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martes, 8 de septiembre de 2015

ESTAMOS DONDE ESTÁBAMOS

Un antiguo mercader inglés, sir Thomas Gresham, que trabajó  en su momento para el rey Eduardo VI de Inglaterra, había observado que, en todas sus transacciones comerciales, la gente prefería utilizar siempre la moneda más débil como medio de pago y guardarse la que fuera de un metal más valioso, o tuviera mayor valor como divisa. Pero no fue hasta finales del siglo XIX, con el uso simultáneo del oro y la plata, cuando se formuló ese hecho como ley de Gresham. Pues es evidente que, siempre que coexisten dos tipos de moneda de curso legal y para el público una es “mala” y la otra “buena”, la mala desplaza siempre a la buena del mercado.

Y eso es, más o menos, lo que está ocurriendo actualmente en el PSOE por la manera de elegir a sus líderes. Han terminado implantando un sistema demasiado estrambótico para seleccionar a sus élites políticas que, como las monedas en la ley de Gresham, el político malo es normal que desplace al político bueno. Es cierto que los militantes de base tienen cada vez más peso, pero las federaciones o agrupaciones regionales siguen teniendo demasiado poder e influyen decisivamente a la hora de optar por unos cuadros dirigentes u otros. Y esto, claro está, condiciona después la actuación política del partido.

Es verdad que los socialistas nunca han dado muestras concluyentes de una sensatez política intachable. Pero ahora, con los nuevos líderes que dirigen los destinos del partido, han perdido totalmente la cordura y hasta el oremus. Los nuevos cuadros dirigentes actúan con tanta incoherencia, que hoy dicen una cosa y mañana hacen justamente la contraria. Es lo que ha hecho Pedro Sánchez, por ejemplo, con Podemos y con sus marcas blancas y, por supuesto, con los independentistas de cualquier jaez.

Al nuevo secretario general del PSOE y a los demás miembros de la actual directiva les puede el sectarismo y, para aislar al Partido Popular, son capaces de echarse en manos de sus enemigos políticos más viscerales, pactando gobiernos con los populistas más extremos y radicales y  con los separatistas. Y perjudicando gravemente los intereses vitales de la democracia y hasta de su propio partido, aspiran a encabezar una posible coalición del PSOE con cualquier activista y con todas esas otras formaciones políticas ultras y anti sistema, de la extrema izquierda española que padecemos. Y esto, aunque a corto plazo pueda colmar la ambición desmedida de Pedro Sánchez, terminará siendo catastrófico para el PSOE a medio plazo. Si no corrigen el rumbo, les ocurrirá lo mismo que a los socialistas catalanes con el tripartito y con la firma del Pacto del Tinell.

domingo, 2 de marzo de 2014

DESBORDADOS POR LA CORRUPCIÓN


Uno de los mayores problemas que tiene actualmente España es la corrupción política. Las medidas coyunturales, adoptadas hasta ahora por los distintos Gobiernos, han sido siempre demasiado descafeinadas. Y al ser, de manera intencionada o no, tan livianas, han resultado ser totalmente ineficaces y baldías, no logrando  nunca el objetivo pretendido. En consecuencia, la corrupción no ha hecho más que crecer durante todos estos años de manera imparable, pervirtiendo así hasta el mismo sistema democrático y debilitando aún más,  la poca confianza que los ciudadanos sienten  hacia sus representantes públicos.

El clima de corrupción se ha generaliza tanto, que afecta desgraciadamente, en mayor o menor medida, a todas las regiones de España y a todos los partidos políticos del arco parlamentario. Los casos de corrupción política se producen, con excesiva frecuencia, en todas las Administraciones públicas, la Central, las Autonómicas y, cómo no, las Municipales. Se trata de un mal endémico, extremadamente serio y peligroso, que perturba el funcionamiento normal de las instituciones públicas. No hay día que no se destape algún caso nuevo de corrupción, así que, al hacerse eco de semejante peste, los medios de comunicación nos dibujan  un escenario sumamente preocupante y deprimente.

Los casos de corrupción que vamos conociendo día a día, son cada vez más graves y frecuentes y, por si esto fuera poco, crece constantemente la sensación de impunidad de los sinvergüenzas que se lucran con el mayor descaro de su cargo público. No es de extrañar que, con semejante comportamiento, provoquen en la clase media trabajadora claros síntomas de hastío y de rebelión. Esto es lo que muestra, al menos, el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS),  al constatar que la inquietud y la preocupación de los ciudadanos de a pié ha repuntado últimamente 5,8 puntos en un solo mes. Y todo,  por culpa de la corrupción y del fraude que nos invade. Después del paro, el  problema más acuciante para los españoles es, sin lugar a dudas, la corrupción política.


viernes, 30 de agosto de 2013

LA CORRUPCIÓN A DEBATE

Es cierto que la corrupción afecta de manera inmisericorde a toda la clase política Pero no nos engañemos, no es un problema exclusivo de los partidos políticos y, menos aún, de un partido determinado. El mal es mucho más profundo y golpea peligrosamente a toda la sociedad española. Unos porque la practican profusamente, como los políticos, y otros porque la toleran y, si llega el caso, se aprovechan de ella. La casta política, habituada a vivir constantemente del cuento, trata de afianzar su situación política y mejorar lo más posible su situación económica.

Abusar del poder político para conseguir bienes y ventajas ilegítimas con menoscabo manifiesto del bien común o público, es un mal endémico de los pueblos con un desarrollo humano deficiente y poca madurez política. Y en España no abunda precisamente el capital social y tampoco podemos presumir de un desarrollo humano modélico. Y por otro lado, los actos delictivos, derivados de la corrupción política, quedan prácticamente impunes. De ahí que un buen número de políticos, dando muestras evidentes de su falta absoluta de escrúpulos, utilicen desvergonzadamente su función pública en busca de un beneficio personal.

