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miércoles, 18 de mayo de 2011

EVOLUCIÓN DEL PODER ADQUISITIVO

En el mitin central del PSOE andaluz del 21 de febrero de 2010, celebrado en el Palacio de Ferias y Congresos de la ciudad de Málaga, José Luis Rodríguez Zapatero se arrancó por soleares y, enarbolando la bandera de su política social, aseguró solemnemente que, a pesar de la crisis, no habría recortes sociales. La frase literal del presidente del Gobierno, que venía repitiendo una y otra vez con las mismas o parecidas palabras, no podía ser más clara: “Conmigo de presidente jamás habrá en este país recortes sociales. Los trabajadores no van a perder derechos en la reforma laboral”. 

No se si habría oído ya campanas, el caso es que adelantó a los asistentes a ese mitin su intención de poner en marcha un plan de “máxima austeridad”, pero dejando claro que no habría sorpresas, precisando que “lo vamos a  hacer bien, garantizando que el gasto social no se va a recortar”. Pues la debacle se veía venir. Y había pasado poco más del mes, cuando Nicolás Sarkozy y Ángela Merkel le llaman  al orden y Rodríguez Zapatero se ve obligado a comerse las promesas lanzadas tan ligeramente. Fue en Bruselas, en concreto el 10 de mayo de 2010, cuando muy a su pesar no le queda más remedio que renunciar a su cacareado ideario.

Dos días después de ese durísimo fin de semana, el 12 de mayo  se debatía en el Congreso de los Diputados el Plan de recorte del déficit exigido por Bruselas para reducir en 15.000 millones de euros el gasto público. En ese debate, un reconvertido y desconocido Zapatero, con gesto adusto, plantea unas medidas extremadamente duras, anunciando el mayor recorte social de nuestra historia democrática. Y para meter mano al gasto público, huye de cualquier medida efectiva y acude a lo que le resulta más fácil, como es recortar el salario a los trabajadores públicos un 5% desde junio de 2010 y congelárselo para todo  el año 2011. Con las pensiones ocurre algo muy parecido, y tampoco van a ser revalorizadas, como era preceptivo, durante todo el año 2011. Y ya metidos en harina, decide también reducir 6.045 millones en obra pública y continuar con el costoso e inútil Plan E.

Este tijeretazo, presentado ahora hace un año por José Luis Rodríguez Zapatero, está teniendo permanentemente consecuencias nefastas en el bolsillo de los funcionarios y de los pensionistas. Tanto los trabajadores del sector público como los jubilados están sufriendo ya en sus carnes los lamentables efectos de un deterioro importante de su poder adquisitivo. Ese inoportuno tijeretazo, tremendamente polémico, ya causó un daño importante en la economía de esos colectivos, y eso que la inflación de entonces estaba en un limitado 1,5%. Ahora se han complicado aún más las cosas, ya que se han disparado exageradamente los precios. Y lo que es peor, se consolida, de manera muy peligrosa, esa tendencia ascendente iniciada ahora hace un año. La mayoría de los analistas económicos, entre los que se encuentra  FUNCAS, avisan de que el índice de precios acabará el año en un 3,5% por lo menos. Y muchos están ya hablando de una escalada hasta el 4%.

Que alguien diga que esto es un recorte social en toda regla, pone histérico a José Luis Rodríguez Zapatero. Ahí está su mitin del pasado de 11 en Santander cuando desencajado gritaba: “Proclamo y afirmo que miente como un bellaco el que diga que hemos hecho recortes y que ha retrocedido el bienestar social”. Y es que el presidente del Gobierno, acostumbrado a cambiar a su antojo el significado originario y auténtico de las palabras, no sé cómo llamará a ese deterioro tan brutal del poder adquisitivo de muchos millones de personas. Son muchas las familias que sufren los efectos de este recorte radical, lo que limita su posibilidad de allegar recursos suficientes para cubrir adecuadamente  sus gastos cotidianos más elementales. 

Los pensionistas pierden poder adquisitivo, prácticamente desde el primer año de jubilados, aunque se cumpla al pie de la letra lo acordado en junio de 2006 en el marco del Pacto de Toledo. Y es que los jubilados, de los artículos que forman parte de la cesta de la compra, utilizados para determinar el coste real de la vida, solamente consumen los productos más inflacionarios, como son los alimentos, el gas y la electricidad. Ahora, a ese deterioro gradual del poder adquisitivo, hay que sumarle íntegramente las subidas de precios de todo el año 2011,  y que, según todos los indicios, pueden dispararse por encima del 3,5% indicado.

