jueves, 16 de abril de 2009

RUBALCABA AL APARATO



En El Mundo del lunes, día 13, aparece una exclusiva de Manuel Marraco, donde se nos informa que la policía tuvo controlado a Daoud Ouhnane, principal sospechoso, entonces, del atentado del 11M. Según detalla El Mundo, en el mes de junio de 2004, los días 20 y 22, la policía grabó en video a este islamista saliendo de una casa en Santa Coloma de Gramanet. Esta casa, conocida con el nombre de “fortaleza de los Guerreros” estaba sometida a vigilancia, como consecuencia de las actividades islamistas de sus inquilinos.
Sobre Daoud Ouhnane pesaba una orden de busca y captura internacional, dictada el 27 de mayo de ese mismo año por el juez Del Olmo, a instancias de la Unidad Central de Información de la Policía (UCIE). El hecho de que grabaran a este islamista justamente un mes después de que Interior hubiera distribuido su foto, indica bien a las claras que la policía no quiso detenerle. Y no le detuvieron, quizás, porque hubiera quedado al descubierto la falaz trama que se ideó desde las propias fuerzas policiales.
Se da la circunstancia de que la policía ocultó al Juez Del Olmo la presencia de Ouhnane en Santa Coloma y la grabación efectuada. Quizás no interesaba que hablara y se esperó tranquilamente a que huyera de España para así seguir con la farsa de la trama oficial.
Como desde Interior continúan insistiendo sobre la tesis islamista, Rubalcaba se vió obligado a intervenir, con lo que complicó aún más las cosas. Coincidió que yo estaba viendo la televisión, cuando él apareció en la pantalla y no se puso nada colorado al afirmar que si Ouhnane no fue detenido entonces, se debió a que la policía no le había reconocido. Es normal que Rubalcaba no se ruborizara, ya que lo de él es mentir cuando duerme y cuando está despierto. No se cómo es posible que, a un mes del reparto profuso de fotografías de Ouhnane por todas las comisarías, las fuerzas del Orden Público, no le reconocieran en esa filmación.
El martes, 14 de abril, El Mundo da nuevos datos de otros dos implicados, según la policía, en el 11M. Se trata de Mohamed Afalah, chofer y hombre de confianza del tan traido Lamari, y Said Berraj, que ocuparon también esa misma casa. Tampoco estos fueron reconocidos por los agentes de la Policía, ocupados en la vigilancia de ese inmueble. Pero esto, según el Ministro del Interior, no es relevante en absoluto y no agrega nada nuevo a lo que ya conocemos.
Ya está bien de que quieran hacernos comulgar con ruedas de molino. A estas alturas, es completamente absurdo que pretendan hacernos creer semejante patraña. No sabemos quién fue ni el autor material del 11M, ni quien lo ideó y coordinó para que resultara tan tremendamente efectivo. Lo sospechamos simplemente. Si sabemos, en cambio, que no fue obra de islamistas, ya que estos hubieran obrado como los del 11S, como los del 7 de Julio de 2005 en Londres, o como los que ofrendan su vida, casi a diario, en Irak y Afganistán. El mismo Daoud Ouhnane, que según dicen se inmoló posteriormente en Irak, lo hubiera hecho ya en los trenes de cercanías de Madrid para garantizarse el Paraíso que le promete su religión.
El atentado de Madrid se preparó y se perpetró, no sabemos por quien, para cambiar el signo del Gobierno. Y nada mejor que cargar el muerto a unos islamistas, de quienes se ofrecían abundantes datos, incluso, como es el caso de Ouhnane, hasta el ADN. Y la motivación, claro está, la tan traída y llevada guerra de Irak.
Hasta aquí, todo muy bien. Lo malo es que, los que se encargaron de vender el producto a la opinión pública, o no sabían, o no cayeron en la cuenta, que un islamista ni piensa, ni reacciona como podamos hacerlo los occidentales. También pudo ser que pensaran que, los españolitos de a pie, estábamos aún chupándonos el dedo. Algunos, por obligación, hemos estudiado la vida, obra y milagros de Mahoma y de sus adeptos y conocemos cual es el comportamiento religioso y cultural de estas personas. Otros tienen a la vista, casi a diario, las crónicas de la prensa en que se cuenta su manera de morir matando. Y esto no lo hacen porque sí; lo hacen por imperativo religioso y convencidos de que así tienen garantizado el Sétimo Jardín del Edén, que es el mayor premio de Alá para sus fieles. Los ocupantes del piso de Leganés, si es que eran islamistas, no pudieron inmolarse conscientemente ese 3 de Abril de 2004, como han tratado de hacernos creer. Pensar lo contrario sería una tremenda aberración que no cabe en cabeza humana. Es algo fuera de la lógica de los que siguen ciegamente la doctrina del profeta Mahoma.
Lo del piso de Leganés forma parte del atrezzo, diseñado a toda prisa, para engañar a los incautos y hacerles ver lo que en realidad no era. Y la historia se repite con Ouhnane, Afalah y Berraj. Interesaban estos personajes por su origen árabe, ya que así resultaba más plausible la autoría islamista del 11M y su motivación por la guerra de Irak. Pero, aunque controlados por sus actividades islamistas, había que dejarles huir, para que nunca pudieran ser juzgados y se aclarara el verdadero origen de ese atentado.
Y Rubalcaba diciéndonos que no fueron detenidos por que no les reconocieron y que, además, todos estos datos no aportan nada nuevo. Y eso que Rubalcaba fue el autor de aquella famosa expresión: “España no se merece un gobierno que mienta”.

