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sábado, 5 de enero de 2019

LAS ANDANZAS DEL PSOE


X.-La obsesión freudiana de Pedro Sánchez



1ª . Parte

Allá por el año 629 de nuestra era, un monje budista chino, llamado Xuanzang, abandona Luoyang y marcha en peregrinaje a la India. Entre otros lugares sumamente interesantes, estuvo en la ciudad de Bamiyán, donde se entremezclan elementos de arte griego, el persa y budista, dando origen a una modalidad artística que conocemos colmo arte greco-budista.

En sus correrías por la famosa Ruta de la Seda, Xuanzang visitó a los monjes de los monasterios theravāda, que vivían austeramente en cuevas talladas en los mismos acantilados de la ciudad  y pudo admirar las dos estatuas de Budas gigantes, esculpidas en la roca por los propios monjes para embellecer sus celdas. La altura de estas estatuas, una alcanzaba los 55 metros y la otra 37. Y tal como reflejó Xuanzang en su crónica, ambos Budas estaban “decorados  con oro y finas joyas”. Y estas estatuas,  de un valor histórico incalculable por su evidente antigüedad, fueron reconocidas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

Aunque los musulmanes siempre han sido iconoclastas e intransigentes con las imágenes budistas, el patrimonio artístico de Bamiyán, siempre había sido escrupulosamente respetado. Pero en el año 2001, los talibanes rompen con esa tradición y deciden poner fin a casi 1.500 años de historia, demoliendo con explosivos las dos estatuas de Buda, que adornaban el milenario monasterio budista de esa ciudad afgana.

Se trata, cómo no, de un acto extremadamente violento, condenado expresamente hasta por la misma Organización de la Conferencia Islámica, que sentó un peligroso antecedente para el mundo musulmán más fundamentalista y que ha sido copiado, en más de una ocasión, por otros combatientes del Estado Islámico. La voladura de los Budas gigantes ha sido también un mal ejemplo para nuestros fundamentalistas particulares, que intentan  aniquilar hasta el más mínimo vestigio dejado por Franco en nuestra historia reciente.

Los yihadistas culturales, que soportamos, querrían ir mucho más lejos, pero han tenido que conformarse con simples amenazas. Los muyahidines, que militan en formaciones políticas tan mesiánicas y ultraizquierdistas como Podemos, estarían completamente dispuestos a dinamitar el portentoso conjunto monumental del Valle de los Caídos, construido  por Franco en el valle de Cuelgamuros. Tampoco se quedarían atrás los talibanes patrios que, desde puestos clave del PSOE, harán todo lo posible para minimizar al máximo la obra de quien sacó definitivamente a los españoles de su pernicioso ostracismo tradicional.

jueves, 8 de diciembre de 2011

QUIEREN REESCRIBIR LA HISTORIA

Es innegable que José Luis Rodríguez Zapatero, durante su etapa como presidente del Gobierno, cometió varios errores garrafales, no se si por impericia e ineptitud o plenamente consciente de lo que estaba haciendo. Uno de esos errores es tratar de deshacer con la disparatada ley de Memoria Histórica lo que, con gran acierto, hicieron o trataron de hacer los que prepararon la transición. A la muerte de Franco, las fuerzas políticas de entonces se ponen de acuerdo y, con buen criterio, deciden dar carpetazo a todo un pasado conflictivo, enterrando esas dos Españas para  mirar juntos y unidos al futuro.

La transición española a la democracia, a pesar de su enorme complejidad,  fue muy efectiva al permitirnos recuperar buena parte del tiempo perdido. Sin apenas traumas, pasamos pacíficamente de una dictadura a una democracia plena. Dejamos a un lado nuestro aislamiento tradicional y nos incorporamos plenamente a Europa y hasta comenzamos a ser tenidos en cuenta en el concierto internacional. Es cierto que, para lograr esa transición ejemplar, todos tuvieron que renunciar generosamente a alguna de sus exigencias, logrando así  una amnistía política sin exclusiones, la legalización de todos los partidos políticos y la celebración, por fin, de unas elecciones libres. Una mayoría amplia de españoles aprobó también nuestra Constitución.

