viernes, 12 de noviembre de 2010

ILUSIONES FALLIDAS DEL GOBIERNO

Con la última Encuesta de Población Activa (EPA), correspondiente al tercer trimestre del año actual, nuestro Gobierno ha salido a la palestra lleno de optimismo, y trata de ofrecernos una visión demasiado triunfalista del panorama laboral español y, cómo no, de la marcha de nuestra economía. Deseosos de ofrecer algún dato positivo, prescindieron del análisis que exige toda encuesta y se lanzaron a proclamar, sin más, una disminución importante del paro durante este tercer trimestre. Obvian, eso sí, la influencia estacional en las contrataciones, y aceptan sin más los datos reflejados por la EPA.
Según esos datos, el incremento de la ocupación durante el tercer trimestre de 2010 sería de 92.900 personas. La tasa de paro, según estos datos, descendería tres décimas, situándose en el 19,79%. Los responsables del ministerio de Trabajo silencian interesadamente el balance entre los nuevos puestos de trabajo con contrato temporal y el cese de los que disponían de un contrato indefinido. Los nuevos asalariados con contrato temporal suman 127.800 y la inmensa mayoría de los mismos pertenecen al sector servicios. En cambio los que causaron baja, a pesar de que su contrato era indefinido, hacen un total de 34.900 trabajadores. No creo que estos datos sean tan halagüeños, como quieren hacernos ver, ya que la mayoría de los que encontraron trabajo en el sector servicios van a la calle al finalizar el verano.
Hay algo más, sumamente negativo. El Gobierno silencia de manera intencionada que, de los 92.900 nuevos puestos de trabajo creados, 90.300 corresponden a contratos públicos. Y todos conocemos la inflación de empleados que sufre nuestra administración y el enorme coste que esto supone. Si eliminamos el factor estacional, al finalizar el tercer trimestre tendríamos un 20,8% de paro. Por lo tanto las expectativas, a corto y a medio plazo, no son tan halagüeñas como se nos indica. Son más bien extremadamente preocupantes. De todos modos, ahí están ya los datos oficiales del mes de octubre que no dejan lugar para la esperanza, porque 68.213 parados más, son demasiados parados.
Los Presupuestos Generales desarrollados por el Gobierno y que se van a aprobar en el Parlamento con la ayuda interesada del PNV y CC, complicarán aún más la creación de nuevos puestos de trabajo. Estos Presupuestos, lejos de ser “austeros, restrictivos y realistas” como dijo la ministra de Hacienda, Elena Salgado, parten de un cuadro económico completamente irreal. Dan por supuesto que vamos a crecer a un ritmo del 1,3% del PIB al año, cuando, según todos los expertos no pasaremos del 0,4%, o, como mucho, el 0,7% según previsiones del Fondo Monetario Internacional.
Hay otro dato que va a invalidar las previsiones del Ejecutivo sobre lo que piensa recaudar por el concepto de IVA y del IRPF que piensan aplicar a los más ricos. La subida del IVA va a reducir considerablemente el consumo de la mayoría de los ciudadanos españoles, lo que se traducirá en una recaudación bastante inferior a la prevista por Hacienda. Los cambios previstos que van aplicar a las SICAV, además de esa subida del IRPF a los ricos, que son un poco el cuento de la lechera, en vez de ingresar más dinero provocarán una huida general de capitales hacia otros lugares menos gravosos, con lo que esto puede suponer para las inversiones aquí en España.
Si nuestra economía no crece al 1,3%, y los ingresos por IVA e IRPF, como consecuencia de un menor consumo, quedan bastante por debajo de las previsiones del Gobierno, que no sueñen con ese aumento del empleo del 0,3% durante el año 2011. Todo lo contrario. Los analistas económicos auguran como mínimo, de manera prácticamente unánime, un 0,8% más de caída de empleo. La menor ocupación acarreará, de manera inevitable, nuevas prestaciones por desempleo, con lo que el déficit se desbordará mucho más allá de lo que espera el equipo económico del Gobierno y en vez de ese 6% prometido, se situará con toda seguridad, por encima del 9,1%.
Para financiar este excesivo déficit, el Ejecutivo recurrirá una vez más a la deuda pública, dando lugar a un gasto notablemente mayor, ya que esto supone nuevos intereses a los que deberá hacer frente el Estado. Con esta evolución tan negativa de nuestra economía, no es posible crear esos puestos de trabajo soñados por el Gobierno. Y más teniendo en cuenta que, en España, solamente se ha creado empleo cuando nuestro PIB ha crecido por encima del 2 ó el 2,5% anual, cosa que no va a ocurrir, ni en sueños, durante mucho tiempo.
Si José Luis Rodríguez Zapatero, llevado por su idealismo innato, quiere reducir el número oficial de parados, tendrá que pedirle a Jesús Caldera que ayude al nuevo ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, a encontrar otra nueva manera de camuflar desempleados. Con la sola fórmula ideada por Caldera en 2008, ya no hay manera de poder ofrecer una cifra de parados oficiales más discreta, aunque todo el mundo sepa que es falsa. Pero a Zapatero, cómo no, le van las falacias y ya esta anunciando creación de puestos de trabajo. España, dijo, iniciará una “senda de creación de empleo moderada” a partir de finales de este año o principios de 2011. Por baladronada más o menos, que no quede.