Y si los jubilados lo tienen muy mal,  los funcionarios lo van a tener aún peor. El Gobierno ya les recortó su salario un 5% de media y, por si esto fuera poco, les congeló el sueldo durante el año 2011. Como las pagas extraordinarias van a ser reducidas, al menos en un 50%, el recorte real que van a sufrir en sus haberes va a superar el 8% ampliamente. Y esto, en el mejor de los casos, pues ya se habla de que los trabajadores públicos van a sufrir otro ajuste salarial, eliminando incluso hasta las pagas extraordinarias de junio y de diciembre. En ese caso, el recorte salarial sería aún mucho mayor.

Con estas medidas que afectan de lleno a los funcionarios y a los pensionistas y que Rodríguez Zapatero se niega a reconocer como recortes, los salarios de unos y las pensiones de los otros han sufrido un amplio deterioro en cuanto a su poder adquisitivo. Por lógica esos sueldos disminuidos y esas pensiones estancadas valen ahora mucho menos, ya que los productos de la cesta de la compra cuestan cada vez más. Así que los funcionarios o trabajadores públicos pueden haber perdido hasta un 20% de poder adquisitivo en menos de un año y los pensionistas rondarían el 10%. De esta manera el poder adquisitivo de los españoles, se sitúa evidentemente por debajo de la media de la Unión Europea y bastante por detrás de otros países que para nosotros nos sirven de referencia como es el caso de Italia, Francia o Bélgica. 

No se si Zapatero ha tenido que tragar mucha saliva o no, para recortar tan drásticamente los salarios de los funcionarios y congelar las pensiones, cosa que nadie, hasta ahora, se había atrevido a hacer. Contrasta esta toma de decisiones con su actitud de 2008, cuando se le pedía un mínimo de austeridad para hacer frente a la crisis que ya comenzaba a hacer estragos. Afirmaba entonces  que el Gobierno no era “partidario de esa constricción del gasto porque afectaría a la retribución de los empleados públicos, a la necesidad para las pensiones mínimas y al desarrollo de la ley de Dependencia”. Y así, hemos llegado a este final desastroso de una gestión política y económica tremendamente lamentable.

Gijón, 15 de mayo de 2011

José Luis Valladares Fernández

jueves, 28 de abril de 2011

LA CULPA ES DE JOSÉ MARÍA AZNAR

El pasado día 17 de abril, José Luis Rodríguez Zapatero acude a la Fiesta de la Rosa del PSE-EE, celebrada en Durango y aprovecha la ocasión para declararse inocente de la prolongada crisis económica que nos afecta. Llega incluso más lejos y declara solemnemente que él es una de las principales víctimas de la crisis, provocada, como no podía ser menos, por la derecha insolidaria, instrumentalizada por José María Aznar. En su mitin se refirió, como es lógico, al terrorismo de ETA y reprochó al Partido Popular el “doble discurso” que mantiene, según él, en materia antiterrorista. 

Pero el meollo de su discurso, la mayor parte del mismo, estuvo dedicado a la persistente crisis económica y a criticar duramente la irresponsabilidad y el comportamiento desleal del Partido Popular con respecto a la misma. Pues, según Zapatero, a pesar de que “dicen ser tan patriotas”,  han prestado muy “poca ayuda” al Gobierno para poner remedio a tan funesta situación. Y les pide que, al menos, sean valientes y proclamen “aquí y fuera de aquí” que la economía española tiene “fortaleza y solvencia” suficiente y que por lo tanto “va a salir adelante”.

Insiste Zapatero una y otra vez que hay “en juego muchas cosas importantes” para España, y la más importante es su solvencia en el mundo. Por eso, y apelando constantemente  al patriotismo de la derecha, les pide que luchen “por defender siempre el interés de España” y que se abstengan de "contribuir, desde fuera, como hacen algunos a perjudicar a España". Y continua con su estribillo: "A aquellos que tanto invocan a España, que hagan algo por España y que digan, aquí y fuera de aquí, que tenemos fortaleza, solvencia y que la economía española va a salir adelante". Él es el ejemplo viviente que, sin que nadie se lo reconozca,  está luchando sin desmayo en esta “dura crisis económica, financiera primero, y económica después”.

