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miércoles, 8 de junio de 2016

LA LARGA HISTORIA DEL PSOE


I

En la noche del pasado 20 de diciembre, nada más conocerse los resultados de aquellas elecciones, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, compareció en la sede de Ferraz, ante los medios de comunicación, con un aspecto que denotaba realmente cansancio, abatimiento y una desmoralización profunda. Y todo por culpa del  batacazo propinado por  las urnas, ya que obtuvo un  resultado que quedaba muy lejos de sus expectativas electorales, el peor, con mucho, de los cosechados a lo largo de la historia política del PSOE.

Pero al sentirse arropado por sus partidarios que, al grito de  “¡Presidente!, ¡Presidente!”, trataban de animarle, el líder socialista intenta recuperar el ánimo y recomponer su semblante. Después de agradecer a los votantes socialistas el apoyo que le han dado, confiesa que se siente “enormemente orgulloso de liderar al PSOE”. Y al valorar el resultado de las elecciones generales, es cuando descubre, ¡qué imaginación!, que “es verdad que España quiere izquierda, es verdad que España quiere cambiar". Y es Pedro Sánchez, claro está, el elegido para encabezar esa coalición de izquierdas.

A pesar de lo inapelable de su derrota, el máximo dirigente del PSOE comienza a creer que, con la ayuda de Podemos y de toda su pandilla de confluencias, puede realmente llegar a formar un Gobierno progresista que ponga “fin a las políticas injustas de la derecha”. E ilusionado con semejante perspectiva, cierra su intervención de aquella noche viéndose ya en La Moncloa. No es de extrañar que, a partir de entonces,  tratara de alentar a sus seguidores, afirmando categóricamente que “hemos hecho historia, hemos hecho presente y el futuro es nuestro".

Y cuando llegó la hora de la verdad y había que sentarse con Podemos para concertar acuerdos  de cara al proceso de investidura para contar con su apoyo, el secretario general del PSOE se encontró con un Pablo Iglesias excesivamente hosco e intratable. Estaba dispuesto, cómo no, a transigir con el famoso “Gobierno del cambio”, pero siempre y cuando se acepten sin rechistar ciertas pretensiones. Además de otras exigencias  inasumibles para el PSOE, se postula como vicepresidente del propio Sánchez,  reclama los principales ministerios para su formación política y para IU y  quiere controlar el CNI y, por supuesto, los medios de comunicación.

El dirigente socialista acudió, rebosando optimismo, a los encuentros que tenía concertados con Pablo Iglesias para recabar los apoyos que necesitaba para su   investidura como presidente del Gobierno del cambio. Pero el líder de Podemos, que está buscando la manera de comer la tostada a Pedro Sánchez, juega al despiste e introduce nuevas imposiciones, entre otras, la famosa plurinacionalidad de España. Pide al líder del PSOE que se comprometa a realizar los correspondientes “encajes constitucionales para construir un futuro de convivencia”, para  que las comunidades autónomas, que lo deseen, puedan decidir libremente su futuro.

martes, 11 de febrero de 2014

LOS FANTASMAS DE RUBALCABA

En la mitología griega, nos encontramos con dos ancianos, Filemón y Baucis, que llevaban viviendo  juntos muchos años en las montañas del antiguo país de Frigia. Su hogar era una humilde cabaña y tenían muy pocas propiedades. Pero como no ambicionaban nada más y soportaban con buen ánimo su suerte, se consideraban suficientemente ricos y afortunados. Por lo tanto, aunque llevaban una vida marcada por la sencillez, vivían dignamente y nadie era más feliz que ellos

 Un buen día Zeus y su hijo Hermes bajaron del Olimpo y, adoptando la figura humana, fueron a Frigia para probar la generosidad y la hospitalidad de los hombres de aquella tierra. Como si fueran dos viajeros sumamente cansados, fueron de puerta en puerta, pidiendo un lugar para pasar la  noche y, así, poder descansar  y reparar fuerzas. Pero las familias  de aquella región eran tan egoístas que, sin escuchar sus ruegos, cerraban sus puertas, no hallando cobijo en ninguna parte.

Llegaron por fin a la última cabaña, que era la vivienda de Filemón y Baucis. Aquí, los amables ancianos, les dejaron entrar y les  agasajaron debidamente con lo mejor que tenían para comer y se desvivieron para que se sintieran cómodos en su modesta casa. Por el buen trato recibido, Zeus y Hermes comunicaron a sus anfitriones la inminente  destrucción de la ciudad de Frigia y de todos aquellos que les habían negado la entrada. Pidieron a Filemón y a Baucis que subieran con ellos a lo más alto de la montaña.  Desde allí contemplaron absortos cómo era destruida toda aquella región por una inundación provocada por Zeus.

