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martes, 18 de octubre de 2011

CON GENTE ASÍ, EL DESCRÉDITO ESTÁ SERVIDO

A principios del siglo XX en Madrid, era muy famosa la tertulia literaria, celebrada por intelectuales de la generación del 98 en el Nuevo Café de Levante.  Se discutía de todo, de arte, de literatura, de política, de cualquier tema que afectara de alguna manera a la sociedad española. Uno de esos días, cuando estaban hablando animadamente de España y de las distintas clases de españoles, Pio Baroja afirmó: “en España hay siete clases de españoles….sí, como los siete pecados capitales. A saber: los que no saben, los que no quieren saber, los que odian el saber, los que sufren por no saber, los que aparentan que saben, los que triunfan sin saber y los que viven gracias a que los demás no saben. Estos últimos se llaman a sí mismos Políticos y a veces hasta intelectuales”.
Esto quiere decir que el descrédito de los políticos ya viene de muy atrás. El paso por la política de personajes como Leire Pajín, Bibiana Aido y otras y otros por el estilo, solamente ha servido para que el desprestigio de los que se ocupan de las cosas públicas sea cada vez mayor. Las encuestas del CIS lo corroboran constantemente. Los que ocupan hoy día esos puestos, a parte de esa imagen que dan de una falta evidente de preparación para la misión encomendada, son todos unos manirrotos. A pesar de la delicada situación económica que atravesamos, no piensan más que en repartir dinero a cambio de favores, a veces inconfesables, y algunos aprovechan las circunstancias para  colocar magníficamente bien a sus amigos. El Boletín Oficial del Estado y hasta la prensa diaria independiente, dan  una buena prueba de ello.
Y parece ser que esta fiebre de dar giro al dinero de todos los españoles, hasta el punto de que no queden en la caja pública ni telarañas, aumenta progresivamente a medida que se acercan las elecciones. Es el caso de Trinidad Jiménez, ministra de Asuntos Exteriores y de Cooperación, de Ángeles González-Sinde, ministra de Cultura y de Leire Pajín que, sorpresivamente,  está al frente del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. Ni que estas tres ministras del Gobierno actual de Zapatero rivalizaran  entre sí, para ver quien es la que más gasta y, sobre todo, la que encuentra un destino más absurdo para sus particulares y llamativas subvenciones.
El dinero repartido generosamente por Trinidad Jiménez, más que a solucionar problemas reales en el tercer mundo, va casi siempre destinado a las dictaduras iberoamericanas y a otras, no menos corruptas, del cuerno de África. Y si sobra algo, se lo lleva inevitablemente alguna que otra institución pública muy poco escrupulosa. Daniel Ortega, por ejemplo, se ha llevado últimamente nada menos que 8 millones de euros como ayuda para el desarrollo integral de un barrio de Managua. Para Bolivia, Evo Morales se llevó más de 5 millones de euros y los dictadores cubanos  1.750.000 euros, destinados al desarrollo rural de la parte oriental de Cuba. Entre los regalos del Ministerio de Exteriores, llaman poderosamente la atención los 7 millones de euros para apoyar, de manera directa, el presupuesto del Ministerio de Finanzas  de Mozambique y, como no, los 3.500.000 concedidos a la Organización Internacional del Trabajo y los 11 millones entregados a la misma ONU para sus programas que mantiene abiertos en Sudán y en el Congo.
Aunque con cantidades más modestas, tampoco se queda atrás la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde. En esta su segunda entrega de subvenciones correspondientes a 2011, repartió 1.056.000 euros, destinados a la financiación de festivales de cinematografía. Entre los agraciados, tenemos a la Fundación Triángulo para la organización del "XVI Lesgaicinemad. Festival Internacional Lésbico, Gay y Transexual de Madrid", que se lleva 10.000 euros. Otros 10.000 euros han ido a parar a los organizadores del "Festival Internacional de Cinema Gay i Lesbic de Barcelona", para los gastos de su undécima edición. Hasta la Caja Mediterráneo, recientemente nacionalizada por el Banco de España, fue oportunamente agraciada con 5.000 euros por patrocinar el "XXXIV Festival Internacional de Cine Independiente de Elche". Los organizadores de los festivales de Sitges y de Valladolid se han llevado cantidades bastante más sustanciosas, al embolsarse respectivamente 100.000 y 320.000 euros.
La tómbola de la  imprevisible ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad, Leire Pajín, reparte premios sin parar. Para empezar, este Ministerio otorga 432.000 euros a diversos colectivos de homosexuales, entre los que nos encontramos otra vez con  la Fundación Triangulo, vinculada al partido socialista y la organización Gais Positius, afín a los socialistas catalanes (PSC). Y esto no fue más que el principio. Durante el pasado mes de mayo, Pajín aportó 3 millones de euros para fomentar la dichosa paridad en las pymes y para que las ONGs velen para que sea real la participación de las mujeres.
Continuó con otras dos importantes subvenciones, ambas cofinanciadas  por el Fondo Social Europeo, dadas a través del Instituto de la Mujer. La primera de ellas está dotada con 650.000 euros, ampliables adicionalmente con una cuantía máxima de otros 500.000 euros, para aquellas universidades “que incorporen una perspectiva de género en su tarea investigadora” sobre el crecimiento económico, empleo y desarrollo sostenible, y la salud y calidad de vida de las mujeres. La segunda subvención asciende a 300.000 euros, y puede ser ampliada en una cuantía adicional máxima de otros 200.000 euros para “hacer efectivo el principio de igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres en todo lo concerniente a la creación y producción artística e intelectual, a la difusión de la misma, así como a promover la presencia equilibrada de mujeres y hombres en la oferta artística y cultural pública”.
Que Leire Pajín es una ministra sin escrúpulos es evidente, y no se amilana por nada. Le importa un bledo nuestra situación económica, sumamente crítica, que nos ha llevado al borde de la intervención europea. Su única obsesión es dar servicios de asesoramiento ciudadano para facilitar la elaboración de planes de igualdad. No habrá dinero para pagar a los proveedores farmacéuticos, pero destina 519.200 euros para "servicios de asesoramiento, sensibilización, formación e información ciudadana para la elaboración de planes de igualdad en las empresas y otras medidas de promoción de la igualdad. Y más sangrantes aún son los 99.500.000 euros donados a la ONU para colocar a Bibiana Aido como asesora de Verónica Michelle Bachelet, que es la responsable de la agencia de las Naciones Unidas para la igualdad de género.
Con ejemplares como estas ministras y algún que otro Torquemada en el Gobierno, y con un presidente como José Luis Rodríguez Zapatero, no es de extrañar que termináramos prácticamente en la bancarrota más absoluta. Otra cosa no saben hacer, pero gastar dinero público a lo loco se les da muy bien. Y es lógico que sea así, ya que debe estar muy extendida, entre los miembros del Gobierno, la firme convicción de que el dinero público no es de nadie. Recordemos la frase aquella de la otrora ministra de Cultura, la inefable Carmen Calvo Poyato: "Estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie."  
Gijón, 11 de octubre de 2011 
José Luis Valladares Fernández