Muy claramente Zapatero elude toda responsabilidad y repite una y otra vez, que es una crisis de un sistema financiero “desregulado y sin reglas”, que nos vino de fuera. La causa remota viene determinada por la caída de Lethman Brothers, que precisamente “no cayó por culpa del PSOE”, y menos por su propia culpa,  aunque alguien quiera hacer ver lo contrario. Más directamente  esta “crisis tiene causas y nombres y apellidos” muy concretos, y hasta un modelo, “según el cual, lo mejor es no intervenir en la economía, ni vigilar, ni saber qué pasa". Según este modelo, dice Zapatero, todo queda en manos de los mercados. Y ese es precisamente el fallo.

Y este modelo económico que todo lo supedita a los mercados, continuó Zapatero, es un “modelo de derechas”, que fracasó estrepitosamente. Y por supuesto, ahora es el presidente del Gobierno y sus huestes los que tienen que mojarse y solucionar el problema. En esta frase lo deja meridianamente claro: "Ahora a la izquierda y al PSOE nos toca afrontar el reto, combatir la crisis y cambiar el modelo económico y hacer que España recupere crecimiento y empleo y una economía basada en la innovación, sostenible y no en la especulación, el ladrillo y el endeudamiento. Eso es lo que estamos haciendo y lo vamos a conseguir, sin ayudas o con ayudas". Lo malo es que ahora ya sabemos cual es ese nuevo modelo económico, diseñado por Zapatero y que servirá para recuperar el empleo. Se trata simplemente de la rehabilitación de  viviendas. Toda una brillante idea.

Tan preocupado está Rodríguez Zapatero por esconder su propia responsabilidad, que olvida algo muy elemental. Olvida que la crisis económica no afectó exclusivamente a España, ya que todos los países tuvieron que pasar por semejante calvario. Olvida igualmente que nosotros, en principio, estábamos mejor preparados, que muchos de los países de nuestro entorno,  para hacerla frente y minimizar sus consecuencias. Pues era de dominio público, -y Zapatero alguna vez presumió de ello- que crecíamos y que creábamos más puestos de trabajo que nadie. Y llegó la crisis y en pocos sitios hizo tanto daño como en España.

Creo que algo tendría que ver en el desarrollo de la crisis el comportamiento irresponsable de Zapatero y de todo su Gobierno. Mientras que, en casi toda Europa y fuera de Europa, comenzaron a tomar medidas ya en 2007 para hacer frente con garantías a la situación económica preocupante que se avecinaba, el presidente de nuestro Gobierno negaba la crisis y hasta se permitía el lujo de llamar “antipatriotas” a quienes avisaban de lo que se avecinaba y exigían que se tomaran medidas. Aún después  de reconocer la crisis y constatar la evolución tan preocupante que llevaba, siguió gastando dinero a lo loco y las pocas medidas que tomaba, o eran descafeinadas,  o incluso eran claramente perjudiciales. No quiso tomar ejemplo ni de la “fracasada” Merkel, ni del “nervioso” Sarkozy, y tanto Francia como Alemania están ya creciendo decididamente, mientras nosotros seguimos hundidos en el pozo.

Para completar el día, Rodríguez Zapatero busco el halago ante los asistentes a la Fiesta de la Rosa, y quiso colgarse unas medallas que francamente no se merece. Habla del Estado de Bienestar como si fuera algo inventado por él y que solamente él sabe garantizar. Afirma con todo descaro que,  a pesar de la crisis “tan profunda” que ha exigido “austeridad, recortes y medidas difíciles”, hemos sabido mantener incólume el Estado de Bienestar. Y continuó: "Lo hemos defendido, lo defenderemos y lo hemos ampliado", algo que nunca ha hecho el Partido Popular. Se olvida Zapatero, por lo que parece, de que fue él, y no otro,  el que realizó el mayor recorte social  de nuestra historia, el que se atrevió a recortar los salarios de los trabajadores públicos y a congelar las pensiones. Y son precisamente estos, los empleados públicos y los pensionistas, además de los parados, los que de verdad sufren en sus carnes un amplio deterioro en su propio Estado de Bienestar.

