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domingo, 21 de junio de 2020

HABLEMOS CLARO



XI.- Infamia, sectarismo y caradura como norma de Gobierno



La gestión realizada por Pedro Sánchez al frente del Gobierno ha sido francamente desastrosa y ha ocasionado daños irreparables a los sufridos ciudadanos españoles. Su manifiesta incompetencia, en realidad, no daba para otra cosa. Hay que recordar, que entró en La Moncloa por una puerta falsa, sirviéndose del apoyo malintencionado de los que buscan constantemente la destrucción de España, que es lo único que saben hacer los populistas, los independentistas y los herederos de ETA.

El primer Gobierno de Sánchez, por lo tanto, será todo lo legal que se quiera, pero es completamente ilegítimo y fraudulento. Es evidente, que la mayor parte de los votos, emitidos en aquella accidentada moción de censura por esa bazofia de partidos políticos, más que síes al aspirante a presidente, eran noes rotundos  a Mariano Rajoy. Y hay que agregar, además, que el líder del PSOE no cumplió ninguna de las muchas promesas que hizo, para granjearse el apoyo en aquella moción de  censura.

No olvidemos, que el aprendiz de brujo que nos cayó en suerte se había comprometido a “anteponer siempre” los intereses generales de los españoles a los suyos propios y a los de su partido, el PSOE. También se obligaba firmemente a “dignificar la democracia con instituciones ejemplares”, para acabar de una vez por todas con “las puertas giratorias”, el enchufismo y la endogamia habituales.

Como prometer cuesta muy poco, llegó a garantizarnos la apertura de una ventana de esperanza que daría origen a una España distinta, con una democracia sana, fuerte y, por supuesto, absolutamente ejemplar. Y continuó con sus bravatas hueras, diciendo que, gracias a su labor, ya no tendríamos que soportar un Gobierno que se había manchado con la corrupción y, al contar con unas instituciones limpias, podíamos disfrutar libremente de un país lleno de oportunidades. Y al final, como suele ocurrir con esta clase de bocazas, nada de nada, y el Gobierno siguió manteniendo su contrastada ilegitimidad.

En enero de 2019, llegan por fin al Congreso de los Diputados los primeros Presupuestos Generales del Estado del Gobierno de Pedro Sánchez. Según el propio presidente, estos Presupuestos eran los “más sociales y los más necesarios”, después de siete años de austeridad y de recortes. Pero fueron rechazados casualmente porque los independentistas catalanes, que habían dado más valor a la marcha de Rajoy que a la llegada de Sánchez,  votaron en contra, exactamente lo mismo que los del Partido Popular y los de Ciudadanos.

lunes, 26 de septiembre de 2016

LA INVOLUCIÓN DE PEDRO SÁNCHEZ Y DE SU EJECUTIVA






           En julio del año 2000, durante la celebración del XXXV Congreso del PSOE, los guerristas, se confabularon para impedir que José Bono desembarcara en la Secretaria General del Partido Socialista. Intuían que, con Bono, peligraba una buena parte de su poder actual y, muchos de ellos, hasta tendrían  que abandonar obligatoriamente sus cargos institucionales.

Para evitar semejante peligro, los guerristas se movilizaron y pusieron en marcha un plan para cortar de raíz las nuevas aspiraciones políticas del temido presidente de la Comunidad Autónoma de Castilla-La mancha. Y fue precisamente José Blanco, el ilustre “Pepiño”, el encargado de realizar el trabajo sucio de semejante operación. De aquella, es verdad,  “Pepiño” era un personaje gris, con muy poco predicamento dentro del partido, pero lo suficientemente malvado para salir airoso en cualquier tipo de amaño o conspiración.

Y de hecho, gracias a la estratagema urdida cuidadosamente por José Blanco, un número suficiente de compromisarios guerristas abandonó en la estacada a su candidata natural, Matilde Fernández, y votó inesperadamente a José Luis Rodríguez Zapatero, un “candidato sorpresa” completamente desconocido y, por supuesto, sin  ningún tipo de experiencia. Y esa oportuna desviación del voto guerrista sirvió, como es lógico, para acabar definitivamente con las ambiciosas aspiraciones de  José Bono, al conseguir nueve apoyos menos que Zapatero.

La sorprendente victoria, conseguida por el inexperto político leonés sobre todo un prestigioso presidente manchego, abrió, ya entonces,  numerosos interrogantes. No olvidemos que el nuevo líder socialista llegó a la Secretaría General de rebote y sin la más mínima experiencia. Y para compensar su exagerada incompetencia, se rodeó exclusivamente de gente tan novata y bisoña como él. No podían presumir de brillantez ni Rodríguez Zapatero, ni ninguno de los miembros que integraban su Sanedrín particular. No tenían ideas, ni proyectos viables y, para completar el cuadro del despropósito, no sabían escuchar y actuaban siempre, cómo no, guiados por su intuición.

Bajo la batuta de Zapatero, el Partido Socialista se radicalizó y, al distanciarse del centro, ahondó considerablemente el divorcio entre el partido y una parte de su electorado tradicional. Y en consecuencia, al esfumarse un buen número de votos de extracción centrista, el PSOE continuó perdiendo fuelle. Y el nuevo líder socialista quiso compensar esa circunstancia pactando reiteradamente con otras fuerzas políticas independentistas, totalitarias y de ultraizquierda, todas ellas muy poco respetuosas con la Constitución, para crear un “cordón sanitario” en torno al Partido Popular para mantenerlo aislado y desplazado.

viernes, 13 de septiembre de 2013

LOS POLÍTICOS NO CONOCEN LA CRISIS

La casta política está perdiendo, de manera muy rápida, hasta los últimos vestigios del poco prestigio que le queda. Con su desacertada actuación se ha ganado a pulso la desafección y la animadversión de la mayor parte de los ciudadanos. Se ve palpablemente que no han leído “Las 48 leyes del poder” del escritor americano Robert Greene y, si lo leyeron, o no han querido hacerle caso, o no han sido capaces de asimilar sus acertadas recomendaciones. Los políticos suelen emboscarse y aislarse en su mundo particular, porque piensan que así defienden mejor sus excesivos privilegios.

La torpeza de nuestros políticos no tiene límites y se empeñan en imitar torpemente al mitológico Eetes, viejo rey de la Cólquide, empeñado en defender a ultranza el famoso vellocino de oro que le entregó Frixo. El rey Eetes colgó dicho vellocino de un roble en el bosque sagrado de Ares, y encargó su custodia a un temible dragón y a dos monstruosos toros, inmunes a cualquier ataque, y que vomitaban llamas por sus narices. Creyó que así tenía a buen recaudo el preciado vellocino. Pero llegó el valiente y apuesto Jasón al mando de unos Argonautas y, con la mediación de Medea, dio esquinazo al viejo rey y se llevó sin problemas ese valioso trofeo.