Gijón, 2 de noviembre de 2010

José Luis Valladares Fernández

martes, 9 de noviembre de 2010

LA ESPAÑA IDÍLICA DE ZAPATERO

Piensa Rodríguez Zapatero que, con la última remodelación del Gobierno, han quedado solucionados todos los problemas de los españoles. Con dicha remodelación, lejos de solucionar los problemas que nos aquejan, los obvia, los ignora y resucita al viejo doberman para acosar al Partido Popular, creyendo que así recupera nuevamente el favor de los electores. Y aunque así fuera, aunque redujera a cero la distancia que le separa en las encuestas del partido de la oposición, el problema capital seguiría ahí amenazante y agravándose cada vez más. Habrá solucionado, si acaso, su problema, pero no la crisis moral que padecemos y mucho menos la crisis económica que ha dado al traste con el Bienestar de muchos ciudadanos.
Estamos padeciendo una preocupante crisis moral y de valores, desdoblada en una crisis evidente de la familia, de la educación y de la dignidad humana. Esta crisis ha contribuido a minusvalorar el proyecto común que llamamos España y hasta la misma noción del bien común. Al lado de esta crisis que pudiéramos llamar institucional, nos zarandea brutalmente la crisis económica que ha empobrecido a más de cinco millones de españoles que han perdido su trabajo. De ambas crisis, la moral o de valores y la económica, tiene mucha culpa José Luis Rodríguez Zapatero y toda su cuadrilla de palmeros. Ha promovido intencionadamente la descomposición moral y, por incuria o ineptitud de los responsables, se ha agravado considerablemente la crisis económica.
El panorama económico, en estos momentos, no puede ser más desolador. Lideramos las listas de paros en Europa. Hasta Lituania y Estonia ofrecen porcentajes de personas sin empleo inferiores al nuestro, que rondamos ya el 21%, si contamos a todos los que en realidad no tienen trabajo. Hay 1.300,000 hogares donde ya no entra dinero, porque todos sus miembros han agotado el tiempo que les da derecho al cobro de la indemnización por el paro. El 30% de las familias, aproximadamente seis de cada diez, no tienen dinero para llegar a final de mes. Y el 40% restante tiene verdaderos problemas para hacer frente a todos los pagos mensuales. Y nos encontramos también que un 20,8% de los parados están por debajo del umbral de la pobreza. Y Zapatero, sin ponerse colorado, asegura desvergonzadamente que los españoles son hoy menos pobres que en el año 2004 y que ha hecho él muchos más esfuerzo por la lucha contra la pobreza que los Gobiernos de José María Aznar. Decididamente, Rodríguez Zapatero vive en otra España distinta a la nuestra.
