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martes, 2 de marzo de 2010

ZAPATERO ANTE EL ESPEJO

El novelista ruso Dostoievski, allá por el año 1870, y en su novela los Demonios, da vida a un personaje sumamente interesante, llamado Verjovenskii. Dostoievski analiza el perfil psicológico del protagonista de esta obra literaria con todo detalle. Se trata de una persona muy polémica, carente de interioridad, y con un yo totalmente disgregado y caótico que tiene algo de demonio rebelde y, a la vez, algo de ángel redentor.
Casi siglo y medio después, aparece en escena José Luis Rodríguez Zapatero, que parece el alma gemela de Verjovenskii. Son muchas cosas las que tienen en común ambos personajes. Verjovenskii, según la descripción de Dostoievski, es todo un arribista político, que se apoya en las masas y que no renuncia a utilizar el hambre, la miseria y el dolor de los desarrapados para conseguir sus objetivos, a veces no muy limpios, y que hecha mano hasta de la subversión si de ella saca algún beneficio inmediato. Son esas muchedumbres, carentes de lo más elemental, las que le dan fuerza y le animan a actuar como un ser superior y fanático.
Desde que Zapatero llegó a la Moncloa actúa y obra aquí en España como Verjovenskii en la Rusia zarista y prerrevolucionaria. Como el revolucionario de la novela, Zapatero se constituye en el portavoz de los pobres a quienes dice defender y en el azote de los ricos, ante los que se arruga. Pero como Verjovenskii, más que ayudar a las muchedumbres necesitadas, las utiliza, se sirve de ellas miserablemente para reforzar su liderato tambaleante. A la vista está que, con Zapatero, el pobre es cada vez más pobre y el número de los necesitados aumenta progresivamente. Ya hay en España más de 8 millones de personas viviendo por debajo del umbral de la pobreza.
Con frecuencia, se sirve cínicamente de los más necesitados. No duda en acudir a la mentira y en usar con fruición cualquier tipo de trapacería para convertir a estas masas de manera interesada en la voz de su amo. Pero cuando hay en juego algún interés a la vista, ni la propia evidencia le detiene. Para lograr sus fines, les llena de atractivas promesas que no cumple nunca y ofrece repartir con ellos, de una u otra manera, parte de lo acumulado despiadadamente por los ricos y los especuladores.
Y al igual que las muchedumbres descalzas y rotas apoyaban ciegamente a Verjovenskii, los españoles pobres, los que se ven cada vez más necesitados, cierran filas de manera patética e incomprensible alrededor de Zapatero, a pesar de que salen siempre defraudados. Y cuando interesa, que es casi siempre, la mentira y el engaño forman parte del operativo de este personaje incoherente que nos gobierna y que cada vez nos hunde más en el desastre económico. Ahí están las últimas elecciones generales de 2008, donde Zapatero ocultó interesadamente nuestra situación económica, mintiendo con el descaro más reprobable, afirmando una y otra vez que vivíamos en una especie de Arcadia feliz, como ningún otro país europeo. Lo nuestro era la “Champions League” de la economía.
En el discurso de Zapatero aparecen frecuentemente los términos de “bienestar social” y “gasto social”. Son términos que, evidentemente, ha puesto en circulación el socialismo. Y Zapatero los utiliza profusamente en beneficio propio. Pero la historia es terca por demás y nos demuestra que, con el socialismo en el poder, el “bienestar social” decrece y se deteriora y el “gasto social” su trueca en una exigua limosna o en un mero acto de beneficencia. Y con Zapatero, dada su manera voluntarista de actuar y el populismo exagerado que utiliza, esa tendencia se acentúa considerablemente. Tienen que venir los denostados Gobiernos de derecha, o de centroderecha, para que aumente y se refuerce el “bienestar social”. En cuanto al “gasto social”, manteniendo las asignaciones puramente asistenciales, e incluso mejorándolas, sustituirán las limosnas por puestos de trabajo, lo que permitirá a muchas más personas vivir holgadamente, sin las estrecheces a que les obliga una simple ayuda social.
Como Verjovenskii, Zapatero tiene una personalidad muy difusa, desestructurada psicológicamente por el comportamiento interno de su yo, que unas veces se comporta como un yo empírico y otras como un yo público o político. Esto provoca esa incoherencia típica de Zapatero que le inhabilita para elegir adecuadamente los momentos oportunos para actuar y, más aún, para adoptar las medidas precisas para salvar las situaciones de riesgo que se presenten. También él, como el protagonista de los Demonios, sobrevalora su imagen de líder y de conductor de masas, lo que le impide adoptar medidas impopulares, aunque sean sumamente necesarias. De ahí que, a pesar de la recesión que padecemos, agravada por su propia inoperancia, no adoptara, ni a tiempo ni a destiempo, ninguna de las medidas estructurales que se necesitaban y que han llevado a otros países a iniciar su recuperación.
Para este tipo de medidas malmiradas busca compartir responsabilidades con jefes de otros partidos, en caso de lograr un pacto con ellos. Si no se llega a ese pacto, Zapatero no hará nada y continuaremos hundiéndonos cada vez más en el pozo de la recesión, pero entonces, los culpables serán los otros por no haber “arrimado el hombro”. Con este proceder, demuestra un elevado grado de cobardía, ya que cuenta con los apoyos precisos para tomar cualquier tipo de decisión. Lo demostró con las nefastas leyes del aborto y de la memoria histórica. Además, él es el responsable del Gobierno. Que se deje de disculpas y que reconozca abiertamente que carece de la valentía que demostró José María Aznar en 1996, con un Gobierno más minoritario que el que tiene hoy Zapatero.

