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lunes, 9 de noviembre de 2015

DELIRIOS DEL NACIONALISMO CATALÁN

Aunque son varias las versiones mitológicas de la antigua Grecia que nos describen detalladamente las distintas andanzas de Prometeo, coinciden todas ellas en señalar que estamos ante un personaje legendario extremadamente valeroso e indomable. En todas ellas se afirma que Prometeo era el más célebre de todos los Titanes y, por supuesto, el más tramposo de los dioses menores. Era hijo de Jápeto y de la oceánide Clímene y tenía otros tres hermanos: Atlas, Epimeteo y Menecio. Pero ninguno de ellos era tan sagaz, tan astuto y tan atrevido como Prometeo. Y como no tenía miedo ni a los dioses del Olimpo, ridiculizó a Zeus, que era el más grande  de todos  los dioses del panteón helénico.

Según se cuenta en una de esas versiones, hasta que Zeus no fue elevado a la dignidad de rey del cielo, los dioses y los hombres vivían juntos, comían en la misma mesa y compartían todos ellos la misma felicidad. Tras el nombramiento de  Zeus como “padre de los dioses y los hombres”, se produce también el reparto equitativo de honores y funciones entre los dioses y los hombres. Y es entonces cuando Prometeo, el Titán amigo de los mortales, instituye el sacrificio ritual que, en adelante, utilizarán  los hombres para honrar debidamente a los dioses.

En aquel primer sacrificio de la historia, Prometeo ya trata de burlarse de Zeus. Comienza presentando un gran buey, que sacrifica y descuartiza posteriormente y hace dos partes con sus restos: una para los dioses y otra para sí mismo y para los mortales. En una de las partes pone todos los huesos desnudos, pero cubiertos, eso sí, por una fina capa de grasa aparentemente muy apetitosa. En la otra, para darle un aspecto francamente repugnante, esconde toda la carne del animal bajo la piel y el estómago. Y deja que sea Zeus, en calidad de rey del Olimpo, el primero en elegir la parte que corresponde a los dioses. Como era de esperar, Zeus escogió la parte que aparentemente era más sabrosa y exquisita. Y cuando descubre el engaño, monta en cólera y castiga a toda la humanidad, llevándose el fuego de la tierra.

Pero Prometeo era demasiado intrépido para amilanarse con la decisión de Zeus de castigar a los mortales de esa manera, privándoles de algo tan necesario como el fuego. Así que, en vez de acobardarse y consciente de su papel de benefactor de la humanidad, toma la valiente determinación de robárselo directamente a los dioses. Con tal fin, sube al monte Olimpo, dispuesto a coger el fuego del carro de Helios o de la forja de Hefesto con un tallo de una cañaheja, y devolvérselo a los hombres para que pudieran volver a calentarse.

miércoles, 20 de agosto de 2014

“¡NO VAMOS A SER MENOS!”


Según Groucho Marx, “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”. Aunque el genial humorista trataba simplemente de hacer una frase graciosa, que nos hiciera reír,  sin pretender tal cosa, nos dejó una definición exacta de lo que es la política. Nuestros políticos al menos, por su forma de actuar, confirman plenamente la descripción hecha por Groucho Marx: se equivocan casi siempre al analizar los problemas que se presentan y rara vez aplican una solución adecuada.

Acertaron de plano, es cierto, en la manera de afrontar la transición democrática, instaurando sin mayores problemas el actual sistema parlamentario, aceptado unánimemente por las diferentes sensibilidades políticas. Para que los intereses sociales y económicos de los españoles no se vieran afectados negativamente, en vez de romper bruscamente con las instituciones del régimen anterior, las reformaron adecuadamente, manteniendo así la necesaria continuidad institucional para garantizar cierta estabilidad y no hipotecar el futuro. En un poema de Antonio Machado, escrito muchos años antes, nos deja unos versos que describen casi exactamente este proceso: 
                      ¡Qué importa un día!. Está el ayer alerto
                      al mañana, mañana al infinito,
                      hombres de España, ni el pasado ha muerto,
                      ni está el mañana —ni el ayer— escrito.