Los miembros del Gobierno, encabezados por el presidente del mismo debieran darse una vuelta alrededor de los grandes supermercados, pocos minutos después del horario de cierre. Verían a muchas personas, hurgando entre la basura de los contenedores, a la caza de algún alimento caducado, para llevárselo a casa y así matar el hambre de su familia. Ante tan deprimente panorama, posiblemente abandonarían su misticismo político y dejarían de vendernos esa España quimérica que no tiene nada que ver con la España real, en la que hay, por su propia culpa e incuria, muchas personas viviendo en la más extremada indigencia. Y para completar el cuadro, les vendría muy bien un paseo por delante de los comedores de Cáritas. A la vista de esas enormes colas de personas, obligadas a ir allí para saciar su hambre, quizás despertaría su conciencia y tratarían entonces de remediar tan lamentable situación.
Pero ni Zapatero, ni toda su cuchipanda servil que le arropa, son conscientes del calvario, cada vez más horroroso, que tienen que soportar tantas personas. Y si son conscientes del mismo, dan por hecho que la crisis económica no tiene solución. De ahí que procuren silenciar el tema, suscitando intencionadamente otras cuestiones más calientes, que en realidad no sirven para aliviar tan tremendo problema. Para eso nada mejor que mantener una gresca continua con el Partido Popular, sacando punta a cuanto hagan o digan los afiliados al partido de la oposición. Y para esta labor de acoso y derribo nadie mejor que el marrullero y superviviente Alfredo Pérez Rubalcaba, en comandita con el Insultador Mayor del Reino, José Blanco. Creen que así pueden recortar la considerable distancia que les separa en las encuestas del Partido Popular.
El muñidor de las lamentables escenas que siguieron al dantesco 11M, Alfredo Pérez Rubalcaba, comienza con inusitada energía, casi antes de tomar posesión del nuevo cargo dentro del Gobierno, la operación de acoso y derribo de la organización política liderada por Mariano Rajoy. Seguro que Rubalcaba tuvo algo que ver en el censurable comportamiento de González Sinde y de los titiriteros adscritos a la ceja, ante el alcalde de Valladolid, durante el desarrollo de la Semana Internacional de Cine de esta ciudad. Todo se puede esperar de un personaje tan siniestro como el nuevo vicepresidente del Gobierno. Lleva en los genes ese desprecio visceral de la legalidad vigente y de las buenas maneras y costumbres.
Además de esa guerra sin cuartel al partido de la oposición, y para no llegar al final de la legislatura sin nada positivo que ofrecer a los electores, buscan a toda costa que ETA haga al menos una simple declaración de paz. Necesitan la paz de la banda terrorista, aunque esta sea provisional o falsa. Piensan que ya es suficiente con un comunicado, aunque carezca de garantías, para presentarse ante los ciudadanos como pacificadores del país vasco. Algo deberá el Gobierno a la banda terrorista, cuando negocia con ella por debajo de la mesa, sin luz ni taquígrafos y con un menosprecio evidente de las víctimas del terrorismo y sin exigir previamente la entrega incondicional de las armas. El Gobierno del PSOE ha vuelto, de manera interesada, a las cloacas del Estado. Y Rubalcaba se mueve como nadie en ese medio.