Ambos ancianos comprobaron con satisfacción que se había salvado su cabaña, y que fue convertida posteriormente en templo. Y cuando Zeus se comprometió a concederles un deseo, le pidieron ser guardianes de su nuevo templo y permanecer unidos para siempre. Y así fue. Custodiaron el templo y ejercieron de sacerdotes durante muchos años y cuando  aparecieron las Moiras o parcas con sus hilos, fueron convertidos al mismo tiempo, Filemón en frondosa encina y Baucis en un esbelto tilo.

Piensa Alfredo Pérez Rubalcaba que puede presumir de ser tan caritativo y humanitario como el viejo Filemón de la leyenda; que, en el mundo actual de la política,  no hay nadie que le iguale en bondad y desprendimiento. Para Rubalcaba, los responsables del Partido Popular son todos como los vecinos de la feliz pareja mitológica, duros de corazón, extremadamente egoístas e insolidarios, y que, si se les deja, terminan hasta con el Estado de Bienestar. Obligan a los trabajadores, a los menesterosos y a los más débiles a seguir la dura ruta del calvario y, sin embargo, favorecen descaradamente a los ricos y a los banqueros.

viernes, 17 de febrero de 2012

LOS CLANES EN LOS PARTIDOS POLÍTICOS

Los socialistas españoles han perdido una buena ocasión para remendar los rotos que les ha dejado Rodríguez Zapatero en su paso por la Secretaria General del partido y, sobre todo con su desastrosa gestión al frente del Gobierno. En la pasada cita de Sevilla, se olvidaron por completo de las severas derrotas cosechadas, tanto en las elecciones locales de mayo como en las generales de noviembre. Ambos candidatos nos prometieron reiteradamente, durante la preparación del Congreso, que en el mismo habría un interesante debate ideológico. Dieron a entender que, cada aspirante a secretario general,  expondría a la consideración de los delegados el modelo de partido que quería, y que analizarían, por supuesto, los motivos del desastre electoral y el monumental fracaso cosechado al frente del Ejecutivo.
Pero nada de esto ocurrió. Ni hubo “debate sobre ideas”, ni nada por el estilo. Todo se redujo a un enfrentamiento personal entre Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón, buscando cada uno de ellos  el apoyo del mayor número posible de delegados. En semejante lucha, Chacón llevaba las de perder. Su contendiente partía con la ventaja de disponer de cartas marcadas para la partida. Desde sus tiempos como todopoderoso vicepresidente del Gobierno, Rubalcaba se convirtió en la cabeza visible del clan que maneja a su antojo todo el aparato del partido socialista.
Es cierto que Carme Chacón supo calentar el ambiente mejor que Rubalcaba. Su discurso carecía de contenido, pero su tono mitinero y excesivamente repetitivo, siguiendo quizás pautas marcadas por el publicista Miguel Barroso, cosechó bastantes más aplausos que el de su oponente. Contaba además, según todos los indicios, con el apoyo de las dos principales agrupaciones socialistas, la andaluza con José Antonio Griñán a la cabeza y la catalana por pura lógica. Así que, en vista del aparente entusiasmo manifestado por los delegados en cada una de las intervenciones de la ex ministra de Defensa y las promesas previas de andaluces y catalanes, se vio ya investida Secretaria General del PSOE.
 Tan segura estaba Carme Chacón de su victoria, que se la vino el mundo encima con los resultados de la votación. Se sintió inmisericordemente  traicionada y vejada por muchos de los que habían prometido su apoyo. Su conmoción fue tal que, llena de rabia, tuvo que retirarse a su habitación para llorar desconsoladamente su fracaso. Pecó de incauta al presentarse por su cuenta y minusvalorar el extraordinario poder de los clanes que luchan para hacerse con el aparato que corta y raja en el partido. Y por si fuera poco el no contar con el paraguas protector de alguno de los  grupos dominantes, va y proclama en su discurso que hay “mucho PSOE por hacer”, dando así a entender que proyecta emprender algo nuevo y diferente.
No es de extrañar que, ante tal proclama, muchos delegados hayan reconsiderado su promesa inicial, sobre todo los de la vieja guardia. Como quieren seguir saliendo en la foto, procuran estar siempre con el aparato que, como si fuera un lobby poderoso, hace y deshace en el partido a su antojo. De ahí que la mayor parte de los aplausos fueran para Carme Chacón y los votos se los llevara mayoritariamente Alfredo Pérez Rubalcaba. Los Congresos de cualquier partido, al final, los gana siempre el que quiere el aparato. Y por lo que parece, el aparato está con Rubalcaba. En este caso concreto, si se hubiera elegido secretario general en unas Primarias, probablemente la ganadora hubiera sido Chacón. Pero aquí se utilizó un Congreso.