Gijón, 1 de Marzo de 2010

José Luis Valladares Fernández

jueves, 29 de octubre de 2009

¿ALGUIEN ESPERABA OTRA COSA DE LOS SOCIALISTAS?

Seguro que hay muchas personas que esperaban algo muy distinto del paso del PSOE por el Gobierno de España. De lo contrario, no le hubieran dado su voto en la cita electoral correspondiente. A estos les sugiero que recuerden la frase que, según nos dice Dante al principio de Canto III de la Divina Comedia, está escrita a la entrada al infierno: "Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate (Dejad, los que aquí entráis, toda esperanza)”.
Es cierto que la esperanza, como dice un dicho popular, es lo último que se pierde. Quizás por que somos demasiado ingenuos y aún creemos en los Reyes Magos. Es hora de que, los que aún siguen esperando algo del socialismo, abran los ojos y se enfrenten a la cruda realidad del infierno económico a donde nos ha llevado, sin barca de Caronte de por medio, José Luis Rodríguez Zapatero y su inoperante Gobierno. Quienes sigan esperando algo positivo del equipo actual que nos gobierna, terminaran dando la razón a Nietzsche cuando decía que “la esperanza es el peor de los males de los humanos, pues prolonga el tormento del hombre”.
Las razones que incapacitan al socialismo real para gestionar adecuadamente la marcha económica de un país, son evidentes. Y mucho más en el socialismo español que, bajo la batuta de Zapatero, se ha esforzado por recuperar ese sectarismo rancio y trasnochado que, en otro tiempo, utilizaban K. Marx y F. Engels, para adoctrinar a sus seguidores.
El socialismo militante es doctrinario por naturaleza, lo que le lleva al despropósito de querer controlar cualquier clase de iniciativa, planificando absurdamente cualquier tipo de actuación individual o colectiva de los ciudadanos. De esta manera lastran, hasta límites insospechados, la productividad que podía esperarse de las empresas y la voluntariedad de los individuos para luchar por la rentabilidad de las mismas. Lo suyo es husmear en lo que es privativo de los ciudadanos y de las sociedades, para organizar todos sus actos, condicionando así hasta el más mínimo de sus actos. Y todo, en nombre de un igualitarismo ficticio e inadmisible.
A este afán obsesivo por regular todo tipo de actividad económica o industrial, debemos unir su desmedida afición a establecer elevados impuestos, que llaman progresivos, pero que tienen un tufo recaudatorio indisimulable. La elevación excesiva de los impuestos influye negativamente en el consumo y en la actividad económica. Y al disminuir el consumo y la actividad económica, disminuyen los ingresos que, vía impuestos, recauda el Estado. Como el Gobierno, por su descontrol en los gastos, necesita cada vez más dinero, tiene que acudir a una carga impositiva, metiéndose de lleno en un círculo vicioso que irá ampliando las bolsas de pobreza en España.
El socialismo español no ve, o no quiere ver, que los gobiernos de los países que comienzan a abandonar el lóbrego túnel de la crisis, optaron inteligentemente por reducir la presión fiscal. Exactamente lo contrario de lo que ha hecho nuestro Gobierno. Su tozudez les lleva a ampliar la presión recaudatoria para, según dicen ellos, mantener el gasto social. El resultado es inmediato: la subida de impuestos se traduce inevitablemente en una disminución del consumo y, por lo tanto, en una menor productividad de las empresas. Lo que crece de esta manera, de un modo progresivo, es el paro, y con el paro aumenta el número de los que necesitan de esas insuficientes limosnas oficiales. Y es evidente que los impuestos en España son demasiado elevados. Concretamente el gravamen sobre las rentas del capital está entre los más altos de la Unión Europea.
Nuestros gobernantes socialistas sabrán por qué desoyen el proverbio chino y prefieren dar algún que otro pez a los que tienen hambre y renuncian a enseñarles a pescar. No se trata de un acto altruista con los que necesitan de la ayuda pública para subsistir. Quizás busquen con estas limosnas, como ocurre en Andalucía, mantener y acrecentar el número de votos cautivos de todas estas personas que se ven obligadas a echar mano de la beneficencia pública para subsistir.