Pero los aciertos iniciales de nuestros políticos y su mesura ejemplar, tan alabada por los países de nuestro entorno, desaparecieron prácticamente desde el mismo momento en que iniciaron su andadura las Cortes Constituyentes de 1977. Uno de los primeros errores políticos, que ha enturbiado de manera evidente la convivencia pacífica de los españoles, data del 29 de septiembre de 1977. En esa fecha, por decreto y sin esperar a la redacción definitiva de la Constitución, el Gobierno de Adolfo Suarez restablece formalmente la Generalitat de Cataluña y crea el Consejo General Vasco.

En el referéndum del 15 de diciembre, los españoles aprobaron por amplia mayoría la Ley para la Reforma Política, propuesta por el presidente Adolfo Suarez. Y para que no quedara nadie al margen de ese trascendental consenso para articular la Transición Política, que uniera definitivamente a las dos Españas, quiso ganarse también a los nacionalismos vasco y catalán. Pensaba sinceramente que, dando carácter oficial al autogobierno de esas dos regiones y transfiriéndoles determinadas competencias, los que amenazaban frecuentemente con el separatismo, aparcarían de inmediato todas sus aspiraciones oportunistas.

domingo, 22 de septiembre de 2013

HUYEN DE LA CATALUÑA DE ARTUR MAS

Seguro que, para preparar sus encendidas intervenciones en los mítines de las últimas elecciones de Cataluña, Artur Mas i Gavarró, acudió confiadamente a la Pitonisa de Delfos o a otro oráculo de infalibilidad contrastada para que le desvelaran el futuro inmediato de la supuesta nación catalana. Y la respuesta recibida debió ser tan concluyente que creyó que podía competir con el Orfeo mitológico en el arte de encantar a todo un pueblo. Orfeo era capaz de embelesar a hombres y dioses con su voz y el sonido de su lira. Unos y otros se reunían para oírlo y así descansaban sus almas. La naturaleza entera se conmovía al escuchar sus fascinantes acordes. La corriente de los ríos se paraba para disfrutar de su melodiosa voz y hasta las mismas rocas se animaban y salían a su encuentro. Así fue como enamoró a la escurridiza ninfa Eurídice.

Artur Mas no tañía la lira, pero pensaba que con su palabra arrastraría indefectiblemente a todos los catalanes para apoyar incondicionalmente su proyecto soberanista. Y nos remite a la masiva Diada del 11 de septiembre  de 2012, para demostrarnos que es así. De ahí que se le caliente la boca y, tratando a los catalanes como subnormales profundos, prometa recrear en Cataluña el imposible país de las maravillas. Según sus previsiones, una vez recuperen la independencia, los catalanes alcanzarán la felicidad plena y serán envidiados por todo el mundo. Con toda seguridad, Cataluña bajo su mando alcanzará su cenit en el año 2020, fecha en la que se pondrá a la cabeza de la Unión Europea, sin necesidad de pertenecer a ella.

Una vez liberada del yugo de España, Cataluña mejorará tanto, que desaparecerá prácticamente el fantasma del paro, creando abundantes puestos de trabajo y se reducirán a la mitad los accidentes de tráfico. Con la independencia, la vida de los catalanes dará un vuelco, aumentando milagrosamente su estado de bienestar: vivirán bastantes  más años con un nivel de vida muy superior al actual, descenderán significativamente las muertes por cáncer, se pagarán menos impuestos y hasta se aumentarán las pensiones. Con Mas al frente y con su deseada independencia, los catalanes se aseguran la felicidad plena y casi, casi la inmortalidad.