Todos los partidos están saturados de gentes que aspiran a eternizarse en la vida pública y, para conseguirlo, sobornarán y extorsionarán si hace falta,  y no tendrán inconveniente alguno en prevaricar y malversar dinero público con todo descaro para mantenerse indefinidamente en un puesto representativo y oficial. Ay que tener en cuenta que muchos de ellos aterrizaron en política por enchufe, o saliendo directamente de las juventudes de cada partido, pero siempre, claro está, sin experiencia laboral alguna en la empresa privada, ni como autónomos.

Como hasta ahora han vivido extraordinariamente bien de la política, sienten verdadero pánico a que se olviden de ellos en próximos procesos electorales y prescindan de sus servicios. Entonces, tendrían que competir duramente con los demás parados para hacerse con un puesto de trabajo en la empresa privada. Para evitar tan lamentable y problemática situación, se arrastrarán vergonzosamente ante los líderes de su partido o de quienes confeccionen las listas electorales, aunque para ello tengan que cometer todo tipo de tropelías. Cualquier cosa menos perder tontamente  la bicoca del disfrute continuado de un cargo público remunerado.

Los partidos políticos, sobre todo los mayoritarios y los que tienen posibilidades de llegar al Gobierno, prometen, un día sí y otro también, que van a luchar denodadamente contra la corrupción para regenerar la vida pública. Pero hasta ahora, ni socialistas ni populares han ido más allá de las palabras y de una simple declaración de buenas intenciones. Y aunque unos y otros tienen mucho qué tapar y mucho de qué arrepentirse, se empeñan absurdamente en pregonar que son los otros, los del partido adversario, y no ellos, los que deben entonar el correspondiente “mea culpa”. Y así no vamos a ninguna parte.

Hay que tener en cuenta que las prácticas de corrupción se desatan y crecen a medida que aumentan  los intereses de los grupos políticos. Y cuando la corrupción se dispara y se generaliza, como está sucediendo últimamente en España, las instituciones se tambalean con los escándalos y se desestabilizan peligrosamente perdiendo, como es lógico, toda su credibilidad y hasta su eficiencia. Y si no se remedia a tiempo el problema, la red clientelar corrupta adquirirá proporciones enormes y terminará desmandándose y poniendo en grave peligro hasta el mismo sistema político.

jueves, 15 de agosto de 2013

ACUSANDO PARA DESPISTAR

Según una leyenda mitológica de la antigua Grecia, el dios del mar, Proteo, se dedicaba a pastorear y dar de comer bajo las aguas a las manadas de focas de Poseidón o Neptuno para los romanos. Desempeñaba esta labor con incansable celo y con total maestría, de modo que Poseidón quiso recompensarle por tan espléndido servicio, otorgándole el don de conocer a fondo todas las cosas futuras, además de las pasadas y las presentes. En consecuencia, podía predecir fielmente el futuro, pero le disgustaba revelar lo que sabía.

Los que querían desentrañar los secretos de la naturaleza y esclarecer algún misterio oculto, tenían que recurrir a la violencia con Proteo y, aún así, se resistía. Procuraba  metamorfosearse  adoptando unas veces la forma de un dragón, un tigre u otra cualquiera para evitar el tener que predecir el futuro. Pero la gente sabía que Proteo abandonaba las profundidades del mar a mediodía y que dormía la siesta a la sombra en una gruta muy próxima a la playa. Ese era precisamente el momento más oportuno para sorprenderle y sujetarle fuertemente y entonces, si Proteo se veía vencido, cedía y contestaba sinceramente a los requerimientos de sus adversarios.

Como el propio Proteo, Mariano Rajoy está siendo acosado despiadadamente por toda la oposición para que aclare su relación con  Luis Bárcenas, antiguo tesorero del Partido Popular, y sobre la financiación irregular de este partido. Destacan por su agresividad los socialistas. Todo el PSOE se ha lanzado en tromba a la yugular del presidente del Partido Popular y del Gobierno, y de una manera muy especial, su secretario, Alfredo Pérez Rubalcaba, la segunda de abordo, Elena Valenciano y la portavoz del Grupo Socialista en el Congreso, Soraya Rodríguez.

Según Soraya Rodríguez y a la vista de los datos que se van conociendo, Rajoy se muestra, “cada día más”, como “el verdadero hilo conductor” de la presunta trama de financiación ilegal del Partido Popular, ya que es acusado directamente por Bárcenas y, además, ha sido el máximo responsable del partido durante los últimos años. De ahí que le exijan que aclare urgentemente  en el Parlamento su implicación en este tema y la de su partido. Dice Soraya que "hay millones de razones para que Rajoy de la cara en sede parlamentaria", ya que, según el ex tesorero Bárcenas, el Partido Popular lleva financiándose ilegalmente al menos durante 20 años.