Aquel acuerdo trascendental entre las diferentes fuerzas políticas hizo posible que España fuera plenamente homologable a los países de nuestro entorno y que indistintamente se pudieran constituir gobiernos formados por centristas, socialistas o conservadores. Es cierto que nuestra democracia, como la de los demás países, tiene sus luces y sus sombreas, pero es innegable que se ha pasado de gobiernos de derechas a otros de izquierda y viceversa sin ningún problema. Con independencia de su color político, solamente se les ha exigido tener votos suficientes para configurar una mayoría capaz de gobernar.

Pero llegó José Luis Rodríguez Zapatero, y dando rienda suelta a sus caprichos y desvaríos personales, pone en marcha su ley de Memoria Histórica, abriendo así nuevamente  las viejas heridas, que creíamos ya  cicatrizadas. Con su afán de remover tumbas de hace 70 años, ha resucitado otra vez el fantasma de la Guerra Civil y ha vuelto a la clásica división de los ciudadanos en “rojos” y “fachas”, enfrentando a unos contra los otros. Antaño los “fachas” eran los buenos y los “rojos” los malos, ahora es al revés. Ahora son los “rojos”, los vencidos,  los que exigen cuentas a los “fachas”, a los que se alzaron con la victoria de la Guerra Civil española.

A Rodríguez Zapatero le importan muy poco los muertos de la Guerra Civil, sean de un bando o del otro. Los utiliza simplemente para demonizar a los que él considera “fachas”  a los que quiere dejar fuera de las instituciones. Y para eso, nada mejor que la gresca y la división. De ahí que, imitando a la Revolución francesa, utilice como jacobinos a los titiriteros, a los del sindicato de la ceja y a los sindicalistas para preparar todo tipo de algaradas. Tanto Zapatero como sus mesnadas pretorianas quieren hacernos ver que los culpables de todos los males son Franco y los que con él propiciaron la desaparición traumática de la Segunda República. Y esto demuestra o que no saben historia o que tratan descaradamente de alterarla a medida de su conveniencia. Según ellos, fue Franco, con su levantamiento militar, el que enfrentó cruelmente a unos españoles contra otros, dando así lugar a las dos Españas irreconciliables entre sí. Esa trágica división entre las dos Españas se acentuó aún más durante los cuarenta años de dictadura y ha sobrevivido hasta nuestros días porque no se depuraron a su debido tiempo las graves responsabilidades cometidas por el franquismo.

No se puede culpar a Franco del fracaso estrepitoso de la Segunda República. La culpa de su hundimiento definitivo hay que achacársela a los propios dirigentes republicanos por su negativa actitud ante la democracia. La Segunda República ya nació de manera irregular. Se proclamó en el contexto de unas elecciones municipales que, por añadidura, perdieron los republicanos. Y fue la izquierda revolucionaria, la izquierda que no sentía ni el menor respeto por la democracia y las instituciones la que se apropió de la República desde el primer momento.  Por eso, cuando la derecha ganó limpiamente las elecciones en 1934, la izquierda se levantó en armas. Querían ganar por la fuerza lo que les negaban las urnas.

Y en este ambiente de extrema violencia llegan las elecciones de febrero de 1936. Aunque volvieron a ganar los partidos de la derecha, la izquierda revolucionaria agrupada en la coalición del Frente Popular, se valió de la extorsión y la fuerza para adulterar fraudulentamente los resultados del escrutinio. La Comisión de Validez de las Actas Parlamentarias, que presidía Indalecio Prieto, se encargó de los oportunos pucherazos, anulando los resultados de algunas mesas electorales, invalidando numerosas actas, para dar así el triunfo al Frente Popular. Ni siquiera respetaron las formas, constituyendo el Gobierno, sin que se celebrara la segunda vuelta electoral.

Desde el primer momento, la coalición del Frente Popular se adueñó de la calle, para acabar de una vez por todas con las tradiciones de mayor arraigo en el pueblo, como es la fe  y nuestra  cultura milenaria. Y para eso, nada mejor que la violencia, la quema de Iglesias y conventos y hasta el crimen generalizado. Les urgía, además, importar cuanto antes la revolución soviética, de acuerdo con los planes establecidos por Largo Caballero que, por cierto, aspiraba a convertirse en el Lenin español. En consecuencia, la República nacida en 1931 ya no les servía. Había que sustituirla por otra de corte popular y totalitaria, donde se pudiera implantar la Dictadura del Proletariado.