José Luis Valladares Fernández

martes, 14 de abril de 2009

CIUDADANOS DE SEGUNDA Y BIBIANITOS AL POR MAYOR

Con la nueva reorganización del Gobierno, Zapatero casi ha completado La Quinta de la Cuota. ¡Menuda ‘troupe’ de aprendices que lleva mi carro! Solamente falta Leire Pajín para completar el cuadro. La vida y milagros de Bibiana Aido y de Carme Chacón es sobradamente conocida. El juego que puedan dar las otras pipiolas lo desconocemos. Quizás, el cometido de González-Sinde no sea otro que mantener en alto la moral del sindicato de la ceja, con vistas al próximo proceso electoral. Y como la lógica, como ciencia formal que estudia las formas válidas de inferencia, siempre se le ha atragantado a Zapatero, metió en el lote a José Blanco, alias Pepe Blanco.
José Blanco es todo un valor en alza, del que ha dicho Zapatero, que es la persona mejor preparada para desempeñar la cartera de Fomento. Haremos un acto de fe y estaremos atentos a los resultados de su gestión. Pepe Blanco, además de ejercer como Ministro, continuará arrogándose la facultad de decir quien es demócrata y progresista y quien no. Aspirará también, ahí es nada, a promulgar las distintas normas cristianas que deben guiar la vida y obras de los católicos.
Nadie como Pepe Blanco, con la inestimable ayuda de Bibiana Aido, para resolver el eterno dilema del poder temporal y celestial. Él confiesa que es creyente, y como tal es un cristiano modélico, en perfecta sintonía con los actuales católicos de base. Y como estos grupos de católicos de base, él también tiene una visión abierta y plural de la realidad y la Historia de España, lo que implica cierta dosis de autocrítica que ejerce con todo derecho. Pepe Blanco no es, por consiguiente, anticatólico, aunque sí anticlerical ya que no comulga en absoluto con el clero y menos con la jerarquía eclesial.
Apoyado en esa especie de dualismo, cristianismo por un lado y anticlericalismo por otro, Pepe Blanco acusa a la Conferencia Episcopal de hipócrita y de poseer una “doble moral”. Y para que los Obispos tomen conciencia de su problema, les recomienda que escuchen la COPE y que, después, pidan perdón.
Tanto José Blanco como Bibiana Aido niegan a los Obispos el derecho a manifestar públicamente su opción por la vida. Olvidan, tanto Aido como Blanco, que los Obispos, antes que Obispos son ciudadanos y, como tales, deben tener toda la libertad del mundo para expresar sus propias opiniones, como el resto de los mortales. Y no solamente los Obispos y todo el clero, también los católicos son auténticos ciudadanos y, por consiguiente, tienen pleno derecho y hasta el deber de intervenir en la vida pública. Claro que el Gobierno, por el hecho de ser clérigos o católicos, a lo mejor quiere despojarlos de sus derechos y reducirlos a ciudadanos de segunda clase.
El sistema democrático implica necesariamente, que la ciudadanía sirva de contrapeso ante los posibles excesos del Gobierno de turno. Y esto, nuestros gobernantes actuales no lo conciben ni lo entienden en absoluto. Piensan que las decisiones sobre las leyes, sean estas las que fueren y tengan el alcance que tengan, competen únicamente al Parlamento, que es donde reside la soberanía popular. Como si los miembros del Gobierno, con el apoyo de sus diputados, tuvieran bula para legislar a capricho.