A la vocación intervencionista de los socialistas y su querencia por los impuestos abusivos, hay que añadir su gusto innato por los despilfarros del dinero público. Tan pronto llegan al poder, los gastos se desmandan de manera obscena y acuden sin pudor a la generación de deuda pública para gastar lo que no se tiene y empobrecer, aún más, a la sociedad española. Con este comportamiento, llama la atención que los socialistas se vanaglorien de que su sistema político, según dicen ellos, sea la vía más segura para mejorar la situación de los pueblos.
Han popularizado el término de ‘sostenibilidad’, aunque lo refieren a conceptos erróneos: ‘sostenibilidad de la economía’, ‘sostenibilidad de la creación de puestos de trabajo’. Lo único que aquí es ‘sostenible’, dada su aberrante manera de actuar, es la miseria y la pobreza de un número, cada vez más elevado, de ciudadanos españoles.
Y es precisamente Manuel Chaves el que, de manera desvergonzada, nos quiere hacer creer que son ellos los que tienen la receta definitiva para poner fin a la crisis y al paro. Él, que en su anterior etapa como ministro de trabajo con Felipe González, veía crecer las listas del paro a una velocidad de vértigo. Y que, en sus largos años al frente del Gobierno andaluz, multiplicó sin medida la indigencia y la pobreza de esa Comunidad.
El sábado pasado, en la clausura de la primera convención socialista de la Comunidad de Madrid, afirmó sin complejos que solamente abandonaremos la crisis aplicando la estrategia económica que tiene el PSOE. “Nosotros -dice Chaves- somos los que vamos a acabar con la crisis”. Y recalca que esto no lo puede hacer el PP, ya que tiene “una política mezquina, sectaria, de cortos vuelos, sin credibilidad. Ya no se acuerda de que, en 1996, fue preciso que llegara Aznar para sacarnos del enorme socavón en que nos había metido el Gobierno, al que él mismo pertenecía.
Mientras este Gobierno no tome otras medidas más serias, lejos de sacarnos de la crisis, nos hundirán cada vez más en ella. Las medidas estructurales, que aumenten nuestra productividad y nos hagan más competitivos, brillan por su ausencia. A esto hay que añadir el desmesurado gasto público que complica aún más las cosas. Hasta el pasado mes de septiembre, en términos de Contabilidad Nacional, el déficit del Estado alcanzó la alucinante cifra de 62.780 millones de euros, frente al déficit de 13.507 millones de euros, en el mismo período del año anterior. El déficit, prácticamente, se ha multiplicado por cinco en un solo año.
La economía española es una de las más endeudadas del mundo. Y todo el dinero que se recaude es poco para hacer frente a los intereses generados por ésta deuda. Así las cosas, es normal que el Estado se vea obligado a pagar con nueva deuda, los intereses de la deuda anterior. También son muchas las familias – cada vez más- que carecen de capacidad económica para hacer frente a cualquier gasto imprevisto. A estas alturas de la legislatura, hay ya 1,1 millones de hogares con todos sus miembros en el paro. La única perspectiva que les queda a todas estas personas es la indigencia y la más absoluta de las miserias.
No es de recibo que, en situación económica tan dramática, nos venga Zapatero con la cantinela de que debemos ser solidarios con quienes más sufren los efectos de la crisis. Se ha llegado a esta situación límite por la inepcia de un presidente del Gobierno que, además de estar lleno de complejos, no sabe por donde anda. Incluso ha llegado a la aberración de obligar a los trabajadores y a las clases medias a sufragar, con sus ahorros, cosas tan absurdas como el fondo que se creó pata ayudar a los bancos.
Si ésta es nuestra situación actual, ¡Dios nos coja confesados, cuando comiencen a tener vigencia los nuevos Presupuestos! Zapatero se ha puesto la utopía por montera y nos quiere en los años difíciles de la II República, pero más pobres que entonces.