Es por eso que  Rubalcaba, sabedor de que Carme Chacón le hubiera ganado muy posiblemente en las Primarias previstas para designar candidato a la Presidencia del Gobierno, la apartara de las mismas sin el menor recato para quedar él como “único” aspirante, que es tanto como ser elegido a dedo. Los partidos políticos en España huyen todos de las Primarias como de la peste, y más si estas son totalmente abiertas. Tienen un terrible miedo a la libertad. Por eso prefieren la vieja práctica de los Congresos, ya que es más fácil controlar el proceso desde el aparato con los tradicionales delegados o compromisarios.
Y aunque el miedo guarda la viña, ha habido algún que otro osado que se atrevió a apoyar a Carme Chacón, más que por beneficiar a esta, para evitar la elección de Rubalcaba, ya que no comulgaban plenamente con él. Su audacia ya tuvo consecuencias. Como el que manda,  manda, a excepción de Griñán, los demás ya han sido relegados y confinados en el frio invierno de una dura oposición interna en el seno del partido. Y no valen ni los servicios prestados anteriormente. Quien se equivoca de  candidato en el PSOE, puede darse por perdido. Igual da que sea el inoportuno Tomás Gómez, que casi nunca acierta,  o la planetaria y polivalente Leire Pajín, o cualquier otro. Por su audacia, serán enviados inapelablemente a las tinieblas exteriores.
Quien echa un pulso a uno de  estos grupos dominantes que operan en los partidos políticos, lleva siempre las de perder, sobre todo si se trata del clan que se ha impuesto a los demás y maneja el aparato. Y no te digo nada si el que está al frente del mismo es Alfredo Pérez Rubalcaba. La existencia de semejantes clanes ha impedido la democratización interna de los partidos, ya que toda su labor se centra en el debate por el poder, sin que quede tiempo para otras discusiones. Semejante lucha por el poder termina siendo una trampa saducea que conduce inevitablemente a que los partidos políticos acaben siendo casi siempre dirigidos por los intereses particulares  de unas pocas personas y no por todos los afiliados del mismo.
Y este no es un pecado que afecte exclusivamente al PSOE. Adolecen  todos ellos del mismo mal, los partidos políticos grandes y hasta los más pequeños. Son lacras  manifiestas que enturbian lamentablemente el devenir diario de las distintas formaciones políticas. Son tres o cuatro los que, a través de un clan,  manejan a su antojo el partido. Se rodean siempre, eso sí, de personas afines, no precisamente las más válidas, sino más bien las obedientes, las que adulan  continuamente  al líder y exaltan de manera desmedida sus virtudes. Completan ese grupo afortunado con viejas glorias del pasado, que se han vuelto extremadamente dóciles para seguir ocupando puestos de salida en las listas electorales, aunque no sean ya más que  antiguos figurones hoy perfectamente inútiles.
Todo esto indica que los partidos políticos aún no han sido capaces de democratizarse, puesto que son siempre los mismos los que acceden a los puestos disponibles. No hay sitio en esas listas para gente nueva que aporte ideas. Es muy difícil hacerse un hueco en ese grupo de elegidos si no hay de por medio una auténtica catástrofe electoral, o una rendición incondicional al clan que maneja a su antojo los distintos resortes del partido. Aunque, por lo que vemos, en el PSOE no es suficiente la debacle electoral. Hace falta algo más para barrer de la escena  a los responsables de la mayor derrota de su historia. Rubalcaba es extraordinariamente duro y, de momento, ni un terremoto es capaz de apartarlo del poder. Carme Chacón por lo menos, no; demostró estar aún demasiado verde. 
Gijón, 11 de febrero de 2012
José Luis Valladares Fernández

jueves, 28 de abril de 2011

LA CULPA ES DE JOSÉ MARÍA AZNAR

El pasado día 17 de abril, José Luis Rodríguez Zapatero acude a la Fiesta de la Rosa del PSE-EE, celebrada en Durango y aprovecha la ocasión para declararse inocente de la prolongada crisis económica que nos afecta. Llega incluso más lejos y declara solemnemente que él es una de las principales víctimas de la crisis, provocada, como no podía ser menos, por la derecha insolidaria, instrumentalizada por José María Aznar. En su mitin se refirió, como es lógico, al terrorismo de ETA y reprochó al Partido Popular el “doble discurso” que mantiene, según él, en materia antiterrorista. 