Y según Artur Mas, en la Cataluña independiente es inevitable el milagro cultural y económico. Las universidades catalanas  estarán entre las 200 mejores del mundo. La economía en Cataluña, una vez liberada del pesado lastre de la dependencia española, cambiará radicalmente sus reglas y comenzará a crecer a un ritmo superior al de Europa. Según sus previsiones, se crearán 60.000 empresas y más de 100.000 puestos de trabajo. La deuda catalana que, según Oriol Junqueras, es  extremadamente elevada por culpa de España, desaparecerá para dejar paso al mayor superávit de Occidente.

Pero es muy posible que Artur Mas, si no cambian por completo las cosas, terminará fracasando como el mismo Orfeo. Muerta  Eurídice por la mordedura de una serpiente, Orfeo decide bajar a los infiernos para pedir al dios de los muertos que le devuelva a su querida compañera. Embelesado por su lira, Hades accede a su petición, aunque con una condición: que no volviera su cabeza para mirar a Eurídice, hasta que esta no hubiera rebasado los confines del reino de los muertos. Ya estaba su esposa traspasando la última puerta del inframundo y Orfeo se olvida de la condición impuesta y, lleno de impaciencia, mira hacia atrás para ver el esplendoroso rostro de su amada. En ese momento, Eurídice se convierte nuevamente en sombra y Orfeo es expulsado del infierno y condenado a vivir separado de su esposa.