Gijón, 27 de octubre de 2009

José Luis Valladares Fernández

lunes, 23 de febrero de 2009

POBREZA Y DESAMPARO A LA VISTA



Es evidente la afición de José Luís Rodríguez Zapatero por los mítines, en los que ofrece siempre mejoras sociales y económicas, que no llegan nunca. Ni que fuera la bruja Lola, pronosticando nuestro inmejorable futuro económico y político. Pero, al igual que dicha bruja, no acierta ni por casualidad.
Ahora prevé un cambio de tendencia importante en la destrucción de empleo para el mes de marzo o, como mucho, para el segundo semestre del año. Esa reactivación positiva del empleo, vendrá dada, según él, por la operatividad del dinero puesto en manos de los Bancos y de los Ayuntamientos. Si Zapatero espera que se cumpla este pronóstico, es que confunde la ilusión con la cruda realidad. Y en tal caso, estaría incapacitado para ver el alcance del grave problema económico que nos aqueja. Pues ese dinero, dado de esa manera y sin control alguno, únicamente servirá para aumentar nuestra ya muy abultada deuda pública.
Zapatero y su gobierno debieran medir mejor las consecuencias de sus decisiones, pues corremos el riesgo de caer en una preocupante depresión económica. Es evidente que, por falta de demanda, a la recesión que padecemos, se está uniendo una caída generalizada del nivel de precios de bienes y servicios. Y no hay peor mezcla explosiva, para dinamitar puestos de trabajo, que la conjunción de recesión y deflación. Y más si, como parece, no hay manera de ajustar la oferta a la baja, al mismo ritmo que cae la demanda.
Todo indica que Zapatero no tiene ni idea del problema que nos aqueja. No sabe por qué crecíamos cuando crecíamos, ni ahora sabe por qué nos estamos hundiendo en esta crisis sin parangón. No ha sabido medir las consecuencias de nuestro alto nivel de endeudamiento y de nuestra abultada dependencia de la financiación exterior. Añadamos, además, el elevado peso que el sector inmobiliario tiene en nuestra economía.
Nuestro principal problema tiene su origen en nuestro crecimiento económico, que, visto estructuralmente, es prácticamente tercermundista. No hemos sido capaces de adaptarnos a la globalización, lo que nos ha llevado a perder un 15% de cuota de mercado en el comercio mundial. Nuestro crecimiento pasado fue posible gracias al alto consumo interno, motivado por el incremento masivo de la población inmigrante y por el turismo.
El consumo interno, sin control, produjo un endeudamiento masivo de las familias. Endeudamiento que afectó también a las empresas y a las entidades financieras. Por si esto fuera poco, nuestro déficit exterior está, incluso, por encima del 11% del PIB. Esto es, producimos, como mínimo, un 11% menos de lo que realmente consumimos. Y no debemos olvidar que casi un 50% de la población ocupada es, desgraciadamente, mileurista.
Y en el horizonte, no hay nada que nos lleve a mirar el futuro con optimismo. Son muchos los organismos independientes, nacionales e internacionales, que nos auguran aún peores perspectivas económicas para el año 2009. Según ellos, España será uno de los países desarrollados que más acuse la crisis en dicho año. La Fundación de Cajas de Ahorros calcula un descenso del PIB, al igual que el Gobierno, en torno al 1,6%. Es el pronóstico más favorable. La UE, desde Bruselas, indica que esa caída llegará inevitablemente al 2% del PIB. El Deutsche Bank eleva esta caída hasta el 2,6%.