Pero el meollo de su discurso, la mayor parte del mismo, estuvo dedicado a la persistente crisis económica y a criticar duramente la irresponsabilidad y el comportamiento desleal del Partido Popular con respecto a la misma. Pues, según Zapatero, a pesar de que “dicen ser tan patriotas”,  han prestado muy “poca ayuda” al Gobierno para poner remedio a tan funesta situación. Y les pide que, al menos, sean valientes y proclamen “aquí y fuera de aquí” que la economía española tiene “fortaleza y solvencia” suficiente y que por lo tanto “va a salir adelante”.

Insiste Zapatero una y otra vez que hay “en juego muchas cosas importantes” para España, y la más importante es su solvencia en el mundo. Por eso, y apelando constantemente  al patriotismo de la derecha, les pide que luchen “por defender siempre el interés de España” y que se abstengan de "contribuir, desde fuera, como hacen algunos a perjudicar a España". Y continua con su estribillo: "A aquellos que tanto invocan a España, que hagan algo por España y que digan, aquí y fuera de aquí, que tenemos fortaleza, solvencia y que la economía española va a salir adelante". Él es el ejemplo viviente que, sin que nadie se lo reconozca,  está luchando sin desmayo en esta “dura crisis económica, financiera primero, y económica después”.

Muy claramente Zapatero elude toda responsabilidad y repite una y otra vez, que es una crisis de un sistema financiero “desregulado y sin reglas”, que nos vino de fuera. La causa remota viene determinada por la caída de Lethman Brothers, que precisamente “no cayó por culpa del PSOE”, y menos por su propia culpa,  aunque alguien quiera hacer ver lo contrario. Más directamente  esta “crisis tiene causas y nombres y apellidos” muy concretos, y hasta un modelo, “según el cual, lo mejor es no intervenir en la economía, ni vigilar, ni saber qué pasa". Según este modelo, dice Zapatero, todo queda en manos de los mercados. Y ese es precisamente el fallo.

Y este modelo económico que todo lo supedita a los mercados, continuó Zapatero, es un “modelo de derechas”, que fracasó estrepitosamente. Y por supuesto, ahora es el presidente del Gobierno y sus huestes los que tienen que mojarse y solucionar el problema. En esta frase lo deja meridianamente claro: "Ahora a la izquierda y al PSOE nos toca afrontar el reto, combatir la crisis y cambiar el modelo económico y hacer que España recupere crecimiento y empleo y una economía basada en la innovación, sostenible y no en la especulación, el ladrillo y el endeudamiento. Eso es lo que estamos haciendo y lo vamos a conseguir, sin ayudas o con ayudas". Lo malo es que ahora ya sabemos cual es ese nuevo modelo económico, diseñado por Zapatero y que servirá para recuperar el empleo. Se trata simplemente de la rehabilitación de  viviendas. Toda una brillante idea.

Tan preocupado está Rodríguez Zapatero por esconder su propia responsabilidad, que olvida algo muy elemental. Olvida que la crisis económica no afectó exclusivamente a España, ya que todos los países tuvieron que pasar por semejante calvario. Olvida igualmente que nosotros, en principio, estábamos mejor preparados, que muchos de los países de nuestro entorno,  para hacerla frente y minimizar sus consecuencias. Pues era de dominio público, -y Zapatero alguna vez presumió de ello- que crecíamos y que creábamos más puestos de trabajo que nadie. Y llegó la crisis y en pocos sitios hizo tanto daño como en España.

Creo que algo tendría que ver en el desarrollo de la crisis el comportamiento irresponsable de Zapatero y de todo su Gobierno. Mientras que, en casi toda Europa y fuera de Europa, comenzaron a tomar medidas ya en 2007 para hacer frente con garantías a la situación económica preocupante que se avecinaba, el presidente de nuestro Gobierno negaba la crisis y hasta se permitía el lujo de llamar “antipatriotas” a quienes avisaban de lo que se avecinaba y exigían que se tomaran medidas. Aún después  de reconocer la crisis y constatar la evolución tan preocupante que llevaba, siguió gastando dinero a lo loco y las pocas medidas que tomaba, o eran descafeinadas,  o incluso eran claramente perjudiciales. No quiso tomar ejemplo ni de la “fracasada” Merkel, ni del “nervioso” Sarkozy, y tanto Francia como Alemania están ya creciendo decididamente, mientras nosotros seguimos hundidos en el pozo.