La intolerancia política y el sectarismo alocado de la izquierda republicana acabaron con la seguridad más elemental y, por supuesto, con todo atisbo de libertad. Para el 18 de julio de 1936, la extorsión más abyecta y el crimen generalizado hacían inviable la paz y cualquier tipo de convivencia social. La situación en España llegó a ser tan crítica que el enfrentamiento bélico fue inevitable. Y esa Guerra Civil la ganó quien la gano, no se si por méritos propios o por deméritos de los republicanos. ¿Hubo represión después de finalizada la contienda? Normal. En una guerra fratricida como aquella se genera tal cantidad de odio y animadversión, que es muy difícil que quien se alce con la victoria no quiera exigir cuentas a su enemigo.

Si la victoria hubiera caído del lado del Frente Popular, es muy posible  que la represión hubiera sido mayor y más inhumana ya que, a los motivos estrictamente políticos, habría que añadir la persecución ideológica por cuestiones puramente religiosas y culturales. La prueba es evidente, ya que las únicas personas que, después de tantos años, mantienen vivo cierto grado de prevención contra los del bando opuesto, son los de izquierdas, aunque no hubieran nacido cuando se desató la contienda bélica. Hasta el mismo Franco fue mucho más benévolo que algunos de esa izquierda rancia, ya que a los 30 años de finalizada la guerra, mediante el Decreto-Ley 10/1969 del 31 de marzo, declara prescritos todos los delitos cometidos con anterioridad al 1 de abril de 1939, fecha en que finalizó la guerra.

Más aún: aunque la Fundación del Valle de los Caídos nació inicialmente para albergar los caídos del llamado bando nacional, a partir de 1960 los objetivos fundacionales del monumento se orientaron ya hacia una reconciliación clara y decidida y se dispuso que durmieran allí en paz los muertos de uno y otro bando. En la izquierda sin embargo son más reacios a olvidar y a perdonar, e incluso quieren que la consensuada Ley de Amnistía de 1977 preste cobertura a los desmanes del Frente Popular, pero no a los del franquismo. Recuérdese, por  ejemplo, la querella criminal presentada en 1998 por la Asociación de Familiares y Amigos de las Víctimas del Genocidio de Paracuellos del Jarama contra Santiago Carrillo, el PCE, el PSOE, y el Estado. El juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, la rechazó sin más, amparándose precisamente en dicha Ley de Amnistía. Este mismo magistrado, sin embargo, jaleado ampliamente por buen número de esa progresía contumaz, se olvida de esa amnistía y trata de investigar, a toda costa, los crímenes del franquismo.

Con esta Ley de Memoria Histórica, con la que Zapatero pretendía establecer la legitimidad democrática en 1931, aparece esa fiebre revisionista de nuestra historia pasada, que no ha servido nada más que para abrir viejas y dolorosas heridas. Aunque hace ya 36 años que murió Franco y lleva enterrado desde entonces bajo una gruesa losa, Zapatero lo ha convertido en un cadáver totalmente indigesto y no sabe como deshacerse de él. Le ha faltado muy poco para imitar a Esteban VI,  que tras ser elegido papa, mandó desenterrar a su antecesor el papa  Formoso que llevaba nueve meses muerto, para someterle a juicio en un concilio, convocado a tal efecto, y que pasó a la historia con el nombre  de  “Concilio Cadavérico”.

Es cierto que a Rodríguez Zapatero apenas si le queda un suspiro al frente del Gobierno. Pero no es menos cierto que, su aversión manifiesta a una etapa de nuestra historia, ha encontrado adeptos que se han integrado en distintos foros y que, como  Zapatero, han puesto su principal diana en la monumental obra del Valle de los Caídos. Como buenos alumnos de la LOGSE, además de desconocer nuestra historia, no tienen ni idea del significado de ese monumento y menos del significado real de esa gran cruz que se eleva majestuosamente a los cielos. Para ellos esa cruz es simplemente un “símbolo de muerte y venganza”. De ahí que el Foro por la Memoria de la Comunidad de Madrid y el Foro Social de la Sierra del Guadarrama pidan insistentemente la voladura de la cruz que preside la basílica del Valle de los Caídos, culminando así “un gran acto público nacional de desagravio a las víctimas del franquismo".