Gijón, 4 de noviembre de 2010

José Luis Valladares Fernández

jueves, 4 de noviembre de 2010

ESTADÍSTICAS EQUÍVOCAS

En la sesión de control al Gobierno del pasado día 27 de octubre, Mariano Rajoy echo en cara a Rodríguez Zapatero su desastrosa política económica y le acuso de “haber empobrecido” a España y a buen número de españoles. Hizo hincapié Rajoy en el hecho lamentable de que, según los últimos datos del INE, uno de cada tres españoles encuentra verdaderas dificultades para llegar a final de mes por la reducción de sus ingresos. Ha alertado, además, del serio riesgo de que España vuelva a tener crecimiento negativo. Y entre otras cosas pide a Zapatero que “no haga más daño a los españoles”, a la vez que le recomienda que rectifique su decisión de congelar las pensiones y que ayude a las pymes y a los autónomos, a través de la línea ICO, para que los ayuntamientos morosos les paguen las cuentas pendientes.
La contestación de José Luis Rodríguez Zapatero fue al menos sorprendente, ya que, sin ponerse colorado y con toda la desvergüenza del mundo, se atrevió a afirmar rotundamente que los españoles son hoy menos pobres que en el año 2004. Y agregó, sin cambiar de tono, que ha hecho él muchos más esfuerzos por la lucha contra la pobreza que los Gobiernos de José María Aznar. Decididamente, Rodríguez Zapatero vive en otra galaxia o en otra España muy distinta a la nuestra. La realidad es muy distinta. Que España, en términos absolutos, es hoy mucho más pobre que en 2004, es algo tan evidente que no tiene vuelta de hoja. Zapatero aún no se ha enterado de las enormes colas que se forman a diario a las puertas de Cáritas para poder matar el hambre, ni de la cantidad de personas que hurgan entre las basuras de los contenedores que hay al lado de los supermercados, en busca de alimentos caducados, para poder llevar a casa algo que comer.
Refresquémosle la memoria a Zapatero. Los datos recogidos por la ONG de la denostada Iglesia Católica en la “Memoria confederal 2009”, que acaban de ver la luz, no pueden ser más elocuentes. Si tenemos en cuenta los dos últimos años, Cáritas duplicó en 2009 el número de personas atendidas de urgencia. En los apartados de acogida y atención primaria, las personas que fueron ayudadas pasaron de 400.000 a finales de 2007 a 800.000 en 2009. Exactamente la mitad más. A esto habría que agregar otros datos sumamente esclarecedores: en 2009 atendieron a 90.665 personas, mediante los programas de empleo e inserción laboral que Cáritas tiene establecidos. En total, un 21% más que en 2008. Las ayudas a la vivienda, dirigidas a personas en riesgo de perderla por impago de alquiler o de hipoteca, en el mismo periodo, también sufrieron un aumento considerable: nada menos que un 22%, que se dice pronto.
Para dulcificar los datos, Rodríguez Zapatero acude a datos relativos, donde es muy posible que la “pobreza relativa” se mantenga o incluso haya mejorado algo. Pues aunque los pobres sean hoy más pobres, si los ricos son ahora menos ricos, la diferencia relativa puede mejorar o mantenerse, dependiendo del grado de empobrecimiento sufrido por los ricos. Al respecto, podemos recordar lo que escribió Ramón de Campoamor en su poema de “Las dos linternas”:
“Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira:
todo es según el color
del cristal con que se mira.”
Desde la caída del absolutismo francés, que se produjo el 14 de julio de 1789 con la toma de La Bastilla, cada vez que los socialistas han tenido responsabilidades de Gobierno, los resultados perniciosos de su política no se han hecho esperar: siempre han empobrecido a los ricos y matado de hambre a los pobres. Y es normal que así suceda, ya que la economía controlada por el socialismo, es demasiado estatista y excesivamente burocrática. Quieren controlar de primera mano todo el proceso productivo, coartando de este modo la libertad de los empresarios, que son los que en realidad saben del tema. Aquí sí que podemos decir, con toda propiedad, que generar pobreza y miseria va en los genes de la ideología socialista.