Y no podía terminar la fiesta sin cantarle las cuarenta a José María Aznar, de una manera desmedida.  Según Rodríguez Zapatero, es Aznar el máximo responsable de todos nuestros males actuales. "Como ex presidente del Gobierno no debe y no puede poner en cuestión medidas que han sido adoptadas con pleno respaldo del Parlamento". "Le pido que cuando esté fuera de España haga lo que todo español: hablar bien de España". Y sigue con sus aceradas invectivas contra el ex presidente del Gobierno: "Aznar, en sus declaración en la universidad de Columbia dijo varias cosas graves: que el Estado de bienestar no es sostenible. Lo dice él, que no hizo nada por él".  Los logros, eso si, son debidos exclusivamente a la política social del PSOE. Y termina diciendo: "De esta crisis debe quedar el recuerdo de que a pesar de ser tan profunda, hemos mantenido el Estado de bienestar”. 

Gijón, 22 de abril de 2011

José Luis Valladares Fernández

domingo, 24 de abril de 2011

DINERO PARA LA MEMORIA HISTÓRICA

Es cierto que el presidente del Gobierno español, en todos sus viajes al extranjero, no se cansa de lanzar faroles sobre nuestra situación económica. Comenzó aquí en España un 11 de setiembre  de 2007, al hacer balance económico ante el Grupo Parlamentario socialista. Fue entonces cuando José Luis Rodríguez Zapatero, sin el menor rubor, lanzó al aire aquella frase tonta de que  “el Gobierno ha situado a España en la Champions league de las economías del mundo”. Desde entonces y de manera recurrente, ha ido paseando esta idea, para choteo de quienes le escuchan, por todos los países extranjeros que visita. Sin el menor sentido del ridículo, va a Nueva York en septiembre de 2008, y ante un público entendido que fue incapaz de disimular sus carcajadas, anuncia sin más que ya habíamos dejado atrás a la Italia de Berlusconi y que teníamos muy nervioso a Sarkozy, porque le estábamos pisando los talones.

Por si acaso nos quedaba alguna duda, Zapatero ha vuelto a insistir nuevamente en la misma idea, en cada una de las ciudades visitadas durante su reciente viaje oficial por Asia. Buscando desesperadamente inversiones asiáticas para infraestructuras y, sobre todo, para regularizar la marcha de nuestras cajas de ahorro, insiste una y otra vez en la solidez de la economía española. No se cansará de repetir que el sector financiero español es “fuerte, solvente y resistente”. Y es en Singapur donde se lanza nuevamente al ruedo de la exageración y compara la economía española con un “poderoso trasatlántico”. “Aunque en los dos últimos años –dice- hemos dado malas noticias, pidiendo esfuerzos y sacrificios, el barco va a seguir navegando con fortaleza, porque España es un poderoso transatlántico. Estad tranquilos”.

La realidad es muy distinta. No hay ningún dato en nuestra economía que avale ese optimismo tan desmedido, mostrado por Rodríguez Zapatero y por la vicepresidenta segunda del Gobierno, Elena Salgado. El Fondo Monetario Internacional se ha encargado de devolvernos a la cruda realidad, pronosticando negros nubarrones para la economía española, por lo menos, hasta el año 2017. Señala, además, que España aún no está fuera de peligro y que puede seguir otros países periféricos como, por ejemplo, la vecina Portugal. Seguimos destruyendo empleo y estamos ya muy próximos al 21% de tasa de paro. El consumo está por los suelos y la economía sigue peligrosamente estancada. Para salir de semejante atolladero definitivamente, harían falta unas medidas mucho más drásticas que las  descafeinadas que ha puesto en marcha el Gobierno de Zapatero.

Nuestra economía sigue perdiendo  fuelle. Aún no hemos sido capaces de detener el preocupante proceso de destrucción del tejido industrial y empresarial y cada vez son más amplias las bolsas de pobreza. Nos ahoga económicamente nuestra elevada deuda, pero  para continuar viviendo o malviviendo, no nos queda más remedio que seguir endeudándonos. Y el  Gobierno lo sabe, pero se empecina en gastar más dinero del que tiene, a sabiendas de que así, lejos de solucionar nuestros acuciantes problemas económicos, los complicará aún bastante más. Sustraerse a estos dispendios absurdos debe ser tarea harto difícil para Zapatero y para sus acólitos, sobre todo cuando los destinatarios de ese dinero son grupos ideológicos afines. Un ejemplo claro lo tenemos  en el dinero que, desde el Ministerio de la Presidencia, se habilita cada año para realizar actividades teóricamente relacionadas con las víctimas de la Guerra Civil y del franquismo.