Piensan los políticos que son muy listos y que pueden dedicarse tranquilamente a conseguir nuevas y mejores bicocas, para disfrutarlas personalmente ellos y sus familiares y amigos. Piensan que, por su dedicación en exclusiva a la política y por sus supuestos desvelos, los ciudadanos deben apoyarles incondicionalmente y dedicarles toda clase de sacrificios. Y no quieren que nadie les dispute el usufructo de las gangas que van acumulando. No se dan cuenta que, con el abuso continuado de su posición privilegiada, terminan indefectiblemente con la paciencia de los ciudadanos. Y aunque hasta ahora no haya sido así, puede aparecer el Jasón correspondiente y la Medea de turno para acabar con esa situación tan injusta.

La situación política es extremadamente preocupante en España. La codicia de los políticos les ha hundido en el más absoluto de los descréditos. La mayor parte de los españoles ha llegado al convencimiento pleno de que, si la casta política se distingue por algo, es por su ineficacia y por su cinismo. Son muy pocas las personas que confían  en los gestores de la cosa pública y procuran guardar con ellos cada vez más distancia. Las encuestas  son muy claras a este respecto. Inquieta más la situación política que padecemos que el propio terrorismo, que ya es decir. Solamente el paro preocupa a la sociedad más que la política.

viernes, 23 de agosto de 2013

NO HAY CASO, NI LO HABRÁ

Somos muchos los que pensábamos inocentemente que, el uso indebido del poder público en beneficio propio o para distribuir beneficios o cargos políticos  entre familiares y amigos, eran siempre actos claros de tráfico de influencias y de nepotismo. Con estos hechos tan poco edificantes  –y creíamos que ilegales-, se busca invariablemente la obtención de algún tipo de privilegio, recurriendo, cómo no, a la obtención de información privilegiada o cualquier otro tipo de ventaja por amistad o pagando en dinero o en especie.

Siempre se han dado episodios como estos, hasta en la más remota antigüedad. Quien no recuerda al tirano Pisístrato que, nada menos que cinco siglos a. C.,  se hizo con el poder en Atenas y, para conservarlo y protegerse, entregó casi todos los los cargos políticos y públicos a familiares suyos y a sus amigos más leales. De este modo, tenía prácticamente maniatados al resto de aristócratas atenienses. Es cierto que Pisístrato gobernó con una moderación y una benevolencia desconocida en Atenas hasta entonces. Y aunque esto favoreció realmente a los más pobres de la ciudad, no deja de ser por eso un acto tremendamente deshonesto.

También en la antigua Roma encontramos casos flagrantes de tráfico de influencias, como sucedió con Pompeyo y su suegro Metelo Escipión. Aunque Escipión carecía evidentemente de talento militar, Pompeyo, que aspiraba a ser nombrado dictador, le cedió dos legiones romanas. El tribuno de la plebe Marco Antonio, que era partidario de Cesar, denunció inútilmente este hecho en el Senado, ya que este foro, en ese momento, estaba dominado por los “boni” o hombres buenos, situación que fue ampliamente utilizada por más de un político de aquella época conflictiva.

El proceso que se produce en todo tráfico de influencias es siempre el mismo: alguien que disfruta de cierto poder y autoridad en la vida pública, lo utiliza egoístamente para favorecer a sus familiares y amigos o a cualquier otra persona de confianza a cambio de determinadas cantidades de dinero o el pago en especies. El sentido común dice, que los políticos jamás deben utilizar su autoridad para beneficiar a alguien con detrimento del interés público. Y esto es lo que ha ocurrido claramente con el ex ministro José Blanco, presunto imputado por tráfico de influencias en el “caso Campeón”  por el juez instructor José Ramón Soriano.

La investigación abierta en relación con la llamada “operación Campeón” fue iniciada por la juez de Lugo, Estela San José, que apreció indicios de delitos de cohecho y tráfico de influencias, que apuntaban directamente al entonces ministro de Fomento, José Blanco. Entre los implicados en un delito de fraude de subvenciones, aparecen varios empresarios, entre ellos Jorge Dorribo y José Antonio Orozco que, según todos los indicios, habrían recibido préstamos,  subvenciones u otro tipo de bicocas utilizando, claro está, medios ilícitos.

domingo, 3 de junio de 2012

SUBIDAS FISCALES Y DÉFICIT PÚBLICO


Los ingresos del Estado proceden mayoritariamente de los impuestos, que pueden ser directos e indirectos. Y una buena parte de ellos corren a cargo de los simples ciudadanos, y se recaudan principalmente  a través del IRPF y del IVA. Hay veces que  el Gobierno de turno necesita hacer caja inmediatamente para mantener equilibradas las cuentas públicas. Entonces, si la urgencia de dinero es perentoria, opta casi siempre por subir la presión fiscal, pero eso si, después de preparar debidamente el ambiente. Y suelen hacerlo, indicando que se trata de una subida de impuestos temporal y afirmando sin el menor recato que nuestra presión fiscal es de las más bajas y que, en consecuencia, pagamos menos impuestos que los vecinos de los países de nuestro entorno.

Semejante falacia fue utilizada profusamente por el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero cuando subió el IVA dos puntos, eliminó la deducción anual de los 400 euros en el IRPF, suprimió sin más la deuda hipotecaria en la vivienda y aumentó los impuestos especiales a la gasolina o el tabaco. ¿Quién no recuerda la expresión de José Blanco: "si queremos unos servicios públicos y unas infraestructuras que estén a la altura de los países más avanzados, no podemos seguir teniendo el IVA más bajo de Europa", que pronunció en el Club de Encuentro Manuel Broseta de Valencia, en el transcurso de una conferencia?

Y fue el actual ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro el que, sin ponerse colorado, repitió la misma memez de Blanco. Fue el pasado día 16 de mayo, en unas jornadas sobre presupuestos cuando Montoro aseguró descaradamente que “el nivel de presión fiscal en España es realmente absurdo”. Quizás busque con semejante frase, preparar debidamente a los de siempre, a los asalariados y a los pensionistas, para exprimirles un poco más, exigiéndoles un nuevo esfuerzo fiscal, ya que los ingresos procedentes de los impuestos siguen desplomándose continuamente.