Es tal la ignorancia de algunos miembros del ejecutivo y la maldad del resto, que se creen con el derecho de acallar a la Iglesia y a indicarla sus campos de actuación, que quedan reducidos al culto y a unas cuantas ceremonias religiosas. Y si la Iglesia alza la voz, como en esta ocasión, y protesta contra la nueva ley del aborto, se la recrimina por adoptar una posición que dicen que no le corresponde, y la acusa de confundir y mezclan religión y política.
Es la misma acusación que hicieron, los días previos a la Semana de Pasión, a las distintas hermandades y cofradías de Semana Santa, cuando anunciaron que llevarían unos lazos blancos como distintivo antiaborto. Como sociedades religiosas que son, hubiera sido lo más normal que protestaran contra el aborto de esta o de otra manera cualquiera. La actitud de la Ministra de Igualdad, acusando acremente a los cofrades de confundir religión con política, es tremendamente cínica e impresentable, toda vez que reconoce que la Semana Santa es una semana para el encuentro y la concordia.
Quizás transcienda a la comprensión y a las luces de que disponen Pepe Blanco y Bibiana Aido, evidentemente limitadas, y desconozcan que las leyes deben tener por objeto, ante todo, el bien común y la garantía y salvaguarda de los derechos humanos. Y es precisamente el derecho a la vida lo que más importa a todo ser humano, incluso al aún no nacido.
El hombre, desde el punto de vista cristiano, no es dueño de su propia vida y menos aún de la vida ajena. Esto es algo básico, aunque les suene a chino a los miembros del Gobierno actual que, llevados por su positivismo jurídico, catalogan al hombre como un ser plenamente autónomo. Y la Iglesia Católica, por convicción y por imposición religiosa, tiene la imperiosa obligación de levantar la voz contra el aborto que conculca el derecho inalienable a nacer de todo ser humano concebido.
Dice Bibiana Aido que la actual regulación del aborto, promulgada en 1985, se ha quedado vieja, permite arbitrariedades y es manifiestamente mejorable. De ahí que trate de arbitrar una nueva norma de interrupción voluntaria del embarazo; norma que, según ella, solucionaría los problemas de la legislación actual. Comienza por cambiar el nombre de aborto, que le suena mal, por el de interrupción voluntaria del embarazo que le parece más aséptico. Se llame de una u otra manera, en la legislación actual y en la que se proyecta, le guste o no le guste a la Ministra, se trata de un infanticidio prenatal.
Para la nueva regulación de esta ley, Bibiana Aido se rodeó de un comité de expertos, elegidos de una manera un tanto sospechosa y sin la más mínima asepsia. Entre esos expertos, nos encontramos con Santiago Barambio, que es el responsable máximo de la patronal que se lucra con el aborto. Él es el Presidente de la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción Voluntaria del Embarazo, que, por cierto, ha sido condenado por la Audiencia de Barcelona por no atender correctamente a una mujer a la que sometió a un aborto. Este es uno de los principales avalistas ‘científicos’ de esa nueva ley del aborto.
