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domingo, 9 de marzo de 2014

LAGARDE SE PASÓ UNOS CUANTOS PUEBLOS

La actual directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, ha hecho una carrera política francamente meteórica. Esta abogada francesa no ha hecho más que romper moldes a lo largo de su vida. En 1999 fue elegida presidenta de Baker & McKenzie, convirtiéndose así en la primera mujer que ocupó ese cargo en el bufete de la afamada firma internacional de abogados. Después de ocupar en Francia el Ministerio de Agricultura y Pesca y el Ministerio de Comercio, asumió el cargo de ministra de Economía, Finanzas e Industria. De este modo, pasó a ser la primera mujer encargada de dirigir la política económica francesa y la primera en ostentar ese cargo dentro del G8.

En mayo de 2011, pocos días después de la dimisión de Dominique Strauss-Kahn como director general del Fondo Monetario Internacional, Legarde presenta oficialmente su candidatura para ocupar tan importante cargo, recibiendo inmediatamente el apoyo de Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Alemania e India. Había otro aspirante, el mexicano Agustín Carstens, avalado por  toda Hispanoamérica, además de España, Canadá y Australia. El 28 de junio, la junta del FMI elige a Lagarde, volviendo a ser también aquí la primera mujer que accede  a la dirección de dicho Fondo Monetario Internacional.

Todos los altos responsables de las finanzas, sean estas nacionales o mundiales, todos los que tienen auténtico poder de decisión sobre el resto de los ciudadanos, jamás se conforman con sus emolumentos. Son tremendamente cicateros con los más débiles, con los que se esfuerzan a diario con su trabajo y que producen de verdad riqueza. Para luchar contra las ocasionales crisis económicas, procurarán limitar  el poder adquisitivo de la clase trabajadora, pidiendo que se congelen o, incluso, que se recorten convenientemente sus salarios, y que se les apliquen nuevas y gravosas subidas fiscales.

Pero estos afortunados no piensan igual de sus propios sueldos. Aunque estos sean astronómicos, considerarán que son más bien escasos y que su trabajo merece algo mejor. De ahí que consigan que se revisen frecuentemente sus remuneraciones y que estas suban siempre algún punto por encima del índice de precios al consumo y a ser posible, faltaría más, totalmente libres de cualquier impuesto. Además de otras importantes  bicocas, tenemos el caso de los comisarios europeos que, sin ser de los más altos, si son muy poco ejemplares y equitativos.