Claro que, como escribió Calderón de la Barca, “En la vida todo es verdad y todo es mentira”; o, como afirmó más tarde  Ramón de Campoamor, “nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. Si no entramos en otras consideraciones y comparamos sin más los tipos de IVA que soportamos en España, está muy claro que somos uno de los países que menos pagamos por este concepto. Solamente Chipre y Luxemburgo, con un tipo general del 15%,  estarían por debajo de nosotros. El tipo general de España es del 18%, mientras que Alemania, los Países Bajos y Grecia están en el 19%; en el Reino Unido se despachan  con el 20% y en Bélgica con el 21%; en Francia hasta ahora estaban en el 19,6%, pero subirán al 21,1% a partir del próximo día 1 de octubre.

Vistas así las cosas, estamos un 2,9% por debajo de la media europea que alcanza actualmente  el 20,9% para el tipo máximo. De todas maneras, el termino “presión fiscal” no guarda relación alguna con los tipos impositivos que pueden ser más altos o más bajos. Pues la recaudación tributaria estará siempre en consonancia con el estado de la actividad económica. Cuando esta actividad está deprimida, esa recaudación se reducirá de acuerdo con la reducción que experimenten  las bases imponibles sobre los que se aplican dichos tipos. Y esas bases imponibles han venido cayendo sistemáticamente desde el año 2008.

Hay que tener en cuenta que la presión fiscal no guarda relación alguna con el esfuerzo fiscal. Se puede tener una presión fiscal relativamente baja y, sin embargo,  soportar un esfuerzo fiscal demasiado alto. Todo depende del poder adquisitivo de cada país. Y está muy claro que el esfuerzo fiscal de los españoles es uno de los más elevados de Europa. El lugar que ocupamos en la lista de los países que cuentan con un salario mínimo fijado por ley es buena muestra de ello. Entre los países más representativos de Europa, tenemos a Dinamarca con 2.000 mensuales de salario mínimo; a Luxemburgo con 1.682,76, a Francia con 1.398,37 y al Reino Unido con 1.070 euros. Ese salario mínimo interprofesional en España se queda en 641,40 euros. La diferencia  con los países de nuestro entorno es francamente notable.

El ejemplo  de Dinamarca es paradigmático. La presión fiscal de Dinamarca es 49,24% más alta que la de España, pero el esfuerzo fiscal que soporta es un 19,4% más baja que la española.  Encontraríamos casos similares en Luxemburgo, en Austria, en los Países Bajos y en Noruega. El caso contrario lo encontraríamos en Bulgaria y en Rumania. La presión fiscal en estos países es inferior a la de España y, sin embargo, su esfuerzo fiscal es considerablemente más alto que el de los españoles.

El Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), al que hemos de hacer frente todos los españoles, rompe todos nuestros esquemas fiscales y tributarios, ya que es superior al que se paga en Francia, en Alemania o en Italia. Con la última e inesperada  subida, el tipo marginal máximo de nuestro IRPF pasa del 45 al 52% y se convierte en el tercero más alto de toda Europa, por detrás  de Suecia y Bélgica y empatando con Holanda. Todavía son más escandalosos, claro está, los casos de los españoles  que cumplen con el fisco en las Comunidades Autónomas de Cataluña, cuyo tipo máximo  es del 56%,  en Asturias que es del 55,5%, en Andalucía, Extremadura y Cantabria que es del 55% o el de Valencia que es del 54%, superadas solamente por Suecia.

Hay que señalar que el número de españoles obligados a apechugar con el tipo marginal más alto del IRPF no pasará de ser meramente testimonial. Pero es exactamente lo mismo si nos atenemos al tipo marginal medio que, con toda seguridad, afecta a muchos más españoles. Mientras que la media de la Unión Europea, para este tipo, está en el 37%, en España llegamos al 45,8%. Podemos extender la comparación a otros países, alguno tan importante como Estados Unidos, y el resultado no es en absoluto más halagüeño. El tipo marginal medio de España estaría siete puntos por encima de Norteamérica y unos diecisiete puntos por encima de Brasil, Rusia, India y China.

Algo parecido ha pasado con las rentas del capital y del ahorro. Hasta el 31 de diciembre de 2009, tributábamos por los ahorros al tipo único del 18%. En esa fecha, José Luis Rodríguez Zapatero subió este impuesto y lo hizo en dos tramos, el primero de ellos hasta 6.000 euros y el segundo de 6.000 euros en adelante. El tipo aplicado durante los años de 2010 y 2011 fue del 19% para rentas de capital del primer tramo y de 21% para el segundo.

Al menos para los años 2012 y 2013, por decisión del nuevo Gobierno de Mariano Rajoy se modifica también al alza la tributación sobre las rentas del capital y del ahorro y se añade un tramo más. Para las rentas inferiores a 6.000 euros se establece un tipo impositivo del 21%. Entre los 6.000 y los 24.000 euros, ese tipo será del 25%. Para las rentas del capital que superen los 24.000 euros se establece el tipo impositivo del 27%.  Con esta nueva imposición fiscal al ahorro, dejamos de tener unos tipos impositivos relativamente competitivos frente a los países de nuestro entorno y pasan a ser similares a los del Reino Unido y Alemania. Por lo que será poco menos que imposible atraer el ahorro y las inversiones exteriores que necesitamos imperiosamente para iniciar nuestra recuperación.

Con esta subida de impuestos se exprime otra vez más a la clase media, ya que va a cargar ella solita con el  85% del  incremento fiscal, destinado según parece a enjugar nuestro déficit público.  Y esto se va a notar claramente en el consumo interno que empeorará hasta límites insospechados y sin consumo no va a ser fácil salir de la crisis, ya que las economías privadas están prácticamente al límite de sus posibilidades. Hay que tener en cuenta, además,  que el déficit público proviene de un gasto público extremadamente alto y no porque los ingresos fiscales fueran demasiado bajos. Por lo tanto, esta considerable subida de nuestras cargas fiscales servirá exclusivamente para seguir manteniendo ese Estado tan sobredimensionado y tan ineficiente como  es el nuestro.