Con esta nueva ley, que busca combinar plazos y supuestos, se pretende legalizar la impunidad de las distintas clínicas abortistas, molestas hasta ahora por los distintos filtros que exige la normativa actual. Se trata de un negocio en toda regla y, para ello, nada mejor que prescindir de cualquier clase de escrúpulos e instaurar un aborto, claramente incondicional, y regulado al margen del Código Penal.
Para no levantar sospechas y adormilar conciencias, los socialistas procuran disfrazar esta ley de plazos llamando “derecho a la salud reproductiva” a la eliminación física de ese ser humano, que aún no ha nacido. Y buscan toda una motivación muy especial en la ya famosa ideología de género. Por eso la preparación de esta ley se confía, en vez de al Ministro de Justicia, a la Ministra de Igualdad, Bibiana Aido que se encargará inmediatamente de enarbolar el dichoso feminismo como justificación.
La prescindible Ministra de Igualdad se empeña en afirmar que el Gobierno defiende la vida tanto o más que las diversas asociaciones antiabortistas, y que, como consecuencia de esto, la nueva ley, cuando se promulgue, establecerá varios límites que no hay en la actual. Y agrega que el ejecutivo no debe someterse nunca a criterios religiosos de corte extremo. Pero nunca tendrá en cuenta la llamada Declaración de Madrid que han firmado más de 2000 médicos, científicos y académicos, que están contra el aborto. Los firmantes de esta Declaración, según Bibiana, se embarcan en un retroceso, mientras que el Gobierno quiere avanzar y busca una ley que garantice jurídicamente, tanto a las mujeres que abortan como a los profesionales que realizan esos abortos.
Aunque Aido no quiera oírlo, la oposición al aborto transciende a la misma religión y no tiene nada que ver con la política. Tiene ante todo, además de las connotaciones religiosas evidentes, importantes implicaciones éticas e incluso cívicas, ya que está de por medio la propia dignidad del hombre y de la mujer. Y son precisamente estos motivos éticos y cívicos en los que basa todos sus argumentos, a favor de la vida, el propio Manifiesto de Madrid. El ser humano, es humano desde el momento de su concepción, o es cualquier cosa menos un ser humano, y conservará esa condición hasta su muerte. Es absurda la idea de que en los no nacidos se da una etapa prehumana.
El aborto es ya en sí algo moralmente censurable por simple tradición cultural, previa incluso a la aparición del cristianismo. La pretensión de Bibiana y de sus corifeos no deja de ser una clara involución cultural, enmascarada detrás de una seudo-revolución social. Sus argumentos parecen sacados de un feminismo de la edad de las cavernas.
Manuel Chaves, el mosquetero de Felipe González, es otro de los nuevos Ministros, y además con categoría de Vicepresidente. Manuel Chaves ya sabemos lo que puede dar de sí. No ha hecho nada positivo en su vida, salvo impulsar y organizar ‘el clan de la tortilla’. Todos conocemos los parados que dejó en su época de Ministro de Trabajo y la mala gestión al frente de la Comunidad de Andalucía.
Se ha lucido Zapatero. Consiguió, por fin, eliminar los Ministros y sustituirlos por obedientes funcionarios. El Jefe decide lo que hay que hacer y los funcionarios se esforzarán al máximo por complacerle. ¡Así nos luce el pelo!