miércoles, 7 de agosto de 2013

RUBA,LCABA SE ENCUENTRA CON LA ÉTICA

De acuerdo con una antigua leyenda griega, la diosa del amanecer, la bella Eos -Aurora, según la mitología latina-, se enamoró perdidamente del mortal Titono. Ella, como los demás dioses del Olimpo, tenía asegurada la inmortalidad y una eterna juventud. Y deseando estar siempre junto su amado príncipe troyano, pidió a Zeus, padre de los dioses, que le hiciera también inmortal. El deseo de la siempre joven y eterna Eos fue concedido de inmediato. Pero a la enamorada diosa se la escapó un detalla de vital importancia, se la olvido pedir también  la eterna juventud para su deslumbrante esposo.
Y como Titono no podía morirse porque disfrutaba del don de la inmortalidad, envejecía progresivamente, llegando a convertirse en un anciano decrépito, encogido y arrugado. El deterioro era cada vez más intenso, transformándose por fin en una cigarra, o en grillo según otras versiones. Entre tanto Eos, cuando se despierta por la mañana, sigue abriendo las puertas del infierno para que su hermano Helios pueda conducir por el cielo su carro de fuego cada día, pero lo hace rutinariamente, sin gracia alguna y llorando, produciendo el rocío con sus lágrimas. Le atormenta el hecho de ver a su viejo marido totalmente deteriorado por el exceso de años.
El problema de Titono afecta desgraciadamente a muchas personas, que han hecho de la política una profesión definitiva. Pasa el tiempo y siguen ahí, años y más años, simulando una supuesta defensa de los ciudadanos que nadie les ha pedido, cuando no son más que unos descarados vividores, que buscan desesperadamente eternizarse en el puesto. Esto les lleva a impedir el desembarco en política de gentes nuevas con ideas renovadas, y dispuestas a trabajar de manera desinteresada para mejorar la complicada situación real de la sociedad española. Son, en realidad, como el conocido perro del hortelano.
El secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, es uno de esos viejos que, como Titono, arrastra torpemente el exceso de años en política, tratando de mantenerse en unos cargos públicos que lo desbordan de manera muy amplia e inevitable. Rubalcaba siempre se dedicó a urdir toda clase de enredos e intrigas políticas. Y lo hacía cobardemente, sin dar la cara y desde las cloacas o alcantarillas del Estado. Pero ahora, le desbordan los acontecimientos y ya está muy viejo hasta para conspirar.
La verdad es que Rubalcaba hace esfuerzos sobrehumanos, faltaría más,  intentando demostrar que aún tiene suficiente cuerda para prestar a la sociedad importantes servicios, continuando al frente de las huestes del PSOE. De ahí que trate de aprovechar la delictiva actuación del ya tristemente famoso Luis Bárcenas, antiguo ex tesorero del Partido Popular, para aparentar que resurge siempre de sus cenizas como hace el Ave Fénix.

martes, 5 de febrero de 2013

LO SERÁN, PERO NO LO PARECEN


Antes de asumir la más alta magistratura de la antigua República de Roma, el entonces edil Julio Cesar fue nombrado Pontifex Maximus. Esta distinción, además de una enorme autoridad, le confería una dignidad extraordinaria en la vida religiosa romana. Esta designación de Cesar implicaba también que Pompeya Sila, con la que llevaba casado cuatro años, pasaba a ser la responsable de organizar los ritos secretos del 4 de diciembre a favor de la Bona Dea, diosa de la fertilidad, la castidad y la salud. En semejante labor festiva y religiosa, la mujer del Pontifex Maximus era ayudada por las Vírgenes Vestales.  

En realidad, se trataba de una ceremonia litúrgica, exclusivamente femenina, a la que los hombres no podían asistir. Pero en el año 62 a. C., en los primeros ritos presididos por la mujer de Julio Cesar, ocurrió algo imprevisible. Un joven patricio, llamado Publio Clodio Pulcro, se había enamorado de Pompeya y con la intención de seducirla, entró en la casa donde se festejaba a la Bona Dea disfrazado de mujer. Fue oportunamente descubierto y juzgado por la doble acusación de engaño y sacrilegio. Tuvo que sobornar al jurado para librarse de una condena segura.

Es casi seguro que Pompeya no tuvo culpa alguna de que este intruso se colara subrepticiamente en la celebración de los actos festivos de ese año. Y Julio Cesar, aunque estaba plenamente convencido de la honorabilidad de Pompeya, la reprueba y se divorcia inmediatamente de ella. Justificó su acción, según nos cuenta Plutarco en su obra ‘Vidas paralelas’, porque le molestaba que su mujer pudiera ser sospechosa de infidelidad. Fue entonces cuando dijo: “Mi esposa debe estar por encima de toda sospecha”. Esta frase, a través de los años, se transformó en esta otra que, a base de ser repetida miles y miles de veces, se ha hecho extremadamente famosa: “La mujer de Cesar no solo debe ser honrada; además debe parecerlo”.

Pero por lo que vemos a diario, esta sabia máxima no es aplicable a los que se encargan de gestionar los dineros públicos,  a nuestros políticos. Y es que hoy día, a muchos de ellos, les importa un bledo comportarse honestamente, y mucho menos el aparentarlo. Se ha generalizado tanto la corrupción que salpica prácticamente a todos los grupos de poder y, de una manera muy especial,  a la clase política y a la sindical. La abulia de unos y la golfería continuada de otros, apropiándose indebidamente de lo que no es suyo, ha terminado por insensibilizar a la sociedad española. Ya no es capaz de reaccionar de manera automática ante hechos tan escandalosos como los que nos cuentan  diariamente los periódicos.

martes, 10 de abril de 2012

¿SINDICALISTAS O APROVECHADOS?