Como la Federación Estatal de Foros por la Memoria considera que el conjunto del Valle de los Caídos es, hoy día, “el único parque temático mundial del fascismo”, piden al nuevo Gobierno que, además de desmantelar la gran cruz, se desacralice la basílica, que los monjes que la atienden sean trasladados a otro sitio y que se exhumen los restos del General y de José Antonio. Y dando una vez más muestras de su ignorancia, piden que se investigue la identidad de los allí sepultados y que todo el conjunto, ya sin la cruz, sin Franco y sin José Antonio, se reconvierta en un "memorial dedicado a las víctimas del fascismo y a los presos políticos que lo construyeron como trabajadores forzados". Esta sería, según ellos, una “solución justa” para el Valle de los Caídos.

Gijón, 7 de diciembre de 2011

José Luis Valladares Fernández

domingo, 4 de diciembre de 2011

IRRESPONSABLE HASTA EL FINAL

Parece ser que este Gobierno aún no se ha enterado de que ha llegado al final de su mandato y, aunque está en funciones, se comporta como si tuviera toda una legislatura por delante. Cuatro días después de las elecciones generales que han sentenciado su salida definitiva del Gobierno, da muestras una vez más de su falta de dignidad y se embarca en una nueva distribución de dinero público, esta vez para la Memoria Histórica. En realidad es lo que ha hecho profusamente  desde que José Luis Rodríguez Zapatero llegó a La Moncloa: repartir dinero a espuertas, y sin el menor pudor, entre las más insospechadas ONGs y Fundaciones de todo tipo, casi siempre, eso sí,  afines al partido socialista.

Y si es un auténtico disparate repartir dinero público a manos llenas en circunstancias normales, resulta tremendamente obsceno hacerlo cuando la crisis económica nos golpea de manera tan despiadada y nos coloca al borde de la quiebra nacional. Pero esto a Zapatero no le dice nada. Antes que dejar a sus amigos sin ese millonario maná, prefiere hipotecar, por otros muchos años, el futuro de todos los españoles, como en su día prefirió entrar a saco en las pensiones de los jubilados y en el salario de los trabajadores públicos. Y da a entender que seguirá con estas adjudicaciones importantes, de un dinero que  no tenemos, hasta el mismo día de la investidura del nuevo presidente del Gobierno.

Como si no fuese con él, Rodríguez Zapatero  lleva ya  dos legislaturas, que parecen eternas, saqueando impunemente las arcas públicas, para dar pábulo a su trasnochada idea de España. Y ese dinero,  que proviene de los impuestos de todos nosotros, lo utiliza sin el menor reparo, entre otras cosas,  para dividir a los españoles con su desdichada Memoria Histórica, para comprar la paz a los sindicatos, para la entelequia de la Alianza de Civilizaciones o para promocionar los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres del mundo subdesarrollado, que es tanto como exportar a otros países la cultura del aborto.

En este caso concreto, Zapatero prescinde de toda decencia moral y política, y a pesar de haber cesado ya oficialmente y estar su Gobierno en funciones, utiliza el Boletín Oficial del Estado del 25 de noviembre, para regalar 5.630.524,09 euros a varias asociaciones que están ocupadas en sacar adelante  distintos proyectos relacionados con las víctimas de la Guerra Civil y el Franquismo. Se trata de un último y desleal esfuerzo para ahondar aún más la división de los españoles con la  Memoria Histórica y desprestigiar lo más posible el espíritu  de la transición. Hasta ahora y desde que en 2008 se concedieran las primeras subvenciones, el Gobierno ha destinado la nada despreciable cifra de 25.100.000 de euros a proyectos relacionados directamente con la Memoria Histórica.

Lo más llamativo de esta adjudicación es que se produce 24 horas después de que en el Boletín Oficial del Estado apareciese el cese del presidente del Gobierno y de todos sus ministros y cuatro días después de las elecciones generales que determinaron el descalabro del partido socialista. Y por si esto fuera poco, los proyectos subvencionados se ejecutarán a lo largo de 1912, por lo tanto bajo la Presidencia de Mariano Rajoy. Es en el Boletín Oficial del Estado del 25 de noviembre, donde aparece la resolución definitiva, dictada por el Ministerio de la Presidencia, sobre las subvenciones correspondientes al año 2011. En dicho Boletín, como es lógico, aparecen también los beneficiarios, los proyectos subvencionados y las cantidades concedidas a cada uno de ellos.