Gijón, 29 de octubre de 2010

José Luis Valladares Fernández

lunes, 1 de noviembre de 2010

LOS PROGRES SON ASI

El fenómeno antropológico que dio pie a Miguel de Unamuno para llamar “tiorras” a muchas de las mujeres que se dedicaron a hacer política durante la Segunda República, se repite también en la España de hoy. Aquellas mujeres destacaban precisamente por una ordinariez repulsiva y un mal gusto manifiesto en su manera de obrar y de expresarse. Exponentes claros, en aquella época, de ese tipo de mujer repulsivo para cualquier persona medianamente sensible, lo tenemos, entre otras personas, en Margarita Nelken y en la propia Dolores Ibarruri, la Pasionaria
Hoy también abunda ese espécimen de mujeres que prescinden voluntariamente de las buenas maneras y de la más mínima educación. También hay hombres, es cierto, entre esa izquierda progre que, anclados en las formas arcaicas de otros tiempos, no saben abrir la boca si no es para ofender. Para Unamuno hubieran sido también auténticos “tiorros”. En mujeres, el caso más llamativo es el de Carmen García Ruiz, concejala de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Vélez-Málaga, donde gobiernan en coalición PSOE y IU. Los servicios sociales y la familia, así como todo lo que se refiere a empleo y desarrollo económico forman parte de las responsabilidades asumidas por esta delicada mujer.
La colocación, con enchufe o sin él, de la hija y yerno de la concejala Carmen García en la Diputación, dio pie a que el portavoz del Partido Popular, Francisco Delgado Bonilla se quejara ante el pleno del Ayuntamiento de la falta de transparencia del equipo de Gobierno ya que le había denegado unos documentos referidos a tan sospechoso asunto. Sin importarle lo más mínimo la presencia de cámaras y micrófonos, una vez finalizado el pleno y ante preguntas de los periodistas, dio rienda suelta a su lengua viperina diciendo: “No hay peor desgraciado, no solamente no tener dinero, sino votar a la derecha, porque yo os digo una cosa, ellos defienden ahora lo que les parece y lo que les da la gana, pero desde luego les importa una puñetera mierda absolutamente todo”. Y agregó con el mismo tono airado: “cada vez que dicen algo de enchufes, de verdad que me entran ganas de darles dos galletas en la cara y ponerles la cara morada (…). Me parece mentira que tengan todavía algo y no le escupan en la calle”.
Queriendo dejar constancia de su progresía de pata negra, aprovechó la ocasión, cómo no, para culpar de la crisis económica a los empresarios, a la banca y, como no podía ser de otra manera, al mismísimo Aznar por la incomprensible desfachatez de firmar unos contratos que, sin saber por qué, finalizaron en la égida de Zapatero. Reconvenida por la oposición, que tuvo la osadía de pedirla que se disculpara, la reacción de la concejala fue completamente inequívoca: “No me disculpo porque no me sale del coño”. De este modo, Carmen García da muestras fehacientes de que pertenece a la típica izquierda española que, además de prepotente e ignorante, es incapaz de asumir sus propias responsabilidades. Jamás reconocerán que las grandes tasas de desempleo aparecen siempre que gobierna la izquierda y la creación de empleo con Gobiernos de derechas que emplean recetas liberales. ¡Algo tendrá el agua cuando la bendicen! La reacción de Carmen García se parece mucho a la del alcalde de Getafe y presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), Pedro Castro, cuando insultó gravemente a todos los votantes del Partido Popular cuando preguntó indignado: “¿Por qué hay tanto tonto de los cojones que todavía vota a la derecha?”. Bueno, insultar no, porque los progres de vía estrecha no insultan, califican. Los que insultan son los de la derecha. Esto es al menos lo que piensan los prohombres de la izquierda española. Pedro Castro es otro típico ejemplar de esa izquierda progre que padecemos, que puede insultar cuanto quiera. Pero, eso sí, ellos son los intocables y por eso que nadie se atreva a insultarles. El propio Pedro Castro ya se cuidó de preparar una ordenanza municipal, en la que están previstas multas de hasta 750 euros para quien insulte a las autoridades municipales.
Entre los miembros del Gobierno, entre los que acaban de irse y los que permanecen, había y hay alguno y varias que tiran al monte, aunque sin exagerar los términos tanto como Carmen García y Pedro Castro. Entre ellos, destaca José Blanco, al que, por su estilo típicamente tabernario, podríamos darle el título de Insultador Mayor del Reino. No digamos nada de la cesada Bibiana Aido y tampoco de Leire Pajín. La pobre Bibiana ya dejó el puesto que nunca debió ocupar. Está mejor jugando con su primer muñeco, ese, que al tocarle, cantaba la internacional, por lo menos hasta que sepa discernir cuando un ser vivo comienza a ser humano. Leire Pajín también suelta su lengua de vez en cuando, algunas veces para hacer slogans y otras muchas para insultar. Creo que ha llegado al ministerio de Sanidad, sin la debida preparación para cargo tan relevante. Debiera haber desentrañado antes cual es el verdadero sexo del PIB.