Los sindicatos, tal como los conocemos hoy día,  tienen su origen  en las asociaciones que se fueron creando en Gran Bretaña a raíz de la denominada Revolución industrial, que comenzó en 1776. A este tipo de asociaciones, entonces ilegales, que buscaban colectivamente la manera de mejorar las condiciones laborales y económicas de los trabajadores, se les dio el nombre de Movimiento obrero. Cuando Inglaterra reconoció en 1824 el derecho de los obreros a formar este tipo de asociaciones, aparece ya el nombre de ‘sindicato’.
Se dio el nombre de ‘sindicato’ a estas asociaciones por analogía con la actividad de los síndicos de la antigua Grecia. La palabra ‘síndico’, procede del vocablo griego Συνδηκου (sindico), utilizado para designar a los que se encargaban de defender a otros ciudadanos en los juicios. Con el paso de los años, la palabra síndico termina por adjetivarse cambiando sensiblemente su significado ampliando la defensa a conjunto de personas o a la propia comunidad. La  palabra  síndico con esta nueva acepción conserva el prefijo Συν (syn) y cambia δηκου por δηκι (dike), lo que vendría a decir “con-justicia”.
Desde el principio, los sindicatos han procurado garantizar el bienestar, los intereses sociales, económicos e incluso profesionales del colectivo obrero. En esa defensa, solían estar incluidos todos los trabajadores, incluso los que no habían querido sindicarse. Y este debiera ser también el objetivo primordial de CC.OO. y la UGT. Lo malo es que no es así. Estas dos centrales sindicales se olvidan frecuentemente  de la defensa de los trabajadores para ocuparse de manera casi exclusiva de sus propios intereses. En realidad, se parecen bastante más a una formación política que a un sindicato. A la vista está, que su comportamiento no es el mismo con un gobierno que con otro.
Tanto Ignacio Fernández Toxo, máximo responsable de CC.OO., como Cándido Méndez, mandamás de la UGT, durante los casi ocho años del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, más que líderes sindicales, parecían ministros sin cartera. Aunque el número de parados comenzó a crecer vertiginosamente, aunque se congelaron las pensiones y se recortó el salario de los trabajadores públicos y aunque hubo una subida generalizada de impuestos, estos dirigentes sindicalistas guardaron un escrupuloso e imperdonable silencio que talmente parecían tumbas etruscas. Pero eso si, la llegada del Partido Popular al Gobierno les sacó inmediatamente de tan profundo letargo.
Ante semejante comportamiento, es normal que los trabajadores españoles desconfíen manifiestamente de estas  centrales sindicales mayoritarias. Su descrédito es cada día mayor, pues dan la sensación de que estas organizaciones se han olvidado de su labor sindical y se han convertido en auténticas y enormes burocracias que viven cada vez mejor a base de privilegios y de subvenciones cada vez más generosas. Motivo más que suficiente para que, los trabajadores que quedan,  desconfíen abiertamente de estos sindicatos de clase. Y si así reaccionan los que aún conservan su trabajo, ¿qué no harán los trabajadores autónomos, los que llevan tiempo en el paro y los que buscan infructuosamente su primer empleo.
A pesar de las críticas y los recelos de unos y de otros, los dirigentes de la UGT y de CC.OO. son inconmovibles, preocupándose exclusivamente de sus abundantes chollos y de sus negocios. Utilizan  desvergonzadamente la crisis económica para hacer caja y engrosar de manera considerable sus cuentas. Su indecencia llega hasta el extremo de hacer negocios hasta con el desempleo, ya que cuanto más para haya, más dinero ingresan. Sin el menor rubor se aprovechan descaradamente de la mayor estafa social al cobrar un 10% de las indemnizaciones percibidas por los trabajadores cuando se les obliga a abandonar su empresa a través de los Expedientes de Regulación de Empleo (ERE).
Para más INRI, los trabajadores desconocen frecuentemente que los porcentajes que se llevan estas centrales sindicales se les descuentan  de las minutas de la indemnización que reciben al ser afectados por el ERE, ya que se trata de una cantidad que no aparece en ningún recibo  ni factura. Y a veces la cantidad detraída de la compensación recibida puede ser importante, ya que la organización sindical se lleva una cantidad extra de entre un 10% y un 15% de cada uno de los trabajadores cuando estos cobran más de  20 días por año trabajado. Y no es normal que se pacten ERE con los 20 días que establece la Ley como mínimo. Como fruto de las negociaciones, habitualmente los ERE aprobados están entre 30 y 40 días por año trabajado y a veces llegan hasta los 45 días.
Los cursos de formación continuados constituyen por sí solos todo un pingüe y suculento negocio del que participan inmerecidamente, a través de la Fundación Tripartita, la UGT y CC.OO. Dicha Fundación  está formada por estas dos centrales sindicales  y por la CEOE. Los recursos financieros, que posibilitan esa formación continuada,  proceden de la recaudación de la cuota de formación profesional realizada por la Seguridad Social, de las ayudas aportadas por el Fondo Social Europeo, además del 3% de los Presupuestos Generales. Y para mayor despropósito, estas cuantiosas subvenciones se les reparten lamentablemente antes de que se impartan esos cursos y sin que exista una fiscalización posterior.
A la animosidad y la animadversión propias de los sindicatos de clase contra toda opción política conservadora cuando gana las elecciones, se une ahora una belicosidad atroz para chantajear deliberadamente a los responsables del Gobierno para que no les toquen sus prebendas  particulares. A los sindicatos de la UGT y  CC.OO. les preocupan  muy poco la nueva  reforma laboral y, menos aún, los nuevos Presupuestos para 2012. Lo que de verdad les saca de quicio es que, con  esta reforma laboral y con estos Presupuestos, pierden parte de su poder tradicional y pierden también mucho dinero.
Saben perfectamente que una reforma electoral como ésta, o muy similar,  era totalmente necesaria para abrir un camino de esperanza a los parados de larga duración y a los jóvenes, incapaces de encontrar su primer empleo. Podrá fracasar, pero de momento está en la onda de las normas laborales que rigen en los países de nuestro entorno y en ninguno de ellos se ha desmadrado el paro como en España. La crisis ha sido igual para todos y, sin embargo, doblamos en paro a la mayoría de ellos. Capitaneamos las listas de desempleados en todo el mundo civilizado. Hasta Irlanda, Portugal e incluso Grecia, que ya es decir,  tienen un porcentaje de parados inferior al nuestro. Y algo tendrá que ver en ello la norma laboral que rige en cada uno de ellos.
Pero ni la UGT ni CC.OO. ha querido esperar a ver los resultados de la reforma laboral. Sin esperar a la redacción definitiva  que saldrá de Las Cortes, se han lanzado a la calle con huelga general incluida  porque, según dicen, acabará con los puestos de trabajo que quedan. Quieren hacernos creer que se movilizan ahora para defender los derechos laborales de los trabajadores. Y ¿por qué no se movieron durante los duros años del zapaterismo, cuando se disparó el paro y se llegó incluso a recortar sensiblemente el poder adquisitivo de jubilados y trabajadores? La respuesta es muy sencilla. A parte de sintonizar políticamente con el Gobierno de entonces, el  paro les daba pingües beneficios con los famosos ERE.
El problema por el que los sindicatos de clase han declarado la guerra al Gobierno de Mariano Rajoy y se han echado a la calle, es la pérdida de parte de sus propios derechos. Que la nueva normativa  laboral reduzca su capacidad de negociación y que pierdan  el monopolio de la formación de trabajadores es lo que ha hecho saltar todas las alarmas sindicalistas. La reforma laboral propuesta por el Gobierno liberaliza el mercado de la formación laboral, con lo que es muy posible que los sindicatos pierdan esta fuente de ingresos que venían percibiendo tradicionalmente y que ahora pueden esfumarse. Solamente en 2011, la engañifa de estos cursos aportaron a las arcas de estas centrales sindicales casi 500 millones de euros
Otro punto extremadamente sensible lo tenemos en los ERE. Con la nueva normativa laboral, las empresas ya no pactarán los ERE con los sindicatos. La nueva norma permite a las empresas los despidos colectivos cuando se den ciertas circunstancias, previstas en la legislación, prescindiendo de las negociaciones sindicales. Y en caso de conflicto, será un juez y no los sindicatos ni la autoridad laboral la que tenga la última palabra. Y con esto, claro está, se cierra definitivamente otra fuente de financiación notable que aportaba a los sindicatos varios cientos de millones de euros al año.
Ni CC.OO. ni la UGT han digerido aún la pérdida de poder social al reducir sensiblemente su papel en la negociación colectiva. A partir de ahora, prima el convenio de empresa sobre el convenio colectivo. Con la reforma laboral se amplían notablemente las causas que permiten a las empresas descolgarse de los pactos colectivos y tomar ciertas decisiones, como ajustar salarios,  la movilidad laboral y hasta y, si las circunstancias lo requieren, extinguir contratos laborales. Y todo esto, por supuesto, sin previo acuerdo con los sindicatos.
Está muy claro que defienden descaradamente sus propios privilegios como el poder de intermediación y todas aquellas actuaciones que les propiciaban buena parte de sus ingresos extraordinarios y todo ello, sin mucho esfuerzo. Pero esto no lo reconocerán jamás y seguirán quejándose con la torpe escusa de los intereses de la clase trabajadora. Pregonarán que la marginación de los sindicatos deja a los asalariados desprotegidos ante los ajustes de los empresarios en crisis y en la más tremenda de las indefensiones al encarar su despido inmediato sin posibilidad de réplica alguna. Debieran, eso sí, dar ejemplo con sus propios trabajadores que frecuentemente son los más expuestos  a todo tipo de arbitrariedades. 
Gijón, 9 de abril de 2012 
José Luis Valladares Fernández