Una prueba evidente  la tenemos en el Boletín Oficial del Estado  del pasado día 7 de abril. En dicho Boletín el Ministerio de la Presidencia anuncia la convocatoria del concurso de ayudas destinadas a dar cumplimiento a lo previsto  en la Ley de Memoria Histórica. Es una convocatoria que se viene realizando todos los años, por estas fechas, desde 2006.  La cuantía anual de estas ayudas asciende a los 5.681.000 euros. Con este dinero pretenden dignificar los sufrimientos y las calamidades de los del Frente Popular, que cayeron durante la Guerra Civil y de todos los represaliados por la dictadura de Franco. Cada proyecto que se acoja a esta subvención, según se indica en el BOE referenciado, recibirá 60.000 euros, cuando se trate de indagar, localizar, exhumar, identificar y volver a inhumar a las personas que hubieran desaparecido violentamente durante la Guerra Civil o durante la represión política posterior. En los demás casos, el importe asignado serían 40.000 euros.

Aunque se trata de una subvención claramente sectaria, ya que va destinada, de manera exclusiva, a uno solo de los bandos contendientes, hay otros aspectos que llaman más nuestra atención. Por principio, semejante dinero debería ir destinado a la localización, identificación y exhumación de las fosas comunes de la Guerra Civil. Y vemos que esto no es así, ya que solamente se destina el 28,2% para tales fines. En la convocatoria de 2010, solamente se destinó el 25,46% a la recuperación de restos de las víctimas republicanas de la guerra. La mayor parte, el 74,54%, se dedicó  a la propaganda ideológica.

En realidad la norma exige destinar la mitad del dinero de la subvención a exhumar e identificar los cadáveres que, en su día, fueron enterrados en fosas comunes. Pero, hasta ahora, nunca ha habido solicitudes suficientes para completar los 2,8 millones de euros, que es la mitad aproximada del dinero previsto. Y a pesar de semejante circunstancia,  el Gobierno sigue manteniendo el importe de 5.681.000 de euros para esta subvención que después, sin mayores remilgos, repartirá entre sus amigos. Las actividades tenidas en cuenta para el reparto, como veremos, nada tienen que ver con las víctimas de la Guerra Civil, ni con la persecución franquista. No es otra la experiencia que tenemos, desde que, en 2006, se realizó la primera convocatoria.

Es ilustrativo y poco edificante, por ejemplo, el reparto del dinero sobrante de la convocatoria de 2010, en el que participan, como no podía ser menos, los sindicatos habituales. Estas son algunas de las organizaciones que, de manera bastante impúdica, fueron agraciadas con cantidades importantes del dinero destinado durante 2010 a la “memoria histórica”. La Fundación 1º de mayo fue agraciada con 27.103 euros, por aportar unos “Testimonios de la resistencia antifranquista en CC.OO.”. Las Fundaciones Pablo Iglesias y Largo Caballero recibieron 26.275 y 28.649 euros respectivamente, la primera por “Identificación de dirigentes socialistas en la clandestinidad” y la segunda por “Archivo oral del sindicalismo socialista”.

La UGT y CC.OO.no podían faltar en este vergonzoso festín. Y así tenemos a la UGT de Madrid recibiendo 14.286 euros, por una “Historia de vida de militantes de UGT durante el Franquismo”. A la Fundación Anastasio de Gracia (UGT) lucrándose con 21.726 euros por la “Recuperación de la memoria histórica y la dignificación moral de los líderes sindicalistas del metal y la construcción de UGT”. También recibe 11.586 euros la Federación de Industria de la UGT por la “Recuperación de la documentación de la federación de la construcción y del metal de la UGT. La Federación de Enseñanza de CC.OO. y CC.OO de Andalucía reciben, la primera 27.626 euros por una “Exposición y conferencia sobre la Escuela en la II República” y la segunda 24.426 euros por “La memoria de los abogados”.