José Luis Valladares Fernández

viernes, 10 de abril de 2009

LOS COMPLEJOS DE ZAPATERO


Imposible que Zapatero olvide la guerra de Irak. Es algo superior a sus fuerzas. Quizás se deba a que no es capaz de prescindir de sus numerosos complejos. Complejos que le llevan, con relativa frecuencia, a hacer un auténtico ridículo ante las diversas instancias internacionales en que interviene. Si se hubiera propuesto crear intencionadamente toda una obra literaria del género bufo, estoy seguro que no le hubiera salido tan bien como la que protagoniza personalmente. Menos mal que, en el exterior, la gente es muy educada y evita las sonoras carcajadas ante nuestras propias narices.
Comienza su grotesca carrera, permaneciendo sentado al paso de la bandera de EEUU. Lo rubricó mas tarde al retirar a destiempo nuestras tropas de Irak, generando un grado tal de desconfianza entre nuestros amigos y aliados, que no lo olvidarán jamás y que los españoles hemos pagado muy caro. Y poco después de nuestra cobarde huida, para arreglar el desaguisado, pide públicamente a otros países que imiten su mal ejemplo.
Sus salidas de pata de banco se suceden continuamente. Recordemos cuando en EEUU, cantó las excelencias de nuestra economía y de nuestro sistema financiero y anunció que ya habíamos dejado atrás a la Italia de Berlusconi y que el amigo Sarkozy estaba nervioso al ver que estábamos ya pisándole los talones. Y como no aprende, creyó descubrir el mediterráneo anunciando por sorpresa nuestra retirada de Kosovo. Esto, como cuando lo de Irak, llevará aparejado el envío de más tropas a otras zonas de guerra, además de importantes desembolsos económicos
Y si alguien le echa en cara sus incomprensibles ‘zapateradas’, aparece inmediatamente el Prestige con su chapapote y la guerra ilegal de Irak a donde nos llevó Aznar. Y todo esto, enarbolando la famosa foto de las Azores. Esta fotografía de las Azores le trae a Zapatero a mal traer por culpa de ese mal disimulado complejo frente a Aznar, al no encontrar mandatario alguno del mundo libre, que cuente con él para algo. Y esto provoca en ZP verdaderos arrebatos de cólera y de envidia que es incapaz de controlar, ni de disimular.
Desde que Zapatero llegó a la Moncloa, nuestros soldados dejaron de ser una fuerza militar convencional ya que, al parecer, los ha convertido en nada de tiempo en auténticas hermanitas de la caridad, que solamente van al extranjero como palomas portando ramitas de olivo. Son fuerzas de paz que, ni por casualidad, pisan escenarios bélicos. Como los apóstoles, en los albores del cristianismo, no tienen otra misión que predicar la buena nueva, ofreciendo a todo el mundo la deseada concordia entre los diversos grupos contendientes. En el derribo, en agosto de 2005, del “cougar” en Afganistán, nada tienen que ver los talibanes, ya que son nuestros amigos. El helicóptero cayó, provocando la muerte de todos sus ocupantes, o por una inoportuna ráfaga de viento, como trataron de hacernos creer en un principio, o por que Aznar está complicado de alguna manera.
El pasado día 5, Zapatero, por fin, logra completar una de sus metas más deseada, la de entrevistarse con Barack Obama, Estaba ya temiendo la repetición del insoportable calvario a que le sometió George W. Bush negándose, una y otra vez, a tal entrevista. Lo más que logró del anterior Presidente de EEUU., un simple y ocasional saludo al cruzarse con él en algún pasillo. Bush era demasiado Bush, un hombre de principios que afrontaba sin dudar las consecuencias de sus decisiones. Obama no, Obama es más voluble y se mueve más por intereses inmediatos que su antecesor. Y ahora necesita una mayor colaboración en alguno de los escenarios bélicos en que está implicado. Ya veremos lo que nos cuesta esa breve entrevista, tanto en efectivos militares como en dinero.