miércoles, 22 de febrero de 2012

EL PARO Y SUS PROBLEMAS


Los datos sobre paro de enero de 2012, suministrados por los Servicios Públicos de Empleo el pasado día 2 de Febrero, son altamente preocupantes. A los 4.422.359 desocupados que venían de atrás, hay que sumar ahora otros 177.470 más, lo que eleva la cifra de personas que quieren trabajar y no pueden a la espeluznante cifra 4.599.829 parados, un 4,01% más que en diciembre de 2011. Todo un record en la vida laboral española y una enorme tragedia para todas aquellas personas que no encuentran la manera de trabajar.
El paro femenino creció en enero en 98.815 mujeres, lo que representa un 4,47 más en relación con diciembre. Según el antiguo INEM, son 2.311.436 las mujeres paradas. El paro masculino aumentó 78.655 en el mismo periodo, lo que representa un 3,56%, y suma un total de 2.288.393 hombres parados. Si comparamos el paro de enero de 2012 con el registrado en enero de 2011, las diferencias son bastante más abultadas, ya que el paro masculino subiría en 183.154 personas, un 8,70% más y el paro femenino se incrementaría en 185.672 mujeres, un 8,73% más. Datos sumamente escalofriantes para uno y otro sexo, pero que aún se agravan más si tenemos en cuenta que la Seguridad Social perdió 283.684 afiliados.
Es más sangrante aún la situación laboral de los jóvenes entre 16 y 25 años. El desempleo juvenil bate todos los records del mundo civilizado. En España, al finalizar diciembre de 2011, un 48,70% de nuestros jóvenes carecían de un puesto de trabajo. Este colectivo duplica con creces la media europea, que está en  un 21,0%. Se llevan indudablemente  la peor parte de la crisis del desempleo. Y para colmo de males, muchos de ellos han perdido ya hasta la esperanza de encontrar un día un puesto de trabajo. No es de extrañar que muchos de esos jóvenes, los mejor preparados, piensen seriamente en emigrar al extranjero en busca de mejores oportunidades.
Todos estos datos sobre el paro en España, como ya hemos indicado, provienen de los Servicios Públicos de Empleo. Pero la realidad es bastante más cruel de lo que  estos datos reflejan. Esta estadística, que tiene carácter mensual, nos da exclusivamente el número de personas que figuran inscritas en las oficinas  del antiguo INEM, y no las que en realidad están paradas.  Desocupadas hay muchas más, ya que no son pocas las que han sido borradas de esas listas y otras que no fueron inscritas nunca. Para mitigar el terrible impacto de unas listas que crecían desmesuradamente, el intranscendente ministro de Trabajo Jesús Caldera redujo esas listas de una manera considerable.
Desde entonces, se falsea absurdamente la realidad borrando de las listas del paro a todos aquellos que no tienen trabajo y realizan supuestos cursos de formación. Son aquellos estudiantes forzosos que, según una expresión sumamente estúpida de Rodríguez Zapatero, "están trabajando por su país". Se excluye igualmente del paro registrado a las personas afectadas por un Expediente  de Regulación de Empleo, los famosos EREs. El camuflaje de parados es tal, que también quedan excluidos de esas listas los del Plan de Empleo Rural (PER) por percibir  un subsidio agrario y los que buscan su primer trabajo. A todos estos, el Ministerio de Trabajo, jugando una vez más al despiste y a la confusión, los incluye bajo un epígrafe que dice así “Demandantes de Empleo No Ocupados.
Todo esto quiere decir que, las listas del paro proporcionadas mensualmente por los Servicios Públicos de Empleo, se acercarían más a la realidad si las incrementamos en unos 800.000 parados más. Son bastante más fiables los datos que nos suministra la Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística. Se trata de una investigación continua y de periodicidad trimestral, realizada por este organismo autónomo, mediante la cual conocemos detalladamente las personas que trabajan y las que están desempleadas. Según  la Encuesta de Población Activa, son personas desempleadas todas aquellas que, no estando ocupadas, han hechos esfuerzos concretos para encontrar un empleo, o están esperando a ser llamadas de alguna empresa.
Y los datos de la última encuesta, referidos al cuarto trimestre de 2011, no pueden ser más desalentadores. Según dicha encuesta, la tasa de desempleo en España al finalizar diciembre alcanzaba  el 22,85% de la población actica. Lo que quiere decir que son 5.273.600 las personas que cierran 2011 en la preocupante situación de desempleadas forzosas. Nunca en la historia de España un número de parados tan alto, y lo más descorazonador es que, según todos los indicios, esa lista de parados sigue creciendo alocadamente. Doblamos prácticamente la media de los países desarrollados, a años luz de Alemania y Francia. Nos sigue Grecia con un 19,20% de paro. Vienen detrás, a una prudente distancia, Lituania con un a tasa de paro del 15,00%, Letonia con el 14,80% e Irlanda con el 14,50%.