Si a todo esto añadimos la situación actual del consumo privado y la caída en picado del turismo, la destrucción de puestos de trabajo continuará aumentando escandalosamente. Así lo interpreta también M. Á. Fernández Ordóñez, cuando dice que “Los consumidores no consumen, los empresarios no contratan, los inversores no invierten y los bancos no prestan”.
Tenemos el triste privilegio de encabezar las estadísticas del paro, con un 14,4% frente al 7,8% de media de la UE. Y si miramos a los menores de 25 años, el resultado es aún más escandaloso: mientras que en la Comunidad Europea nos encontramos con una media de 16,4% de paro, en España llegamos al 29,4%. Y esto teniendo en cuenta solamente nuestras cifras oficiales de paro, que son completamente falsas. Habría que incluir a las personas del “efecto Caldera” (DENOS), y a todos aquellos que están parados y no figuran en las listas del INEM.
En 2008 ya superamos ampliamente la barrera del 3% de déficit, violando el Pacto de Estabilidad acordado en Maastricht. Esto ya supuso que el organismo Standard & Poors cuestionara nuestra solvencia primero y nos rebajara después en un punto la calificación máxima. Esto restringe la Inversión extranjera en España y encarece el poco dinero que llegue.
Y lo peor aún está por venir. La mayoría de los analistas internacionales están de acuerdo con el Deutsche Bank que augura para 2009, que nuestro déficit público cerrará el año por encima del 4,7% del PIB, cifra que Bruselas eleva hasta el 6,2%. Solbes cuestiona esta posibilidad y, adoptando un aire de funcionario de Pompas Fúnebres como es su costumbre, confiesa que, como mucho, puede llegar ese déficit a un 5,8%.
Para remediar estos males, Zapatero pone en marcha el plan “E”. Se trata de unas cuantas medidas enlatadas, ya expuestas en planes anteriores. Medidas, por otra parte, típicamente socialistas: una fuerte expansión del gasto público y un incremento brutal de la presión fiscal. El déficit creciente de nuestras Administraciones Públicas y los avales al sistema financiero, cortan de raíz todo margen de maniobra ante contingencias futuras. Nada que hacer si, como dicen algunos, la deuda pública supera el 43 % para el conjunto de nuestras administraciones públicas.
Dadas estas circunstancias, necesitamos más que nunca una política de cohesión decidida, y una auténtica solidaridad interregional. La insolidaridad autonómica y el aumento del gasto público, agravará notablemente el problema. Si todo sigue igual, según Bruselas, terminaremos el año con un 16,1% de paro. Y en 2010 rozaremos el 19%.
Es más: hasta pueden quebrar, en un futuro muy próximo, la Seguridad Social y nuestro sistema de pensiones. Hay ya estimaciones autorizadas que prevén la quiebra para el año 2014. Este va a ser el gran legado que recibirán los jubilados de Zapatero, que, al igual que los trabajadores que pierdan su empleo, están abocados a vivir entre la pobreza y el desamparo.

José Luís Valladares Fernández