Gijón, 23 de mayo de 2012

José Luis Valladares Fernández

jueves, 27 de octubre de 2011

INDIGNADOS EN CAMPAÑA ELECTORAL

El pasado viernes 14 de octubre, el ministro Portavoz del Gobierno y ministro de Fomento, José Blanco,  utilizó la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros,  para hacer un llamamiento a los “indignados  y les advierte claramente que, a partir de las elecciones generales del próximo 20 de noviembre, pueden empezar a sentirse terriblemente “desesperados”. Aunque dice que se trata  de una “reflexión personal”, su afirmación es contundente: "Quienes hoy pueden sentirse indignados por razones que algunas entiendo podrían empezar a sentirse desesperados a partir del 20 de noviembre".
Al parecer, José Blanco aún no se ha dado cuenta de que, dejando a un lado el nebuloso, turbulento  y minoritario mundo de los indignados, los ciudadanos normales, los que trabajan y generan riqueza, están ya hartos y desesperados de soportar a un Gobierno de ineptos que no hace más que empobrecerles y complicarles la vida. Si con el 20-N, como se espera, llega la derecha, de estar desesperados,  pasarán con toda seguridad  a estar esperanzados. Y eso que  el Partido Popular quizás no sea hoy la derecha  que quisiera la mayoría de los españoles, ya que entre sus dirigentes, según piensan muchos, hay personas excesivamente ambiciosas, que carecen de principios morales firmes y que suelen conformarse con las apariencias. Dan a entender que se trata de una derecha, un tanto descafeinada, como la derecha propugnada por  Jesús de Polanco.
Tanto José Blanco como Alfredo Pérez Rubalcaba intentan demonizar a la derecha,  culpándola de paso  de todos los males que el socialismo ha ocasionado a los españoles. Simultáneamente buscan la manera de congraciarse con ese conglomerado heterogéneo de los indignados, en el que nos encontramos con los perroflautas que apadrina Rubalcaba, con hippiosos y punkarras de todos los pelajes, con anarkas y okupas, con activistas del movimiento antiglobalización y algún que otro despistado que no sabe dónde está. Buscan desesperadamente el voto de estos revoltosos inveterados, muchos de los cuales hasta están reñidos con la higiene y que, por lo general, tienen una pinta inconfundible de auténticos haraganes.
Sin molestarse en pedir el correspondiente permiso, los indignados convocaron manifestaciones en toda España para el día 15 de octubre. Lo hicieron, eso si, a sabiendas de que contaban con el beneplácito del Ministerio de Interior, como ya había sucedido en vísperas de las pasadas elecciones  locales y autonómicas.  Ni siquiera  José Blanco puso pega alguna  a la convocatoria de estas manifestaciones, cuando se refirió a ellas en la rueda de prensa del día anterior.  Simplemente dijo que el Gobierno "sigue atentamente y presta atención" a todas las manifestaciones ciudadanas, “que quieran avanzar en la calidad” de la democracia y que "planteen legítimamente propuestas, alternativas, reivindicaciones y demandas". Explica, eso sí, que el Gobierno espera que esa jornada transcurra "de forma pacífica y sin incidentes" en toda España.
Este sábado  también se celebraron cientos de marchas de supuestos indignados por todo el mundo, aunque prácticamente todas ellas fueron meramente testimoniales. En Tokio por ejemplo, los manifestantes no pasaron de las cien personas. Pero aún así, los españoles se mostraban orgullosos por haber universalizado “la semilla” del descontento y de las protestas generalizadas. Dicen que la expansión internacional de las protestas es ya un hecho innegable y que ha cobrado especial fuerza en Estados Unidos bajo el lema 'Ocupa Wall Street'. Piensan que, en no tardando mucho, todas las calles de las principales ciudades del mundo serán un clamor generalizado contra el poder político y financiero.
En España, las manifestaciones más importantes tuvieron lugar en Madrid y Barcelona, donde los manifestantes, además de privatizar temporalmente los espacios públicos habituales, ocuparon impunemente sendos edificios. Y el Ministerio del Interior con Antonio Camacho al frente, como ya hiciera hace cinco meses siendo ministro del ramo el propio Rubalcaba, no se dio por enterado. Más bien se dedicó a proteger ese movimiento al ordenar a la policía que no molestara a los manifestantes, que no respondiera a las posibles provocaciones de los mismos y que, sobre todo, fueran “tolerantes” con ellos. Hasta los mismos medios de comunicación públicos y algunos privados como Radio Nacional  de España, la cadena SER y La Sexta entre otros, estuvieron animando todo el día a los ciudadanos para que acudieran  a esa marcha de indignados.
Si en el pasado mayo los activistas anti sistema ocuparon impunemente la Puerta del Sol de Madrid llenándola de chabolas y de basura, ahora han ido más lejos y de madrugada ocupaban, en pleno centro de Madrid, el viejo edificio del Hotel Madrid en la calle Carretas que estaba vacio. Según dicen, piensan “resistir pacíficamente” en este edificio, hasta que se haga cargo de él la Plataforma de afectados por la Hipoteca para cobijar a familias que han sido desahuciadas. Otro tanto ha ocurrido en Barcelona, donde sin oposición alguna, los indignados ocuparon un bloque de reciente construcción en el número 24 de la Calle Almagro de la Ciudad Condal. Quieren albergar en este bloque a ocho familias que fueron desahuciadas de sus pisos y que estaban en contacto con las asambleas de barrio del movimiento.
Tanto en Madrid como en Barcelona, un grupo de estos ultraizquierdistas, supuestamente indignados, hacen guardia en la calle, a las puertas de los edificios ocupados para hacer frente a la policía, si les da por personarse en esos lugares. Aunque está muy claro que no entra en los planes de los responsables de Interior actuar contra los manifestantes que provocan estos desmanes, como sería su obligación. Recordemos que los ministros no solamente juran o prometen cumplir las leyes, si no que  se comprometen solemnemente, como es natural,  a cumplirlas ellos y a hacerlas cumplir también. Y es que quieren tener operativos a estos grupos para lanzarlos a la calle y complicar la vida al nuevo Gobierno del Partido Popular. 
Gijón, 16 de octubre de 2011
José Luis Valladares Fernández

martes, 20 de septiembre de 2011

LOS DESMADRES DE JOSÉ BLANCO

Cada vez que José Blanco aterriza en una de las emisoras que ideológicamente están en línea con el Gobierno y da rienda suelta  a su verborrea disparatada, me acuerdo de aquel fragmento de La vida es sueño donde Calderón de la Barca, dirigiéndose a los cielos, pregunta qué delito pudo cometer naciendo. Y es que, dejando a un lado el delito de haber nacido, algo muy grave habremos hecho  para que se nos condene a escuchar impávidos las tremendas bufonadas de  Blanco. Y es que en su discurso no hay ideas, ni hay propuestas coherentes que sirvan para solucionar alguno de los muchos problemas que padecemos. Para hacer más odioso su discurso, no hace más que repetir, una y otra vez, las habituales diatribas con que obsequian diariamente al Partido popular.

Hoy fue en Radio Nacional de España, pero pudo haber sido en la Cadena SER, en Punto Radio  o en cualquiera de las televisiones que siguen fielmente los dictados de La Moncloa. El portavoz del Gobierno y ministro de Fomento, José Blanco, se desmelenó en las críticas y fue elevando su tono en cada acusación que lanzaba contra el Partido Popular. Contribuyó a ello la actitud parcial del conductor del programa que no hacía más que jalearle, incitándole a ir cada vez más lejos. Los reproches más ácidos  fueron dirigidos contra Mariano Rajoy, al que acusa de “defender a rentistas” con su posición en contra del impuesto de patrimonio, justificar los recortes sociales en las Comunidades donde Gobierna el Partido Popular y, como no, impulsar con el tiempo el copago sanitario.

