoles. Simplemente, dejarían de ser.
La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, allí presente, se apresuró a tranquilizar a toda esa tropa de magnánimos titiriteros, prometiéndoles que se continuará "impulsando la cultura de nuestro país en cada calle y en cada casa". No importa que la caja de los dineros públicos luzca cifras astronómicas en números rojos. Se las arreglará para que, a estos abanderados del arte, no les falten los medios necesarios para que sigan alegrándonos con sus creaciones.
No dudó González-Sinde en afirmar que, con estas medallas, la sociedad reconocía ampliamente el “valor de las ideas” y la creación. La cultura, afirmó, ha vuelto a ser la "depositaria de nuestra identidad, embajadora de nuestros valores, de lo mejor de nosotros mismos como colectivo y suma de individualidades". Estas medallas, dijo, suponen el reconocimiento de todo el país "a la capacidad de desvelo que define a los premiados" y "lleva impreso un mensaje de aliento a todos los españoles que sienten la llamada de las artes, un mensaje de ánimo para que nadie renuncie a sus sueños". Por eso, dice, "hoy merece la pena crear el tiempo de nuestro tiempo, mantener vivo cada sueño, cada deseo de crear, cada propósito, cada aspiración de seguir impulsando en cada casa o en cada calle la cultura de nuestro país".
Da a entender la ministra de Cultura, que quien se dedica al arte no puede vivir honestamente de su trabajo. Necesitan de esas ayudas públicas para dedicarse, sin preocupación alguna, a la creación artística. No son los auténticos artistas los que no pueden vivir de sus actuaciones. Son los advenedizos, los que no dan una talla aceptable, los vulgares los que, para vivir, se ven obligados a vender su libertad para tener acceso a esos fondos públicos que distribuye el Gobierno. Por esa regla de tres, también habría que ayudar al que pone un negocio, útil para la sociedad, pero que no es rentable en absoluto. Y quien dice los que montan un negocio, dice también los médicos, los abogados y los que ejerzan cualquiera de las profesiones liberales conocidas.
Está muy claro que el que quiere vivir de un negocio y este no es rentable, lo cierra y se dedica a otra cosa. Lo mismo que los médicos y los abogados que, por falta de talla profesional, no ganan para vivir. Cierran la consulta o el bufete y las circunstancias les obligan a buscarse la vida de otra manera. El que se dice artista, si su poca valía no da para más, que pliegue velas y deje sus ensoñaciones. Ni a mi, ni a nadie, se le puede obligar a consumir bazofia y, en cima, pagándola bien pagada.