La economía española lleva muchos años, más de la cuenta, sustentándose en un modelo de producción bastante más intensivo en mano de obra que en capital, lo que es sumamente desfavorable en sí mismo. De ahí que se hayan primado sectores con muy poco valor añadido, como es el caso de la construcción y el turismo. Todo esto nos ha llevado a que el despido se convirtió desgraciadamente en el principal mecanismo de ajuste ante la imparable caída de la demanda. Y el Gobierno anterior no puso freno a semejante  desaguisado porque no supo o no quiso por el enorme coste político y personal que esto conllevaría, o, lo que sería aún peor, por cuestiones ideológicas como insinuó el propio José Luis Rodríguez Zapatero.
Por la incuria del Gobierno anterior y el egoísmo suicida de los sindicatos mayoritarios, estamos a punto de traspasar la línea, más allá de la cual ya no es posible el retorno. Así que el Gobierno de Mariano Rajoy, para evitar tamaño desastre,  no ha tenido más remedio que coger el toro por los cuernos y en menos de dos meses aprobó valientemente una serie de reformas cruciales, entre las que sobresale la reforma laboral. Es cierto que estas reformas, como ha reconocido el propio Rajoy, no van a "producir efectos en el corto plazo" por culpa de la situación económica que padecemos e incluso por el entorno europeo que nos rodea. Pero son sumamente necesarias si queremos sentar las bases para poder crecer sostenida y establemente  en un futuro no muy lejano.
Las distintas reformas que se han ido aprobando sucesivamente están más que justificadas para devolver a los trabajadores y a los empresarios la confianza perdida, ya que es la única manera de que superen juntos la crisis y el despido sea bastante menos rutinario de lo que es hoy. Esto supondrá necesariamente una pérdida de poder importante de las organizaciones sindicales y hasta de la patronal, lo que ha puesto en pie de guerra a los sindicatos mayoritarios y al principal partido de la oposición. Tal es así, que Alfredo Pérez Rubalcaba está dando pruebas fehacientes de que le importa muy poco nuestro hundimiento económico definitivo, si de él se deriva el fracaso rotundo del Gobierno del Partido  Popular.
El líder de la oposición pregona día y noche que el Gobierno que preside Mariano Rajoy “ha roto todos los equilibrios” del tradicional sistema de relaciones laborales y ha dado poderes omnímodos a los empresarios. Dice que “han creado un contrato con un año de prueba, o lo que es lo mismo, un año de despido libre y gratuito”. Insiste una y otra vez en que la nueva reforma laboral es, en realidad, una "enmienda a la totalidad al sistema de relaciones laborales". Que “es algo así como: o aceptas la bajada de salarios o ahí tienes la puerta y ésa no puede ser la fórmula para crear empleo en España". Y no contento con sus peroratas extemporáneas, anima a los sindicatos a que se movilicen y se adueñen de la calle.
Esta reforma laboral, según UGT y CC.OO, está pensada exclusivamente para satisfacer a los empresarios y a los mercados financieros. Claro que lo que más incomoda a una y a otra organización sindicalista es que, con esta ley, pierden poder y pierden dinero al verse privados de parte de las prebendas  de que disfrutaban. Para empezar, pierden la exclusividad de los cursos de formación, perdiendo así una importante fuente de financiación. A partir de ahora, las cuestiones empresariales se dirimirán dentro de la propia empresa y no en las sedes de las centrales sindicales. Dependiendo de la situación económica, los empresarios podrán pactar directamente con los trabajadores modificaciones de sueldos, horarios, descolgarse de los convenios colectivos y hasta iniciar un ERE sin autorización administrativa.
Los sindicatos mayoritarios no soportan esa perdida de protagonismo y mucho menos la perdida de dinero que lleva aparejada. A CC.OO y a la UGT les gustaría embarcarse sin más en una huelga general para paralizar de inmediato el país. Pero no se atreven, ya que han perdido su credibilidad por su complicidad con Zapatero en la gestión de la crisis económica. De momento se limitan  a convocar manifestaciones  por toda España. Quieren comprobar antes su poder de convocatoria que, de momento, no parece muy fiable.
Si los sindicatos quieren de verdad salir de esta y que se comience de una vez a aligerar esa enorme lista de parados, tendrán que aceptar el envite y prestar desinteresadamente su colaboración con el Gobierno. Si salen con la suya y logran dinamitar esa reforma laboral, podrían lamentarlo seriamente. O ponemos ahora en orden  nuestra economía, o algún día los sindicalistas se acordarían de aquel conocido poema, falsamente atribuido a Bertolt Brecht, y que no fue más que un sermón en la Semana Santa de 1946 del pastor luterano Martin Niemöller y que comenzaba así:
Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
Guardé silencio,
Porque yo no era comunista.
(…)
Y Martin Niemöller termina así su reconvención:
Cuando vinieron a buscarme a mí,
No había nadie más que pudiera protestar.
Los sindicalistas tendrían que cambiar la palabra nazis, por las palabras crisis económica, pero, si esto no se remedia, hasta los sindicalistas pasarían a engrosar más pronto o más tarde esas listas del paro.
Gijón, 16 de febrero de 2012
José Luis Valladares Fernández