Según José Blanco, es intolerable que el presidente del Partido Popular haya "salido a defender a un amigo rentista y a justificar los recortes en educación y en sanidad" que se están aplicando ya en varias comunidades autónomas regidas por el Partido Popular. Dice que el Partido Popular está enseñando “un poco la patita” y que los ciudadanos no tardarán mucho en darse cuenta "poco a poco de lo que hay detrás de su pensamiento". Y Blanco eleva su tono cuando afirma que con Rajoy "los que tienen más no pagarán más aunque eso suponga tener menos profesores y una sanidad con recortes”.

Las andanadas de Blanco van dirigidas también contra la Fundación FAES, “el laboratorio de pensamiento del PP”, por haber elaborado el documento que recomienda la próxima introducción del copago sanitario. Dice que se ha hablado poco de este documento porque Mariano Rajoy  ha pedido “que se meta en el congelador”. Pero para Blanco "el informe está ahí" en el que se establece claramente que "por ir al médico habrá que pagar una cantidad, y eso se llama copago". Acusa al líder popular de ser muy poco preciso en las propuestas que hace y en las opiniones que emite, porque está convencido de que "la indefinición le puede llevar a la victoria electoral".

Llama la atención  la dureza empleada por José Blanco para criticar la actuación de Esperanza Aguirre en Madrid y de María Dolores de Cospedal  en Castilla-La Mancha. Habrían iniciado ya, de acuerdo con Rajoy, su particular acoso y derribo del estado de bienestar, imponiendo duros recortes en sanidad y educación. Además del evidente deterioro de la sanidad pública que van a sufrir en breve los usuarios de la misma, el aumento de horas lectivas para el profesorado, según Blanco,  afectará directa y negativamente a la calidad en la educación, ya que disminuirá drásticamente el número de profesores interinos.

Se olvida José Blanco, sin embargo de lo que se cuece en la Junta de Andalucía. Fue esta Comunidad, y no Madrid, la primera que pasó de 18 a 20 horas lectivas y no se levantó ningún revuelo. Las protestas y hasta la huelga aparecen ahora en la Comunidad de Madrid, cuando en realidad no ha hecho más que copiar lo que ya se había hecho en Andalucía un año antes. Ahora la Junta de Andalucía, aunque se vanagloria de no haber efectuado “ningún recorte”,  ha ido más lejos y aparta  a unos 500 profesores interinos de su trabajo como profesores en la Educación Infantil, en Primaria y en Educación Especial. Y tampoco esto ha dado lugar  a ningún tipo de protesta.

Aunque José Blanco lo silencie, es bastante más sangrante lo que tenía preparado para Castilla-La Mancha el inefable José María Barreda. Según revela El Mundo, el ex presidente Barreda había preparado un plan, en connivencia con el Ministerio de Economía,  mucho más draconiano que el de María Dolores de Cospedal, y que hubiera aplicado sin duda alguna en Castilla-La Mancha si no hubiera perdido las elecciones. Lógicamente él lo negará ahora, pero las evidencias cantan. Si los manchegos le hubieran renovado su confianza, Barreda tenía previsto, ahí es nada,  hasta privatizar colegios y residencias de mayores y  pasar a régimen de peaje las autovías y autopistas de la Comunidad.

Para el ministro de Fomento, José Blanco, lo mismo que para todo el PSOE, el bienestar social únicamente está en peligro cuando gobierna la derecha. Con los socialistas no hay problema. Como mucho, pueden hacer algún ajuste menor, pero solamente para preservarlo. La historia, que es terca como la realidad, nos dice todo lo contrario, que los mayores recortes, y los más incomprensibles, los han protagonizado siempre los Gobiernos de izquierda. Ahí están, por ejemplo, los recortes del Gobierno de Zapatero con la reducción de los salarios a los trabajadores públicos y la congelación de las pensiones. Y no se lo recuerdes, porque te acusarán de que les estás atacando de un modo absolutamente despiadado y furibundo. No obstante esto, va Blanco y dice: “somos un país serio”

Gijón, 19 de septiembre de 2011

José Luis Valladares Fernández

sábado, 2 de julio de 2011

ALFREDO HACIENDO DE RUBALCABA

Rechazadas las dos impugnaciones a su candidatura, Alfredo Pérez Rubalcaba es ya el candidato definitivo a la presidencia del Gobierno para las próximas elecciones generales. Un rival duro para Mariano Rajoy, más que por su valía personal, por su capacidad para retorcer los  hechos, intrigar y preparar las más inverosímiles trifulcas. El PSOE no espera recuperar plenamente la confianza de los ciudadanos españoles con Rubalcaba, aunque nunca se sabe y puede haber un milagro. Con su nominación buscan desesperadamente salvar los muebles, limitando el descalabro electoral que auguran con insistencia todas las encuestas serias.

Que Pérez Rubalcaba no es de fiar y que siempre juega sucio, ha quedado ampliamente demostrado con las maniobras urdidas para apartar de las primarias a cualquier otro competidor atrevido.  Defenestrada Carme Chacón, su rival más peligrosa por el conocido apoyo que recibía de Zapatero, Rubalcaba  cerraba el paso a cualquier otro aspirante, al imponerles la condición de reunir 22.000 avales en un plazo muy pocos días. Surgieron hasta tres héroes, que lo intentaron inútilmente, pero que se vieron obligados a desistir ante la imposibilidad manifiesta de reunir esas firmas en tan escaso periodo de tiempo. A pesar de estos enjuagues interesados para ser candidato único, Rubalcaba nos sigue hablando de primarias y de la ejemplar democracia interna que resplandece en todos los actos del partido socialista.

Acostumbrado a jugar con ventaja, aún después de ser proclamado candidato definitivo por la Comisión  de Garantías Electorales del PSOE, se aferra de manera irregular a los cargos institucionales de ministro del Interior, de portavoz del Gobierno y hasta de vicepresidente primero del Gobierno. Sabe que así rentabiliza mucho mejor su condición de candidato. Lo más normal y razonable es que hubiera dimitido de todas sus responsabilidades en el Ejecutivo, desde el momento mismo en que finalizó el proceso de su designación, como oportunamente hizo en su día Mariano Rajoy, su rival en las próximas elecciones generales.