Para completar el día, Rodríguez Zapatero busco el halago ante los asistentes a la Fiesta de la Rosa, y quiso colgarse unas medallas que francamente no se merece. Habla del Estado de Bienestar como si fuera algo inventado por él y que solamente él sabe garantizar. Afirma con todo descaro que,  a pesar de la crisis “tan profunda” que ha exigido “austeridad, recortes y medidas difíciles”, hemos sabido mantener incólume el Estado de Bienestar. Y continuó: "Lo hemos defendido, lo defenderemos y lo hemos ampliado", algo que nunca ha hecho el Partido Popular. Se olvida Zapatero, por lo que parece, de que fue él, y no otro,  el que realizó el mayor recorte social  de nuestra historia, el que se atrevió a recortar los salarios de los trabajadores públicos y a congelar las pensiones. Y son precisamente estos, los empleados públicos y los pensionistas, además de los parados, los que de verdad sufren en sus carnes un amplio deterioro en su propio Estado de Bienestar.

Y no podía terminar la fiesta sin cantarle las cuarenta a José María Aznar, de una manera desmedida.  Según Rodríguez Zapatero, es Aznar el máximo responsable de todos nuestros males actuales. "Como ex presidente del Gobierno no debe y no puede poner en cuestión medidas que han sido adoptadas con pleno respaldo del Parlamento". "Le pido que cuando esté fuera de España haga lo que todo español: hablar bien de España". Y sigue con sus aceradas invectivas contra el ex presidente del Gobierno: "Aznar, en sus declaración en la universidad de Columbia dijo varias cosas graves: que el Estado de bienestar no es sostenible. Lo dice él, que no hizo nada por él".  Los logros, eso si, son debidos exclusivamente a la política social del PSOE. Y termina diciendo: "De esta crisis debe quedar el recuerdo de que a pesar de ser tan profunda, hemos mantenido el Estado de bienestar”. 

Gijón, 22 de abril de 2011

José Luis Valladares Fernández

jueves, 7 de abril de 2011

LA ESPANTADA DE ZAPATERO


Somos muchos los que, a comienzos de la década de los 90, disfrutamos lo nuestro siguiendo aquellos Videos de Primera, que presentaba en Televisión Española Alfonso Arús Leita. Se trataba de videos caseros, enviados por los propios telespectadores. Los protagonistas, que aparecían en estas grabaciones caseras, centraban su argumento en caídas y golpes espectaculares y se veían envueltos en abundantes situaciones llamativamente estrambóticas.  Y si los mismos videos eran  la mar de simpáticos, los comentarios que hacía el conductor del programa no se quedaban atrás y te mondabas de risa con ellos.

La espantada de José Luis Rodríguez Zapatero del pasado día 2 de abril, ante el Comité Federal del PSOE, me  recuerda a uno de esos videos. Se trataba de un  simulacro de encierro, en el que unos cuantos muchachos corrían alocadamente delante de una vaquilla, tratando de sortear su embestida. Pero no todos esos chavales eran igual de hábiles. Entre ellos, había uno extremadamente lento y torpe que, ante la proximidad de la vaquilla, se lanza sin más precipicio abajo  para librarse de ella. Se dio un buen golpe, eso sí, pero se ahorró la fuerte arremetida del animal, aunque a costa de quedar definitivamente fuera de la carrera. 

Ese es el caso de Rodríguez Zapatero, que se ha comportado como un auténtico maletilla de esos Videos de Primera. La complicada situación económica, agravada por su inconsciencia y su amateurismo irresponsable, ha llevado a España a un endeudamiento de proporciones históricas nunca vistas. Por el mismo motivo,  los sufridos ciudadanos se sienten tremendamente agobiados, como consecuencia de las excesivas tasas y los abusivos impuestos que les exigen las diversas administraciones. Si a todo esto unimos su manifiesta incapacidad para generar riqueza,  es muy lógico que  los barones de su partido  temblaran ante la posibilidad de quedarse sin sus comederos habituales.  De ahí el acoso incesante de estos sobre Zapatero para que renuncie cuanto antes a encabezar la candidatura a las próximas elecciones. No le querían, ni en los mítines de sus respectivas comunidades autónomas.

