V.-
El golpista Sánchez reedita el Frente Popular de 1936
A Pedro Sánchez, ya se sabe, le pierde su desmedida ambición de
poder, y su inflada autoestima sobrepasa con mucho a su inteligencia real y,
por supuesto, a su experiencia política. Y no soporta en absoluto que se dilate
tanto su cargo como jefe en funciones de un Ejecutivo español que, muy a su
pesar, sigue siendo transitorio y meramente provisional. Y busca
desesperadamente adelantar lo más posible la celebración del pleno de
investidura para convertirse, sin más, en
presidente del Gobierno de España.
Hay que reconocer que el problemático presidente del Gobierno en
funciones no salió muy bien parado en las Elecciones Generales del pasado 10 de
noviembre. Aunque pensaba barrer, tuvo que conformarse con un resultado
ligeramente peor que el obtenido en los comicios anteriores del 28 de abril. Y
tuvo miedo a que alguno de los barones díscolos de su partido, que critican
abiertamente su gestión, se uniera a los distintos grupos constitucionalistas,
con la malsana intención de apartarlo del poder.
Para ahogar semejante posibilidad, el irresponsable Pedro
Sánchez intenta adelantarse a los posibles descontentos y, para no darles
tiempo a reaccionar, concierta un Gobierno de coalición con el líder de Unidas
Podemos, Pablo Iglesias, casi al mismo tiempo que se conocía el resultado
electoral del 10 de noviembre. Con ese imprevisto pacto de Gobierno, realizado
prácticamente a traición, ofrecía a los suyos un Gobierno típico de izquierdas,
dispuesto a aplicar políticas progresistas.
Todo un aprendiz de brujo, que está llevando nuevamente a España
hacia el precipicio y hacia la miseria. Y una de dos: o se comporta así, porque
le ciega la ambición de poder y busca la manera de eternizarse en La Moncloa, y
entonces estamos ante un malvado irrecuperable; o porque es un inepto total,
que dispone de muy pocas luces. Yo más bien creo que es por ambas cosas a la
vez, por maldad y por ineptitud, lo que indica que estamos ante un personaje
imprevisible y doblemente peligroso.
Cada vez son más los socialistas con solera que critican
claramente las salidas de tono de su líder, pero como les falta coraje y
bizarría, no se atreven a discrepar. El insaciable Sánchez cuenta, por lo
tanto, con el beneplácito de su propio partido. Y como Pablo Iglesias se
desvive por formar parte del Gobierno, también cuenta, ¡faltaría más!, con el
asentimiento de Podemos y de alguna que otra
formación política residual, que abomina de la legalidad española. Pero,
si quiere conseguir la investidura como presidente, necesita algo más. Necesita
someterse al chantaje permanente del
secesionismo catalán.