Gijón, 23 de octubre de 2010

José Luis Valladares Fernández

jueves, 28 de octubre de 2010

ESPECTÁCULOS CIRCENSES DE ZAPATERO

A excepción de en la indumentaria, José Luis Rodríguez Zapatero se asemeja en todo al profesor Bacterio, famosísimo biólogo que traía por la calle de la amargura a Mortadelo y Filemón, ya que sus inventos y ensayos fracasaban siempre de manera estrepitosa. Ha abusado tanto de sus supuestos poderes mágicos, que ni con los trucos de Magia Borrás es ya capaz de reconducir la situación económica de España. Convencido de la inutilidad de su lucha, utiliza todos sus esfuerzos en aparentar, ante propios y extraños, que ya hemos iniciado definitivamente el camino de la recuperación y que, como mucho en un plazo siempre de unos tres o cuatro meses, comenzará a crearse empleo. Lo malo es que ya no le cree nadie, ni los españoles ni los extranjeros.
El pecado capital de Zapatero es patente: cree estar en posesión de la verdad absoluta y a la vez siente un enorme desprecio por quienes no admiten su infalibilidad. Vive permanentemente en un mundo irreal y tremendamente utópico. Piensa que no hay nadie capacitado para darle consejos, por lo que no escucha a nadie, salvo a los aduladores de turno que exageran sin medida sus supuestas y pretendidas virtudes. En una palabra, Rodríguez Zapatero padece la enfermedad que los antiguos griegos denominaron Hybris. Esto es, estamos ante un personaje orgulloso, sumamente desmesurado y prepotente. Como ha ido mucho más allá de lo razonable, las previsiones electorales le han devuelto de golpe a la cruda realidad, dejando al descubierto todas sus enormes miserias. Se trata de una oportuna y obligada cura de humildad o, como dirían en la Grecia clásica, se ha encontrado ya con su correspondiente Némesis. Por lo que vemos, en Zapatero se cumple aquel proverbio antiguo, atribuido a Eurípides, que rezaba así: “Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco”.
Consciente de lo que se avecina, Rodríguez Zapatero se revela contra los augurios y para evadirse de ellos y acallar contestaciones dentro de su propio partido, realiza una amplia remodelación del Gobierno al que da intencionadamente un perfil más político, pensando que así recortará la distancia que, según las encuestas, le separan hoy día del Partido Popular. Sin embargo mantiene íntegro el equipo económico, a pesar de ser la economía el escollo más grave en que ha tropezado una y otra vez. La primera pista de lo que va a ocurrir en el futuro nos la dará el resultado de las próximas elecciones catalanas. Si, a pesar de los espectáculos circenses a que nos tiene acostumbrados Zapatero, se cumplen las previsiones que auguran un enorme descalabro socialista en Cataluña, es muy posible que el revés se extienda también, incluso agravándose, a las municipales y autonómicas del mes de mayo de 2011.