De lo tratado en esa entrevista con Barack Obama, Zapatero ni se enteró. Era tal el grado de arrobamiento de ZP, que, por un momento, se creyó en lo más alto del monte Tabor. Las imágenes ofrecidas por televisión son verdaderamente arquetípicas de los videntes ante una aparición celestial.
Y para completarnos su particular cosmovisión, no podía faltar la inevitable Alianza de Civilizaciones. Otra socorrida salida de nuestro hombre de paz. La indigencia cultural de Zapatero es de tal calibre, que le incapacita para distinguir churras de merinas. Ignora hasta lo más elemental de nuestra cultura cristiana, en la que le educaron, y pretende conocer los entresijos del Islam. No tiene ni idea de lo que es y representa el Islam. Se trata ciertamente de una religión, pero el Islam es algo más que una religión, es, ante todo, un modo de vida que informa y condiciona todos los actos del creyente. El verdadero islamista disfruta con su religión, la vive y se rige ciegamente por ella.
Islam significa sumisión. Y el creyente islamista acepta sumisamente y sin restricciones todos y cada uno de los azoras o surahs coránicos y los hadith recogidos en la Sunna. Y estos textos exigen del verdadero islamista toda una idiosincrasia guerrera que, ni por asomo, aparece en los diversos creyentes de otras religiones. Y ese carácter belicoso, insuflado por Mahoma con su ejemplo y con su doctrina, al ser de tipo eminentemente religioso, convierte a todo buen musulmán en un peligroso fundamentalista.
Al creyente islámico se le exige su implicación total en esa lucha a muerte contra los infieles. Se trata de un deber sagrado ineludible que marca a los mahometanos con ese carácter bélico e integrista que ya exhibió en su tiempo el profeta Mahoma. Y como se trata de una lucha por imperativo religioso, terminan siendo, con relativa frecuencia, trágicamente inhumanos. Ante todo, deben lograr que la ley divina se imponga en el mundo y desaparezca la ley humana, sin importarles el coste que esto pueda conllevar. De ahí su famosa Yihad o guerra santa.
La comprensión y el respeto ante el discrepante son posibles en el cristianismo y en otras muchas religiones, pero no en la religión islámica. Si un seguidor de Mahoma disculpara cualquier comportamiento o actitud religiosa contraria al Islam, se convertiría en un auténtico renegado, cuya apostasía llevaría aparejada incluso hasta su eliminación física.
No deja de ser llamativo que sea precisamente Zapatero el que pregone las excelencias de la Alianza de Civilizaciones, ya que no pierde la ocasión de perjudicar institucionalmente al catolicismo. La doctrinaria Educación para la Ciudadanía nació ya con ese fin. Hasta los favores, que proporciona a los islamistas que aterrizan en España, tienen la intención clara de molestar a los católicos. Si en Europa abundaran los mandatarios al estilo de Zapatero, en muy pocos años, los musulmanes, además de Al-Ándalus que consideran como propia, se apoderarían religiosa y culturalmente de dodo el mundo occidental.
Lo que si es cierto que ZP, dada su ignorancia supina, confunde la cultura árabe con el Islam. La cultura árabe ha dejado en España una rica y profunda huella, sobre todo en la arquitectura y en nuestro lenguaje. No así la religión islámica que, a pesar de los largos años de dominio musulmán, apenas se ha dejado sentir en nuestra religiosidad.