Está muy claro, a la vista de lo sucedido el 22 de mayo, que el PSOE sigue anclado en su pasado inane y tortuoso y no ha querido hacer ningún tipo de autocrítica. Lo fio todo al “efecto Rubalcaba” para recuperar el favor perdido de los votantes. Pero el esperado “efecto Rubalcaba” se esfumó desde el primer momento, ya que el flamante sucesor de Zapatero no ha sido capaz de proponer medidas coherentes y sugestivas. Acusa a Rajoy de propiciar criticas despiadadas  al Partido Socialista, pero sin aportar medida alguna concreta.  Y cuando el presidente del Partido Popular se soltaba con un paquete  de medidas de austeridad, más o menos concretas y valientes, el todopoderoso vicepresidente las despreciaba y hasta se burlaba de ellas.

El actual ministro de Interior a tiempo parcial busca desesperadamente soltar lastre y desprenderse de su incómodo pasado. Pesa demasiado el asunto de los GAL con sus secuestros y asesinatos, la cal viva, la complicada negociación con ETA que culminó, con el delictivo chivatazo del Bar Faisán, en una clara colaboración con la banda terrorista. Aunque ha sido el instigador de todos los desaguisados cometidos por Zapatero, quiere ahora poner tierra de por medio con el presidente del Gobierno, al que ha manejado desvergonzadamente durante todos estos últimos años. Puesto que ha sido desde la sombra el mentor de Zapatero, es también el auténtico responsable de las políticas nefastas y frecuentemente sectarias, puestas en práctica por el Ejecutivo y que nos han llevado al desastre moral y económico que padecemos.

Desde que el todopoderoso vicepresidente es el candidato oficial a la presidencia, se empeña en hacernos ver que siempre ha guardado una notable distancia con el presidente y con sus colaboradores más directos. Y Rubalcaba escenifica este hecho, conformando su equipo para la próxima contienda electoral, sustituyendo a José Blanco y a Carme Chacón por Elena Valenciano y Jesús Caldera.  Quiere hacernos ver que tiene su propia política y que dispone de la oportuna receta para salir definitivamente de esta crisis. Es lo que ha repetido una y otra vez ante las distintas federaciones del partido socialista: que está a años luz del zapaterismo y que dispone  de las fórmulas precisas para enderezar nuestro azaroso acontecer diario.

Estrenó su candidatura definitiva a las elecciones generales de 2012 en Valladolid, prometiendo solemnemente restaurar el prestigio de la enseñanza, de esa enseñanza a la que tanto daño hizo, en tiempos de Felipe González, al intervenir directa y personalmente en la redacción de tan infaustas leyes como la LOGSE y la Ley de Reforma Universitaria (LRU). Dice que la educación es la “gran palanca” de la igualdad con la que se pueden mover muchas cosas y se impone una mejora sustancial de la misma. Para conseguirlo, según nos dice, hay que extremar las exigencias en la selección y formación del profesorado. Y no ve otra mejor manera que utilizar el sistema riguroso del MIR para elegir a los médicos mejor preparados.

También presenta batalla por el estado de bienestar social y reclama, sin el más mínimo recato,  la paternidad del mismo para el partido socialista. El estado de bienestar, según Rubalcaba, es una creación del PSOE y, por lo tanto, para preservarlo de los indudables recortes que haría Rajoy, hay que plantarle cara al Partido Popular en las próximas elecciones. Y agrega presuntuosamente que deben ser los socialistas los que introduzcan las modificaciones oportunas, ya que “cuando hay que remozar un edificio lo mejor es que lo haga el arquitecto que lo construyó”. La realidad, sin embargo, es muy distinta. El estado de bienestar, como sistema de protección social, no es un invento socialista, ni mucho menos. Apareció de la mano de un miembro de la Cámara de los Lores, el Barón Keynes de Tilton, empeñado ya en procurar el pleno empleo. Y Keynes no era precisamente un socialista.

Posteriormente se fue perfeccionando este sistema de protección social gracias a la actuación de otros personajes, ninguno de ellos socialista, entre los que encontramos al mismísimo Konrad Adenauer y al británico William Beveridge, Barón  de Tuggal, que realizó una de las primeras formulaciones muy similar a la actual seguridad social. En España, es Eduardo Dato, creador del Ministerio de Trabajo, el que pone la primera piedra del estado de bienestar con su incipiente legislación social. Y por supuesto, Eduardo Dato era conservador. Posteriormente, a mediados de los años 50, y sobre todo a partir de 1964, fue el régimen de Franco el que dio un impulso, casi definitivo, al sistema de protección social. Sistema que se fortaleció aún más, una vez recuperada la democracia, pero no en tiempos de Felipe González, ni actualmente con Zapatero, con quienes el paro ha desbordado todas las estadísticas. El socialismo ha sido históricamente, en España y a nivel mundial, el peor enemigo del estado de bienestar pues, como dice Esperanza Aguirre,  “cuando los socialistas entran por las puertas, los empleos salen por las ventanas”. 

Barrillos de Las Arrimadas, 22 de junio de 2011

José Luis Valladares Fernández

sábado, 21 de mayo de 2011

ZAPATERO EN EL MITIN ELECTORAL DE GIJÓN

En los mítines socialistas, de cara a las elecciones del 22 de mayo, todos los que se suben a la tribuna siguen fielmente la consigna de acusar al Partido Popular de pertenecer a la extrema derecha. Y también le acusan, faltaría más, de utilizar el terrorismo para obtener infamantes réditos electorales. Y el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en sus intervenciones allí donde le dejan,  sigue al pie de la letra ese esquema ideado indefectiblemente por José Blanco o por Alfredo Pérez Rubalcaba. No en vano son los dos estrategas máximos, que se encargan actualmente de marcar las pautas que deben seguir los socialistas.

El pasado día 8 de mayo Rodríguez Zapatero se acercó a Gijón para echar una mano a sus cofrades socialistas asturianos. Comenzó su mitin, como suele ser habitual en él, dando prácticamente por supuesto que el bienestar social es una de las conquistas maravillosas del socialismo y que, gracias a su paso por La Moncloa, recibió el mayor impulso de su historia. De ahí que repitiera, una y otra vez, que nunca había habido en la democracia española una política social tan consistente, tan profunda y tan duradera como ahora. Para preservar estos logros sociales, hay que cerrar con decisión el paso al Partido popular. Si ganara este partido, advirtió reiteradamente, desmantelará el estado de bienestar social.

En Gijón, no hizo como en Santander dos días más tarde, cuando montó en cólera y llamó bellacos a los que cuestionaban los avances sociales durante su paso por el Gobierno y le acusaban de haber hecho, en ese terreno,  los recortes más amplios en la historia de nuestra democracia. Aquí se mostró mucho más comedido. Y es que, por su planetaria incompetencia, el PSOE se va quedando sin los argumentos tradicionales que venía utilizando descaradamente desde los tiempos de Felipe González. Ahora ya no pueden acudir al socorrido ‘que viene la derecha’.  Y la consecuencia inmediata de la llegada de la derecha, según decían, era la reducción importante de las pensiones e incluso la eliminación de las mismas. Y reducir las pensiones, ya lo hemos visto, solamente lo ha hecho la izquierda.