Todos estos casos que hemos citado, y otros muchos de similar catadura, omitidos para no ser pesados, no tienen evidentemente nada que ver con la exhumación de los restos de los republicanos que perdieron su vida durante la guerra civil, ni con la dignificación de los que sufrieron el acoso de la represión en la posguerra. Se trata simplemente, con la disculpa de la mal llamada memoria histórica, de repartir, de manera poco decente y nada ética, casi 6 millones de euros entre los amigos. Y según todos los indicios, no será muy distinto lo que ocurra con el dinero  de la convocatoria actual.

Gijón, 19 de abril de 2011

José Luis Valladares Fernández    

lunes, 2 de agosto de 2010

LA ECONOMÍA DE MAL A PEOR

Aquella denigrante perorata de José Luis Rodríguez Zapatero en Nueva York, ante un público asombrado por la osadía, en la que afirmaba que ya habíamos dejado atrás a la Italia de Berlusconi y que, en muy poco tiempo sobrepasaríamos a Francia, lo que tenía muy nervioso a su amigo Sarkozy, no sé si fue una fanfarronada, o es que, lamentablemente, nuestro presidente es así de corto. También cabe la posibilidad de que alguno de sus excesivos asesores se riera de él, dictándole aquellas palabras para que hiciera el mayor de los ridículos
Los despropósitos de Zapatero se producen sin solución de continuidad y cada vez son más graves. Aparte del despilfarro habitual del dinero público con sindicatos, titiriteros, amigotes y paniaguados, empleó bastante en el rescate de los bancos, poniendo así fin a la economía mixta. Fue una manera más de beneficiar a los ricos, como siempre, a costa de los trabajadores, de los pensionistas y de infinidad de jóvenes que ven cómo desaparecen sus perspectivas de futuro, sin la más mínima posibilidad de encontrar trabajo. Sus promesas de crear impuestos especiales para los más ricos, para los multimillonarios, se han quedado en una vana ilusión o en una simple promesa vacía de contenido. Y eso que, bajo su égida, los multimillonarios, según datos de la prensa especializada, pasaron de 93.000 a nada menos que 143.000 afortunados.
Lo que sí parece es que Rodríguez Zapatero, a partir del último Debate del estado de la Nación, ha cambiado de actitud. En los debates anteriores no hacía más que maquillar y enmascarar datos adversos, buscando de este modo generar cierto grado de ilusión, al menos entre sus correligionarios y seguidores. Ahora, ya no. Las circunstancias económicas adversas y graves le han hecho algo más circunspecto. De ahí sus afirmaciones, impensables en él en anteriores circunstancias. “La crisis -dice- nos ha situado en una encrucijada en la que confluye el reto de la globalización económica con la transición de nuestro propio modelo productivo; Tenemos que culminar esta transición cuanto antes porque de eso va a depender nuestro bienestar, el de ahora y el de las próximas décadas”. Para lograrlo, según sus palabras, es preciso hacer un “esfuerzo colectivo”.