José Luis Valladares Fernández

jueves, 9 de abril de 2009

¡PARTURIENT MONTES…!


Quienes, en sus estudios, hayan recibido una formación clásica, conocen sobradamente la Epístola a los Pisones (Ad Pisones) escrita por el poeta latino Horacio. En esta Epístola nos encontramos con una frase, casi convertida en aforismo, que describe perfectamente el último acto de Zapatero: la confección del nuevo Gobierno. Escribió Horacio, unos años antes de nuestra era cristiana: parturient montes; nascetur ridiculus mus. Frase que, traducida libremente para los que no están muy duchos en latín, viene a decir lo siguiente: los montes se pusieron de parto; y dieron a luz a un simple ratoncillo.
Más o menos, lo que hizo Zapatero. Mucho pensar, buscando las personas ideales para el nuevo Gobierno; palabras grandilocuentes pero huecas e ilusas conclusiones. Pero, a la hora de la verdad, cuando dio los nombres, vemos que se trata de personas tan mediocres o más que los que cesaron. Sus nombres ya los conocéis. Nada, un ridículo ratoncillo. Quizá no haya elegido a otros, con más peso específico, para que no desentonaran con él y resaltara su bajo perfil. De este modo perdemos la oportunidad de que se enderece el rumbo caótico de nuestra economía.
Desde estancias oficiales quiere hacérsenos creer que se trata de un Gobierno con mucho peso político. Más que esto, se trata de un Gobierno con mucho peso de amigos, un Gobierno simplemente de andar por casa. Quizás haya buscado en ellos a simples defensores personales, ya que teme que otros muchos de sus amigos actuales desaparezcan ante la que se avecina. Y piensa que José Blanco es toda una tabla de salvación ante el naufragio. Son todos ellos personas con carnét del partido. Que pena que cada Ministerio no tenga al frente una persona especialista en la correspondiente materia. José Blanco, aunque lo diga ZP no es la persona mejor preparada para llevar Fomento
Y - ¡Dios nos coja confesados! - de Economía y Hacienda se va a encargar Elena Salgado. Alguien ya ha escrito que esto tiene trampa. Zapatero ha elegido a Elena Salgado para que se limite a ejecutar la política económica diseñada por él. Esto va a suponer la sentencia definitiva de nuestra economía. Con la Ministra de Cultura, evidentemente, ha tratado de comprar nuevamente a los titiriteros, reeditando el sindicato de la ceja
De todos modos, daba gusto ver en los reportajes de televisión la toma de posesión de los nuevos Ministros. Todos ellos, incluido nuestro amigo Pepiño, estaban muy contentos y encantados de conocerse. Con ellos aparecía la sin par De la Vega. Creo que esta Señora formaba parte del equipo de Belloch cuando los famosos papeles de Laos. Quizás debiera ocuparse en dar menos sentencias y más en buscar al Capitán Khan que, según noticias, sigue sin aparecer