La moral de un Rodríguez Zapatero, tan amante de las fotos y tan celoso de su imagen, sufrió un duro revés ante la agobiante presión de los suyos para que abandone definitivamente y no intente aspirar de nuevo a otra legislatura. También es desmoralizante para él, el desastre electoral que cosecharía si concurriera a la reelección en 2012 y  la frialdad y la desconfianza con que le reciben los demás  mandatarios europeos. Así que, tremendamente abatido, decide   tirar la toalla y huir de sus responsabilidades. Pero, eso sí, no se va del todo. En vez de adelantar las elecciones, aguantará ahí, hasta marzo de 2012, al frente del Gobierno y de la Secretaría General de su partido. Desde este puesto, quiere influir decididamente en la búsqueda de su sucesor. Él sí dijo que, cuando llegue el momento,  no habrá “dedazo”. Pero todos sabemos el valor que tienen las promesas y las afirmaciones de Zapatero.

Como Zapatero es un hombre tremendamente orgulloso, no quiere que los ciudadanos se enteren de que fueron sus propios barones los que le obligaron a tomar semejante determinación. Se sentiría profundamente humillado y quiere disimular esa prosaica realidad. Intenta hacernos ver que es él el que deja voluntariamente el poder. Con más cara dura que vergüenza, disimula su defenestración anunciando en su discurso que, desde que fue elegido presidente en 2004, ya había decidido permanecer únicamente dos legislaturas en el cargo, por ser esto, según dice, lo más conveniente para el país. Y para dar más verosimilitud a su generosidad altruista,  agrega: “Permitidme que añada que también pensaba que sería lo más conveniente para mi familia”. Y asegura con toda su osadía, que  renuncia ahora a la candidatura en 2012, guiado exclusivamente por la “responsabilidad personal” con su país y con su partido.

A estas alturas de la película, no es fácil que Zapatero nos haga creer que su abandono es debido a una noble determinación que tomó allá por el año 2004. Fiel a sí mismo, intenta una vez más disfrazar la realidad. Y lo hace precisamente ahora, cuando los suyos le han puesto entre la espada y la pared y cuando es consciente de que si se presenta de nuevo a las elecciones, sufriría con toda seguridad una derrota mayúscula. El gobernante que decide poner un plazo a la duración de su mandato, no espera a que se aviste la hecatombe electoral, lo hace desde un principio, como hizo José María Aznar. 

Zapatero quiere hacernos ver que ejercerá su responsabilidad como presidente “hasta el final, hasta el último día”, cumpliendo meticulosamente todos los compromisos que tiene adquiridos ante los ciudadanos. Pide a los suyos que no ahorren esfuerzos y se vuelquen en las elecciones autonómicas y municipales, porque en ambas, según dice sin rubor alguno, “está en juego el día a día de nuestro estado social, el rigor en la gestión de las cuentas públicas, la sensibilidad de los servicios públicos y sus destinatarios y, además, la búsqueda de la cooperación entre administraciones para alcanzar la prestación más eficiente posible de esos servicios”. Afirma rotundamente que si los socialistas actúan así, con garra y con fuerza, “siendo más fuertes que nadie”, revalidarán la confianza mayoritaria de los ciudadanos. Pero para lograrlo, tenemos que seguir concentrados en el trabajo que estamos haciendo por el país.

Recomienda al partido que  respete los tiempos y los procedimientos para activar el proceso de primarias. Será el Comité Federal quien los determine una vez pasadas las elecciones autonómicas y municipales del 22 de mayo próximo. En ningún caso, dice, podemos distraernos “de nuestra tarea principal que es desarrollar las reformas, consolidar la recuperación económica y abrir el tiempo de la creación de empleo”. Esto demuestra que Rodríguez Zapatero sigue soñando despierto. Como es incapaz de percibir la auténtica realidad que le rodea, no sabe que  muchos de nuestros problemas económicos comenzarían a resolverse en el mismo momento en que anuncie el adelanto de las elecciones generales.