Siguen metiendo miedo con la derecha, pero sin hacer referencia alguna a las pensiones. Para los socialistas y para el propio Rodríguez Zapatero, el Partido Popular se ha pasado a la extrema derecha. Siguiendo la consigna puesta en marcha para estas elecciones, Zapatero repitió varias veces y de distinta manera que el Partido Popular es "la derecha más a la derecha de Europa". Según confesó el presidente del Gobierno, en el pabellón de deportes de La Guía de Gijón,  “con este gobierno tenemos los niveles de protección social más altos que nunca; el PP cuando gobernó no hizo políticas sociales, ahora no las apoya y si gobernara iríamos atrás en políticas sociales… Esto no es un slogan ni retorica electoral, estos son los hechos”.

El leitmotiv de toda la campaña socialista es hacer ver la derechización extrema del Partido Popular. Es el argumento básico de Zapatero y de todos sus esbirros para que los ciudadanos nieguen su respaldo al partido de Rajoy. Las razones  aducidas por Zapatero no pueden ser más peregrinas, "porque ahora que no pido el voto para mí, -lo dijo de mil maneras-  tengo que decir que tenemos la derecha más a la derecha de Europa, que usa la lucha contra ETA en el combate político, que no respeta al Tribunal Constitucional y que no apuesta ni ha defendido nunca las políticas ni los derechos sociales". Es más. Han dicho hasta la saciedad que, si ganara el Partido Popular, privatizarían la Sanidad y la educación. Menos mal que, por esta vez, se han olvidado del famoso doberman.

Si el Partido Popular ganara las próximas elecciones, ha tronado Zapatero en Gijón, “empezará a desmantelar y a dejar en manos de actuaciones privadas” el estado de bienestar. Y añadió en el mismo tono de voz, sólo los socialistas “son quienes frenan y ganan a esta derecha”. Defiende la idea de que todo lo que hace el Gobierno socialista va encaminado a crear empleo. Por eso se ha optado decididamente  por las reformas laborales y por el sacrificio que estas comportan, pues “siempre que hay reformas hay que hacer sacrificios”. Y ha insistido sin tapujos y con el mayor descaro, que el desempleo en España es debido al modelo económico, puesto en marcha por el Partido Popular en 1996. Y para solucionar el problema que supone una tasa de paro tan elevada y salir airosamente de la crisis económica, no nos vale la vuelta  a las políticas del crédito fácil, tan utilizado en la época de Aznar.

Y termina su mitin acusando al Partido Popular de no arrimar el hombro, de no querer saber nada de las reformas que se precisan para revertir nuestra situación económica. Pero, según dice Rodríguez Zapatero, el Gobierno y el PSOE están dispuestos a poner en marcha ellos solitos las reformas que se precisen, porque  “tenemos a la derecha más a la derecha de Europa, que dice las cosas que dice y no apoya las conquistas sociales”. Finaliza su intervención pidiendo a los ciudadanos que voten al PSOE, “para defender el estado de bienestar que tanto nos ha costado desarrollar en este país”, y previniéndoles otra vez contra la derecha protagonizada por el Partido popular. 

Eso de meter miedo con la derecha, se ha convertido ya en un mantra obligado para los socialistas. Y en realidad a quien de verdad hay que tener miedo  es a la izquierda, a esta perturbada izquierda española, que es la que rebaja los sueldos a los empleados públicos en primera instancia y después se los congela. A quien hay que temer es a esa izquierda irresponsable que no ha tenido miramientos con los jubilados y les ha congelado las pensiones. A quien hay que tener miedo es a esa izquierda insensata que hizo el mayor recorte de nuestra historia democrática por un lado y sigue despilfarrando millones de euros en subvenciones tremendamente disparatadas. Hay que temer a esa izquierda que acusa cínicamente al Partido Popular de privatizar la Sanidad y la educación, y después son ellos los que tratan de privatizar hasta la Lotería Nacional.

Gijón, 20 de mayo de 2011

José Luis Valladares Fernández

lunes, 2 de mayo de 2011

MUCHA CARA Y POCA VERGÜENZA


El pasado día 13 de abril,  se presentó en Madrid, en una sala  de la Asociación de la Prensa, el libro titulado "Vivir frente al terror. Memorias de Carlos Iturgaiz", firmado por la periodista Chelo Aparicio. A la presentación de estas Memorias del ex presidente del Partido Popular vasco, Carlos Iturgaiz, acudieron, en otros,  Mariano Rajoy, Jaime Mayor Oreja, Ángel Acebes y, como no, el ex presidente  del Gobierno, José María Aznar, que prologó esta obra. También estaba, entre el numeroso grupo de asistentes, María Jesús González, madre de Irene Villa, ambas víctimas del terrorismo etarra.

 

En este libro de memorias, nos va narrando Carlos Iturgaiz las peripecias que le tocó vivir a él y a todos los afiliados vascos del Partido Popular, para hacer frente al terrorismo,  durante su etapa, primero como secretario general y después como presidente del partido en aquella autonomía. Fue ésta, como dijo Acebes en la presentación,  una de las etapas más sangrientas de ETA,  en la que los terroristas "tomaron la decisión de acabar con el PP en el País Vasco y Carlos asumió la responsabilidad de evitarlo". Según palabras del propio Iturgaiz, “nos querían  meter en un corredor de la muerte por ser del PP y vascos”. En aquella época, también estaban en el punto de mira de los etarras destacados dirigentes del PSE y miembros de la Ertzaintza

 

En el prólogo de las memorias, José María Aznar recuerda el asesinato de Gregorio Ordoñez y el de Miguel Ángel Blanco y elogia merecidamente  a los dirigentes del PP vasco que son todo un ejemplo de resistencia, de valor y de abnegación por la democracia. Con su “heroísmo lograron redimir a no pocos de su ceguera e indolencia”. Y de verdad que hacen falta grandes dosis de valor para vivir con esa tensión, sin libertad y a sabiendas de los enormes riesgos que corre tu vida y la de los tuyos, lo que te obliga a desconfiar constantemente hasta de tu sombra. Las circunstancias te obligan a soportar enormes incomodidades, a prescindir de tus rutinas habituales y hasta cambiar frecuentemente de vivienda. Y aún así, la muerte violenta te acecha a la vuelta de cada esquina.