sábado, 5 de marzo de 2011

OBRAS DE CARIDAD CON DINERO AJENO

Según una leyenda medieval inglesa, un noble llamado Robin Longstride, más conocido con el nombre de Robin Hood, se cansa de aguantar las flagrantes injusticias,  cometidas por el sheriff de Nottingham y por el príncipe Juan sin Tierra, y se convierte en un legendario forajido. Llevado por su gran corazón, se coloca voluntariamente fuera de la ley y se enfrenta de manera decidida a las ansias locas por acaparar todo tipo de riquezas del mencionado sheriff y de dicho príncipe, robando a los ricos lo que después reparte entre los pobres. No es de extrañar, pues,  que el sheriff le persiguiera incesantemente con la malsana intención de insertar su cabeza en una afilada pica. 

No nos hace falta ir hasta Inglaterra para encontrarnos con un tipo como Robin Hood. Aquí en España, en épocas pasadas,  tuvimos también bandoleros famosos, sobre todo en la sierra andaluza. Hay constancia histórica de que se practicaba el bandolerismo desde tiempos muy remotos. Tito Livio, por ejemplo, nos cuenta que eran muchos los salteadores de caminos que asediaban a las caravanas que se aventuraban a comerciar en la Bética. El bandolerismo es un fenómeno muy complejo, enmarcado siempre en un contexto histórico y social de suma pobreza, por eso proliferó tanto a principios del siglo XIX. Entre los bandoleros famosos de esa época tenemos al barquero, llamado Andrés López, y sobre todo a José María el Tempranillo. José María el Tempranillo, al igual que Robin Hood, repartía de inmediato entre los pobres lo que robaba a los ricos.

En la actualidad, el bandolerismo también ha echado raíces en la clase política. Y estos nuevos bandoleros ya no necesitan ni de trabucos ni de pistolas para tener acceso a lo ajeno. Les basta con una pluma o un bolígrafo. El socialismo, con su obsesión enfermiza por torpedear la economía de mercado para que su negocio ideológico no se vaya al traste, se dedica afanosamente a repartir las riquezas, pero siempre las riquezas de otros. Los que profesan semejante doctrina suelen ser arrogantes en exceso y se creen moralmente superiores al resto de los mortales, a quienes culpan de las miserias que padece la humanidad. Y por lo tanto  se creen con todo el derecho del mundo a ser ellos los que se dediquen a la redistribución de la riqueza ajena.
Aunque no siempre, hay veces que en ese reparto se distraen cantidades, y de una manera u otra se aumenta el patrimonio  personal o el de los amigos con quienes se comparten afinidades políticas. Un caso muy reciente lo tenemos en la trama de los ERES falsos  de Mercasevilla que cito de pasada, y otro el destapado recientemente en Asturias por la “operación Marea”. Hace ya unos cuantos días que han sido imputados el ex consejero de Educación  del principado de Asturias, José Luis Iglesias Riopedre, la ex “numero dos” del consejero, María Jesús Otero Rebollada y la funcionaria Marta Renedo Avilés, además de los propietarios de Igrafo y de Almacenes Pumarín.

Será la Justicia la que determine si en el caso de la Consejería de Educación hubo realmente cohecho, tráfico de influencias, fraudes y  exacciones fiscales o si, por el contrario, son inocentes.  De momento centraremos nuestra atención exclusivamente en la llamativa postura, adoptada por  María Jesús Otero, la ex directora general de Planificación, Centros e Infraestructuras  del Gobierno del Principado. Es evidente que  María Jesús Otero, por las declaraciones que hace ante la juez que está llevando este caso, Ana López Pandiella, quiere aparecer ante la sociedad como una persona sumamente desprendida y misericordiosa. Según su propia confesión, los ingresos periódicos que recibía en sus cuentas corrientes de los dueños de Igrafo y de Almacenes Pumarín, eran destinados casi íntegramente a obras de caridad. Ni Robin Hood, ni el propio José María el Tempranillo lo hubieran hecho mejor que ella.

La ex directora general  de Planificación reconoció ante la juez instructora, eso si, que había ayudado económicamente a Almacenes Pumarín en una época en que esta empresa tenía abundantes problemas de liquidez. Su ayuda consistió en girar efectos a esta empresa, “favor” del que nunca sacó beneficio económico alguno. E insiste María Jesús Otero, en la declaración prestada en el Juzgado de instrucción  número 4 de Gijón, que ella jamás se ha dedicado a  beneficiar a ninguna empresa de manera ilegal, y mucho menos con ánimo de obtener determinados lucros. La ayuda prestada a Almacenes Pumarín, según dice ella, hay que enmarcarla  como una obra de caridad más.