José Luis Valladares Fernández

jueves, 2 de abril de 2009

LA LUCHA DE CLASES HOY

La lucha de clases como concepto o como teoría nos acompaña desde que Lorenz von Stein utilizó ese término para explicar la estructura del estado. Para Stein, se trata de un conflicto que surge por la diversidad de los distintos intereses de las clases sociales. Es algo, según él, inherente a toda sociedad estratificada en clases sociales. Con este tipo de sociedad, es normal que los individuos busquen, con verdadero interés, acceder al poder político, que les va a proporcionar pingües beneficios de tipo social y económico. Y las clases más bajas, en consecuencia, tratarán de ascender a puestos cada vez más altos en la escala social, utilizando para ello esos movimientos que se originan con la lucha de clases.
El concepto de lucha de clases lo retomaría posteriormente K. Marx, ampliando además el alcance del mismo. Para Marx, la lucha entre las diversas clases sociales es el verdadero motor de la historia. De ahí su rotundidad, cuando escribe en el Manifiesto del Partido Comunista, que “la historia (escrita) de todas las sociedades existentes, hasta ahora, es siempre la historia de la lucha de clases”.
Los conflictos que surgen entre una clase social y otra sirven de base a todos aquellos hechos que dan forma a las sociedades. Y de todas estas sociedades, la sociedad capitalista es la más importante para Marx, de cara a esa lucha de clases. En consecuencia, la principal lucha entre clases la encontraremos entre proletarios y burgueses.
La lucha de clases ocasiona siempre una polarización social evidente de todos los individuos por el mero hecho de pertenecer a una de esas clases sociales que existen en cada momento de la historia. Polarización social que se debe, dadas las circunstancias, a la inevitable explotación social. En las sociedades primitivas no existía este problema, ya que al ser la producción tan escasa, era imposible que un sector social se apoderara del producto del trabajo de otro sector. Como no había competición, tampoco había clases sociales. Andando el tiempo, aparecerán las sociedades esclavistas con el antagonismo entre esclavos y esclavistas. Más tarde llegaría la sociedad feudal con el conflicto entre siervos y señores feudales. Y, por fin, con la revolución industrial, apareció la sociedad capitalista y la lucha sin cuartel entre proletariado y burguesía.
Posteriormente, en la obra definitiva de Marx, El Capital, aparecen los nuevos conceptos de valor de uso y valor de cambio de las mercancías y el de plusvalía, tan ligados a la lucha de clases que inevitablemente se produce en el seno de toda sociedad capitalista.
Con posterioridad a Marx, el anarquismo también utiliza el concepto de lucha de clases, pero muy atemperado en cuanto a su agresividad. Para los anarquistas, el concepto de individuo es muy superior al de clase social. Al tener el individuo un valor fundamental, frente al valor puramente coyuntural de la clase social, la libertad individual es el germen del antiautoritarismo ácrata.
El concepto de lucha de clases en el anarquismo, tiene muy poco que ver con el significado que le dan los marxistas. Mientras que, para el marxismo la lucha de clases tiene un origen económico-historicista y está influenciada por un factor típicamente clasista, en el anarquismo, dicha lucha, tiene una razón de ser claramente política y racionalista. Conceptualmente para los anarquistas, los individuos estarán siempre contra el Estado como tal y contra todos sus aliados. La acción voluntaria del individuo estará claramente enfrentada contra cualquier intento de imposición coactiva de los distintos gobiernos. En una palabra, la lucha de clases para todo buen anarquista, en cuanto individuo, consiste básicamente en luchar contra los privilegios de las clases dirigentes para tratar de autoliberarse definitivamente.
La lucha de clases, hoy día, tal como la concibió Marx, y posteriormente los mismos anarquistas, ha sido ya francamente superada. Para cerciorarnos de esto, no tenemos más que acudir a la historia y ver como iban naciendo las distintas internacionales que administraban esa lucha, y como terminaron por fracasar todas ellas, una detrás de otra. La guinda de ese fracaso anunciado corrió a cargo de la descomposición de la Unión Soviética, y el verdadero colofón vino a ponerlo la esperada caída del muro de Berlín. Con la caída de este muro, el mundo occidental recuperó la racionalidad y la libertad individual volvió a enseñorearse de nuestro entorno cultural y a regir nuestro propio comportamiento.
Esperemos que dicha lucha de clases sea ya, definitivamente, un simple hecho histórico, sin posibilidad alguna de actualización. Nuestro Presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, quizás quiera recuperarla. Es especialistas en resucitar fantasmas del pasado, como ha hecho con nuestra guerra civil mediante la recuperación, bajo su exclusivo punto de vista, de la memoria histórica.
Si analizamos desapasionadamente la ley estrella de su Gobierno, como es la Ley Integral contra la violencia de género, podemos llegar a deducir que trata de rescatar nuevamente la periclitada lucha de clases, pero cambiando de contendientes. Ahora la lucha se establecería entre feministas y machistas. Pues es manifiesta, en la igualdad pregonada entre hombres y mujeres, la tremenda discriminación que han de afrontar los varones. En cuanto a derechos, las mujeres se llevan la parte del león y, por ley lo que en la mujer es una simple falta, en los varones se tipifica como delito.
A la larga, esta ley de violencia de género no hará otra cosa que enfrentar a hombres y mujeres, con lo que la deseada igualdad plena continuará siendo solamente eso: un loado deseo que no hay manera de convertir en una espléndida realidad.

José Luis Valladares Fernández