Como ha venido sucediendo desde que José Luis Rodríguez Zapatero abrió la espita de las subvenciones, con esta última entrega del Gobierno en funciones, se ha beneficiado principalmente a entidades vinculadas a la izquierda, como es el propio Partido Socialista, el Partido Comunista y varias ONGs y Fundaciones afines. Y como no podía ser menos, también están entre los agraciados los sindicatos de UGT, CC.OO y la CGT. Es más, se ha creado alguna que otra ONG y alguna fundación “ad hoc” para recibir las ayudas concedidas a las actividades destinadas a la exhumación y  dignificación de fosas que guarden alguna relación con la Guerra Civil y el franquismo. Esta vez se premia también la recopilación de documentos referidos al mismo tema.

Antes de abandonar definitivamente La Moncloa, José Luis Rodríguez Zapatero ha querido rubricar un  último servicio a su ley fetiche de la recuperación de la Memoria Histórica, con la adjudicación de estas subvenciones. La cantidad más importante de dinero de esta convocatoria, 100.000 euros, se los lleva el proyecto 267.1, presentado por la Asociación contra el Silencio y el Olvido. Se trata de construir un panteón para depositar en él, los restos exhumados en el antiguo cementerio de San Rafael de Málaga. La Fundación Largo Caballero se lleva 28.800 euros para el estudio de varios testimonios orales.

Otras dos fundaciones, la Fundación Pablo Iglesias y la Fundación Ideas para el Progreso que dirige el ínclito Jesús Caldera, recibieron 40.000 euros cada una, para identificar y recuperar la memoria de los órganos de dirección de las organizaciones socialistas entre los años 1939 a 1955. No se quedó corto Rodríguez Zapatero a la hora de gratificar a organizaciones leonesas afines, como son, entre otras, la Fundación Cultural Miguel Hernández a la que concede 27.000 euros,  la Asociación Manuel Azaña, que se alza con 29.200 euros y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de León, que se embolsa 59.754,91 euros, por “diversos trabajos de investigación y exhumación de tres fosas comunes en la provincia de León.

También la Universidad de León es premiada con 55.388,50 euros para realizar un estudio sobre  la represión y la clandestinidad en el noroeste de la península Ibérica entre 1945 y 1953 y para confeccionar un mapa digital de la represión franquista. Como no podía ser menos, también los sindicatos de clase han tenido parte importante a la hora de repartir este pastel. CC.OO se embolsa  la nada despreciable suma de 80.998,67 euros por tres proyectos relacionados con los represaliados del franquismo. La UGT se hace con 43.964,70 euros para estudiar las penurias padecidas por el magisterio español en la Guerra Civil y para recuperar las publicaciones periódicas de FMCA-UGT. También la CGT se llevó un pellizco de 49.950 euros por dos proyectos relacionados con la Memoria Histórica. Y así hasta completar los 5.630.524,09 euros, que es la cifra concedida in extremis por el Gobierno en funciones de Zapatero.

Es tremendamente absurdo, a estas alturas de la película, tratar de desenterrar otra vez las dos Españas felizmente enterradas con la transición. Sería tanto como volver a instaurar el odio que, en la década de los años 30 del siglo pasado, dividió irreconciliablemente a los españoles y que desembocó en nuestra trágica  y fratricida Guerra Civil. Ahora necesitamos más que nunca estar unidos para salir de esta colosal crisis económica que nos mantiene al borde del precipicio. Hace falta estar mentalmente enfermo para ocuparse preferentemente de los muertos, dejando en un segundo plano los acuciantes problemas que afectan a los vivos, como es el caso del paro con  más de cinco millones de parados y más de un 50% de jóvenes que no ven manera de acceder al mundo del trabajo, además de la deuda soberana y el elevado déficit que hipotecan nuestro futuro económico inmediato.

Solamente el odio, el sectarismo, y la animadversión ideológica más absurda, ruin y mezquina, pueden hacer que el presidente del Gobierno tenga entre sus prioridades la supuesta recuperación de la memoria de una parte de los muertos de la Guerra Civil y, sobre todo,  sacar a Franco del complejo del Valle de los Caídos. Como no es posible dinamitar semejante obra sin que se produzca un gran escándalo a nivel internacional, puso todo su afán en quitar de allí al anterior jefe de Estado y transformar la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos en una especie mastaba o, como mucho en una simple capilla u oratorio laico. Y para que este lugar, una vez secularizado, no resulte demasiado frio y desangelado, colocaría allí algún busto de Pablo Iglesias, de Francisco Largo Caballero o de algún otro santón del martirologio socialista.

Gijón, 2 de diciembre de 2011

José Luis Valladares Fernández