lunes, 29 de noviembre de 2010

MOVIDOS POR EL ODIO Y EL SECTARISMO

La visita realizada por el Papa Benedicto XVI, a Santiago de Compostela y a Barcelona, durante el pasado día 6 y 7 de noviembre, ha servido entre otras cosas para dejar en evidencia a más de uno. Hemos visto que abundan grupos de personas del más variopinto pelaje, que protestan por los gastos ocasionados por la visita papal. Uno de esos grupos es la Fundación Francisco Ferrer Guardia; y otro, el Movimiento Laico y Progresista, que según quiere hacernos ver, pone todos sus esfuerzos en luchar por la libertad y el Estado de bienestar. Ambos grupos se unieron, durante esos días, para celebrar un foro y promover concentraciones contra el Papa, bajo el lema “Yo no te espero”.
Con este foro, tratan de habilitar una nueva cosmovisión religiosa, mucho más cercana a la sociedad laica que pregonan y que pueda ser asumible por todas las instituciones y por toda la ciudadanía. Pretenden realizar una transformación social completa, mediante “la transmisión de valores laicos y progresistas”. Hay otros grupos, ideológicamente muy cercanos que se empeñan en “relegar al espacio privado la visión católica de la vida y la persona y sustituirla por una ideología y una ética civil que todos tenemos que obedecer”, tal como opina Jaime Urcelay, presidente de Profesionales por la ética. Como es evidente, esos grupos u organizaciones están formados por una amalgama indescifrable de homosexuales, lesbianas, ateos, masones, anarquistas de todos los pelajes y comunistas. Hay también feministas radicales y hasta teólogos y cristianos, que se dicen de base.
A estos grupos, que se nutren habitualmente de las arcas públicas, les duele enormemente el dinero invertido en la visita de Benedicto XVI, pero no hicieron ascos al dinero que recibieron para organizar esas manifestaciones y acciones radicales, dirigidas todas ellas hacia la persona del Sumo Pontífice. Ahí están las palabras del secretario general del Movimiento Laico y Progresista, Jofre Villanueva que considera intolerable que “el dinero de todos los españoles se invirtiera en pagar la visita del Santo Padre”. Pero, sin embargo, considera normal y justo que financien las actividades de su fundación, nada menos que con 765.185 euros, sacados del bolsillo de todos los catalanes. Claro, el prójimo bien entendido empieza por uno mismo.
Estas asociaciones promotoras de las concentraciones contra el Papa, recibieron pingües subvenciones de los poderes públicos para organizar esos actos de protesta por la presencia de Benedicto XVI. El Ministerio de Exteriores se descolgó con la cifra de 120.000 euros para tal menester. También fueron financiadas con dinero público por el supuestamente desaparecido Ministerio de Igualdad, la Generalitat de Cataluña y el Ayuntamiento de Barcelona. Estos grupos, tan extremadamente exigentes con los demás, son muy proclives a poner el cazo sin miramiento alguno, cuando son ellos los perceptores. Ahí está la bonita cifra de 443.205 que recibieron sin rechistar solamente de la Generalitat de Cataluña.
A este coro de protestas contra la visita del Sumo Pontífice a España, se une entusiásticamente el fracasado y pretendido teólogo, Juan José Tamayo Acosta, como no podía ser de otra manera. Desde las páginas de El País critica de una manera ácida y un tanto iconoclasta la visita de Benedicto XVI, al que se atreve a llamar “Inquisidor de la Fe”. Este teólogo de la liberación dice que el Papa no ha venido a Santiago como peregrino, ni a Barcelona como animador de las comunidades cristianas de la Iglesia catalana. Ha venido simplemente, según Juan José Tamayo, para darse un baño de masas y para que su figura fuera aclamada por parte de los sectores políticos y religiosos neoconservadores. “Al final -escribe-, el viaje se ha convertido en un acto de papolatría con tintes folclóricos que poco tienen que ver con las genuinas expresiones populares de fe”.
La reacción de José Luis Rodríguez Zapatero ha estado a tono con el odio cerval que siente por la Iglesia Católica. Zapatero puede ir a rezar a Washington con Obama en ese tradicional Desayuno Nacional de Oración. Irá encantado a Turquía a clausurar el Ramadán con la cena reglamentaria junto al islamista y Primer Ministro otomano Recep Tayyip Erdogan. Pero que no le busquen en el Año Santo compostelano, ni en Barcelona en la consagración por parte de Benedicto XVI de la Sagrada Familia, obra genial de Gaudí. Para desmarcarse aún más de estos actos y fuera más notorio su desacuerdo con el catolicismo, se cierra al culto la basílica de la Santa Cruz de Cuelgamuros por orden gubernativa. La cultura cristiana, por lo que parece, a pesar de su universalidad manifiesta, no tiene la suficiente importancia para tener cabida dentro la Alianza de Civilizaciones.
Esta toma de postura de Rodríguez Zapatero ante esa visita papal, al igual que cuando permaneció sentado al paso de la bandera norteamericana, demuestra palpablemente que no sabe estar a la altura de las circunstancias y que carece de la más elemental educación. Le pudo su laicismo radical y proselitista. En cambio, ese laicismo combativo, del que alardea constantemente, no le impide contemporizar con el islam, a pesar de que ésta sí que es una religión tremendamente fundamentalista y excluyente. Quizás sea porque ve en los musulmanes, más que a un enemigo, a un aliado formidable para hacer frente a la Iglesia católica. Claro que el mismo laicismo da muestras fehacientes de ser tan combativo y tan integrista y radical como el propio Islam. Algo que, sin embargo, no se puede achacar al catolicismo. Jamás ha tratado Cáritas de averiguar la filiación religiosa de los que acuden a sus comedores sociales. Hoy día está dando muestras sobradas de que cumple, sin más, el precepto evangélico que manda dar de comer al hambriento, sea éste quien sea.
Es absurdo que Zapatero quiera hacernos creer que hay gente que le pide que legisle lo que quiera el Papa. Y es muy triste que pierda miserablemente el tiempo, tratando de imponer su trasnochado y utópico relativismo, en vez de dedicarse de una vez a gestionar correctamente asuntos tan perentorios como es la crisis económica y el paro. Aún no se ha dado cuenta que él, para bien o para mal, es el presidente de todos los españoles, sean estos cristianos, judíos, mahometanos o simplemente laicos. Y ya va siendo hora de que empiece a ejercer como tal, con todas las consecuencias, o que se vaya a su casa.

Gijón, 18 de noviembre de 2010

José Luis Valladares Fernández