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domingo, 14 de junio de 2015

EL NARCISISMO ENTRE LOS POLÍTICOS

El narcisismo es un trastorno psicológico, muy generalizado actualmente, y que está causando verdaderos estragos entre la clase política. Y los políticos narcisistas son especialmente peligrosos porque consideran que están muy por encima de los demás. Y precisamente por esto, están incapacitados para reflexionar y madurar sus decisiones. Y esto les impide descubrir y asumir a tiempo muchos de sus errores. Los políticos que padecen esa anormal inflación del ego, están siempre a la defensiva,  y reaccionan invariablemente con una agresividad excesiva cuando se cuestionan sus posiciones o se ponen en evidencia sus equivocaciones.

Según nos cuenta el poeta romano Ovidio en su obra de Las Metamorfosis, el primer caso narcisista de la historia lo protagonizó un apuesto joven, llamado Narciso, que se distinguía precisamente por su extraordinaria belleza. Este personaje mitológico era hijo del dios rio Cefiso y de la ninfa acuática Liriope. A los 16 años, ya despertaba la admiración de hombres y mujeres y destrozaba el corazón de todas las doncellas que le conocían. Pero como era extremadamente vanidoso e insensible a los encantos de los demás, las rechazaba a todas.

Su primera víctima fue la ninfa Eco, que le seguía sigilosamente a través de los bosques cuando Narciso iba de caza. Hasta que un día, éste la descubre y, entonces, Eco sale de entre la maleza con los brazos abiertos y, completamente entregada, intentó abrazar a su amado. Pero Narciso la rechazó de manera altanera, y la pobre ninfa, hundida y desolada, se ocultó en una cueva solitaria, donde terminó consumiéndose de amor hasta que no quedó más que su voz. Además de la ninfa Eco, hubo otras muchas víctimas de tan presuntuoso y despiadado joven. Hasta que un día, una de esas despechadas ninfas, dirigiéndose a los cielos, pidió a Némesis, la diosa de la venganza, que castigara al engreído Narciso, haciendo que experimentara en sí mismo todo el dolor y el sufrimiento que produce el amor cuando no es debidamente correspondido.

miércoles, 20 de agosto de 2014

“¡NO VAMOS A SER MENOS!”


Según Groucho Marx, “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”. Aunque el genial humorista trataba simplemente de hacer una frase graciosa, que nos hiciera reír,  sin pretender tal cosa, nos dejó una definición exacta de lo que es la política. Nuestros políticos al menos, por su forma de actuar, confirman plenamente la descripción hecha por Groucho Marx: se equivocan casi siempre al analizar los problemas que se presentan y rara vez aplican una solución adecuada.

Acertaron de plano, es cierto, en la manera de afrontar la transición democrática, instaurando sin mayores problemas el actual sistema parlamentario, aceptado unánimemente por las diferentes sensibilidades políticas. Para que los intereses sociales y económicos de los españoles no se vieran afectados negativamente, en vez de romper bruscamente con las instituciones del régimen anterior, las reformaron adecuadamente, manteniendo así la necesaria continuidad institucional para garantizar cierta estabilidad y no hipotecar el futuro. En un poema de Antonio Machado, escrito muchos años antes, nos deja unos versos que describen casi exactamente este proceso: 
                      ¡Qué importa un día!. Está el ayer alerto
                      al mañana, mañana al infinito,
                      hombres de España, ni el pasado ha muerto,
                      ni está el mañana —ni el ayer— escrito.

Pero los aciertos iniciales de nuestros políticos y su mesura ejemplar, tan alabada por los países de nuestro entorno, desaparecieron prácticamente desde el mismo momento en que iniciaron su andadura las Cortes Constituyentes de 1977. Uno de los primeros errores políticos, que ha enturbiado de manera evidente la convivencia pacífica de los españoles, data del 29 de septiembre de 1977. En esa fecha, por decreto y sin esperar a la redacción definitiva de la Constitución, el Gobierno de Adolfo Suarez restablece formalmente la Generalitat de Cataluña y crea el Consejo General Vasco.

En el referéndum del 15 de diciembre, los españoles aprobaron por amplia mayoría la Ley para la Reforma Política, propuesta por el presidente Adolfo Suarez. Y para que no quedara nadie al margen de ese trascendental consenso para articular la Transición Política, que uniera definitivamente a las dos Españas, quiso ganarse también a los nacionalismos vasco y catalán. Pensaba sinceramente que, dando carácter oficial al autogobierno de esas dos regiones y transfiriéndoles determinadas competencias, los que amenazaban frecuentemente con el separatismo, aparcarían de inmediato todas sus aspiraciones oportunistas.

lunes, 21 de enero de 2013

VIII.-La explosión del separatismo en Cataluña



Siempre ha habido algún grupo de locos, adscritos normalmente a una ideología izquierdista, que lucha por una independencia  absurda y poco menos que imposible. Se trata de grupos más bien pequeños, que actúan aisladamente y sin el menor apoyo popular. Van por libre, y ni siquiera les prestan cobertura los colectivos nacionalistas. Estos dicen que aspiran a un mayor autogobierno y a una autonomía más completa, cuando lo que en realidad les mueve es la posibilidad de hacer pingües negocios. Los independentistas en cambio se dejan llevar por un idealismo absurdo y dan continuamente la espalda a la realidad.

Hay veces que estos grupos minoritarios de separatistas, que persiguen una quimérica liberación nacional, reaccionan violentamente y no dudan en practicar el terrorismo para imponer su estúpido ideario. Es lo que ha hecho en Cataluña el antiguo grupo terrorista que, con el tiempo,  pasaría a llamarse Terra Lliure. Reivindicaban, como no, la disgregación de varios territorios pertenecientes a  España y a Francia para formar la famosa “nación catalana”,  libre y plenamente independiente de las ataduras francesas y españolas. Fundamentaban semejante exigencia en el falso dato de que, hasta 1714, Cataluña había sido siempre una gran nación, aduciendo a la vez motivos lingüísticos y culturales.

El independentismo como fenómeno de masas, al menos en Cataluña, es relativamente moderno. Este grupo separatista catalán comenzó a crecer después de la muerte de Franco, a la sombra de una transición democrática y una Constitución española, quizás demasiado contemporizadoras. Los responsables políticos del momento pensaron erróneamente que, haciendo concesiones a los nacionalismos periféricos, estos depondrían sus continuas exigencias y hasta acallarían, para siempre,  las voces de los que se atrevían a ir mucho más lejos y pedían la secesión de alguna región española.