Aunque carece de la debida valentía para adoptar las oportunas decisiones que corrijan el rumbo de nuestra economía, por lo menos acierta en el diagnóstico. “Hemos de tomar conciencia –dice- de que, si queremos prosperidad, hay que ser más productivos; de que si queremos empleo, tenemos que dotarnos de un mercado laboral que funcione mejor; de que, si queremos políticas sociales, hace falta disponer de ingresos y capacidad presupuestaria para financiarlas” Y para ello es preciso que se impliquen todos, es necesario la “responsabilidad” de todos. Es todo el país el que tiene que involucrarse, ya que es un reto de todos los ciudadanos. Ha advertido que no le temblará el pulso para reducir el déficit al 3% en 2013, y que, si hace falta, volverá a aplicar de nuevo la tijera: “Corregiremos -añadió- cualquier desviación que se produzca respecto de los objetivos de consolidación fiscal fijados en cuanto el riesgo sea detectado”. Procuró, eso sí, no asustar demasiado a sus ya preocupados correligionarios. De ahí que, por enésima vez y sin mucho convencimiento, volviera a afirmar que España está creciendo. Más aún: “se están reduciendo con relativa rapidez algunos de los desequilibrios que había ido acumulando nuestra economía”.
Más tarde, ante la creciente y evidente preocupación de sus barones, volvió a abundar en el mismo sentido. En el Comité Federal del PSOE celebrado el pasado día 17, les prometió que, en los Presupuestos Generales del Estado para el próximo año, se incluiría algún que otro ajuste fiscal para que cada ciudadano haga un aporte a las arcas públicas de acuerdo con lo que tenga. Confesó igualmente ante los suyos que nunca había pensado que fuera necesario recortar el sueldo a los funcionarios. Fueron las circunstancias y la gravedad de la crisis las que obligaron a adoptar semejante medida, para tratar de reducir el déficit público.
Es evidente que Rodríguez Zapatero, al ver alterados todos sus planes mesiánicos por el fracaso de su política, o de su falta de política económica, se ha desquiciado de tal manera que se olvida de buscar soluciones reales a la crisis y pone todo su interés en lanzar a los suyos a enmascarar y ocultar descaradamente los problemas que nos acucian. Con tal motivo, pone en pie de guerra a los miembros de su ejecutiva con consignas engañosas que estos repetirán como papagayos ante las bases del partido y a cuantos quieran dejarse engañar, cerrando beatíficamente los ojos a la cruda realidad.
Comienza Zapatero diciéndoles que el PSOE es el partido “de las reformas”, que pone por delante de los interese del partido lo que realmente interesa al conjunto del país. De ahí que adopte medidas, según dice, que son muy incómodas, pero absolutamente necesarias para salir de la crisis, para lo que habrá que empezar cambiando, “cueste lo que cueste”, el modelo productivo actual. Les pide que desplieguen una ofensiva agresiva para explicar a los ciudadanos las políticas sociales impulsadas por el Gobierno. Quiere que se arme a la militancia con suficientes argumentos para librar esta especie de batalla y que salgan todos ellos a la calle, sin complejo alguno, como “orgullosos socialistas, porque somos los que estamos atendiendo a las necesidades de este país”.
Se olvida Zapatero de que ahora, afortunadamente, no es él quien toma las decisiones en cuestiones económicas. Es la Unión Europea, juntamente con el Fondo Monetario Internacional, los que, ante la inoperancia de nuestro Gobierno, se han visto obligados a asumir esa responsabilidad. Somos un país tutelado y Zapatero ya no es más que el brazo ejecutor de las pautas que se le marcan desde esas instituciones internacionales. Como Rodríguez Zapatero es muy narcisista, tratará de disimular y seguirá buscando ganar tiempo. Lo malo de esto es que, el tiempo que él cree ir ganando, lo está perdiendo miserablemente España.