Gijón, 30 de octubre de 2009

José Luis Valladares Fernández

lunes, 15 de junio de 2009

VIVIR DE LA SUBVENCION


Que Zapatero, cuando se vaya, nos va dejar una enorme herencia, sobre todo en parados subvencionados y menesterosos, es evidente. Si se hubiera propuesto el reunir intencionadamente toda esa ingente cantidad de personas, haciendo cola a las puertas del INEM, a la entrada de los comedores sociales o poniendo el cazo para recibir subvenciones, seguro que no lo lograba.
Entre los que ponen el cazo tenemos personas de muy diverso pelaje, aunque todos ellos tienen en común la propensión a vivir del cuento. Muchos de ellos, claro está, si tuvieran que vivir de su trabajo, lo pasarían muy mal, ya que su valía profesional deja mucho que desear. Aunque hay excepciones, son muchos los que carecen de talla para ser lo que dicen ser: representantes dignos de alguno de los ramos de la cultura. Sin embargo, con su adscripción al sindicato de la ceja, se pueden permitir el lujo de vivir del momio público que pagamos todos.
También es verdad que Zapatero les necesita. Se necesitan mutuamente. Los del sindicato de la ceja, juntamente con los otros sindicatos, que han abjurado de sus obligaciones, se aprestan voluntariamente a servir de paraguas protector de Zapatero. Hecho que el presidente del Gobierno suele remunerar muy bien. Y los de la farándula no suelen hacerle ascos a esas suculentas dádivas, aunque por las circunstancias que concurren sean ilegales. Ahí están, para demostrarlo, las películas españolas que cobran la correspondiente subvención y que, después, quedan en el baúl de los recuerdos sin exhibirse en las salas.
De esto sabe bastante la actual Ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, que procede de ese mundo y que, como la mayoría, ha sabido exprimir convenientemente los presupuestos. Hoy día, no tiene problemas, en calidad de ministra, de conceder y firmar subvenciones para los que formaban su propia tropa. Es más, pretende ahora ampliar las ayudas a la industria del cine donde ella sigue teniendo grandes intereses privados, tanto personalmente como a través de algún que otro familiar suyo, entre los que se encuentran su propio padre, uno de sus tíos y hasta su actual pareja. Por este motivo, la Asociación de Internautas ha puesto una denuncia ante la Oficina de Conflictos de Intereses del Ministerio de Administraciones Públicas.
Siempre han abundado los mediocres entre esa tropa que se dedica a la creación de obras supuestamente culturales. Durante el régimen anterior, los titiriteros de entonces achacaban a la censura franquista la banalidad de sus creaciones. Al menos tenían una disculpa, aunque ni censura franquista, ni gaitas. Falta manifiesta de valía intelectual, ya que las mejores obras de nuestra literatura fueron creadas bajo una censura mucho más asfixiante que la de Franco, la famosa Inquisición. Los titiriteros actuales no tienen disculpa alguna y, como les sobra cara, y les falta dignidad y remordimientos morales, no tienen inconveniente en vivir del presupuesto.
Entre esta tropa, hay unos más avariciosos que otros y que, en consecuencia necesitan percepciones más abundantes. De ahí que hayan aterrizado en la SGAE. Los mentores de esta sociedad, en vez de gestionar los derechos de Autor y potenciar las actividades culturales y asistenciales que desarrollaba la antigua sociedad, han montado, con la autorización de Zapatero, todo un tinglado recaudatorio completamente ilegal.
Tal es así, que se han arrogado la facultad de imponer sanciones, de invadir la intimidad personal y además les permiten cobrar un canon que es un robo manifiesto. Nadie debe ser sancionado en prevención de que pueda cometer un delito, que es el caso del canon digital. Les dio alas Zapatero y ahora se creen los faraones del siglo XXI, aunque la mayoría de los que dirigen el invento, como es el caso de Teddy Bautista, no pasan de simples rapsodas que han fracasado profesionalmente.
Dentro de esta tropa, tenemos personajes muy singulares. Es paradigmático el caso José Ramón Martínez Márquez, alias Ramoncín y no sabemos que pinta en el Jurado de la Operación Triunfo. Es uno de los grandes defensores de la SGAE y, cuando abandonó la Junta de la Sociedad, no dudó en afirmar que esta, hace veinte años, recaudaba muy poco y mal y ahora “mucho y bien”. Y agregó: “Hoy la SGAE está entre las primeras del mundo, juega en la liga de Japón, Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania. Cuando entramos, la sociedad recaudaba poco y mal y hoy recauda mucho y bien. Yo he hecho este trabajo a cambio de nada". Critica a los que compran música en el top manta y lo achaca a un simple problema cultural. Eso si, defiende el canon digital con uñas y dientes.
Extraña enormemente encontrar a Ramoncín entre el grupo de jueces encargado de valorar la actuación de los participantes en la Operación Triunfo, ya que él fue uno de los principales enemigos de ese programa de televisión. Él fue uno de los firmantes del manifiesto “otro timo no” auspiciado por Periodistas Especializados en Música, Ocio y Cultura. En este manifiesto se acusaba al concurso televisivo de todos los males de la industria discográfica. Además se acusaba a la televisión de pervertir los valores artísticos y acabar con la música de calidad.
Mucho ha cambiado Ramoncín desde entonces hasta ahora. Estaría muy bien que fuera Sabina el que juzgara este cambio de actitud del rey del pollo frito.

José Luis Valladares Fernández