El llamamiento de Zapatero, para que se aparque el debate de primarias hasta después del 22 de mayo, está condenado al fracaso. Antes de concluir la reunión del Comité Federal, ya se habían desatado las hostilidades entre los barones del partido y los zapateristas. Y la batalla sucesoria que se avecina va a ser de época. Las primeras puñaladas del marrullero Rubalcaba, tratando de descolocar a Carmen Chacón, no se han hecho esperar. Claro que la ministro de Defensa tiene unos antecedentes nada recomendables. Es de dominio público su connivencia con las tesis de Pepe Rubianes y, hasta su llegada al Gobierno, nunca disimuló sus insultantes aspiraciones separatistas. 

Pero a Rubalcaba le conocemos todos muy bien. Es un habitual de las cloacas del Estado, donde se mueve mejor que nadie, y no se arredra ante la mentira, por obscena que sea ésta. Fue el portavoz del Gobierno durante el apogeo de los GAL, y en 2004, con motivo del siniestro atentado del 11M, se saltó cínicamente hasta las más elementales normas fijadas para periodos electorales, no respetando ni siquiera la jornada de reflexión. Tampoco podemos descartar que no estuviera detrás de aquellos misteriosos SMSs que dieron lugar a aquellas concentraciones “espontaneas” ante las sedes del Partido Popular. Fue entonces cuando  Rubalcaba, haciendo una excepción, pronunció la única verdad de su vida: “Los ciudadanos españoles se merecen un gobierno que no les mienta, que les diga siempre la Verdad.”. Después vendría la nefasta negociación política con ETA, el pestilente caso del bar Faisán y la posible colaboración con banda armada. Esperemos que haya alguna persona con mejor bagaje para hacerse cargo de la Secretaría General del Partido Socialista.

Gijón, 5 de abril de 2011

José Luis Valladares Fernández

miércoles, 30 de marzo de 2011

JOSÉ BLANCO OTRA VEZ A LO SUYO

Las actuaciones del actual ministro de Fomento, José Blanco, llaman siempre la atención. Desde que asumió el cargo de escudero de José Luis Rodríguez Zapatero, se subió a la parra y se ha convertido en el insultador mayor del Reino. Y como casi siempre, sus airadas invectivas van dirigidas invariablemente contra el Partido Popular. Es tal la obsesión que tiene con Rajoy y sus huestes que sus insultos son habitualmente de grueso calibre. Sus discursos políticos serían pura baratija si los despojamos de las acostumbradas diatribas  que lanza de manera enconada contra el principal partido de la oposición. Pero eso sí, el inquilino del Ministerio de Fomento no tolera que le insulten, ni siquiera que se dirijan a él con el cariñoso apelativo de ‘Pepiño’, en vez del consabido ‘don José’. 

Es cierto que desde que ‘Pepiño’ -¡perdón! ‘don José’- fue aupado a la categoría de Ministro, se esforzó por pulir su figura, tanto física como intelectualmente. Sus trajes compiten ahora en calidad y hechuras con los de lo más granado de la jet de las finanzas y la aristocracia. Hasta se sometió a una operación oftalmológica para librarse de esa estampa vulgar que proporcionan siempre las gafas utilizadas por los miopes. También trató de moderar su lenguaje, en la medida que su exigua preparación cultural se lo permitía. Sus invectivas comenzaron a ser deliberadamente mucho más cautas y sus insultos más comedidos y circunspectos. 

Continuó, eso sí, hablando de ‘conceto’, ‘ojeto’,  ‘trayeto’ y otros vocablos por el estilo, no porque no sepa cual es la pronunciación correcta –‘correta’ que diría José Blanco-,   sino por alguna imposibilidad física, que a veces se tienen, para pronunciar alguna letra determinada. Y ha vuelto, no se por qué, a sus antiguas y acostumbradas vilezas, sobre todo contra Mariano Rajoy. Una de dos: o intenta defender a ultranza a un José Luis Rodríguez Zapatero de las críticas que le llueven por no dar una a derechas, o es una reacción incontrolada  por la notable caída  del PSOE en las encuestas. El caso es que José Blanco ha vuelto a bucear en el pozo de las insidias y las bajezas más extremas, descendiendo imbécilmente  hasta la ofensa personal, como en el caso del plumero..

Según las expresiones habituales de José Blanco, Mariano Rajoy es un "político antiguo que representa como nadie lo más arcaico y retrógrado" de la derecha europea. Incluso va un poco más allá y dice que “Rajoy es un patriota ni siquiera de hojalata, es un patriota de pacotilla”. La mala marcha del PSOE en las encuestas,  le ha llevado a recordar sus años de secretario portavoz del partido en Ferraz y a recuperar su lenguaje de entonces y ha llamado 'frikis' y anarcoides a las gentes del Partido Popular, por criticar la limitación a 110 kilómetros por hora la velocidad en autopistas y autovías. Durante un acto de campaña en Sevilla, ante el Comité Director  del PSOE-A,  Blanco criticó agriamente al PP por oponerse ante una medida provisional para ahorrar energía, diciendo que ya no se sabe si el comportamiento de sus dirigentes es de unos “‘frikis’ o de unas personas anarcoides”.