Barrillos de Las Arrimadas, 22 de julio de 2010

José Luis Valladares Fernández

viernes, 25 de junio de 2010

REMIENDOS EN LA REFORMA LABORAL

En la Unión Europea tiemblan ante la posibilidad de que España siga el camino de Grecia. Y hasta en Estados Unidos temen semejante eventualidad. El tamaño de nuestra economía, incomparablemente mayor que la griega, en caso de quiebra económica, desestabilizaría tanto al euro como al dólar, y arrastraría consigo a otros países de nuestro entorno. Ese temor es lo que llevó a Ángela Merkel, a Nicolás Sarkozy y hasta al propio Barack Obama a intervenir nuestra economía y a imponer a José Luis Rodríguez Zapatero unos deberes ineludibles para prevenir semejante peligro.
Como aperitivo, en el primero de esos deberes, le obligaban a recortar los gastos en la significativa cifra de 15.000 millones de euros a lo largo de los próximos 20 meses. Para salir del paso de la manera más fácil, no caviló mucho y optó por reducir el sueldo a los empleados públicos, a la vez que se lo congela y congelar igualmente las pensiones. La reforma del mercado laboral es el otro recado o segundo de los deberes a que ha de hacer frente Rodríguez Zapatero. Y que conste, que no será el último.
La terquedad del jefe del Ejecutivo le lleva a andarse por las ramas y no descender al verdadero problema de nuestra economía, que no es otro que la excesiva magnitud de la estructura del Estado. La reducción del salario de los empleados públicos en una media del 5% y la congelación posterior de su salario y de las pensiones, no hace más que malhumorar a estos colectivos por la reducción de su poder adquisitivo y dejar que el problema siga agravándose continuamente. Para que semejante traba quede definitivamente resuelta, no queda más remedio que aligerar el peso del sector público de una vez y para siempre y reducir las cargas tributarias que pesan sobre el sector privado. Pues es evidente que la enorme deuda pública que lastra nuestra economía es debida al déficit fiscal que ocasiona el disparatado nivel de gasto público. Y es absurdo tratar de solucionar esto con nuevo endeudamiento, pues lo único que hacemos es acentuar el problema.
No tenemos más que echar un vistazo al presupuesto del Estado para este año de 2010 para darnos cuenta de dónde está la raíz del problema. Sin contar el gasto público de las Comunidades Autónomas y de los municipios, el Estado central tiene presupuestado un gasto de 350.000 millones de euros y solamente hay previsto recaudar unos 274.000 millones de euros. Con esto nos metemos en un déficit fiscal nada menos que de 76.000 millones de euros. Si el PIB español para dicho año anda por poco más de un billón de euros, el gasto público del Gobierno central se comería el solito, en términos del PIB, bastante más del 35 %. A esta cifra habría que agregar los 74.000 millones de euros que se gastan las Comunidades Autónomas, más el importe de los gastos municipales, que no son pocos. Con la congelación de las pensiones, cuyo importe total de las mismas anda por poco más de los 100.000 millones de euros, y la rebaja y congelación del salario de los trabajadores públicos, que apenas llega a los 33.000 millones de euros, es pacata minuta lo que se reduce el gasto público que, éste sí, alcanza cifras demenciales. La reforma del mercado laboral, presentada en el Parlamento por José Luis Rodríguez Zapatero, ha quedado demasiado descafeinada. Para evitar el enfado de los sindicatos CC.OO y UGT, ha quedado en el tintero algo tan esencial como es la regularización del alcance de los Convenios Colectivos. Está claro que los sindicatos se opondrán frontalmente a la delimitación de los ámbitos de aplicación, ya que perderían buena parte de su poder de influencia. Pero en las circunstancias actuales, si es que queremos evitar el cierre de muchas empresas, no queda más remedio que fijar límites a la negociación colectiva. Es preciso que desaparezcan las negociaciones colectivas por sectores, tanto si se trata de convenios con carácter estatal como los de carácter autonómico o provincial. Se impone subordinar las negociaciones colectivas a cada una de las empresas en particular. Y si el Estatuto de los Trabajadores en su título III no admite este tipo de negociación, habrá que afrontar previamente la reforma de dicho Estatuto.
Además, yo no se por qué, desde que se comenzó a hablar de la reforma laboral, se identificó ésta con el abaratamiento de los despidos. Y en realidad la mini reforma que defiende ahora el Ejecutivo, tiene bastante más que ver con el despido que con el empleo de los trabajadores. No cabe duda de que, si esta reforma, en su tramitación parlamentaria, no se modifica sustancialmente, va a continuar aumentando el paro y no habrá en consecuencia recuperación económica posible. No tiene razón el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, cuando dice que “esta reforma es la que precisamos ahora para impulsar la recuperación económica”.
Esta reforma laboral, tal como ha sido expuesta por Zapatero, es todo un brindis al sol con un doble objetivo: no desairar a los sindicatos mayoritarios españoles por un lado y, por otro, hacer creer a la Unión Europea y al Fondo Monetario Internacional que estamos en plena faena, luchando a brazo partido contra la crisis económica. A estas alturas de la película, y dada nuestra situación económica actual, hasta Zapatero debiera saber que ni con una reforma laboral integral sería suficiente para enderezar medianamente el rumbo de nuestra situación. Y mucho menos con esa aparente reforma con que se han despachado.
Para solucionar nuestra falta de crecimiento industrial y nuestra falta de competitividad, necesitamos una reforma laboral en toda regla y devolver a nuestro ordenamiento jurídico esa unidad fiscal que hemos perdido y la unidad de mercado, disgregado ahora en España, y que es sumamente necesario para la buena marcha de empresas y consumidores. Solamente así llegaríamos a ser plenamente competitivos y tendríamos acceso a la exportación de nuestros productos. Si por falta de competitividad las empresas no logran colocar en el mercado sus productos, no habrá posibilidad de que estas generen puestos de trabajo. De momento, mientras no cambie nuestra situación, todo lo que pueda producir la economía española no alcanza ni para cubrir el elevado gasto público de las instituciones estatales.

Gijón, 24 de junio de 2010

José Luis Valladares Fernández