Los dineros que periódicamente recibía de  Almacenes Pumarín e Igrafo eran debidos, parte de ellos, a que les alquilaba apartamentos, e incluso su piso de LLanes; el resto, a juzgar por sus palabras,  eran donaciones que los empresarios hacían a título personal para realizar acciones solidarias de caridad en países desfavorecidos. Y de hecho, según ella, todo ese dinero se destinaba puntualmente         para colaborar en  la financiación de diversos proyectos de cooperación solidaria en Cuba y en la República Democrática del Congo. La propia María Jesús sabrá hasta que punto es esto verdad, aunque va a tener muy complicado explicar convincentemente que su enorme patrimonio inmobiliario con que cuenta en el oriente de Asturias, fue hecho de manera exclusiva  con su sueldo. Sus vecinos y conocidos naturalmente no se lo creen. Y de hecho la habían puesto un apodo muy significativo que, por si mismo, ya dice mucho: la llamaban “la Roldana”.

Gijón, 28 de febrero de 2011

José Luis Valladares Fernández

viernes, 26 de febrero de 2010

PERSONAS CON BULA ESPECIAL

Es un hecho que hay personas que nacen con estrella y otras muchas, las más numerosas, nacen ya estrelladas y con la obligación de contribuir a que las de la estrella puedan llevar una vida cómoda y placentera. A las personas que han nacido con estrella no les alcanza la maldición de Yahveh Dios, en los albores de la humanidad, por su desobediencia, tal como recoge el Génesis:”maldito sea el suelo por tu causa; con fatiga sacarás de él alimento todos los días de tu vida”. Y “Con el sudor de tu rostro comerás el pan”.
Es un hecho evidente que Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo, secretarios generales de la UGT y CC.OO, han vendido su alma al diablo para convertirse en algo así como asesores áulicos de Zapatero o vicepresidentes en la sombra de un Gobierno que nos lleva directamente a la ruina. Ambos dirigentes sindicales compiten entre sí para ver quien saca mayor tajada del erario público, a base de subvenciones y otras mamandurrias inconfesables. Estas dos centrales sindicales forman claramente un colectivo que se las apaña para ganar el pan, no con el sudor de su frente, como sería lógico, si no con el sudor de los de enfrente. Se trata de un grupo sociológico, con una u otra orientación cultural y política determinada, que se presentan como una casta al estilo hindú. Se consideran salidos de la boca de Brahmā, y, por lo tanto, tienen todo el derecho del mundo a vivir a costa de las castas inferiores, los esclavos y los parias.
Es un hecho palmario que los dirigentes sindicales de la UGT y CC.OO, han sido admitidos al muy bien aprovisionado pesebre estatal por nuestro presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Ellos, a cambio, procuran no hacer mucho ruido y transigir con cualquier ocurrencia que alumbre el jefe del Ejecutivo. Y como han sido sumamente dóciles, olvidándose incluso su función prioritaria, la defensa de los trabajadores, han sido alabados públicamente por Zapatero. Ni Cándido Méndez ni Ignacio Fernández Toxo han tenido el más mínimo gesto de protesta por la brutal destrucción de empleo en España, como consecuencia de la desastrosa política económica de Zapatero. Es mucho el dinero que hay en juego y no quieren correr el riesgo de perderlo.
Para disimular ante los ojos atónitos de los trabajadores, posiblemente en connivencia con Zapatero, realizan una manifestación fantasma el día 23 de febrero, en varias provincias de España. Se trata, según dicen, de una protesta formal contra un supuesto del Gobierno, el llamado “pensionazo” que no pasó de ser más que un simple globo sonda, que Zapatero ya se había encargado de retirar. Que esta manifestación estaba bien vista por el Ejecutivo, lo demuestra el hecho de que algún miembro destacado del PSOE, como Isabel López i Chamosa, prometió asistir a la misma.
Más que de una manifestación formal contra el Gobierno, se trató simplemente de lavar la cara de los responsables sindicales y del propio Gobierno. Los discursos mismos de ambos líderes sindicales lo atestiguan. Los ataques verbales de la traca final, más que contra el propio Gobierno, fueron dirigidos contra la oposición, haciendo blanco de los mismos a Mariano Rajoy, por no “arrimar el hombro” en la lucha contra la crisis. Zapatero no necesitó ayuda para imponer la Ley de memoria Histórica, y sacar adelante la nueva Ley del aborto. Si tuviera voluntad y ganas de solucionar el problema, no necesitaría de la ayuda del Partido Popular para arbitrar las medidas estructurales precisas para salir de esta crisis, cuyo único responsable, a estas alturas, no es nada más que él, aunque con la complicidad evidentemente culpable de UGT y CC. OO.
No es de recibo que estas centrales sindicales, sin el menor escrúpulo, se olviden de las miserias que arrostran los trabajadores con complicaciones para encontrar un empleo, y bailen al son de las subvenciones; y menos en una época de recesión como esta. Hasta es muy posible, si es verdad lo que se cuenta en La Gaceta ese mismo día 23 de febrero, que se echen a la calle, disfrazados de condotieros, para exigir a los trabajadores que suscriban algún Fondo Privado de Pensiones, ya que, de alguna manera, están embarcados en este tipo de negocio.
Aparte de la carga que representa el dinero que estas organizaciones se llevan crudo de las arcas públicas, estas centrales sindicales tienen abiertos también otros comederos tan escandalosos como el proporcionado por Zapatero. Son miles y miles los sindicalistas liberados que, en circunstancias críticas como estas, sangran sin piedad a sus empresas. Y si, para mantenerse, la empresa necesita reducir costos y se ve obligada a aplicar algún Expediente de Regulación de Empleo, no son los liberados los primeros en irse a la calle. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Los primeros en coger el petate serían los otros, los que siempre han estado dando el callo, tratando de mantener la productividad de la empresa. Y lo que es más escandaloso, los sindicatos cobrarían además por negociar o pactar las condiciones del ERE. ¡Que no me digan que esto no es vivir del cuento!

Gijón, 25 de febrero de 2010

José Luis Valladares Fernández