"Entre 'frikis' y anarcoides anda el juego", ha continuado José Blanco, para quien los populares realmente son unos "irresponsables porque irresponsable es en este momento" no apoyar provisionalmente una medida que tiene como objetivo ahorrar energía, abaratar los costes para el consumidor, y que, en definitiva, es imprescindible para España. "Sólo los 'frikis' y anarcoides pueden seguir con un comportamiento que es más propio de personas que no aspiran a gobernar que de personas que tienen la ambición de gobernar el país", ha dicho refiriéndose al Partido Popular.  Y no paró aquí la cosa. Ante esos mismos militantes socialistas continuó con sus diatribas contra el partido mayoritario de la oposición: “dentro de unos días veréis cómo dicen que la consecuencia de que no haya abastecimiento de petróleo es de Zapatero porque en España no hay pozos de petróleo por Zapatero", sentenció. 

El pasado día 20 de marzo, José Blanco volvió a la carga contra el partido popular, y esta vez a cuenta de la guerra en Libia. En un mitin en Málaga, mientras los aliados bombardeaban las defensas de Muamar el Gadafi, Blanco quiso establecer diferencias entre la intervención en Libia y la guerra de Irak del año 2003. De ahí que afirmara tajantemente que "aquí no hay foto de las Azores, lo que hay es una resolución de las Naciones Unidas; aquí no hay mentiras, sino que hay una violación masiva de los derechos humanos, y vamos a liberar el pueblo de Libia". Y agregaba, elevando la voz: "Vamos a trabajar, no para iniciar una guerra, sino para acabar con ella”.  Y sin ningún empacho proclama: “podemos sentirnos orgullosos del papel que España va a jugar en Libia”. Y es que sencillamente, según Blanco, estamos trabajando “para liberar al pueblo de Libia”.

Ante una posición tan timorata, es preciso aclarar algunos extremos, que están ahí, en la historia, para quien quiera estudiarlos. Aunque Zapatero y sus acólitos no quieran reconocerlo, lo que ocurre ahora en Libia es muy similar a lo que sucedía en  Irak, antes del derrocamiento de Sadam Husein. Si el coronel Gadafi estaba masacrando brutalmente a las tribus de Cirenaica y las del desierto por atreverse a pedir democracia,  Sadam Husein había tratado de exterminar al pueblo kurdo. Solamente en Halabja, se llevó por delante, de una sola tacada, a unos 5.000 kurdos, liquidados despiadadamente con armas químicas prohibidas. La respuesta del mundo occidental, en ambos casos,  fue la acción bélica para restablecer el orden, según confesión de los participantes.

Dicen que ahora, al contrario que en el caso de Irak, hay una resolución de la ONU autorizando la intervención militar en Libia. Pero hay que aclarar que dicho documento está redactado intencionadamente de un modo tan obtuso que cada país miembro puede interpretarlo como quiera. De lo contrario no hubiera sido aprobado por el Consejo de Seguridad. En Irak sin  embargo, y por el mismo motivo,  dejó que los países miembros derrocaran al tirano. Una vez conseguido el objetivo y finalizada oficialmente la guerra, la ONU redacta ya la resolución 1511, pidiendo claramente  a los países miembros que intervengan  en la reconstrucción de Irak. 

Fue entonces, y no antes, cuando España manda a Irak un buque-hospital para intervenir en tareas exclusivamente humanitarias. Y eso, por mucho que ladraran los de las pancartas de entonces, no es ir a la guerra. En Libia sin embargo, si que hemos ido a la guerra, al intervenir tan directamente para frenar los ánimos de revancha del coronel Gadafi. Es verdad que ahora, por desgracia, no hay foto de Las Azores. Aquella foto indicaba claramente que España contaba en el concierto internacional, se la consultaba, se contaba con ella. Ahora no estamos en la foto de París porque hemos pasado a ser el chico de los recados. Zapatero no ha sido capaz de conseguir algo más,   aunque haya cambiado a toda prisa el traje de pacifista por el de combate.

Gijón, 25 de marzo de 2011

José Luis Valladares Fernández