Y esto es lo que trata de evitar Rodríguez Zapatero con esa remodelación del Gobierno. Algunos de los cambios realizados tienen muy poca significación y responden a eventos puramente circunstanciales, como es el caso de la ministra de Exteriores, el de Trabajo y la de Sanidad. Quiso recompensar a Trinidad Jiménez del revolcón sufrido en las Primarias de Madrid, aunque para ello tuviera que sacrificar a Miguel Ángel Moratinos. El ministerio de Trabajo quedaba vacante, ya que Celestino Corbacho iba en las listas socialistas de las próximas elecciones catalanas. Al quedar libre el ministerio de Sanidad por el ascenso de Trinidad Jiménez, aprovecha la circunstancia para apartar a Leire Pajín de la secretaría de Organización del PSOE, nombrándola para ocupar el puesto vacante. En la secretaría de Organización no daba la talla y, además, molestaba a José Blanco. Vistas así las cosas, el nombramiento de Rosa Aguilar para el ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino, tampoco tiene mayor trascendencia. Si acaso, arañar algún voto entre las gentes que viven muy de cerca los problemas que afectan al medio ambiente.
El ascenso a vicepresidente primero y portavoz del Gobierno de Alfredo Pérez Rubalcaba, sin dejar de ser ministro de Interior y el nombramiento de José Ramón Jáuregui como ministro de la Presidencia, si pueden tener consecuencias nada baladíes. El tándem Rubalcaba-Jáuregui, a instancias de Zapatero, tratarán de jugar un papel muy importante ante un eventual acuerdo con la banda terrorista de ETA. El abandono de la violencia de ETA es la única esperanza que le queda al presidente del Gobierno. En el acuerdo con Iñigo Urkullu, que tan caro ha resultado a los españoles, dejaba entrever su intención cobarde y miserable de negociar con los etarras.
Un acuerdo con el mundo aberzale sería algo extremadamente vergonzoso. Pero aún así lo buscará con ahínco, para presentar un escenario político sin amenazas terroristas cuando lleguen las elecciones generales de 2012. Entonces usaría esta circunstancia de manera rastrera para tapar su fracaso en la crisis económica. Y para conseguirlo, nadie mejor que Alfredo Pérez Rubalcaba, antiguo Portavoz de los GAL, de Filesa, Malesa y Time-Export, el enredador del 11M, patrocinando los asaltos a las sedes del Partido Popular y el encubridor del caso Faisán. Rubalcaba es todo un maestro consumado en el contubernio y en la conspiración y que sabe moverse como nadie en el interior de las cloacas del Estado. Todo un personaje siniestro y manipulador, genéticamente incapaz de decir una sola verdad y que, si hay algún beneficio de por medio, no tiene problemas para saltarse la legalidad vigente. Por eso es el clavo ardiendo al que se agarra desesperadamente Zapatero para ver si así puede salir del atolladero en que está metido.
Ramón Jáuregui es el complemento perfecto para conseguir esos acuerdos con la izquierda aberzale, ya que tiene unas excelentes relaciones con el PNV y ha manifestado en público estar a favor de valorar positivamente los pasos dados por las huestes de Otegui. Quieren que Jáuregui se convierta en una especie de “delegado político” de Zapatero para gestionar desde Madrid el soñado proceso de paz. De momento Patxi López, con quien no mantiene muy buenas relaciones Ramón Jáuregui, ya ha sido relegado por Zapatero a un segundo plano. Quizás la falta de entendimiento entre Patxi López y Jáuregui, nos evite el bochorno de que se firme ese simulacro de paz, ya que, a las primeras de cambio, la banda criminal de ETA volvería a lo que ha hecho siempre, la extorsión y el atentado. La firma de una paz simulada significaría, además, un enorme desprecio para las víctimas del terrorismo.

Gijón, 25 de octubre de 2010

José Luis Valladares Fernández