 

Que Carlos Iturgaiz quisiera hacer públicas sus angustiosas vivencias de esa época tan dramática y dictara sus memorias a Chelo Aparicio, ha sentado muy mal en el PSOE. La presentación de las mismas en Madrid, con la asistencia del ex presidente Aznar y sus tres ministros del Interior, Mariano Rajoy, Jaime Mayor Oreja y Ángel Acebes, todos ellos ampliamente demonizados por los prebostes de Ferraz, ha levantado tremendas ronchas entre las huestes del PSOE y ha sacado de quicio a los encargados de mantener intactas las esencias socialistas. Y es normal que así sea ya que, con la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a la Secretaría General del PSOE, la vulgaridad más absoluta, y en muchos casos la nulidad intelectual más insultante, se han apoderado de los resortes de poder en dicho partido.

 

Las diatribas que lanzan a diario personajes tan intemperantes como Elena Valenciano, José Blanco e incluso Marcelino Iglesias, dan buena prueba de ello. Fue Elena Valenciano la primera en lanzar toda clase de improperios contra los líderes del Partido Popular, por reunirse para presentar las memorias de Carlos Iturgaiz. Dicho encuentro fue calificado por la singular portavoz del Comité Electoral del PSOE como “la foto de la infamia”, quién les acusa, además,  de volver  a “utilizar el terrorismo con fines electorales”. Según Elena Valenciano, es inadmisible que se reúnan tres ex ministros del Interior con su ex presidente del Gobierno, José María Aznar, para unir su imagen y atacar así al actual Ejecutivo y “sembrar la división entre los demócratas”.

 

La preclara mente de Valenciano ve, en ese acto de presentación, una falta enorme de responsabilidad del líder del Partido Popular, y mucho más en un momento como el actual, en que   “ETA está a punto de ser derrotada”. Por eso, sigue diciendo, “deberíamos estar todos unidos y no jugar sucio y arañar un pedazo de votos actuando con deslealtad máxima”. Olvida Elena Valenciano que ha sido precisamente el  PSOE el que ha utilizado como nadie los actos terroristas para sacar ventaja en las contiendas electorales. El mayor atentado de nuestra historia, el del 11M, fue utilizado desvergonzadamente por el PSOE, buscando réditos electorales, infringiendo incluso normas electorales tan claras como la jornada de reflexión con aquellos asaltos a las sedes del Partido Popular. Quizás debiéramos recordarle, también,  a esta malintencionada señora, que Rodríguez Zapatero firmó ese pacto mientras mantenía conversaciones con la banda terrorista vasca.

 

La asistencia de dirigentes destacados del Partido Popular a la manifestación,  organizada por las víctimas del terrorismo el sábado anterior, ya había despertado serias susceptibilidades entre ese grupo conspicuo de dirigentes socialistas, aunque pensaban que, terminada la pública protesta, volverían las aguas a su cauce. Que a los pocos días de la manifestación se produjera la presentación del libro de Carlos Iturgaiz, y encima con la asistencia de Aznar, suscitó en la calle de Ferraz todo tipo de suspicacias. De ahí que primero Elena Valenciano, y después Marcelino Iglesias y José Blanco, acudieran de inmediato al socorrido manual de guerra, en el que se reflejan, en forma de rebuznos malintencionados, toda una serie  de consignas extremadamente nauseabundas, que suelen utilizar con el mayor cinismo cuando no saben qué hacer o qué decir.

 

Según Elena Valenciano, el PP “está jugando con las líneas rojas” del Pacto Antiterrorista, pero que los socialistas lo defenderán hasta su “último aliento”. Para ella Mariano Rajoy es todo un especialista en “tirar la piedra y esconder la mano”. Y sigue con sus insidias: ahora que la lucha contra el terrorismo “está mejor que nunca”, la irresponsabilidad del PP no tiene límites y da a entender que les “molesta” que el Gobierno socialista logre acabar definitivamente  con ETA. Tanto Elena Valenciano, como José Blanco y Marcelino Iglesias, coinciden en los calificativos e insisten una y otra vez en el viejo estribillo de siempre: el Partido Popular se ha radicalizado, es un partido de extrema derecha.

 

José Blanco es el más cáustico de los tres. Cuando se pone solemne, uno no sabe si lo que sale de su boca son broncas, o son insultos o simplemente gruesos escupitajos. Tampoco sabemos si hace esto para animar a sus desmotivadas bases o para darse moral a sí mismo. Aprovechando la huida de  Antonio Troitiño, se atrevió a tildar a Rajoy de “cobarde”. Dice que el Partido Popular  ha vuelto por sus fueros y no hace más que crispar, “pretende ganar las elecciones rompiendo todas las líneas rojas de la deslealtad”. Y continuó: “no quieren ni recuperación económica, ni quieren unidad de los partidos frente al terrorismo, frente a ETA. No quieren nada que les aleje de la victoria electoral aunque sea a costa de todos los españoles”.  Según Blanco, Rajoy “tiene tanto miedo a perder las elecciones”, que echa mano de Aznar y de Mayor Oreja para “excitar a la derecha extrema”. Y añade: "El problema que tiene el PP es que es un partido contaminado por la derecha extrema y en este tema se impone el discurso de la parte más radical del partido con la bendición de Rajoy". 

 

El secretario de Organización del PSOE, Marcelino Iglesias, copia la actitud de Blanco y Valenciano y procura  interpretar la misma partitura, aunque mucho más  desangeladamente. Comienza quejándose de la “intolerable campaña  de insultos por parte del PP que no hacen más que manifestar su increíble deslealtad hacia la política”. Achaca al Partido Popular una “oposición destructiva” que “resulta intolerable, sobre todo en el momento en que más encauzada está la lucha contra el terrorismo”. Y todo esto, según Iglesias, “se debe a una estrategia para evitar que se hable de los problemas que el PP tiene en las comunidades en que gobierna”. Los socialistas atribuyen a los demás lo que indefectiblemente hacen ellos cuando tienen alguna miseria que ocultar. Ahí está por ejemplo el caso reciente de la atleta  Marta Domínguez, que llegaron a acusarla falsamente de dopaje. Y es que de eso de sacar trapos sucios de los adversarios políticos es lo que mejor se les da.

 

También acusa  Marcelino Iglesias al Partido Popular de adoptar una “postura extrema” y de no querer apoyar al Gobierno, a pesar de “que no ha habido otro con tantos éxitos en la lucha contra el terror”. Y pide a Rajoy que ponga “orden entre los más ultras y radicales” del Partido Popular, aunque piensa que esa “radicalización” va a dar un vuelco a lo que hoy prevén  las encuestas de cara a las elecciones del 22 de mayo próximo. El secretario de Organización del PSOE derrocha optimismo, aunque, en realidad, no anda muy sobrado de dotes proféticas.

 

Gijón, 30 de abril de 2011

 

José Luis Valladares Fernández